30/11/10

GANADOR DE CUENTA 140 (la rueda)



El capo era un apasionado de la Biblia. En lugar de un bloque de hormigón, ató a los pies del chivato una rueda de molino.





Y aquí los otros dos que seleccionó:

Mientras las niñas jugaban a la rueda, los niños nos tirábamos al suelo para jugar a las chapas. Y mirar para arriba y verles las bragas.



En la última rueda de reconocimiento, mamá no supo quién era yo. Siempre sospeché que, de sus seis hijos, a mí era al que menos quería
.





29/11/10

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES




El presidente del jurado subió al podio, se caló los anteojos sobre la nariz, rasgó el sobre con un abridor de plata, aclaró la garganta, bebió un trago de agua, tosió y luego dijo con voz alta y clara el título de la obra y el nombre del ganador.


Todos aplaudieron mientras giraban medio cuerpo hacia la mesa que ocupaba el galardonado. Subió al estrado, recibió el trofeo y el cheque, e inició su discurso improvisado.

En una mesa del fondo, el finalista ahogaba su frustración frente a una botella de whisky mientras colocaba su mejor sonrisa para las miradas de reojo de algunos de los asistentes. Después de unos cuantos vasos, estaba considerando que quedar finalista entre miles de participantes era algo muy honroso, cuando se le acercó su amigo del alma, el de toda la vida, aquel con el que había compartido piso, novia y pluma, y le dijo con cara de muchísima pena que sentía mucho que no hubiera ganado. Inmediatamente acusó el golpe, de hecho se tambaleó, de pie como estaba al recibir el abrazo del amigo.

Una vez hubo dejado al finalista, el amigo se apostó cerca de donde terminaba su discurso el ganador y antes de que todos los congregados se lanzaran a darle la enhorabuena, se adelantó él. Abrió sus brazos en cruz, ladeó la cabeza sobre el hombro, compuso su mejor sonrisa y lo acogió contra su pecho. "Escribes muy bien y te lo mereces. Todos sabemos lo que pasa con estos premios, lo del año pasado fue una vergüenza ¡dárselo a un escritor de novelas policiacas! Pero claro, todo está pactado. Ahora, tú te lo mereces. Enhorabuena" Palmeó varias veces la espalda del galardonado se dio media vuelta y salió de la sala, dejando tras de sí una risa espeluznante, como de hiena.


(Este es el inicio de un relato colectivo de otro foro. Como intervinieron varias personas, algunas con las que ya no tengo relación, lo dejo aquí. Parece que la historia se repite. Es cíclico esto de las vanidades de los plumillas, y los ninguneos y los comentarios amargados, y...)

27/11/10

LA CAZA


Debí evitarlo. Y lo intenté. Pero tenía una lengua tierna, ensalivada y dulce. Dejó su rastro por mi cuello y subió a mi boca. Caramelo líquido que envolvió mi labio inferior como una crisálida. Rendida, le franqueé la puerta de entrada a mi casa. Hice mi recorrido nocturno cerrando todas las ventanas. Esfuerzo inútil. Después de la media noche, él se dio cuenta de que los postigos estaban abiertos de par en par y se fue para no volver sino a través de palabras que se liaban en las creencias de las buenas gentes del pueblo y llegaban a mí entrampadas. Se afianzó mi fama y cada vez que las señoras, pañuelo negro anudado al cuello y escapulario morado sobre tetas descolgadas, pasaban delante de mi casa, se santiguaban y aligeraban el paso de sus zapatillas de lonetas reventadas por juanetes. Nadie quiso desde entonces regalarme una caricia ni un beso. Y sin embargo, con el canto del gallo, amanecía entre sábanas arrugadas, con los muslos húmedos de deseo cumplido y la boca sin jugos, como secada por besos.

