23/11/14

GANADOR SEMANAL Y FINALISTA DE WONDERLAND



Podéis escuchar el relato a partir del minuto 33:47 clicando aquí.

OTRA OPORTUNIDAD




Ayer tarde se formó una tormenta de viento. Apareció de repente. Yo recogía la ropa del tendedero, sorbiendo lágrimas interiores y liberando sábanas de pinzas moradas. Caían éstas en un cestillo de mimbre, con chasquidos de huesecillos mondados. Justo cuando doblaba el pernil de un pantalón sobre el otro, hice ese movimiento con la mano como si limpiara un cristal o borrara lo escrito en una pizarra. Me agarré con fuerza, aun así, aquel huracán me llevó en sus tripas. Amanecí en otra cama, otra casa, otra vida. De momento voy a probar con esta familia. Tiempo tengo de regresar.




ROLES



No tenéis hijitos a quienes acunar contra vuestro pecho. Tampoco limpiáis  babitas con una servilleta. Ni dais biberones para ver sus cabecitas perladas de sudor mientras succionan leche. Ni que decir tiene que nunca ponéis pañales ni los retiráis cuando están sucios. No hay baños, ni aceite, ni colonia de bebés. Tampoco recibís un mordisco rabiosillo cuando echan los dientes. No me mires así. Yo soy la madre, ¿ves? Y este cabroncete que acaba de echarme el puré como un surtidor a la cara es mi niño. Y tú, Indalecio, que te las das de padre, eres sólo un donante.


10/11/14

EN LA REVISTA IRREDUCTIBLES.NET

Mil gracias a Conejilopa Smith por la excelente entrada que le ha hecho a Partículas en suspensión. Aquí podéis entrar y comprobarlo. Os dejo el microrrelato seleccionado del libro, pero hay más, muuuucho más en la revista.

HERMANO 
De repente entró la noche con un reguero de pólvora detrás de las cortinas. Un ruido de golpes firmes y apagados de toallas se coló por los encajes. Soportar el miedo separado por un tejido de hilos de araña. No salir, dejar que pase el frío y el calor que se alterna sofocando las orejas, helando las manos. Inmóviles los pies, el pulso saliendo en bocanadas de espanto. Un  nuevo golpe y la nada. Dos seguidos y el silencio. Desde su cobardía pide escuchar una voz de dolor o de furia, cualquier cosa que le llegue humana. Pero pide al aire, a la nada y nada le llega que no sean esos latigazos de felpa. Y cuando todo cesa, deja su escondite chapoteando en el charco que tiene a sus pies y antes de ir a secar sus ropas, se queda mirando un momento el bulto ovillado en el suelo y comprueba que se mueve a ritmo de respiración y de llanto contenido. Entonces le pasa la mano por el pelo y después huye hacia el cuarto de baño procurando esquivar la sombra del padre.

Y aquí el enlace a un microrrelato inédito de mi autoría que os dejo más abajo.

Ilustración tomada de la revista irreductibles.net






 PARADOJA

Tiene fijación con los juegos infantiles, pero nos deja escoger. Asistí como observador al de la Oca: una agonía más larga con diferentes métodos pero final cierto. Elegí el de piedra, papel o tijera porque se resuelve rápido. Él me mostró una sonrisa fea. Después de un par de rondas en las que mis tijeras cortaron su papel y mi piedra rompió su tijera, su papel envolvió mi piedra.  Salimos del calabozo y de camino al patio, me preguntaba cómo lo haría. Hasta que he visto las enormes bolas hechas con periódicos prensados y cinta adhesiva. Alguna, aún se mueve.

2/11/14

TRES FINALISTAS DE WONDERLAND









OTRO


Oculto la mano dentro del bolsillo del delantal. Vuelve mamá. “Bonito, ¿eh?. Para que le cocines a tu marido”. Lo desato y cubro las iniciales con que él hirió la mesa de la cocina. “Cuarenta años con tu madre, y ni una sola vez”. Papá levanta la cabeza mientras arma la cuna. Cierro la puerta de esa habitación infantil. Respiro hondo. Observo el aro en mi anular. Ya sin brillo. Y con el crujido de la gravilla a la entrada de mi casa, desaparecen la culpa y la vergüenza. Retiro la colcha y dejo el paso franco a la pasión.

CEGUERA
 
De vez en cuando las tardes se desploman sobre el jardín. Luego bailotean en el aire las transparencias irisadas hasta posarse en los macizos de flores.
     La niña debe tener cuidado para no pisarlos. Si esto ocurre, si escucha el crujido bajo sus mocasines, llora desconsolada.
- Son sólo hormigas- dice la madre.
- ¿Y esas alas?- señala la niña.
- Hormigas de alas, que las perdieron  al estrellarse.
     La hija calla. Sabe que son ángeles caídos, pero la madre no desea verlos. Del mismo modo que no quiere ver la gran bota sobre sus cabezas que amenaza con aplastarlas.



LA ESPERA

Contempló el sol de frente. Lo vio hundirse en la franja azul, como una enorme custodia. Pasaron las horas y el mar se hizo calmo y sus aguas oscuras. Se tumbó en la arena y miró al cielo donde una falsa estrella, piloto de avión, le guiñaba un ojo y luego desaparecía dejándola sola en la inmensidad de la noche. “No estará, lo sabes”,  le dijo su madre con un temblor de llanto en la voz. Pero ella estaba segura de que uno de aquellos atardeceres, el viento que lo empujó desde el acantilado, arrastrándolo mar adentro, se lo devolvería.



28/10/14

SUTILEZAS

Tomada de la red.


Llevamos muchos años juntos y siempre encuentras el regalo ideal para mi cumpleaños. No olvidas la fecha de nuestro aniversario, ni el ramo de flores con la tarjetita cuajada de bellas palabras. Tampoco dejas para el último día la reserva de nuestra mesa en nuestro restaurante si queremos celebrar algo. Cada mañana te despides con un beso cuando vas a trabajar.  Si regresas tarde y yo estoy acostada, me arropas y susurras algo tierno a mi oído. Pero ayer, mientras me abrazabas fuerte, los dos desnudos en nuestra cama, cuando te miré a los ojos, no me veías a mí.

