12/11/17

BESTIAS

Tomada de la red.

Plenilunio. Día de los Muertos. Noche cerrada. Año tras año, empuja la verja del cementerio y busca donde tumbarse a esperar a que la muerte venga a buscarla para llevarla junto a su hermana. La lápida de Rosalía González brilla bajo la luna en todo su esplendor. Está fría y dura. Se estira, cierra los ojos y cruza las manos sobre el pecho. «Estoy preparada», dice.  Se oye el ulular de la lechuza y el ladrido de un perro lejano. Luego el silencio. Desde bien chiquita escuchó el relato de labios de su abuela. « ¡Ay, mijita, ay! Erais dos dentro de la barriga de tu madre. Dos. No una. Y no podía ser. Una de las dos sobraba. No había espacio dentro de la culebra. ¿Entiendes? Sobrevivió la más fuerte. Esa eres tú. María, porque tu mamá se empeñó en darle nombre, nació con una vuelta de cordón al cuello, moradita la pobre. Ahorcada por manos inocentes». Ximena lloraba y corría a los brazos de su madre. «No hagas caso de tu abuela. Está perdiendo la cabeza», la consolaba. Pero a la niña le quedó grabada la historia. Quería ir con la hermana para pedirle perdón y estar siempre con ella. Suspira hondo. Ya está a punto de levantarse cuando escucha pasos. Muchos pasos. Abre los ojos. Allí está, con su cuerpo de huesos, la máscara con forma de cráneo y el pelo encrespado. «Quiero que me lleves con mi hermana muerta», suplica. «Si es lo que quieres…», dice una voz que Ximena, por un momento, cree reconocer. Van llegando más convidados. La rodean. Rasgan sus ropas. La ultrajan y la apuñalan hasta desangrarla. Después la sacan del cementerio y la meten en el maletero de un coche. Viajan, aún de noche, hasta llegar a su destino. Amanece un día espléndido. Bajo tierra del desierto de México, duerme Ximena.

2 comentarios:

Elena Casero dijo...

Es muy duro, pero es Méjico. Me gusta. Mucho

Abrazos

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Elena, guapa.

Un abrazo gordo.