4/4/14

PONGA UN TÉCNICO EN SU VIDA

Ilustración tomada de la red

Si usted es un educador o educadora vocacional, usted estará siempre dispuesto a hacer su trabajo lo mejor posible, echándole muchas ganas, bastante paciencia y grandes dosis de empatía. Además, siempre que la situación lo permita y aliente, echará una mano a cualquier compañero de cualquier categoría.
     Pero si usted pertenece al grupo de educadores que están ahí porque con algo hay que ganarse el pan y, a pesar de los recortes, mejor pájaro en mano que ciento volando, sobre todo si es fijo, usted deberá seguir las siguientes indicaciones:
     Lo primero y principal que debe hacer es asegurarse de que tiene un técnico auxiliar siempre a mano. (Para evitar posibles, aunque no probables, encariñamientos, lo mejor es evitar llamarlo por su nombre). 
     Por ejemplo, si usted quiere irse a su descanso, según su percepción muy bien ganado,  preguntará a cualquiera que se cruce en su camino dónde está un técnico y, en cuanto lo localice, lo dejará al cargo de la clase.
     Nunca coja una silla de ruedas. Ni la roce. Podría romperse una uña. Mejor que se las rompa todas el técnico que para eso le pagan. No se ablande nunca si ve que el desgraciado tiene dos o tres sillas que movilizar a su cargo porque falta personal. ¡Que se las apañe!
     Si en el comedor usted tiene un día la suerte de que sólo hay en la mesa que debe atender dos usuarios totalmente autónomos, coma con ellos hasta hartarse y mire al frente, nunca a su lado donde el técnico, por razones ajenas a su voluntad, se halla solo y debe dar de comer a un usuario totalmente dependiente y atender a otros siete con algo más de autonomía. Ni se le ocurra ayudar, usted a lo suyo.
     Como su trabajo no es vocacional, hará todo lo que esté en su mano para no dejar que se enfríe su sillón. Para ello tendrá que pillar a un técnico desprevenido y endosarle trabajos que debería hacer usted. Le recomiendo encarecidamente que madure bien el plan y luego actúe rápidamente. Cuando el inocente quiera darse cuenta, no le será fácil dar marcha atrás.
     Y por último. Recuerde que NUNCA debe quedarse solo en un centro, con cinco o seis usuarios, donde hay auxiliares de control, personal de servicio, mantenimiento, de cocina, administración, tal vez psicólogo, educadores, maestros de taller, técnicos especialistas, Jata... ¡No! Usted exija siempre la presencia de un técnico auxiliar, no vaya a ser que tenga que acompañar a un usuario al baño y deba indicarle que se lave las manos con jabón después de utilizar el water. 
      Estos y otros consejos le ayudarán a llegar a la jubilación con un cuerpo y una mente diez. Eso, si no acaba con cien kilos de peso.

10 comentarios:

Miguel jiménez salvador dijo...

Qué bien explicadito Lola, maldita sea. Vale para cualquier profesión, me temo.

Un abrazo.

Luisa Hurtado González dijo...

Los cien kilos de peso son en el cuello, ¿no?
No tendrá forma de quitárselos si no hay un técnico cerca; y si está cerca... casi peor.

Un beso, leve, muy leve, y solo un poquito de aire.

Lola Sanabria dijo...

Yo también me temo lo mismo Miguel. Jetas sin escrúpulos los hay en todas partes.

En el trasero, Luisa, ahí van las horas de sillón y desgana acumuladas.

Par de abrazos.

Cora Ch. dijo...

Me pregunto quien permite esas conductas que tan diáfanas plasmas en este relato: Quien es el último responsable. Hablo de contraprestaciones: Sueldo-servicios.

Porque la decencia moral, la propia ética... eso ya es harina de otro costal, aunque estemos hablando de seres enormemente dependientes y no de piezas de recambio para portátiles.

Un abrazo, querida Lola Sanabria.

Laura dijo...

Buena crítica Lola. Ahora, hablando en general: se reproducen 'puestos' y se anulan otros, se suprimen funciones y se dibujan nuevas funciones para otros puestos que son las mismas maquilladas, se reorganiza, y se pone todo patas arriba, se intenta enderezar y se vuelve al inicio...pero la gente que estaba... ya no está... No sé si me explico, posiblemente no, pero así es como yo lo veo.

Un besazo Lola

Lola Sanabria dijo...

Querida Cora, este post trataba fundamentalmente de la insolidaridad, del yo a lo mío y al otro que le den por saco. Antes de acabar en tumores políticos y sociales a gran escala, está la célula cancerígena.
A veces echo de menos el trabajo en equipo con el que tan a gusto he trabajado, codo con codo, educadores y técnicos.

Creo que sí, Laura, que te explicas muy bien. Un batiburrillo donde salen a flote no siempre los más válidos.

Doble de abrazos.

Cora Ch. dijo...

Querida Lola:

Me doy cuenta de que a veces leo las cosas, en general, con actitudes preconcebidas... y me equivoco, como en este caso.

Espero aprender.

Un abrazo

Lola Sanabria dijo...

No creo, querida Cora, que te hayas equivocado mucho.

Mil besos.

Amando García Nuño dijo...

Así me gusta, buen rollito... Esto debe ser lo que llaman aprender a leer la vida. Ánimo, compañera, y un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Lo bueno de escribir, Amando, es la libertad que te da.

Abrazos agradecidos.