21/10/14

EN LA LIBÉLULA

 La libélula


En el programa La LiBélula, de radio 3 de rtve, mi microrrelato Ensayos. Si queréis escucharlo clicar aquí.
Un placer compartir espacio con Rosa Martínez y Milan Kundera.

17/10/14

APRENDIZAJE

Fotografía tomada de la red.



Anotamos cada movimiento. A qué hora se levantaba. Cuándo iba al trabajo. Dónde comía. Qué tiendas frecuentaba. Las citas en la peluquería. Las de los masajes. No le gustaba conducir. El Jaguar se empolvaba en el garaje. Utilizaba siempre el coche oficial. Decidimos que el mejor momento era al volver a casa. Justo cuando metía la llave en la cerradura. La detuvimos. La llevamos al hospital. Le pusimos el traje. La metimos en la habitación y la dejamos con la contagiada para que la cuidara aquella noche, y supiera de primera mano, a qué clase de peligro nos estábamos enfrentando.

13/10/14

EQUIDAD

Tomada de la red.


Decían que Rosa era bruja. Al poco de llegar al pueblo, los granos de las espigas de Santi engordaron hasta reventar las vainas. Se acabó el hambre de la familia. El pequeño Tomás se precipitó desde la torre de la iglesia y aterrizó como una pluma sobre la acera. Que un meteorito cayera en la plaza aplastando al maltratador marido de Rosa, pudo ser casualidad, pero que lo rematara una lluvia de calabazas, eso era otro cantar. Todos la defendieron cuando la Guardia Civil quiso apresarla. Aquello, dijeron mirando al cielo, no era cosa de brujería, aquello era justicia divina.

3/10/14

ENGATILLAMIENTO

Imagen tomada de la red.


Todos los días, a la misma hora, en el mismo vagón. Sentada, con un mechón de pelo color trigo quebrando el trazo delicado de su cara. Fija la mirada, los pulgares disparando como gatillos sobre el teclado. Y aunque lo intento, siempre de pie, desde mi agotamiento crónico, no puedo dejar de mirarla. Guapa, con una juventud insultante y ya cansada. Me dan ganas de actuar. Me dan ganas de arrebatarle el móvil y lanzarlo a la vía. Porque debería estar cambiando el mundo y no matando bichos o lo que coño haga todo el puto viaje en esa pantalla.


17/9/14

AGOTAMIENTO

Fotografía tomada de la red.


Salgo de la boca del metro. Miro el reloj. Camino hacia el trabajo. Escucho el sonido acolchado de mis pisadas en la acera. Una masa compacta imantada a la Tierra. Con un pie en alto, a punto de caer en la raya blanca del paso de cebra, se desprende y eleva un ectoplasma de mi cuerpo como muda de serpiente. Y conforme sube, observa cómo ese otro de carne y hueso, primero es una pigmeo y después una hormiga a punto de caer bajo las ruedas de un coche. Cuando llega a la estratosfera, de mi vida no queda nada.

31/8/14

ON THE ROAD

Fotografía tomada de la red.


Hace mucho calor. Monotonía de ruedas sobre el asfalto. De vez en cuando, un cambio. El coche culebrea, seguro que esquiva un bache, y mi cabeza se desplaza hacia la chapa.
Hemos recorrido dos pueblos y un almuerzo. Seguro que ya pasó la hora del concierto. En el aparcamiento, alguna conversación sofocada, un portazo que otro y el silencio. Después el vehículo volvió a ponerse en marcha. A ella le gusta el rock and roll, tiene la música muy alta y sigue la letra a trompicones, con algún estallido de chicle de por medio. Él habla poco. Dame esto, baja eso. Me corre el sudor por la frente, cae en mis ojos, me llega a la boca. Tengo sed. Me rugen las tripas. De repente mi voz se apaga. Él atiende una llamada. No van a pagar, dice. Los muy cabrones prefieren que acabemos con él y quedarse con la pasta. ¿Y ahora qué?, pregunta ella. Nos lo quedamos, contesta el hombre. Actuará para nosotros hasta que pague su propio rescate.
     Espero que, al menos, estos dos sean agradables. Tal y como está el mercado con la crisis, vamos a pasar mucho tiempo juntos.

22/8/14

LOS POSOS DE LAS CIVILIZACIONES VIAJA EN LA NAVE DE LOS LOCOS



Tomada de la bitácora La nave de los locos.


Una vez más mi agradecimiento a Fernando Valls, por darme espacio en su bitácora. Si queréis leer el relato pinchad aquí.

POR EL CAMINO- Para Manu Espada porque sí




 

El tiempo, amontonado y herrumbroso.
El hielo se resquebraja bajo su peso.
Y si eso ocurre,
se hundirá en las aguas blancas,
y ya no podrá abrazarlo ni escuchar su voz
cuando él quiera.
Sin manos grandes que se sacien con las caricias.
Un paso, dos, lo que pueda,
hacia la determinación y la lucha.
Y ese tiempo se esponjará y será nubes,
negros hilachos que se estiran
hasta ser sólo fracturas de vida,
cuanto más lejos, más pequeñas.

20/8/14

LOQUEANDO EN LA NAVE


 
Tomada de la bitácora La nave de los locos.



Hoy, en La nave de los locos, un amable encuentro con la Autoridad. Si queréis leerlo pinchad aquí 

Gracias, Fernando..

3/8/14

DIECISÉIS TONELADAS

Fotografía tomada de la red.


Dieciséis toneladas de felicidad para María.



