26/8/13

ENCAJES

Fotografía tomada de la red.

El boticario de mi pueblo atendía detrás de unos cristales con una puertecita con ribetes de latón dorado. La abría, cogía la receta, y entregaba los medicamentos después de rasgar con un abridor de cartas las etiquetas de las cajas. Tenía la cara verdosa, como si tuviera las bilis revueltas, los labios amoratados y extraños, y un eterno olor a formol. Cuando sacaba a bailar a alguna chica, ninguna quería acercarse a él. Hasta que llegó el veterinario. Su hija llevaba pegado a la ropa un tufillo medicamentoso que enseguida encajó con el del boticario. Nunca más se separaron. A veces los imagino desparramando sobre el mostrador de mármol de la botica, pastillas, cápsulas y píldoras de todos los colores y sabores, con los ojos brillantes de excitación.

18 comentarios:

Pedro dijo...

¡Cuánto me alegra volver a mis itinerarios de lectura! Me gusta este micro por tu forma de explicarme aquello que decía mi abuela de "siempre hay un roto..."

Un abrazo,

Lola Sanabria dijo...

Bienvenido a la relectura, Pedro. Sí, historias con sabor de antaño.

Par de abrazos.

Cora Christie dijo...

Me produce la misma sensación que la primera vez que lo leí:

Una minuciosidad descriptiva y olfativa que, al llegar al final, me confirma que algunas relaciones amorosas pueden llegar a ser muy atrevidas.

Bienvenida!

Amando García Nuño dijo...

Me resulta asombrosa tu capacidad para (re)crear escenarios, ambientes. Parece que son un personaje más. Esa precisión de adjetivos y sustantivos...
Abracitos

Lola Sanabria dijo...

Y muy perdurables, querida Cora, aunque sólo sea por el olor.

El ambiente como personaje, buena idea, Amando, para un relato.

Abrazos a pares.

Nenúfar dijo...

Este relato me provoca, principalmente, dos emociones:

- Empatía hacias las chicas que rechazan al boticario, ya que tu descripción de él con esos colores: verdoso y amoratado, a los que añades el olor a formol, hace que me lo imagine como una especie de cadáver conservado en una urna (de hecho, nos lo presentas detrás de unos cristales despachando diligentemente).

- Satisfacción de que dos seres peculiares se encuentren, encajen y consigan una relación duradera y, yo supongo, armoniosa. Todo un logro.

La última frase me gusta mucho porque me transmite una gran comunión entre la pareja.

Un abrazo, Lola.

Miguelángel Flores dijo...

Pues yo este no te lo había leído, Lola. Está en Partículas? Es que no he llegado al final, me lo estoy tomando como los Ferrero.
Decirte de este: anda, y yo voy y me lo creo.
Un abrazo con olores fresquitos, de la mañana

Lola Sanabria dijo...

Acertada lectura, Nenúfar. Yo también sentí lo mismo.

No, Miguel Ángel, no está en el libro. Este es uno de los relatos que seleccionaba Millás cuando su ventana era azul y se tomaba en serio el concurso. ¡Qué tiempos!

Abrazos a pares.

Juan Leante dijo...

Esas magníficas farmacias, donde además de un mobiliario fabuloso lleno de tarros con sustancias para hacer fórmulas magistrales, encontrabas alivio para entender lo que el médico nunca quiso explicarte.
Estupendo regreso con este relato para recordar.
Besos mafiosos.

Lola Sanabria dijo...

A mí los tarros me fascinaban. Me los habría llevado todos.


Abrazos de atardecer nublado.

CDG dijo...

Amor en botica.
Muy visual. Lleno de imágenes sugerentes. Es decir: literatura.
Un beso.

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Carlos, por pasarte y comentar.

Abrazos triples.

Patricia Nasello dijo...

Me remonta a otro tiempo, con aquel encanto del pasado, de lo que ya no es ni será.
Provoca una extraña sensación de paz saber que la vida está tejida de encuentros como este.

Un fuerte abrazo, Lola

Lola Sanabria dijo...

La nostalgia, Patricia, que nos acompaña y nos provoca una sonrisa.

Par de abrazos.

Salvador León dijo...

Siempre ha habido un roto para un descosido.
Muy sugerente la escena imaginada del
mostrador y las pastillas.¡ Que desparrame!.
Una visión nostalgica de farmacias que ya
casi no se ven.
Un abrazo Lola.

Lola Sanabria dijo...

Ni huelen igual cuando entras. Ahora son todo asepsia, Salvador.

Par de abrazos.

María Cañal Barrera dijo...

Pequeñito pero matón, me encantó el micro. Ese gesto de rasgar la etiqueta de la caja de medicamentos, como que siempre quise hacerlo yo también, ;).

María Cañal B. o www.mystoriesproject.blogspot.com

Lola Sanabria dijo...

A mí también me habría gustado hacerlo, María.

Abrazos de bienvenida.