27/6/13

"PARTÍCULAS EN SUSPENSIÓN" SE EMBARCA EN LA NAVE DE LOS LOCOS

Hoy, Fernando Valls publica en su blog "La nave de los locos", el relato que da nombre al libro "Partículas en suspensión". 

Podéis leerlo aquí.

Mil gracias, Fernando. Un placer navegar de nuevo en tu nave.

26/6/13

RESEÑA EN LA ESPADA OXIDADA

Hoy, en el blog de Manu Espada, un gran regalo para mí y un aperitivo del libro aquí.

Mil gracias, Manu.


24/6/13

CONVOCATORIA Y ANEXO






ANEXO A LA CONVOCATORIA:

21/6/13

BOOKTRÁILER DE "PARTÍCULAS EN SUSPENSIÓN"

Con todos ustedes, el maravilloso trabajo de José Luis García. 




19/6/13

EL VIAJE- RELATO GANADOR DEL V CONCURSO DE RELATOS ESCRITOS POR PERSONAS MAYORES





NOTA DE PRENSA
Lola Sanabria, ganadora del Concurso de Relatos Escritos por Personas Mayores 2013 de la Obra Social ”la Caixa” y Radio Nacional de España.

A la quinta edición del concurso se han presentado 1.572 relatos escritos por personas mayores de toda España, cifra que supone un aumento del 37 % respecto a la edición del año anterior (1.154).

La mayoría de los autores proceden de la Comunidad de Madrid (477), Cataluña (248), Andalucía (278) y la Comunidad Valenciana (109). 

El objetivo de la iniciativa, organizada por la Obra Social ”la Caixa” conjuntamente con Radio Nacional de España y con la colaboración de La Vanguardia, es estimular el hábito de la lectura, el uso de la imaginación y la actividad creativa entre la gente mayor.
 
La ganadora del concurso, Lola Sanabria, residente en Madrid, recibirá como premio un ordenador, un trofeo, la adaptación radiofónica de su relato, El viaje,  y su publicación en La Vanguardia y en las webs de Radio Nacional de España y de la Obra Social ”la Caixa”.

http://www.rtve.es/radio/20130618/rne-entrega-este-miercoles-premio-del-concurso-relatos-escritos-por-personas-mayores/691621.shtml

 http://prensa.lacaixa.es/obrasocial/concurso-relatos-escritos-personas-mayores-rne-la-vanguardia-obra-social-la-caixa-esp__816-c-18400__.html