Rayaba el amanecer en una línea sucia de cielo gris en el cristal de la ventana. Sacó un brazo del calor del edredón. Febrero se había metido en el hueso de la cadera como hielo picado. Sábado, podía quedarse un ratito más en la cama. Sábado y su cumpleaños. Se levantaría cuando le diera la gana. Las amigas le habían preparado una fiesta nocturna para celebrar sus sesenta años. “Habrá tarta y regalo sorpresa”, le dijo por teléfono Calixta, con esa risa de coneja que arrastraba desde la niñez. Luego colgó como si temiera no poder morderse la lengua. Y razón tenía, porque Calixta no conseguía guardar un secreto. Pero a ella, Rosi de la Palma Dulce, no le hacía falta que se fuera de la lengua. Paloma Blanca había dicho que lo mejor que podía hacer una señora a cierta edad era pasar unos días en un balneario. “Vuelves a casa como nueva, sin reuma y ligera como una pluma”.
     Rosi se imaginaba dentro de una piscina de fango. Y ya puesta a imaginar, le llegaban las imágenes de una salida grandiosa, una ducha que desleía el marrón pastoso y sacaba todo el esplendor de su cuerpo de marfil. Y ni rastro del runrún cansino de dolor que le agarraba como una tenaza cualquier hueso que eligiera el reuma. ¿Y los masajes? Porque esa era otra maravilla, según Paloma, de los balnearios. “Chica, qué manos los de Jimena de “El descanso total”, te deja relajadita y dispuesta a dormir tooooda la noche como un bebé”, dijo con los ojos entrecerrados, en ese éxtasis místico al que era tan aficionada.
    Comida sana. Verduras a todas horas. Zumos en el desayuno y la merienda.  Tisanas. Fruta. Volvería sin el flotador que se había afincado en su cintura y que no había forma humana de desalojarlo. En fin, que le vendrían muy bien unos días en un balneario, se dijo antes de destaparse de golpe y echar pie en baldosa buscando las zapatillas.

     Mónica la Moderna llegó puntual a buscarla. Rosi percibió, en cómo torcía el gesto, que no aprobaba su vestido de lana verde botella, ni sus zapatos de tacón grueso.
- Hija, pareces una vieja- dijo, sin cortarse, como era habitual en ella.
- Tengo mis años- contestó, algo irritada, Rosi.
- Pero no hace falta que te pongas la mortaja- insistió la Moderna.
- Tengamos la fiesta en paz- pidió Rosi.
- Tengamos la fiesta- concedió Mónica.

     El local le pareció a la homenajeada un tanto estrafalario, sus amigas bastante raras, con los ojos brillantes de excitación, con la excepción de Paloma que tenía cara de haberse tragado un palo.
     Sentaron a Rosi en primera fila y se apagó la luz. En una puerta lateral del escenario apareció un círculo de luces que se movió hasta detenerse en el centro, levantarse en la oscuridad y caer sobre las tablas con un ruido de bombillas rotas. Entonces se escuchó aquella vieja canción: “Dieciséis toneladas”, y volvió la luz. A Rosi se le quedó la media sonrisa congelada, los ojos abiertos como canicas y los dedos de ambas manos engarfiados sobre las muñecas de la Moderna y de Calixta.
    Un Adonis. Un hombre-hombre. Un David bailonguero, con camisa, pantalón, botas y casco de minero, emergía cual Neptuno en seco de las profundidades de una inmensa tarta.
- ¡Ay, suelta, que me clavas las uñas!- se quejó Mónica mientras se zafaba de la garra que había comenzado a arrancar la piel mejor cuidada en el salón de belleza “El arte de rejuvenecer en diez días”.
- ¡Jesús, Dios mío! ¡Jesús, Dios mío!- no dejaba de exclamar Rosi, con un punto brillante de lágrima de tanto fijarse en el cuerpazo que se contoneaba ante ella mientras iba despojándose de la camisa a golpe de currante del carbón.
- ¡No mires!- chilló, roja como un tomate maduro, Paloma- Y vámonos de aquí ahora mismo. ¡Qué vergüenza!
- Vete tú yendo que ya te sigo- dijo sin prestarle atención, Rosi de la Palma Dulce a un punto del babeo.
- ¡Ahora!- chilló descompuesta- Paloma.
     El guaperas mostraba unos pectorales donde debía de ser un sueño descansar la cabeza, pensó la cumpleañera.
- Maravilloso, maravilloso- musitó Rosi recorriendo con la mirada unos brazos hechos para abrazar.
- ¡Me voy!- chilló histérica, perdidos los papeles, Paloma Blanca.
     Nadie se enteró de cuándo salió hecha una furia por la puerta, atentas como estaban al bellezón que, paso a paso, fue mostrando sus encantos con una bajada espectacular de pantalones mientras seguía moviéndose como la mismísima serpiente que pervirtió a Eva y Adán.
- La madre que...- inició Calixta.
- ...lo parió- terminó Mónica.
- ¡Menudo quesito!- se animó Lola la del Botijillo, soltando una carcajada un punto ordinaria, impropia en una mujer de maneras y risas suaves como terciopelo.
- ¡Que me lo envuelvan, que me lo llevo ahora mismo- gritó Marifé dando palmas.
- Maravilloso, maravilloso- repetía Rosi como en una nube de algodón rosa.
     El falso minero, en tanga, botas y casco, se acercó a Rosi sin dejar de contonearse, le cogió la mano agarrotada por la emoción, se la abrió y dejó en la palma dos billetes de avión a París, oh, la lá, y una reserva en un hotel para un fin de semana para dos.
- ¿Y con quién voy a ir yo a Paris?- preguntó Rosi con el vello erizado aún por el roce de piel de aquel Apolo hecho carne.
- ¡Con él!- gritaron todas.
- ¡Qué disparate!- se escandalizó Rosi mientras se comía con los ojos al morenazo que se retiraba hacia la puerta del escenario con los últimos acordes de la canción.
- Será tu acompañante, tonta- la tranquilizó o desilusionó, vete tú a saber, la Moderna.- Una cena romántica.... Un baile... Un paseo por los Campos Elíseos... Otro por la orilla del Sena... Nada, nada, relájate mujer...
Mucho mejor que un balneario, pensó Rosi, ¡a dónde va a parar! Se compraría un bañador nuevo, o tal vez un bikini, por si había spa o piscina climatizada. Mañana mismo se pasaba por “El Cortijo del Inglés” y renovaba todo su vestuario.
- ¡Carpe diem!- se escuchó gritar como en un sueño.
- ¡Carpe diem!- corearon las demás.
    Levantaron sus copas y brindaron con champán. Después Mónica la Moderna propuso que tomaran la última copa en un local de moda. Ninguna se negó.

21/7/14

CARTELES - SEGUNDO PREMIO DEL I CONCURSO DE RELATO CORTO “SIERRA DEL POZO”

Mi agradecimiento al jurado de Pozo Alcón y especialmente a Francisco José Rodríguez Torrecillas, concejal de cultura que, con su buen hacer, consiguió que fuera una visita inolvidable.

Tomado de la red.





