11/6/14

UN DÍA CUALQUIERA

Tomada de la red


Hace unos días, nada más entrar al trabajo, me comunicaron que uno de mis chicos había fallecido. Así, de sopetón, de la noche a la mañana. Debería estar acostumbrada, pero es difícil hacerse a la muerte sin avisar. A todas las muertes. 
     El hecho es que no se me va de la cabeza, que lo veo una y otra vez tal y como era. "No tenía ganas de vivir", comentó una compañera. Y no, no las tenía. De todos, era quizá el que más trabajo daba y yo estaba cansada. Pero eso no es excusa. Creo que últimamente le escamoteé alguna palabra amable, alguna caricia.
     Este texto no estaba destinado a ser publicado, pero quiero dejarlo aquí para que algo perdure, porque entre estas líneas está él, naturalmente con nombre ficticio. 

Son las catorce horas cuarenta y cinco minutos. Cierro los ojos, inspiro hondo. Me duele la espalda. Hora y tres cuartos y me voy a casa. Cojo mi chupa y mi bolso y salgo del vestuario. En el hall, varios chicos alineados en sus sillas contra la pared, me saludan. Abro una sonrisa. Comienzo una canción. Cualquier canción. Recorro el pasillo. Entro en el Aula de Apoyo Generalizado. Saludo. Los compañeros que acaban su turno se van. Me quedo sola con ellos. Sebas me muestra su muñeca. Ese peluco de oro te lo voy a quitar. Lo vendo al peso para güisky y patatas fritas. Levanta la mirada al techo. ¿Cómo que no? Te lo quito ahora mismo. Se ríe. Me acerco a una cama. En su radio suena merengue. Me inclino para que me vea bien y muevo la cabeza mientras hago una imitación exagerada. Mi pelo le roza el pecho. Se ríe. Voy a otra cama. Le pregunto a Pablo cómo está. Él se toma su tiempo y luego dice que bien, aunque sé que no. ¡Niño!, le regaño a Suso que no deja de tirar cosas. Lola suelta una carcajada. O lo que sea. ¿Y cómo está el último Jim Morrison?, pregunto a Mario. Mueve la cabeza. No sé qué me quiere decir. Me pongo los guantes. Llega el turno de tarde. Nos dividimos por parejas. Cogemos las grúas. Comenzamos con los cambios, levantamos chicos, los sentamos en sus sillas de ruedas, los peinamos, les echamos colonia. Los sacamos a las rutas. Hora de marcharme. Ficho. Salgo a cuerpo. Estoy sudando.

24 comentarios:

Yolanda dijo...

Duro, muy duro, como es la vida. Estoy segura que iluminaste su existencia una y mil veces.
Un abrazo.

Rosa dijo...

No todos los días podemos estar al cien por cien. Y sí, hay muertes que no se nos van de la cabeza, por injustas, por no ser su hora aunque no tuviese ganas de vivir...

Un beso, Lola, desde el aire

Araceli Esteves dijo...

Tienen suerte, estos chicos, de tenerte cerca. Un abrazo

Cora Ch dijo...

Te quiero Lola y te abrazo en el ausente, que seguro que se llevó a ese otro lugar ignoto, al menos parte del cariño que le supiste dar.

Te abrazo.

Montaña Campón dijo...

Precioso homenaje, Lola. Besos.

Lola Sanabria dijo...

Espero que algo le llegara, Yolanda.

Sí, no siempre se puede estar al cien por cien, Rosa.


Poca, suerte, tienen poca estos chicos, Araceli.

Así lo deseo,querida Cora.

Desde el sentimiento, Montaña.


Lola Sanabria dijo...

Os abrazo a todas.

Juan Leante dijo...

Me contabas que nunca se quejaba. Hay seres vivos que quizás nunca debieron nacer. Es una pena que Gallardón no tenga que bregar una temporada larga en un centro de estos. Y luego en su casa.
Bonito homenaje. Besos.

Luisa Hurtado González dijo...

Jo.
Hay trabajos, unos cuantos, que necesitan una pasta especial y tú estás hecha de esa pasta.
En cuanto a lo que apunta Juan: los que no se quejan, son (en mi opinión) los peores: ya no quieren nada, ya no esperan nada, solo y quizás esperan.

Un beso fuerte....a todos ellos y a tí que se los das, junto con las sonrisas

Miguel jiménez salvador dijo...