EL VIAJE
 
La tarde anterior metió y sacó la ropa de la bolsa de viaje varias veces, desasosegada, no conforme con lo que había decidido llevarse. Pero siempre, encima de un jersey o una blusa, como una piedra sobre papeles para impedir que vuelen,  la brújula. Se la regaló su padre cuando la enfermedad le ganó la partida postrándolo en una cama para siempre. Él la solía llevar en sus largas caminatas por el campo, caminatas que el médico le prescribió y que retrasaron el final inevitable. Ella nunca entendió para qué la llevaba si no se alejaba de senderos conocidos y cercanos al pueblo. La dejó con el brillo de haberla lustrado mucho con el sudor de la mano. Y después de años olvidada sobre el estante, entre libros empolvados, se acordó de su padre sin saber por qué y decidió llevarla en el viaje.
     Se levantaron muy temprano, cuando el amanecer asomaba con una luz pálida entre las ondulaciones de la sierra. Durante el desayuno, él estuvo mirando el mapa en la cocina, uniendo distancias con un rotulador rojo, entre sorbo y sorbo de café. Un viaje corto, no más de tres horas, como mucho cuatro. Eso dijo cuando volvió a plegarlo por los cuatro dobleces de costuras avejentadas.
     Cerraron ventanas, bajaron persianas y se aseguraron de dejar los grifos bien cerrados, antes de dar varias vueltas a la llave de la puerta de la casa.
     Ya en la calle, ella soltó la bolsa en el suelo y él, antes de meterla dentro del maletero del coche, hizo el primer comentario. Seguro que la has llenado, dijo con la acritud que mostraba siempre que iban a hacer un viaje.
     El sol daba de frente en el parabrisas cuando él comentó que iba a detenerse a echar gasolina. Ella giró la cabeza para mirarlo y, entre sorprendida y enojada, le reprochó que no hubiera llenado el depósito antes de salir, como quedaron. Mientras el empleado ponía la gasolina al coche, entraron en el bar de carretera y se tomaron otro café. Ella con un mollete con tomate y aceite de oliva y él con un dónut de chocolate.
     Volvieron a la carretera. El viaje transcurría con la pesadez de un día de verano que ya mostraba su lado más duro en los campos de tallos cortos, amarillos, secos. Él puso la radio. Ella torció el gesto. La música disco le levantaba dolor de cabeza, pero no dijo nada. Buscó en el bolso, sacó el MP4 y se puso los auriculares. Aun así, el sonido se colaba entre los intersticios de las orejas machacando la voz de Leonard Cohen.
     La despertó el ruido de la gravilla bajo las ruedas del coche, el tránsito de deslizarse por la carretera de manera uniforme, a la reducción de velocidad  hasta detenerse frente al restaurante. Miró el reloj y comprobó la hora. “¿Aún no llegamos?”. La pregunta quedó flotando en el aire, sin respuesta, durante unos segundos que parecieron de alquitrán, luego él contestó algo enfadado con un no seco que atajaba cualquier posibilidad de seguir hablando.
     Comieron en silencio. Él desplegó el mapa sobre la mesa y, entre las judías con chorizo, el churrasco y la tarta de chocolate, estuvo estudiando, como si fuera un laberinto, aquella línea quebrada y roja. Ella lo miraba entre irritada y temerosa, mientras se llevaba a la boca unas judías verdes, una porción de lubina a la espalda y un trozo de manzana, pero no hizo ningún comentario.
     La tarde fue un sinfín de asfalto gris metalizado, pájaros en bandada abandonando árboles, nubes estiradas y rojas alejándose con la monotonía de la marcha uniforme del coche. Tres horas. Cuatro como máximo. Y sin embargo ¿cuánto tiempo había transcurrido desde que salieron de casa? Para llevar la cuenta exacta debía mirar la esfera del reloj pero sabía que él estaba atento, aunque tenía los ojos clavados en un punto fijo de la carretera, y que detectaría esa mirada, y seguramente acabarían discutiendo. Una de esas discusiones agotadoras, sin  salida. Y ella estaba muy cansada. Así que lo dejó correr.
      Dame un chicle, anda, pidió él cuando ya la línea del horizonte se había cargado de sombras. Ella buscó en el bolso. Lo vació sobre su falda. No tengo, dijo con un suspiro de resignación. ¿Cómo que no tienes? Tú eras la encargada de comprarlos. Al fondo, entre las lomas, se abrió un camino de luz quebrada. Tormenta, dijo ella con un tono triste de voz. No quería hablar de chicles. En realidad era mejor no hablar de ninguna cosa porque lo sabía, sabía que él estaba muy irritado y que necesitaba descargar su furia. Así que no has comprado, dijo rechinando un poco los dientes. Yo creo que sería mejor parar el coche y coger la brújula, dijo ella de repente, buscando alivio a aquel ahogo que sentía al final del esternón. ¿Y para qué te has traído la brújula? No se te ocurren nada más que tonterías, dijo él lanzándole una mirada de soslayo. Sin embargo, ella detectó algo que no era el desprecio de otras veces, algo que se parecía mucho al miedo. Para orientarnos. Él abrió la boca como para contestar pero no dijo ni una palabra. Una lluvia de granizos repiqueteó en el parabrisas. El fin del mundo, comentó ella. Tonterías, dijo él. Los granizos engordaron y el golpeteo en los cristales fue una amenaza firme de ruptura. Él sacó el coche de la carretera y lo detuvo en el arcén. Enseguida se vieron acorralados por los trozos de hielo que arreciaban y repicaban furiosos. Una cortina blanca los aislaba del exterior. No veían nada que no estuviera dentro del coche. No escuchaban otra cosa que el batir incesante del agua congelada. No olían nada que no fuera el miedo que los mantenía rígidos en sus asientos, esperando. Pero ¿a qué esperaban?, se preguntó ella en aquel tiempo muerto, detenidos en cualquier arcén de cualquier carretera. A que escampara, se dijo para tranquilizarse. Sin embargo, no había ni la más mínima señal de que el cielo se fuera a despejar en mucho rato. O tal vez nunca dejara de caer granizo. Nunca, pensó, y sintió de repente el aleteo de la muerte batiendo sus alas en aquel espacio tan pequeño, como una tumba para dos. Sería estupendo, se dijo, girarme, girarnos, y fundirnos en un abrazo. Lo sería si eso pudiera, de alguna manera, desnudarnos de la mortaja con la que cada uno se ha ido vistiendo en los últimos años. De repente él se volvió y dijo: Estamos perdidos. Lo dijo con resignación, con algo de pena. Lo estamos, confirmó ella. Podemos coger la brújula, sugirió él, bajito. Podemos. Habrá que esperar a que escampe, concedió ella.
Fuera, el granizo se amontonaba sobre el capó y ya había ganado medio cristal del parabrisas.