Ayer retiraron el cartel. Una reliquia, dijo el dueño de la sala. Hay que renovarse, siguió él justificando el destrozo. Ni tiempo me dio a pedir que me lo dieran. El joven tiró de una esquina y separó a James Estewart de Kim Novak con una línea quebrada y blanca. Quedó el hermoso rostro de ella colgando como un despojo antes de que la mano del chico del mono azul acabara de rematar la faena arrancando el trozo más grande y James arrastrara a Kim en su caída. Luego rascó y rascó hasta hacer desaparecer cualquier rastro de aquel Vértigo que tanto me emocionó. En el suelo quedaron amontonados los restos, como testigos mudos de tantos pases como vi con la cabeza asomada, oculta detrás de los pesados cortinajes de la entrada. ¡Anda, entra!, me decía Antonio, el portero, cuando ya las luces interiores se habían apagado, porque no tenía dinero para ver todo el cine que yo quería. Entonces daban grandes películas, sin tantos artificios como ahora, historias que llegaban muy adentro. Y la sala se llenaba. A mí no me importaba quedarme de pie todo el rato, casi ni me daba cuenta de cuánto me dolían los pies de estar todo el día trajinando. Vivía. Era un sitio acogedor y seguro. Aunque echaran una película del oeste, con muchos tiros y serpientes de cascabel, a mí no me daba miedo. Me asustaba lo que había fuera: niños que alimentar, facturas por pagar, y él. Mi Ricardo. Lo quería mucho, pero daba tanta pena que envolvía la alegría en una suerte de sudario. Así que mi vida era el cine. Un mercado donde coger las mejores frutas, las más sabrosas, las más refrescantes y dulces.
      Por las mañanas era diferente. Todos aquellos carteles, encerrando tantas historias, mudos, planos, algunos descoloridos, otros brillantes, estaban ahí sólo para mí. Yo deslizaba mi mano por la cara de Gary Cooper, los colmillos de King Kong, la boquilla de Audrey Hepburn, el vuelo de la falda de Marilyn Monroe, la sonrisa de Glenn Ford, el pelo de Rita Hayworth... Cuidaba de ellos. Pasaba suave el trapo del polvo para no dañarlos. Y luego, cuando decidían cambiarlos, siempre estaba yo para recogerlos y llevármelos a casa. ¿Lo quiere, Felisa?, Marcos nunca se olvidaba de preguntarme. Este era el último cartel de los de antes. Me habría gustado tanto quedármelo. Las paredes de mi casa están llenas de ellos, pero le habría buscado un huequecito. Tal vez en la habitación de Marina. Ya no volverá a casa. Habrá hecho su vida por esos mundos de Dios. Uno a uno, todos se han ido. También mi Ricardo, después de penar lo suyo, el pobre. Estoy sola. Hace tiempo que lo estoy. Pero fue ayer cuando me di cuenta. De eso y de lo poquito que me queda de estar aquí. Mañanas enteras pasando el aspirador por las butacas, barriendo palomitas y recogiendo vasos de papel. Y luego la fregona. Un brillo sacado a fuerza de agua que dejaba los pasillos, las escaleras, todo, como un espejo. Mi reino. Y entre tanto chapoteo de agua y restregón, reverberaban las despedidas y los encuentros, los llantos y las alegrías, los nacimientos y las muertes. Aprendí de memoria más de un diálogo que el tiempo ha ido borrando de mi cabeza.
     Ahora soy yo la que se va. Jubilación lo llaman. Un merecido descanso, dicen. Pero ¿qué voy a hacer yo todo el día, mano sobre mano, si los recuerdos se me están yendo? A veces me asusta quedarme frente a un cartel donde una mujer y un hombre se despiden, con un avión al fondo, y no saber de qué película se trata, ni cómo se llamaban los actores, ni qué historia vivieron. Me está desapareciendo mi vida, como tragada por un desagüe. ¿Y qué me quedará entonces? La nada. Así que lo tengo decidido. Yo de esta sala no me muevo. Me quedaré aquí, día y noche, alimentándome de chocolatinas y palomitas, hasta que mi cuerpo lo absorba la tapicería de una butaca. Veré todas las películas que quieran pasar. Las antiguas, mis favoritas, no creo que vuelvan, me tendré que conformar con las nuevas, esas que no me gustan mucho, pero distraen. Formaré parte de este cine hasta que lo derriben para hacer un centro comercial, o lo dividan en multisalas, cualquier cosa. Entonces desapareceré con él para siempre.

15/7/14

LA MORDIDA DEL LOBO

Ilustración tomada de la red.


Arropada bajo las faldas de su madre, los oía a menudo merodear fuera de la casa. Pero aquella vez sintió el ahogo del paraguas de lana y brocado sobre su cabeza y abandonó la protección familiar para huir con el vendedor ambulante de platería.
     Lo siguió de un lado a otro, entre arrumacos y desaires, hasta recalar en aquel pueblo blanco hostigado por turistas.
     Estaba la luna redonda y sombreada cuando él no regresó de su galanteo a inglesas y alemanas. Ella volvió al redil maternal dañada y con la cabeza gacha.
     De día, para no escuchar la llamada, ni las patas golpeando, nunca se acerca a la ventana de la calle. Teje bufandas y jerséis en el patio de atrás y cuando los termina, los deshace y vuelve a comenzar.
     De noche, no puede conciliar el sueño. Se levanta de la cama cuando dan las doce, va descalza hasta el zaguán y mira a través de una hendidura en la madera. Los ve acechando, a la espera. Y a ella cada vez le cuesta más frenar el impulso de abrir la puerta de par en par y dejarlos entrar.

30/6/14

EL PREMIO

 
Tomada de la red

Salió el cazador a media noche. Debilitado, se elevó dos dedos por encima del suelo y dio una batida por el campo ceniciento. El brillo de los ojos del conejo lo deslumbró. Abrió y cerró los suyos varias veces y allí seguía, quieto, dispuesto al sacrificio. Cayó el Conde sobre su nula resistencia y clavándole los colmillos, se alimentó a conciencia. Entendió enseguida la mansedumbre del animal. Mixomatosis, se dijo entre vómito y vómito. Lo bueno de aquello era que él no podía morir. No de eso pero sí de inanición. No había nada en diez millas a la redonda a lo que clavar el colmillo, y fuerzas, ni para volar dos metros. Agarrado al tronco de un árbol, en las últimas arcadas limpiadoras de sangre infecta, sus uñas afiladas rasgaron el papel. Levantó la vista y vio que se trataba del anuncio de un concurso de baile. El premio a la resistencia: una garrafa de diez litros de sangre "Transilvania, gran reserva" Ni le gustaba bailar, ni sabía, pero aquello era una cuestión de supervivencia.

