5/4/12

NOT FOR SALE



El ruido venía del sótano. Bajó la escalera y cuando se adaptó a la penumbra, vio los pies descalzos correr detrás de su vieja pelota. El niño se detuvo y se quedó mirándola con los ojos muy abiertos. De las sombras, salieron varios adultos a la escasa luz  que entraba por las rendijas de la puerta. Se miraron todos en silencio durante unos segundos. De arriba llegó la voz preguntando si pasaba algo. Ella subió la escalera y dijo: “Ratas”. Esperó a que el agente inmobiliario tomara medidas y tasara la vivienda, para comunicarle que había cambiado de idea.

16 comentarios:

Rosana dijo...

Joder Lola tenía en mente algo así, pero tú los has escrito ya tan bien que ni me molesto.

Gracias!!


Me voy ahora mismo al campo huyendo de procesiones disculpadme los que publicáis micros indignados que no me pase por todos los blogs a comentaros los micros, el domingo vuelvo.

Abrazos

Anita Dinamita dijo...

Estamos rodeados de ratas, Lola, qué pena.
Sigamos indignadas hasta que desaparezcan ¿será eso posible?
Abrazos esperanzados

Lola Sanabria dijo...

Siempre está la visión personal, y tú, Rosana, tienes una muy buena.

Si nos lo proponemos seguro que sí, Anita.

Abrazos solidarios.

Ximens dijo...

Este relato me produce problemas de comprensión. El desván está arriba, y ella baja escaleras. Lo que está claro es que encuentra personas indigentes habitando el desván. No me queda claro si ella quiere comprar o vender la casa, con lo que cambia el sentido del relato. Uff, problema mío, seguro.

Lola Sanabria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lola Sanabria dijo...

Mira, para que no te cree más problemas de comprensión, he cambiado la palabra. Por otro lado, es fantástico que, según tú, tenga diferentes lecturas. Quiere decir que he dejado la puerta abierta para que cada uno haga su propia lectura.

Par de abrazos.

Anónimo dijo...

Un relato en escalera de caracol y a media luz, donde las cosas quedan dichas y bien dichas... Un saludo Dominique

Lola Sanabria dijo...

Muchísimas gracias por esas cosas bien dichas, Dominique.

Abrazos a pares.

Elysa dijo...

¡Jo, Lola! es una imagen que pone los pelos de punta. Me da miedo y rabia que esas "ratas" puedan estar ya en muchos sotanos. Tenemos que seguir para evitar esas situaciones.
Como siempre, escribes sin anestesia, como debe ser.

Besitos

Lola Sanabria dijo...

Son los okupas, Elysa. Es intolerable que haya casas vacías mientras hay personas sin techo.

Triple de abrazos.

carmen dijo...

Vaya micro! Buf! y sí, por desgracia, ya hay personas que viven agazapadas como fugitivos, de hipotecas y banqueros. La ficción pronto nos superará si esto no cambia.
Gracias, Lola, por contarlo tan bien.

Miguel Torija dijo...

Gracias por participar,

Inquietante relato el tuyo.

Te esperamos en la última jornada.
Nos vemos en la alambrada.

Lola Sanabria dijo...

Armados con alicates de corte, Miguel.

Abrazos solidarios.

Lola Sanabria dijo...

Pronto serán, seremos, un ejército, Carmen.

Par de abrazos.

joseluis dijo...

Es muy similar al final de un cuento de Carlos Fuentes en "Constancia y otros relatos para vírgenes". El relato de Constancia, "es un relato que parece sacado de un libro de E. A. Poe: el norteamericano Whitby Hull se ha casado con una misteriosa mujer española, Constancia, la que opta por vivir encerrada en su casa y teniendo como único contacto humano a su esposo. Un día Constancia desaparece misteriosamente y Hull descubre que estuvo casado con un espíritu, pues su esposa había muerto en España muchos años antes. Las páginas finales del relato tratan de explicar estos sucesos: Constancia fue una de las muchas personas perseguidas por razones políticas durante la guerra civil española. Intentó emigrar a América, pero sólo lo logró después de muerta". Cuando Hull regresa a su casa, escucha ruidos en el sótano de su casa, y se encuentra con unos personajes que también eran perseguidos en esos momentos: salvadoreños que huían de la represión dictatorial.

Algo muy en común parece que se cierra en estos círculos de indignación: la capacidad de unos pocos, sea de facto o legitimados, para destrozarnos a todos los humanos de a pier.

Un abrazo indignado, Lola :-)

Lola Sanabria dijo...

Muchísimas gracias, José Luis, por este excelente cuento que me has relatado de Carlos Fuentes.

Abrazos, muchos.