Me ha bajado más de una cosquilla por el cuerpo, aún tengo algunos pelos erizados. No creo sea posible acostumbrarse, no mientras se siga siendo persona. Grande Lola.

Abrazos.

Patricia Nasello dijo...

Damos lo que podemos en el momento que podemos hacerlo. Lamentablemente, es imposible exigirnos más a nosotros mismos.
Somos muchos los desventurados, la diferencia es que algunos, como vos, dedican su vida a tender manos y corazón como puente.
Un fortísimo abrazo, Lola.

Elena Casero dijo...

Creo que para esta labor hay que tener un don especial, un corazón bien grande pero todos los días no son iguales. Y no podemos olvidar que somos, sois, humanos. Pero seguro que se ha llevado una buena dosis de tu cariño.

Un abrazo bien grande, querida Lola

Lola Sanabria dijo...

Lo sangrante, Juan, es que este tipo por un lado imponga una espeluznante ley del aborto que obliga a las mujeres a traer al mundo a personas condenadas a sufrir y por otro lado esta casta canalla que nos machaca, acabe con la ley de dependencia.

Así es Luisa, son los que están peor.Y hay que estar más atentos a sus silencios, porque hablan.

Hay quien sí se acostumbra Miguel, tal vez sea una cuestión de supervivencia, no sé.

Este es un trabajo, como otros muchos (médicos, enfermeras,maestros...) que debería ser siempre por vocación, Patricia. No siempre es así. Y se nota.

ASí lo espero, Elena, que algo de cariño le llegara.



Puñado de besos a repartir.

Laura dijo...

Lola.... te envio un abrazo para que lo compartas con quien mas necesidad tenga de todas las personas del centro. No lo olvides, mañana : abraza y si alguien pregunta ....diles que es la mejor medicina para combatir el sufrimiento.

Uno grande para ti, porque tu lo vales y sabes compartir mucho de lo que llevas dentro. Beso.

Nenúfar dijo...


Lola, por un lado, alabo tu honestidad al reconocer tu cansancio y el trabajo que el chico daba. Por otro, alabo también que en tu quehacer cotidiano (que a mí me parece muy duro) haya cabida para el humor y la ternura. Algo muy necesario en la vida, en general y en este trabajo, en particular.

Estoy de acuerdo contigo, Lola, en que ciertos trabajos deberían ser vocacionales. Y el tuyo, por descontado.

Un abrazo, un poquito más fuerte que el resto.

Lola Sanabria dijo...

Así lo haré, Laura, hoy mismo.

Si practicáramos un poquito menos la crítica ajena y un poquito más la autocrítica, Nenúfar, mejorarían muchas cosas.

Abrazos dobles.

R.A dijo...

Opino como Elena.

Es difícil.
Para el cuidador y para el cuidado.
Todos tenemos días, pero creo que lo importante es mantenerse con subes y bajas pero mantenerse. Lo que marca la diferencia es cómo decidimos actuar en cada momento. Con ccansancio o sin él siempre eres honesta
Besicos

Lola Sanabria dijo...

Mil gracias, Ro, por tus palabras y por estar ahí.

Abrazos guapos.

Amando García Nuño dijo...

No tener ganas de vivir también es un derecho, incluso una declaración de intenciones. También en estos chicos, que en muchas ocasiones nos transmiten vida a borbotones.
Este homenaje, este recuerdo, son la mejor caricia que le has podido hacer.
Abrazos, siempre

Lola Sanabria dijo...

Por supuesto, Amando, es su derecho y su decisión, aunque escueza.

Abrazos, compañero.

Miguelángel Flores dijo...

Lo siento muchísimo, Lola.
Es un gran homenaje el que le haces.

Un abrazo, largo.

Lola Sanabria dijo...

Mil gracias, Miguel Ángel. Escribirlo ha sido un gran alivio.

Besos triples.

Ana Alonso dijo...

Sí, Lola, la muerte siempre desconcierta, siempre pensamos que hay algo que pudimos hacer y no hicimos, y por cerca que estemos de ella, por suerte no podemos acostumbrarnos. Pero por encima de todo, y pese a la dureza de tu trabajo, con cansancio o sin él, la alegría que irradias es tu mejor regalo, y ese no le habrá faltado.

Lola Sanabria dijo...

Gracias, querida Ana.

Puñado de besos.