15/7/14

LA MORDIDA DEL LOBO

Ilustración tomada de la red.


Arropada bajo las faldas de su madre, los oía a menudo merodear fuera de la casa. Pero aquella vez sintió el ahogo del paraguas de lana y brocado sobre su cabeza y abandonó la protección familiar para huir con el vendedor ambulante de platería.
     Lo siguió de un lado a otro, entre arrumacos y desaires, hasta recalar en aquel pueblo blanco hostigado por turistas.
     Estaba la luna redonda y sombreada cuando él no regresó de su galanteo a inglesas y alemanas. Ella volvió al redil maternal dañada y con la cabeza gacha.
     De día, para no escuchar la llamada, ni las patas golpeando, nunca se acerca a la ventana de la calle. Teje bufandas y jerséis en el patio de atrás y cuando los termina, los deshace y vuelve a comenzar.
     De noche, no puede conciliar el sueño. Se levanta de la cama cuando dan las doce, va descalza hasta el zaguán y mira a través de una hendidura en la madera. Los ve acechando, a la espera. Y a ella cada vez le cuesta más frenar el impulso de abrir la puerta de par en par y dejarlos entrar.

8 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Las mordidas dejan la sangre impregnada y ya no se puede remediar.
Muy bueno Lola.
Besicos muchos.

Lola Sanabria dijo...

Nani, son mordiscos que dejan huella.

Abrazos amorosos.

Juan Esteban Bassagaisteguy dijo...

Muy bueno, Lola, me gustó mucho.
Saludos.

Lola Sanabria dijo...

Muchas gracias Juan Esteban.

Par de abrazos.

Elena Casero dijo...

Una huella de mordisco demasiado honda para olvidar. Sin remedio en la vida.

Un abrazote caluroso, caluroso, caluroso

Lola Sanabria dijo...

La vida no tiene remedio y sigue su curso a mordisco limpio, Elena.

Abrazos flojitos por la calor.

Cora Christie dijo...

Me atrapa, me inquieta, quedo a la expectativa, enredada entre esas letras inquietantes e inciertas como la vida de la tejedora de bufandas.

Lola Sanabria dijo...

La vida tiene sus lados oscuros e inquietantes, querida Cora, y tú lo has percibido a la perfección.

Abrazos, muchos.