Dormía desnuda sobre un lecho de telas revueltas cuando escuché una algarabía de viejas plañideras. Me vestí y salí a la calle. Miraban hacia arriba, bajaban las cabezas, se persignaban, pasaban las cuentas de sus rosarios con uñas de luto, lloraban, gemían y clamaban al cielo pidiendo ayuda. Con un ala atrapada entre los cables de la luz, el cuerpo colgando, la cola oscilando entre las patas algo torcidas, un pequeño ser cornudo intentaba alcanzar con una mano de uñas largas y afiladas, los cables para soltarse. Las viejas me recibieron con insultos y escupitajos y tuve que refugiarme dentro de casa. Las oí arengar a los hombres. Escuché sus gritos cuando el diablillo les chamuscó el pelo con llamaradas de agonía. Eso les oí llamarlo, diablillo. Eso dijeron. Sé lo que hicieron con él. Sé lo que piensan hacer conmigo. Salgo al patio. El cielo arde. Bombas incendiarias que corren de un lado a otro, cruzándose en caminos de sangre. Levanto una mano, luego la otra. Doy un salto pequeño, subo unos metros, bajo. Cojo impulso, arriba, más alto, vuelvo a caer. Escucho los golpes en la puerta. Deprisa. Voy hacia la escalera pegada a la pared del pajar. Peldaño a peldaño, llego a la entrada. Doy una patada a la escalera. Los oigo. Están al lado. Veo sus cabezas asomar desde el patio vecino. Él me mira y sonríe torcido. Echa una pierna hacia este lado del muro. Voy a saltar. Cierro los ojos y salto.

25/11/10

ME QUIERES, NO ME QUIERO





Mi madre vivía para la familia. Eso era amor, decía. Planchaba al atardecer, cuando el cielo se iba morado por la loma. Entre ascuas, saliva en el dedo, y algún canturreo, dejaba las camisas blancas sin una arruga. Cuando terminaba ya era de noche y mi padre no había vuelto del café y la partida de cartas con los amigos. Repetían la misma discusión entre las sábanas húmedas de invierno y empapadas en sudor de verano. Yo me tapaba la cabeza con el embozo para no oírlos y me iba quedando dormida con la última entrega de Kit Carson y su amigo Toro, de la sesión matinal del último domingo. Entendía a mi madre. Ella sólo quería que él pasara más tiempo en casa. Eso era amor, repetía. Dejaron de ir juntos al cine: yo en medio, cogida de sus manos, dando saltos, bajando la calle Real mientras las canciones de Antonio Molina nos llegaban cada vez más cerca.

Mi madre se fue un verano. Era solo por un tiempo. Mi padre estaba cada vez más enfermo y no podía sacarnos adelante. “Dos meses de trabajo y vuelvo con dinero para todo el año”. Se fue un día de julio de madrugada y él no dejó de llorar en toda la mañana. Nos quedamos los tres: mi padre, la abuela y yo. Tres vidas que no se encontraban en los rincones de la casa. Cada uno arrastrando su soledad. Yo pasaba la mayor parte del tiempo en la calle. Llegaba de noche y nadie parecía echarme en falta.

Mi padre dejó de hablar y perdió el apetito. Caminaba cada vez con más trabajo. Se apoyaba en un bastón y tardaba mucho en recorrer el trayecto desde nuestra casa al café. En los últimos días de julio, dejó de ir a su partida con los amigos.

A mediados de agosto, el cartero comenzó a traer cartas de mi madre dirigidas a mi padre. No podíamos abrirlas para leerlas. Y él pasaba el tiempo rellenando cuartillas de una raya que arrancaba de mis cuadernos del colegio. Cuando el mes estaba a punto de acabar, ella anunció que volvía y él recuperó el habla y también el apetito.

Unos días antes de su regreso, mi padre me dijo que me pusiera guapa que iba a llevarme al cine. No recuerdo qué película daban pero sí que la actriz era Lana Turner. A mitad de la cinta, lo miré de soslayo: seguía con los ojos encendidos los movimientos de la rubia. Descubrí que, además de mi madre, existía otra mujer para mi padre.

Cuando ella volvió, no dije una palabra de la salida al cine, ni de lo que había descubierto. Era un secreto entre mi padre y yo, aunque él no lo sabía. Mi madre siguió pensando que mi padre no la quería y él, aunque no volvió al café ni a las partidas de cartas, se refugió en la radio y pasaba las horas escuchándola. Pero cuando llegaba la noche y los dos se acostaban, él no dejaba de hablarle, quedo, paciente, intentando convencerla de que no había nadie en el mundo a quien quisiera más. Y yo, desde la cama de mi habitación, corroboraba por lo bajito: “Ni siquiera a Lana Turner”.