16/6/13

UNA PARTÍCULA QUE SE COLÓ EN TU BLOG


Trabajo de José Luis García y Marisa Belmonte.
Es la segunda vez que entro en el blog de Lola sin avisarla. Pero tengo un motivo para hacerlo.
Ser su compañero es un orgullo, y por eso tendréis que perdonar si lo que os voy a presentar peca de emotividad, seguro que lo entenderéis a poco que os pongáis en mi lugar.
Como ya sabréis, Lola va a publicar el próximo día 28 de Junio su primer libro "Partículas en suspensión" con Editorial Talentura, y como es natural para mí es un motivo de satisfacción.

Todos, en mayor o menor medida, conocéis sus trabajos y su forma de relacionarse, pero muchos seguramente no estéis al corriente de otra faceta suya y que yo la percibo casi día a día. Sobre esta versa el vídeo que he preparado, y que os presento a continuación, como  contribución particular a esta gran JUNTALETRAS, que así se define ella.

(Al pinchar aparece el mensaje de: -Inserción desactivada por petición-, pero pulsando en "ver en Youtube", se iniciará el vídeo)

 

 FELICIDADES LOLA

Juan Leante

13/6/13

PORTADA DE PARTÍCULAS EN SUSPENSIÓN



Excelente trabajo de José Luis García y Marisa Belmonte.

11/6/13

ANÓNIMOS- Relato ganador de la semana de Wonderland



El mar ya se había calmado. Eché la última palada. El conductor asomó la cabeza por la ventanilla y me apremió para que subiera. Ninguna señal, nada encima de cada elevación del terreno, esa era la orden. Los plásticos de los invernaderos brillaban bajo la luz de la luna. Me incliné y arranqué unos hierbajos con flores amarillas. Metí los tallos en la tierra y la apelmacé con las dos manos. Subí a la furgoneta y me senté pegado a un compañero. El patrón dijo que la noche era muy calurosa, pero yo llevaba el frío metido en los huesos.
 A partir del minuto 50.

8/6/13

SOL, SOLECITO, CALIÉNTAME UN POQUITO


Fotografía tomada de la red.


Querida niña:

Estaba condenado a ser el eterno adolescente. Todos me decían lo que tenía que hacer. Siempre con sus advertencias. Les hacía caso, porque eran la voz sabia de los adultos. ¡Pero tú eres tan especial!
     Me asomaba en la oscuridad a tu ventana, y a través del cristal blindado,  seguía con mi uña tu cuerpo de ninfa. La piel, cobre bruñido por el sol. El pelo como noche con reflejos de luna llena. El pecho apretado y duro, seguro que duro. El cuello terso y palpitante. Me mareaba y en más de una ocasión caía sobre las ramas  del árbol que vigila tu sueño. En primavera, las flores del magnolio me irritaban los ojos, sentía ese escozor raro, como el llanto de los habitantes del pueblo. Parecías tan feliz, calentita, durmiendo en tu cama. Y yo cada vez más deprimido y con el corazón helado de frío.
      Hace tiempo que solo quedan cuatro habitantes. El cura, siempre metido en la iglesia. La vieja, seca como un sarmiento, que ninguno la quiere porque nada hay que sacar de ella. Y tú, mi niña, que me estás volviendo loco, loco; con tu padre el de la siembra de patatas y ajos, muchos ajos.
     Esta noche, tú (porque has sido tú sin duda), has colgado unas revistas de las ramas del magnolio, como cuando me dejaste “20 poemas de amor y una canción desesperada”, de Neruda. Las he estado leyendo. Todas hablan de los beneficios del sol. Y se ve a la gente en playas y yates, con un mar profundo, azul cielo o verde esmeralda, pero nunca negro. Y lo he comprendido. Es una invitación.
     Cuando vuelva al castillo, dejaré la lápida descorrida y las ventanas y la  puerta abiertas para que entren bien los rayos de sol. Ellos me guiarán hasta donde me esperas. Por fin te haré mía para siempre. Después de todo, los mayores también se equivocan.