Más debilitada aún que él mismo, en brazos tuvo que llevar a su última víctima hasta el granero donde se celebraba el concurso. Comenzaron con un rock and roll y los vampiros más jóvenes se lucieron lanzando por encima de sus cabezas a las vampirillas y recogiéndolas desfallecidas entre sus brazos. Luego vino el vals, el cha-cha-cha, el tango y la salsa y ahí se emplearon a fondo los más maduritos moviendo las caderas, los pies y la cintura con gran desparpajo, haciendo dobles tirabuzones en el aire y aterrizando sobre las puntas de sus zapatos. El Conde sonrió para sus adentros. Se movía lo indispensable él, arrastrando en pasitos cortos el cuerpo de ella. Fueron cayendo una tras otro sobre la improvisada pista de baile hasta quedar dos parejas, apuntalada ella sobre los pies de él, agarrada la otra con los colmillos al hombro del segundo. Se desplomó la pareja rival y quedaron en mitad del granero el Conde y su última víctima. La música paró y los organizadores formaron un corro a su alrededor y esperaron a que se le aflojaran las piernas a ella. Después empujaron al conde que cayó a plomo arrancando una gran polvareda del suelo. Intentó levantarse con un último esfuerzo pero en ese momento una garrapata saltó sobre su cuello y sorbió su última gota de sangre.

Los organizadores se despojaron de sus colmillos postizos, remataron a estacazo limpio a los desmayados concursantes y los enterraron en una fosa común. Luego celebraron una fiesta por todo lo alto donde no faltó el cordero y los diez litros de zumo de tomate con su pellizco de orégano y su diente de ajo.

En la fosa común, el Conde intenta arrancarse del cuello, con la punta de la uña de su meñique, la garrapata que guarda en su interior algunas gotas de sangre.

19/6/14

INICIACIÓN

Fotografía tomada de la red.


La abuela decía, dedo índice enhiesto, que aquello ni tocarlo. Era para las mujeres de la casa. Cuando les dolía la barriga, iban con un vasito y vertían dentro un dedal de licor y se lo tomaban. Luego sacaban las cerezas con un tenedor y se las comían. Pasaban un tiempo con el hueso dando vueltas dentro de sus bocas. Y después lo lanzaban lejos para poder cantar mientras cosían vestidos y pantalones en el patio. Contentas porque el dolor había desaparecido. ¿Cuándo seremos mujeres como ellas?, nos preguntábamos mientras, tumbadas en el suelo, admirábamos aquel frasco de cristal con panza grande, donde brillaban los frutos rojos como las cuentas del collar granate de mamá. Yo soy ya tan alta como la tía Felisa, dijo un día mi hermana. Yo también, grité. Y fuimos a la cocina por sendos tenedores. Deliciosas aquellas cerezas borrachas de aguardiente. Ninguna de las mayores supo la razón de una alegría tan desbocada ni de las rosas rojas en nuestras caras.

11/6/14

UN DÍA CUALQUIERA

Tomada de la red


Hace unos días, nada más entrar al trabajo, me comunicaron que uno de mis chicos había fallecido. Así, de sopetón, de la noche a la mañana. Debería estar acostumbrada, pero es difícil hacerse a la muerte sin avisar. A todas las muertes. 
     El hecho es que no se me va de la cabeza, que lo veo una y otra vez tal y como era. "No tenía ganas de vivir", comentó una compañera. Y no, no las tenía. De todos, era quizá el que más trabajo daba y yo estaba cansada. Pero eso no es excusa. Creo que últimamente le escamoteé alguna palabra amable, alguna caricia.
     Este texto no estaba destinado a ser publicado, pero quiero dejarlo aquí para que algo perdure, porque entre estas líneas está él, naturalmente con nombre ficticio. 

Son las catorce horas cuarenta y cinco minutos. Cierro los ojos, inspiro hondo. Me duele la espalda. Hora y tres cuartos y me voy a casa. Cojo mi chupa y mi bolso y salgo del vestuario. En el hall, varios chicos alineados en sus sillas contra la pared, me saludan. Abro una sonrisa. Comienzo una canción. Cualquier canción. Recorro el pasillo. Entro en el Aula de Apoyo Generalizado. Saludo. Los compañeros que acaban su turno se van. Me quedo sola con ellos. Sebas me muestra su muñeca. Ese peluco de oro te lo voy a quitar. Lo vendo al peso para güisky y patatas fritas. Levanta la mirada al techo. ¿Cómo que no? Te lo quito ahora mismo. Se ríe. Me acerco a una cama. En su radio suena merengue. Me inclino para que me vea bien y muevo la cabeza mientras hago una imitación exagerada. Mi pelo le roza el pecho. Se ríe. Voy a otra cama. Le pregunto a Pablo cómo está. Él se toma su tiempo y luego dice que bien, aunque sé que no. ¡Niño!, le regaño a Suso que no deja de tirar cosas. Lola suelta una carcajada. O lo que sea. ¿Y cómo está el último Jim Morrison?, pregunto a Mario. Mueve la cabeza. No sé qué me quiere decir. Me pongo los guantes. Llega el turno de tarde. Nos dividimos por parejas. Cogemos las grúas. Comenzamos con los cambios, levantamos chicos, los sentamos en sus sillas de ruedas, los peinamos, les echamos colonia. Los sacamos a las rutas. Hora de marcharme. Ficho. Salgo a cuerpo. Estoy sudando.

6/6/14

LA CONDUCTORA

Tomada de la red.


Sigo sus desplazamientos, mirándola de reojo, hasta que desaparece por el pasillo. Escucho los ruidos en la habitación de al lado mientras tomo la sopa, hoy sin ese sonido que tanto la molesta. Olfateo el aire a la busca del perfume que anuncie el cumplimiento de su amenaza repetida ante mis reproches, pero sólo huelo el sudor del miedo. Inclino la cabeza más de lo necesario para preparar la nuca a la caricia que no llega. Sigo, una cucharada tras otra, hasta tocar el fondo de cerezas, rojas como la sangre en la carretera. Y ahora sí, oigo la puerta de la calle cerrarse con suavidad. Detengo mi mano antes de que quite el freno de las ruedas. Después el silencio y mis lágrimas. El caldo coge un punto más de sal. Continúo sorbiendo.