23/11/10

FINALISTAS DEL CONCURSO CUENTA 140

Esta es la última vez que colgaré varios. Como sabéis, después de una buena algarada, se ha quedado en que se enviarán los que se quieran pero con un solo nick y él elegirá uno, si es que le gusta. El de la bordadora lo incluyo porque fue el que eligió en un principio y creo que merece estar aquí, aunque luego colgó el de las gallinas como finalista.
Le dijeron que el Cuerpo de Verdugos estaba al completo. Tuvo que hacerse un hueco.


Para verdugo, "la Florera" que mataba gallinas a destajo con un golpe de muñeca.
Su madre ponía siempre la guinda en el pastel. Ella también era detallista: bordaba las capuchas de las condenadas rematándolas con vainica.

19/11/10

INMORTALIDAD (Finalista del concurso de abogados de julio del 2010)

El viejo magistrado sacaba el reloj del bolsillo de su chaleco y le daba cuerda. El viejo magistrado tenía una habitación llena de devoradores de tiempo. El viejo magistrado quería ser inmortal. Pero el tic tac del reloj de pared y el siseo de la arena deslizándose por el hocico pequeño hacia la panza de cristal, eran su condena a muerte. “Polvo eres...” recitaba entre dientes, con los ojos húmedos, antes de golpear con el mazo sobre la mesa. Luego, en la sala reverberaba la última sílaba de su justa sentencia. El viejo magistrado, mi mentor, según el informe médico, murió de viejo. Pero ahora sonríe, sentado en el pequeño sillón forrado de terciopelo rojo, frente a la pequeña mesa de madera, en la diminuta sala de justicia. Aún me falta un fiscal, un miembro del jurado, un asesino en serie, un corrupto... pequeños detalles para completar mi maqueta.

16/11/10

FINALISTAS DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS CUENTA 140

 
Al jubilarse como funcionario de correos, el padre instó al hijo a sacar la plaza. Flojo en el estudio,se empleó como correo de un narco.




Él era, ante todo, creyente y caballero. Cumplió su palabra y lo envió para el otro barrio con una carta de recomendación.



12/11/10

INVITACIÓN A LA VIDA


Se fue en silencio, con paso suave, sin riñas. Un golpe de viento cerró puertas y ventanas y dejó la casa a oscuras. Se movía en la penumbra, tanteando la vida. De la cocina a la sala, de la sala al baño, del baño a la habitación. Habitación condenada de tristeza. Dejó de regar y las malas hierbas se tragaron los pensamientos que ella había cultivado.
Quiso sentir su dolor único y no atendió ni al sueño ni al hambre. Se olvidó del jabón y del peine, de la maquinilla de afeitar, de la pasta de dientes. La lavadora con las juntas resecas. El frigorífico vacío y aquel círculo de ketchup que ella dejó en el primer estante. Arrastraba el almohadón por los rincones, acercándolo a la nariz y, cuando el agotamiento lo tumbaba y hundía la cara en el olor de las sábanas, entretenía la angustia repasando con un dedo el nombre bordado mientras sus labios deletreaban: I-N-É-S. Borró la cinta de “Esplendor en la hierba”, de tanto ponerla. Rayó el disco de Blowin’ In The Wind, de tanto escucharla. Rompió las hojas de “El Aleph”, de tanto pasarlas. Días como siglos. Repasaba las cintas, los discos, los libros. Se hartaba. El círculo ennegreció en el estante del frigorífico y el olor de Inés se cubrió con el sudor de su cuerpo.

Amaneció un día un triángulo blanco asomando por la rendija de una ventana. Abrió un poco y una lámina de luz alumbró “El transcantábrico”. Leía entre motas de polvo suspendidas en haces luminosos. Escuchaba. Fuera, la cuerda fustigaba con ritmo la calle.
- Te convido.
- ¿A qué?
- A pan y vino, sopa de cocido, copa de aguardiente, fuerte, fuerte, fuerte...
Abrió un poco más la ventana y vio las trenzas y la falda volar. Apoyado en el quicio de la puerta, mirando de reojo el barrido de la cuerda bajo las suelas de los zapatos, calcetines caídos, palitos de piernas y huesos de rodillas, estaba él o alguien como él. Sonrió, abandonó la habitación, fue hacia el baño, enchufó la maquinilla y comenzó el afeitado.

