27/5/14

PARAÍSOS

Fotografía tomada de la red.


La pequeña Cora fingió muy bien que lloraba. En cuanto a Chelo, no tuvo más remedio que sacar el pañuelo impregnado en jugo de cebollas. Él también puso de su parte contrayendo los músculos de la cara con una violencia muy creíble. Al galgo Rosendo tuvieron que enseñarle el retrato de su querido Niño Bola, muerto de un disparo de escopeta cuando robaba unas nueces, para que aullara de tristeza. A todo el pueblo le quedó claro que aquel contrato era una porquería por la que no merecía la pena pujar.
     La familia fue a despedirlo a la estación. Después volvieron a sus quehaceres diarios a la espera de que se cumpliera el primer mes. Celebraron la llegada del giro con una gran comilona. Chelo quiso agradecérselo con una llamada telefónica. Él dijo que estaba bien, pero muy cansado. Con el paso de los meses, las llamadas se distanciaron. A ella le producía cierta incomodidad su voz agotada, las quejas sobre el trabajo extenuante. Dejó de hacerlo. Y siguió recibiendo, puntual, mes a mes, el dinero. Hasta que un telegrama le anunció que su querido esposo había muerto y, por tanto, el contrato se había extinguido. La familia lloró amargamente tan valiosa pérdida.

11 comentarios:

jordim dijo...

Muy bien parido.

Lola Sanabria dijo...

Abrazos agradecidos, jordim.

Luisa Hurtado González dijo...

Esta historia de emigrantes tan terrible, todas lo son, es de antes?, es de ahora?... Mierda (con perdon): es. Y seguirá repitiéndose sin lugar a dudas en este pais o en otro cualquiera.

Besotes

Juan Leante dijo...

Al final todo se junta..., y las partes se acaban distanciando. La miseria de estos tiempos pone a prueba la capacidad de las personas para seguir adelante.
Muy oportuno este relato tan preocupante.
Besos.

Lola Sanabria dijo...

Hemos retrocedido tanto que la penuria del éxodo emigrante, está de rabiosa actualidad, Luisa.

Así es Juan. Vivimos tiempos espeluznantes.

Abrazos a pares.

Nenúfar dijo...


Lola, a mí este relato me ha dejado un sabor amargo; por la devaluación de la persona en pro del dinero. O, en sentido metafórico, por la devaluación de los derechos y libertades en pro de un trabajo cada vez más precarizado con el que muchas personas tienen que tragar… o, si no, marcharse.

Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Tienes razón, Nenúfar, es un ir a menos en derechos, libertades y solidaridad. Por ese camino andamos.

Abrazos a pares.

Amando García Nuño dijo...

Es curioso, parecen dos relatos en uno, dos visiones en esquina de falsos paraísos (ambos), unidas por un punto y aparte. Excelente, a mi entender (que es escaso, advierto).
Abrazos, siempre

Lola Sanabria dijo...

El entender tuyo es tan abundante como el que más, Amando. Buena perspectiva la tuya.

Abrazos primaverales.

Cora Christie dijo...

Que sabor a hiel me ha dejado.

No sé en qué medida por la explotación de ese hombre o por la ausencia de sentimientos de esos seres a los que importa una higa que reviente.

Qué sabor a hiel, Lola.

Lola Sanabria dijo...

Estoy de acuerdo contigo, querida Cora, es desolador.

Triple de besos.