27/5/14

PARAÍSOS

Fotografía tomada de la red.


La pequeña Cora fingió muy bien que lloraba. En cuanto a Chelo, no tuvo más remedio que sacar el pañuelo impregnado en jugo de cebollas. Él también puso de su parte contrayendo los músculos de la cara con una violencia muy creíble. Al galgo Rosendo tuvieron que enseñarle el retrato de su querido Niño Bola, muerto de un disparo de escopeta cuando robaba unas nueces, para que aullara de tristeza. A todo el pueblo le quedó claro que aquel contrato era una porquería por la que no merecía la pena pujar.
     La familia fue a despedirlo a la estación. Después volvieron a sus quehaceres diarios a la espera de que se cumpliera el primer mes. Celebraron la llegada del giro con una gran comilona. Chelo quiso agradecérselo con una llamada telefónica. Él dijo que estaba bien, pero muy cansado. Con el paso de los meses, las llamadas se distanciaron. A ella le producía cierta incomodidad su voz agotada, las quejas sobre el trabajo extenuante. Dejó de hacerlo. Y siguió recibiendo, puntual, mes a mes, el dinero. Hasta que un telegrama le anunció que su querido esposo había muerto y, por tanto, el contrato se había extinguido. La familia lloró amargamente tan valiosa pérdida.

15/5/14

PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS 2014



RESPIRO


No es porque me horrorice la idea de darle muerte. Su vida no vale nada. Tampoco me detiene la imagen repugnante de su abdomen abierto. Sería sólo un amasijo que desaparecería con jabón y agua. Pero este sol puro que entra hoy por la ventana, cosquillea y adormece. Y yo solo quiero dejarme llevar por el calor tibio. Balancearme, adelante y atrás en la mecedora desportillada y raída de una abuela. No levantaré la mano derecha para  aplastar la mosca parada en la izquierda. Tal vez pueda dormir un rato, a pesar del ruido de las ametralladoras en la calle.

30/4/14

SEGUNDO PREMIO DEL 58 CONCURSO DE CUENTOS GABRIEL MIRÓ




Me complace mucho anunciaros que un relato de mi autoría ha volado alto. Estoy contentísima.

Si queréis tener acceso al fallo, clicar aquí. Para leer el excelente relato que ha quedado en primer lugar "Una nueva habitación" de Rubén Orozco, así como el mío "El escondite", podéis hacerlo clicando aquí

29/4/14

ATASCO- GANADOR DE LA SEMANA EN WONDERLAND



Anoche la palabra naufragó en saliva. Ella va y viene del mercado. Corta zanahorias, calabacines, puerros. Y las sílabas bailan un tango con la campanilla. Hierve el agua salada que enternece las verduras mientras se acoda en el alféizar de la ventana. La primavera asoma amarilla y lila detrás del parque. Y ahora las letras deslizan sus panzas de tinta por un lago de valses y cisnes. Suspira. Vuelve a sus quehaceres. Calienta la sartén. Sala el pescado. Escucha la llave girando en la cerradura. “Aún no está la comida”, afirma el extraño, entrando en la cocina. Quiéreme, musita ella.


Si queréis escuchar el relato podéis hacerlo aquí a partir del minuto 55:63

26/4/14

LA AUTOPISTA

Imagen tomada de la red.


Yo corro con el carro por la autopista.
Es autopista mortal.
Yo corro en el carro.
El fuego pone las ruedas al rojo vivo.
Mi cuerpo se excita.
Mi corazón se sale del cuerpo.
La autopista fría me controla.
El fuego sale de las ruedas.
Las ruedas se destrozan.
La autopista sigue.
Mi cabeza parece que va a explotar.
La autopista es inmoral.
Me siento acojonado,
ella me controla, es inmortal.
Ella me controla, es inmortal.

Javier de la Fuente del Campo 

Usuario del Centro Ocupacional Ángel de la Guarda.

15/4/14

SELECCIÓN - (Finalista del mes de Marzo en la Microbiblioteca)











Ocurre en los peores meses de verano. Cuando la tierra se agrieta y zumban las moscas, enloquecidas por el calor que pesa como mercurio y abotarga la vida. Un silbido que brota bajito en lo alto de las lomas que rodean las casas, y baja las laderas hasta entrar ensordecedor en las calles. Y después de invadir todo el pueblo, cesa de repente llevándose consigo un puñadito de niños famélicos. El tiempo los borra de la memoria de los habitantes del lugar. Contentas con el milagro que les da más comida para repartir en la mesa, sus madres también los olvidan. Como si nunca hubieran existido.

13/4/14

DÍA DEL ADOLESCENTE

Tomada de la red.

Para que aprendas. Sólo por eso lo hago. Tómatelo como una medicina. Y no te quiero oír ni una queja. Me tienes harto con tus llamadas de madrugada y los registros en mi habitación.  Te voy a reventar ese ojo cotilla para que dejes de espiarme. No, no lo cierres. Eso no vale. Espera un poco que te retoque el maquillaje. Dos dedos de pintura blanca, la boca bien de bermellón, los ojos cruzados con carboncillo negro. ¡Ahí va: pelotazo de maría en todo el ojo!. Bueno, ya está. Son las doce, es hora de que te vistas de madre.