9/11/10

FINALISTAS DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS CUENTA 140

 

 Yo los cazo, los desuello y seco sus pieles; y los chinos las cosen en el taller del sótano. Se venden muy bien estos abriguitos de humanos.


 



 

“¡No pienso guisar más tus pajaritos!”, gritó ella. “No te conviene pensar”, dijo él enrollando un extremo del cinturón en su mano derecha.





5/11/10

ABRACADABRA (Finalista del concurso sobre abogados. Enero 2010)



“El rapto de Europa”, me aclaró don Julián, cuando vio que miraba fascinada el cuadro que colgaba de la pared de su despacho. Mamá sacó los cubos de colores y dijo que los fuera encajando, que enseguida volvía. Luego don Julián la cogió de la mano y, como si se tratara de un mago, la hizo desaparecer con él, detrás de una estantería. Cuando reaparecieron, yo estaba dormida sobre la alfombra. El día del señalamiento para la vista oral, don Julián parecía un cura dando la absolución. Dijo que, a pesar de su vida, mamá era una buena madre y debía quedarme con ella. Hace unos días que mamá me dejó y me quedé sola en el mundo. Don Julián insistió en que fuera a visitarlo a su despacho. Mientras lo esperaba me quedé embelesada mirando el cuadro y, sin saber cómo, desaparecí detrás de la estantería.

2/11/10

FINALISTA DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS CUENTA 140




El nenúfar hacía pompas para captar la atención de su amado. "¡Deja de mover el agua!", gritó el narciso desde la orilla.

1/11/10

INVASIÓN




El rayo había caído muy cerca y el supermercado se quedó en penumbra. Sólo las luces de emergencia rescataban de la negrura el brillo metálico de los carritos de la compra, el reflejo de un anillo, las sombras tropezando con las estanterías. Creí que había superado el pavor a la oscuridad y a sus criaturas. Pero ahí estaba de nuevo. Me quedé junto al mueble de los congelados, sin mover un músculo. Una sombra cruzó muy cerca con un aleteo suave. A mi derecha, una pareja se movía de un lado a otro. Escuché el murmullo de sus voces, el ruido de una caja al caer dentro de un carrito. Oí a la chica quejarse y maldecir una esquina con la que se había golpeado. Luego, el chirrido de las ruedas se alejó por el pasillo. Entonces se repitió lo de otras veces, sólo que ahora no podía escapar ni llamar a mi madre para que diera la luz y espantara los picos que me hacían cosquillas en los labios. Un aleteo y otro más. Miles de aleteos quebraron la penumbra en jirones de noche que subían al techo y bajaban batiendo el aire cada vez con más fuerza. Los cuchicheos subieron de tono. Me acuclillé detrás de los congelados. La algarabía de alas se mezcló con las voces y los golpes de las carreras y las caídas. Cerré los ojos y la boca y cubrí mis oídos con las palmas de las manos. Sentía los pequeños cuerpos pasar cerca, rozándome el pelo, los ojos, los labios. Entonces aquella pluma hurgó en las ventanas de mi nariz. Apreté los dientes en un último intento por sellar mi boca, pero la abrí para soltar el estornudo. Sentí su pico en el paladar, luego la bola suave bajando por la garganta. Después nada. Se encendieron las luces. Todos siguieron con sus compras. Tenía hambre. Fui a la sección de comida para animales, cogí un paquete de alpiste y pasé por caja.