Tu  vampiro enamorado.




5/6/13

EL APRENDIZ

Fotografía tomada de la red.

Todos los años, unos días antes de Navidad, mi madre compraba un pollo vivo que metía en el chiscón de la cocina, con un palo atravesado para que se subiera y estuviera cómodo durmiendo. Mi hermano jugaba con él mientras le daba el trigo en la mano y cuando lo veía de plato principal en la cena de Nochebuena, se negaba a comerlo y no dejaba de llorar. El año en el que se estuvo preparando para hacer la Comunión, además de trigo, le daba lecciones del catecismo y el día antes de Nochebuena le ungió con un mejunje la cresta, le echó agua bendita, que dijo haber cogido de la iglesia, y le dio la absolución. El pollo amaneció muerto y mi madre no se atrevió a ponerlo en la cena. A partir de entonces, no volvió a traer nada vivo a casa.

28/5/13

PSICOSIS

Tomada de la red.

Cuando va de compras, mi mujer quiere que la acompañe siempre. Ella dice que es para que la ayude a elegir, pero no es así, me lleva para que cargue con las bolsas. Después de un sábado agotador, quedaron pendientes los regalos para mis suegros y mis cuñados. La Navidad a la vuelta de la esquina y ningún fin de semana más para dejar la tarjeta de crédito temblando. Tengo un compañero que a menudo enferma a media mañana y se va a casa. Quince años de trabajo en la empresa y yo nunca lo hice, pero aquello era una emergencia. Le eché la culpa al desayuno y al final, el café y los churros me sentaron fatal. Me fui a eso de la una y aguanté hasta las cinco, el estómago revuelto, el calor y el gentío asfixiantes. De camino a casa, detuve el coche en un semáforo en rojo y vi a mi jefe cruzando el paso de peatones. Estoy seguro de que él también me vio.

24/5/13

DETECTORES DE CAJAS DE GRASA CALIENTES (Mi microrrelato tuneado que se llevó Marina)


No hace falta que me toque. Tampoco que esté muy cerca. Basta con tenerme al alcance de su mirada para saber hasta dónde he llegado. Así pues, el registrador se encuentra en el interior de sus ojos profundos como mina de hulla. El captador orilla mi falda, tal vez el desfiladero acuoso que se pierde en mi escote, o quizá esté en el engorde azulón de  venas palpitando en mis sienes. Él hace sus cálculos, se divierte mientras yo siento que de un momento a otro voy a quedar fundida a la silla, al suelo, a la barra donde apoyo mi mano. Y cuando me desabrocho la blusa empapada y agito mi pelo con el aire del abanico, entonces viene a mí sin prisas, se pega a mi cuerpo, y los dos nos enredamos en un vaivén salvaje de locomotora descarrilando hasta entrar en el vértigo del despeñadero. Después, la muerte súbita.

20/5/13

0TRA VEZ

Ni el frío ni la amenaza de lluvia consiguieron desviar mi atención. Durante el trayecto a la macroquedada, iba dándole vueltas al asunto. Me bajé en Tribunal a lo tonto, porque quedaba más cerca Noviciado, pero a lo listo habría andado menos y las posibilidades de maquinación se habrían reducido al metro. Que cómo me las maravillaría yo. Que cómo me las maravillaría yo este año. Y así me presenté sin ningún plan concreto pero con la idea de que de alguna forma me saldría con la mía.
     La presentación del Viaje imaginario al Archipiélago de las Extinta, bien, para qué negarlo. Ro, hizo sus deberes. La de la antología, como siempre, siendo Manu, dinámica y divertida. De la comida no hablo. Y por fin el sorteo. Yo en la cola preguntándome si alguien me la habría levantado. Llegando, la veo en brazos de Francesc. A esa le tenía yo echado el ojo, le digo. Y él, caballero andante o sentado, qué más da, se ofrece a cambiármela por lo que me toque. Metí mi manita inocente y saqué número y tuneado. Confieso que me dio pena su mirada lastimera. Pero sólo un segundo. Enseguida reclamé que se hiciera efectivo el trato. Sí, una vez más me llevé un premio gordo. No me digáis que no es una ricura.