4/4/14

PONGA UN TÉCNICO EN SU VIDA

Ilustración tomada de la red

Si usted es un educador o educadora vocacional, usted estará siempre dispuesto a hacer su trabajo lo mejor posible, echándole muchas ganas, bastante paciencia y grandes dosis de empatía. Además, siempre que la situación lo permita y aliente, echará una mano a cualquier compañero de cualquier categoría.
     Pero si usted pertenece al grupo de educadores que están ahí porque con algo hay que ganarse el pan y, a pesar de los recortes, mejor pájaro en mano que ciento volando, sobre todo si es fijo, usted deberá seguir las siguientes indicaciones:
     Lo primero y principal que debe hacer es asegurarse de que tiene un técnico auxiliar siempre a mano. (Para evitar posibles, aunque no probables, encariñamientos, lo mejor es evitar llamarlo por su nombre). 
     Por ejemplo, si usted quiere irse a su descanso, según su percepción muy bien ganado,  preguntará a cualquiera que se cruce en su camino dónde está un técnico y, en cuanto lo localice, lo dejará al cargo de la clase.
     Nunca coja una silla de ruedas. Ni la roce. Podría romperse una uña. Mejor que se las rompa todas el técnico que para eso le pagan. No se ablande nunca si ve que el desgraciado tiene dos o tres sillas que movilizar a su cargo porque falta personal. ¡Que se las apañe!
     Si en el comedor usted tiene un día la suerte de que sólo hay en la mesa que debe atender dos usuarios totalmente autónomos, coma con ellos hasta hartarse y mire al frente, nunca a su lado donde el técnico, por razones ajenas a su voluntad, se halla solo y debe dar de comer a un usuario totalmente dependiente y atender a otros siete con algo más de autonomía. Ni se le ocurra ayudar, usted a lo suyo.
     Como su trabajo no es vocacional, hará todo lo que esté en su mano para no dejar que se enfríe su sillón. Para ello tendrá que pillar a un técnico desprevenido y endosarle trabajos que debería hacer usted. Le recomiendo encarecidamente que madure bien el plan y luego actúe rápidamente. Cuando el inocente quiera darse cuenta, no le será fácil dar marcha atrás.
     Y por último. Recuerde que NUNCA debe quedarse solo en un centro, con cinco o seis usuarios, donde hay auxiliares de control, personal de servicio, mantenimiento, de cocina, administración, tal vez psicólogo, educadores, maestros de taller, técnicos especialistas, Jata... ¡No! Usted exija siempre la presencia de un técnico auxiliar, no vaya a ser que tenga que acompañar a un usuario al baño y deba indicarle que se lave las manos con jabón después de utilizar el water. 
      Estos y otros consejos le ayudarán a llegar a la jubilación con un cuerpo y una mente diez. Eso, si no acaba con cien kilos de peso.

25/3/14

SEGUNDO PREMIO DEL II CERTAMEN DE MICRORRELATOS CFE

SIN NUBES EN EL CIELO

Aleja lloró durante toda la noche. Eso era bueno para el recolector que filtró un vaso de agua de excelente calidad. Y malo para ella que amaneció con la piel reseca. Mamá Luba la llamó para darle la unción hidratante, pero los pies de Aleja volaron hasta el invernadero. La flor aún seguía viva. Aguanta, aguanta, aguanta, suplicó en un susurro mientras pasaba la yema de su dedo índice ensalivado por los pétalos. La flor se irguió un poco y su color se reavivó tímidamente. Aleja oyó la transmisión de la orden. Ahora vuelvo, prometió. La esperaba Posi con su vaso de agua destilada. Bebió unos sorbos, guardó un buche en la boca y regresó junto a su flor. La regó con un espurreo de lluvia fina. Ya verás, pronto se arreglará todo. Papá Don trabaja para conseguir más agua, mientras tanto, seguiré llorando para ti cada noche.

17/3/14

INSTANTES DE LUCIDEZ

Tomada de la red


La huelo. Un hombre dice: Ven conmigo, e intenta separarla de mí. Amortiguado por un sollozo, escucho un crujido de madera. Requieren mi atención los golpes secos y la voz áspera ordenando: ¡Quieto, quieto!, que llegan del exterior. De otra habitación  escapa el llanto de un bebé. Y de repente  la memoria vuelve con un chisporroteo eléctrico. Es mi nieta quien llora en su cuna. Mi hija me abraza y su pelo, con aroma a lavanda, cosquillea mi nariz. Huelo cerca el tabaco de picadura de mi marido. Hacia la puerta, es mi hermana la que gimotea. Y quien ahora le dice: Vamos, vamos, tienes que ser fuerte, mientras mi sillón se resiente bajo su peso, es Virginia que ya ocupa mi lugar. A través de la ventana escucho los cascos de Rayo y el intento de calmarlo de Alberto, mi querido mozo de cuadra. Una bola grande y brillante estalla: risas, besos y cuerpos enlazados sobre el heno. Y poco a poco la luz escapa por un inmenso agujero negro.

5/3/14

ACTO DE CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE LA MUJER

Por si alguno se quiere pasar, allí estaremos. Gracias por invitarme.



25/2/14

FORMACIÓN DEL ESPÍRITU NACIONAL- GANADOR SEMANAL DE WONDERLAND



La primera vez  que lo vi, huí hasta el mar. Metí mis manos en el agua y me escocieron tanto que lloré a gritos. De día evitaba volver a pasar por allí. De noche, perdía los dedos en mis pesadillas. Mamá propuso pedir cita con el psiquiatra. Pero papá dijo que era parte de mi educación y me llevó a rastras, sin hacer caso de mis lágrimas. Vomité. Sin embargo él siguió insistiendo, día tras día. Ocurrió como él dijo: me acostumbré al cuerpo echado sobre la valla, a sus manos acuchilladas. En unos meses estuvo integrado en el paisaje.

Este es un relato del que me siento especialmente orgullosa, porque me ha permitido sacar toda la rabia, la indignación y la pena por lo abominable del trato y la indiferencia de algunos de los mal llamados humanos hacia personas indefensas.

Si queréis escucharlo, pinchad aquí.

A partir del minuto 56

21/2/14

LUZBEL

Imagen tomada de la red

Los jueves, de cinco a siete, confesión. El codo sobre la rodilla, la palma de la mano izquierda aguantando la cabeza, el aguijón de ansiedad clavado en el pecho y la saliva abrasando. La espera. Escucha los pasitos cortos, el taconeo desigual sobre las baldosas. Descorre la cortina de terciopelo y recibe el aliento a hierbabuena enredado en el jazmín del pelo. Vértigo, temblor de pies y golpecitos en la tarima. Nidos de susurros envenenados que sacan al animal de su letargo. Luego la rutina del perdón y un lamento. El crujido de la madera al levantarse y cinco pasitos cortos.

El padre Miguel abandona el confesionario. Arrodillada sobre la almohadilla del reclinatorio, levanta la cabeza, la cruz respirando sobre el abismo del escote, y le ofrece su carita de ángel. Los cirios ardiendo y la cera derretida. Se tambalea, busca el equilibrio y apoya una mano en la pared. Desvía la mirada, se separa y camina a trompicones hasta la sacristía.