30/10/10

INSOMNIO







Quizá fue el café de las siete de la tarde. Tal vez la discusión acalorada con mi marido. Es posible que la visión de la fotografía de la niña con una mosca bebiendo el jugo del lagrimal. El reloj de la vecina acaba de dar la una. Me giro hacia la izquierda. Duerme. Pasan secuencias de mi vida y la fotografía que vi esta noche en la televisión. Todo se mezcla dentro de mi cabeza como si fuera una batidora. Mi padre en calzoncillos con un zapato en la mano. La niña respirando miseria. Una mancha de patas y sangre en la pared encalada de la habitación. Papá matando mosquitos a las dos de la madrugada. Moscas amontonadas en la miel del tirabuzón que cuelga del techo. El olor penetrante del matamoscas con que mi madre fumiga la cocina. El zumbido aleteando en mis oídos y el pinchazo. Mi hermana llorando y llamando a gritos a mi madre desde la mecedora. “Como tu padre no saque el estiércol, nos van a llevar en procesión”, escupe la abuela las palabras con rabia, desde su cuarto, al pasillo de la casa. Paños de vinagre para espantar a las pulgas. Mi hermana huele a vinagre. La niña tiene metido en la boca el pezón de una teta larga y seca. Abre los ojos y llora sin lágrimas: la mosca se bebió el jugo del lagrimal. La televisión sigue encendida en mi cabeza. Las tres de la madrugada en el reloj de la vecina.

Me levanto y voy al salón. Desde la ventana veo los edificios del barrio y las farolas abriendo puntos de luz en el hollín de la noche. Hace meses que no llueve. La lluvia limpiaría el ambiente. La lluvia aleja a las moscas del pan y la sopa. Sopa de ajo sobre las trébedes y cucharas rebañando el fondo de la sartén. La lluvia haría crecer la hierba para las cabras. Las cabras darían leche y cubrirían de carne las piernas de la niña. Me siento en el sofá y enciendo la televisión. Gregory Peck se viste con el traje de Atticus. La hija es especial. Todo es cierto en la memoria de la hija. Un padre estupendo. Imperfecto. Diferente. Lloro un poco al final de la película. El rectángulo de la ventana se aclara. Amanece.

Apago el televisor y voy a la cocina. Abro el frigorífico y saco el helado de chocolate. Hay una nota pegada a la puerta con un imán. El jueves tengo cita con la ginecóloga. Chocolate, negro como la niña. Cierro los ojos y dejo que se derrita en mi boca. Vuelve la niña de la fotografía. Imagino que asoma una manga blanca con una mano que espanta la mosca. Dos golpes de párpado y la mano sale del rectángulo y vuelve a entrar con una cuchara. Tres golpes de párpado y la niña come. ¡Qué bueno está el chocolate! Abro los ojos. Mañana, ginecóloga, me avisa la nevera que evita que las moscas estén sobre la carne. Acabo con el helado.

Los animales fuera de las casas. Las casas no tienen pulgas. El lagrimal drena líquido transparente. La niña come. Tengo sueño. Vuelvo a la cama y lo abrazo por detrás. Enredo mis dedos en el vello suave de su pecho. Huele a tabaco, limón y mandarina. Acerco mis labios a su oreja izquierda. “Quiero que hagas esa cuna”, le digo. El reloj de la vecina acaba de dar las cinco. Duermo.

28/10/10

PONERSE EN SU LUGAR


"Johnny Turtle me pisaba los talones. Primero cayó One-Eyed Tony al beber de la botella envenenada. Después Litle Big Stupid con el agua infectada de sanguijuelas. Quedábamos tres: Johnny, Lilí Snake y yo. Tenía la lengua rasposa como la de un gato. La pasé por mis labios resecos y lamí unas gotas de sangre. Necesitaba llegar a las rocas cuanto antes. "¡Hija de puta!", gritó el Turtle agarrándose las tripas con las manos. Entendí para qué machacaba Lilí cristales en el mortero. Alcancé el botín sin aliento: veinte garrafas de la reserva del Water Bank. Me bebí media sin respirar. Después fui a buscar a Lilí Snake. Seguro que tenía preparado algo para mí".

Cerré el archivo, corrí a la cocina y metí la boca debajo del grifo. Ella esperó a que me saciara. Luego, enseñó sus dientes de piraña con una fea sonrisa y dijo: - Y bueno, baby, ¿para cuándo una historia en la que muera el protagonista?

24/10/10

EL OJO



Hacía tiempo que lloraba el ojo triangulado. Una rija que lo desbordaba en diluvios y nublaba su visión. Así era imposible distinguir un abrazo de un cuerpo a cuerpo en combate, mucho menos al inocente del culpable. Era alarmante ver cómo se llenaba el Infierno de inocentes y cómo campaban a sus anchas por el Cielo, en una suerte de sociedad del bienestar, los malotes. El Todopoderoso necesitaba una cita urgente con el oftalmólogo.