ALIVIOS

La madre busca entre los restos de su precario ajuar las sábanas bordadas de su noche de nupcias. Se traga las lágrimas, no es momento de llorar. Lava las sábanas y las tiende al sol para que haga desaparecer el amarillo añejo del tiempo transcurrrido. Espera el milagro que les devuelva la blancura que tenían aquella noche, cuando concibió a su hijo. Su único hijo. No quiere llorar, ahora no es el momento. Plancha las puntillas que engalanan el embozo y el almohadón, aunque este no hará falta., lo plancha igualmente. Siente alivio cuando piensa que serán estas sábanas el sudario que envuelva el cuerpo de su hijo. Mañana llorará.

Rosa Martínez
vanalaire.blogspot.com

16/5/13

ADAPTACIÓN



Padre, madre e hijo estuvieron paseando con la bolsa de viaje a cuestas. Antes o después tendrían que acostarse, pero retrasaban el momento. Les costaba aceptar su nueva situación. Cuando el parque quedó desierto, extendieron los cartones y se echaron a dormir sobre los bancos.

13/5/13

BOOKTRÁILER "DE ANTOLOGÍA" DE JOSÉ LUIS GARCÍA

 ¡¡El 18 de mayo, sábado, la logia se reúne!! Estrenamos libro. ¿Te lo vas a perder?

Booktráiler aquí

9/5/13

ÚLTIMO DETALLE DE DESPEDIDA



 
Fotografía tomada de Internet

Anoche se celebró el funeral-fiesta de la hija de Lara, tal y como ella dejó dispuesto. Desde primeras horas de la tarde, el servicio de catering fue llenando las mesas preparadas en la venta El Chorro, con bandejas de canapés variados, croquetas, gambas, pastel de cabracho y solomillos a la pimienta; además de vino, cerveza, coca cola y cava. Alrededor de cien invitados entre amigos y familiares, bebieron y comieron mientras una orquesta tocaba “Adelita“, “Reloj no marques las horas“, “Angelitos negros” y otras piezas del gusto de la difunta. A eso de la una de la madrugada, se retiraron los mayores, y se quedaron los más jóvenes disfrutando de barra libre y música enlatada.

Sus hijos, a quienes la difunta dejó el frigorífico y el congelador llenos de tuper repletos de comida, lloran tan irreparable pérdida.

7/5/13

LA SOLEDAD DE LA BORDADORA

Fotografía tomada de la red.


A veces regreso a las tardes de escuela. Trenzo la madeja de hilo Moliné mientras me llega el griterío de la última pelea en el patio, la voz de la maestra disolviendo y provocando temblores de llanto. Y ya dispuesta, la aguja diminuta enhebrada, el bastidor, las tijeras y el punzón sobre el regazo, dejo de prestar atención a la compañera que escribe en la pizarra la fecha del día siguiente con tiza blanca, a los rezos del rosario. Los ojos fijos en la flor, atentos a la puntada larga, a la corta, del matizado. Y las imágenes van brotando, desenroscándose y estallando en colores y formas. Sueños de infancia y adolescencia.

30/4/13

A DOS MANOS- GANADOR SEMANAL DE WONDERLAND Y RELATOS TRADUCIDOS AL FRANCÉS




Doble alegría la de hoy. De nuevo en Wonderland. Y tres de mis relatos traducidos al francés.


A DOS MANOS

Entrabas en la sala comenzada la película y elegías tu presa. Admiraba la delicadeza de tu mano derecha deslizándose por la piel ávida de caricias, la agilidad con que sacabas limpiamente la cartera con los dedos de la otra.
     Conmigo te costó algo más de tiempo, empeñada en implicar a tus dos manos en el gesto amoroso. Fracasé.
      Sé de tu disgusto, el billetero es de plástico y sólo contiene esta nota. Pero puedes recuperar el tuyo, aligerado de peso, con toda la documentación, en la papelera que hay a la entrada de nuestro cine que, estoy segura, seguirás frecuentando.

