8/3/20

GOTAS EN EL AGUACERO



Tomada de la red.



El 1 de diciembre del 1955, Rosa Louise McCauley de 42 años salió de un autobús para entrar en la cárcel al negarse a levantarse para ceder su asiento a un blanco. Una decisión que movilizó y organizó las protestas en Montgomery que acabaron con la segregación racial en el transporte público.
Ese latido. El latido. Un aviso de cuerpo y alma. Línea divisoria, sin tiza ni pizarra, paso adelante que rompe la resignación, que aprieta, rechina los dientes y levanta la cabeza y se niega a obedecer. Puños cerrados. Determinación. Resistencia a las amenazas. La ley no engrilla. Engrilla la indignidad, la injusticia, la sumisión. Pequeños y grandes latidos de heroínas que escriben la Historia.

4 comentarios:

Cora Christie dijo...

Tanta gratitud para las que como ella, sorbiéndose el miedo, las consecuencias, el dolor... Tanto que deber a quienes cimentaron el ahora de tantas otras. Tan solo mi recuerdo en tiempos difíciles para la humanidad. Tiempos que provocan temblor de miedo no solo a enfermar, a morir, sino el que produce un odio que no viajaba solo en aquel autobús. Que prevalece entre nosotros.

Lola Sanabria dijo...

El odio, ese gran enemigo de la libertad y la justicia.
Buena carga emocional, Cora querida.

Abrazos sin bichos.

Sandra Fernández dijo...

Parece mentira que haya pasado tantos años de ese hecho, y aún el racismo sigue ahí.

Lola Sanabria dijo...

Desgraciadamente.

Abrazos.