19/10/10

EL ALMA (Finalista de microrrelatos sobre abogados diciembre 2009



Mientras espero en la estación, observo la cabeza del carril, brillante por el paso de muchos trenes. Mi carrera judicial también fue brillante. En nómina en un bufete de prestigio, conseguí llegar a juez gracias a mi tesón. Estoy capacitado para resolver querellas de toda índole, pero nunca imaginé que fuera tan difícil el arbitraje entre Charito y Mario. Tengo los nervios deshechos. El tren asoma el morro y se detiene con un bufido. Se abren las puertas y ella aparece como una diosa con tacones y traje de chaqueta. Renace mi admiración de cuando la conocí, aumentada en su ausencia porque he descubierto que ella es el alma del carril por donde se desliza suavemente la familia. - No fui capaz de hacerme con los niños, Esperanza. Tuve que llamar a tu madre- le digo con un temblor de emoción en la voz mientras la abrazo.

15/10/10

ADAPTACIÓN




“Bicho malo, nunca muere”, decía mi vieja. Y mira que lo intentó. Saltos, carreras, fajas... Pero yo me agarré como una garrapata a su cuerpo. El resto lo pasó llorando. Me dejó una sequía de la que nunca me recuperé. “Bicho malo, nunca muere”, repetía entre rechinar de dientes. Silencio y agua, sólo pido eso. La callé con un tajo limpio de mi navaja. Igual que al vendedor de melones, voceando la mercancía en el sopor de la siesta. Y al colega de la moto sin silenciador, que reventaba mi sueño de madrugada. Una noche, me pilló el picoleto echando la bolsa al río. Dijo: “Se te cayó el pelo, mamón”, y no dejó de darme hostias hasta el cuartelillo.
Por los cadáveres me cayó una condena en el trullo que nunca cumplí. Era peor lo de la contaminación de aguas. Me desterraron al desierto con una cantimplora. Y aquí sigo, cada día más parecido a los cactus de los que bebo. “Bicho malo, nunca muere”. ¡Cuánta razón tenía mi vieja!

13/10/10

PREVARICACIÓN (Finalista del concurso de microrrelatos de abogados - mayo 2009)

 

 - Luego usted, a pesar de la veda, cazaba patos contraviniendo la ley- afirmó el juez. - No, señoría. Yo estaba agachado cerca del riachuelo, buscando espárragos- aseguró el demandante con la mayor diligencia. - ¿Entonces cómo pudo alcanzarle la bala en el hombro? - Porque al oír el alto me incorporé. - Sin embargo, la declaración del testigo afirma que usted corrió cuando le dieron el alto. - ¡Pero es su compañero! - Su testimonio es tan bueno como cualquier otro. ¡Caso sobreseido!- resolvió el juez golpeando la mesa con el mazo. Y dirigiéndose al guardia civil, le ordenó quedarse. Una vez solos, le hizo acercarse y lo cogió del cogote:- Dile a tu padre que te lleve este fin de semana a la cacería que da el señor marqués, a ver si pegando unos cuantos tiros te tranquilizas, o no habrá boda con mi Enriqueta.

9/10/10

EN LA CAMA (microrrelato leído por Juan José Millás en La Ventana



Ya nunca sabrás, madre, que esa noche yo estaba despierta.

8/10/10

DULCE TRAICIÓN (finalista del concurso de microrrelatos sobre abogados -febrero 2009


El letrado hizo todo lo posible para que el osito de menta encontrado entre los matorrales, al otro lado de la valla donde trabajaban en el diseño de un nuevo cohete, no se presentara como prueba. Sin embargo, allí estaba, dentro de su bolsa de plástico. Veinte años ejerciendo de espía y ni un solo fallo. El acusado intentó despegar con la punta de la lengua la fresa adherida al paladar, mientras el portavoz del jurado leía el veredicto. El juez lo miró por encima de sus gafas correctoras de presbicia, sin un atisbo de clemencia. Sería duro con la sentencia. José Rodríguez, apodado “El gominola”, recordó la advertencia de su madre. Se había quedado corta: su adicción a las chuches no solo le destrozó la dentadura, también, y lo que era peor, estaba a punto de arruinarle la vida.