 Podéis escuchar el relato a partir del minuto 49

http://www.rtve.es/alacarta/audios/wonderland/wonderland-litoral-parlem-amb-director-raimon-molins-els-actors-marc-rodriguez-lluis-marco/1796372/

Os dejo el enlace a los relatos traducidos al francés, gracias a la intervención de Manu Espada.

http://lecturesdailleurs.blogspot.fr/2013/04/expulses-silence-dieu-lola-sanabria.html?m=1

 

Y aquí los relatos en castellano.

SILENCIO

Mis pies desmayados oscilan a dos centímetros del suelo, como peces moribundos, desde el precipicio de la cama. El esmalte de uñas se ha descascarillado. Muestra calvas blancas entre el rojo sucio. Muevo un poco los dedos hacia abajo a la búsqueda de aquella mañana, de aquella pelota rodando, rodando. Cierro los ojos y cuento hasta tres. Giro los tobillos y el hielo de la colcha me roza. Abro una rendija en los párpados. Levanto la mirada a la cómoda, al niño y al balón enmarcados. Un puñetazo que me corta el resuello. Bajo la cabeza. No encuentro las zapatillas.

DIOS

En el hospital, me espera la rutina. La bata blanca y los locos de siempre. Dejo de patear el andén, arriba y abajo. Tengo delante una cabeza rapada. A su derecha otra con coleta. A su izquierda, la de media melena. Chubasquero, blazer, abrigo, pantalón, falda, zapatos planos, de tacones, deportivas... Elijo a la chica de la coleta rubia, cazadora negra, pantalón vaquero y zapatillas. El tren asoma el morro por el túnel. Unos pasos, y me pego a ella. Acaricio su espalda con el dorso de la mano. Gira la cabeza y mírame; si sonríes, te perdono la vida.

DESAHUCIADOS

Las tres de la madrugada. Salgo con los zapatos en la mano, para no alertar al perro que dejaron de vigilancia. En el vestíbulo tropiezo con la maleta y las cajas. Unos segundos de espera, mordiendo el labio, para que se pase el dolor del meñique, siempre el meñique. Abro y cierro la puerta conteniendo la respiración. Me calzo. Bajo. Ni lobos en las aceras. Camino hasta el final de la primera calle. La corto con la radial, de lado a lado, a lo ancho, la voy enrollando como una alfombra, desandando el camino. Luego otra. Y después la siguiente. Así hasta no dejar ninguna de acceso a mi portal. Fuera de casa, el vacío. Sonrío satisfecho. Vuelvo a la cama. Duermo. Me despiertan los golpes. De un salto, me planto frente a la ventana. Han vuelto a poner las calles. Ya vienen. En las tiras blancas del paso de cebra, cuerpos estrellados como mosquitos. Aún no han tendido las redes. Rompo el cristal y salto. A medio camino me topo con el del quinto. Vamos cayendo, los desesperados.

28/4/13

DETALLE DE DESPEDIDA

Fotografía tomada de la red.


Con un kilo de tomates, medio de pepinos, un pimiento verde, un trocito de cebolla, un diente de ajo, miga de pan, sal, vinagre de Jerez, aceite de oliva virgen y agua, puedes hacerte el gazpacho que tanto te gusta y que hoy no encontrarás en la nevera cuando vuelvas a casa de madrugada.

Ana.

22/4/13

PROFESIONES

Tomada de la red.

Cuando cumplí los doce años, me regalaron “El perro de los Baskerville” Decidí que sería detective y comencé a espiar a la vecina del octavo. Era muy sospechoso que se negara a que el portero bajara su basura. La seguí varias noches hasta el contenedor, esperé a que se alejara, pinché con un palo su bolsa de basura y revolví en ella. La señora le daba a la cerveza, apunté en mi cuaderno. Muy contento con el éxito, seguí con mis pesquisas, aunque durante unos días no descubrí nada nuevo. Hasta el día en que, al escuchar la voz de mi madre y el llanto de su prima, acercándose, me escondí detrás de la cortina de la salita.
- Ya verás cuánto lo quieres cuando nazca. Fíjate en mí. Salté muchas veces desde el fregadero al suelo de la cocina, intentando que se deshiciera. Una de esas veces a poco me mato pues se me enganchó la lazada del delantal en la llave de paso. Y nada, la naturaleza siguió su curso y ahora estoy tan contenta con mi hijo.
     Somos dos hermanos. Agradecí a mi madre que no diera nombres.