Los domingos, comunión. El padre Miguel sostiene la hostia entre sus dedos y ella le ofrece su lengua de sangre. Dientes grandes, el colmillo montado y una sonrisa manchada de burla en los ojos. La pulpa arrebatándole el círculo blanco y los dedos de él en retirada, recogiendo el jugo de la boca. Después la muralla de los labios, media vuelta y la nuca que se aleja. Calor y el animal desbocado. Alba, casulla y cíngulo quemando.

Viernes de Dolores y un papel enrollado. Lee la dirección, memoriza, lo rompe en trozos pequeños, se los mete en la boca y los mastica. Abandona el alzacuellos en un banco, luego avanza por el pasillo lateral de la iglesia. Pasa, engancha y arrastra con la hebilla del reloj el manto de noche y oro de la virgen que intenta, en vano, detener su carrera hacia el rectángulo de luz que le muestra la salida.

16/2/14

IX PREMIO INTERNACIONAL DE CUENTOS ESCRITOS POR PERSONAS CON DISCAPACIDAD. FUNDACIÓN ANADE.



Portada del libro

Un orgullo, una gran satisfacción para mí que dos de los usuarios del C.O. Ángel de la guarda, hayan sido publicados en esta última edición. 

El jurado ha estado formado por:

Fernando Delgado.
Boris Izaguirre.
Manuel Rivas.
Paola Dominguín
Ana Vargas

ARREPENTIMIENTO 
(Relato finalista)

De: Inmaculada López Camba 

El bailarín Germán era muy bueno y formal. Bailaba en el Teatro del Amor. Lourdes quería ser siempre su pareja porque juntos bailaban muy bien y con mucho amor.
     A menudo, iban de gira. Unas veces actuaban en San Blas y otras en Las Vegas.
     Un día discutieron en un hotel y decidieron divorciarse, aunque siguieron bailando juntos.
   Una Nochebuena que tenían que actuar en San Francisco, Germán desapareció. Lourdes estaba desesperada, lo echaba de menos y no bailaba igual con el suplente.
     Germán se había ido a Hollywood a conocer a los famosos del cine. Quería hacer una película con Javier Bardem. Estaba muy ilusionado, pero también echaba de menos a Lourdes. Se puso a llorar y pensó que debía solucionar los problemas con ella. Le mandó un correo electrónico desde el ordenador del hotel, disculpándose por haber desaparecido. Le dijo que la quería y que deseaba que estuvieran juntos. 
     Lourdes fue a su encuentro en Hollywood. Los dos se abrazaron y se dieron regalos.   
 Más adelante hicieron un cortometraje sobre la rutina 
diaria.  

RELATO SELECCIONADO PARA SU PUBLICACIÓN:

NÚMEROS
De: Juan Pablo Bahillo Cabo
El número uno se llevaba muy bien con el número tres. En cambio el siete siempre se peleaba con el doce. El trece era el número de la buena suerte y todos los números querían estar con él.
      El calendario estaba descolocado. Cuando Pepa iba a mirarlo, no se aclaraba. Entonces llegó Juan Pablo y le dijo a los números: Podéis juntaros un rato por la mañana, pero luego tenéis que volver a colocaros en vuestro sitio para que las personas puedan saber en qué día están y la fecha de su cumpleaños. Los números estuvieron de acuerdo. Aunque alguna vez se saltan el pacto.

Felicitaciones a los dos.

7/2/14

SI YO FUERA, EN DIARIUM



Además del vídeo casero que grabé para la librería, en este  espacio, las personas que participaron en el club de lectura hicieron este jugoso juego de si yo fuera Lola Sanabria. Mi agradecimiento a Miguel Ángel Flores, motor de la iniciativa, y a Fernando y Mónica por elegir Partículas en suspensión para abrir el fuego que con tanto calor ha prendido en Diarium.

4/2/14

Y QUEDARÁ LA NADA EN LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA



José Manuel Ortíz Soto publica el microrrelato Y quedará la nada, de Partículas en suspensión, en la Internacional Microcuentista. Si queréis acceder a la entrada pinchad aquí.  

Mil gracias, José Manuel.



Y QUEDARÁ LA NADA


Mi instinto dice que tu perfume ya no es verde; que la mermelada no es música para camaleones; que el néctar dulce del bodoque no existe; que el canto del jilguero nunca más será terciopelo. Mi instinto dice que la soberbia me llevó por caminos equivocados y la ceguera a regresar a un hogar sin chimenea encendida, sin lavanda, sin tu tarareo, sin el quejido chico de la aguja al horadar la tela tensada del bastidor. Mi instinto dice, en fin, que cuando hoy vuelva, desapareceré, como tú, entre las paredes de nuestra casa. Y quedará la nada. 

23/1/14

CABALLITOS


Fotografía tomada de la red.

No había nada más triste que aquel tiovivo solo y abandonado por todos los niños en mitad de la plaza.

13/1/14

AMORES PROHIBIDOS

Fotografía tomada de la red.

La compañera de habitación de mi madre tenía un novio que conoció en un viaje a Fuengirola que hizo con el INSERSO. Llegaba a primera hora de la mañana, se sentaba a su lado, le cogía una mano y le daba ánimos. A la hora de la comida, insistía para que tomara un poquito más de sopa, luego le daba una cucharadita de Primperán y echaba un sueñecito junto a ella sin soltarle la mano. Cuando venían las hijas, lo trataban como a un intruso “A tu edad, mamá, haciendo manitas”, la regañaban en cuanto él se marchaba. La madre se defendía diciendo que él le daba compañía y cuidados. “Pero qué te va a cuidar ése, si está para que lo cuiden. Y nosotras desde luego, no cargamos con él, que no es nuestro padre”, seguían ellas regañándola. Poco a poco, la fueron convenciendo del error de aquella relación y ella comenzó a retirarle la mano y a ignorarlo en presencia de las hijas. El día antes de que le dieran el alta a mi madre, escuché a las hijas hablando con el médico en el pasillo. Querían saber cuánto tiempo iba a pasar su madre en el hospital. Tenían sus planes de vacaciones hechos y una residencia para ella.

6/1/14

CRUCE DE CAMINOS EN LA REVISTA NARRATIVAS




Carlos Manzano ha tenido la gentileza de incluir mi relato "Cruce de caminos" en el último número de la revista Narrativas. Pinchad aquí