7/12/12

EL ARÁNDANO Y LA ESPOLETA

Tomada de la red.

Cuando me enteré de que el Ejército hacía prácticas en el terreno lindante al nuestro, tuve el presentimiento de que algo malo ocurriría. Por eso, al escuchar las explosiones, corrí por el camino que bordeaba el pueblo y atroché por un campo lleno de zarzas. Apenas sentía los enganchones y arañazos. Más grande era la desazón que me causaba saber que mi hijo Pedro estaba en el huerto.
      No quería ni pensar, que la suerte negra que me acompañaba desde hacía  tiempo, hubiera  llamado de nuevo a mi puerta. Ya tenía yo bastante con la pérdida de mi hermano Perico, de quien tomé el nombre para mi hijo, y la de mi marido, tan cerca que aún podía verlo salir la última vez con el carburo en la mano y el casco con su bombilla; que una cosa era perder padres, marido, incluso al hermano, y otra quedarse sin hijo.
     Desde lejos divisé la mata cimbreándose. Respiré aliviada y seguí avanzando hacia el arándano. Cuando estaba muy cerca,  vi aquella cosa extraña, como una raíz que hubiera llevado la contraria y echado para arriba en lugar de hundirse en la tierra, que es lo suyo,  y se me aflojaron las piernas. “Que no te muevas”, le pedí. Él siguió arrancando arándanos y echándoselos a la boca. “Mira lo que tienes ahí pegado. Que no te muevas”, repetí, y él dio unos pasos hacia aquel artefacto, uno de esos que explotan y que, por razones que entonces no entendí, no había estallado. Entonces le tiré una piedra con la intención de alejarlo, tropezó y se tambaleó hacia delante. Y cuando ya lo veía caer sobre aquella cosa maldita, se echó hacia un lado y rodó hasta mis pies.
     No voy a decir que estuviera bien recibirlo con un tortazo pero me salió así. Luego le di un abrazo y lo estuve mirando por todos lados como temiendo que le faltara algo.
     Dijeron que aquella bomba no estalló por un fallo de la espoleta. Vinieron los del Ejército a mirarla y remirarla, pero no la tocaron. Y ahí sigue, como un hijo de puta del arándano, los dos solos en mitad del huerto. Dicen que no hay peligro, eso dicen los de uniforme, pero yo, por si acaso, he echado la llave de mi casa con mi Pedro dentro, que si ya es duro perder a los padres, al hermano y al marido, no quiero saber cómo se puede vivir después de enterrar a un hijo.

20 comentarios:

AGUS dijo...

Una historia que sólo podías haber escrito tú. Me fascina cómo le das la vuelta a un contexto que se intuye tan truculento, con ese humor tan despiadado, salvaje, pero que al mismo tiempo rezuma una infinita ternura. Me temo que, al fin, la vida es así, tal y como la cuentas.

Abrazos, besos.

Lola Sanabria dijo...

¡Qué bien utilizas el bisturí! Para mí que eres un cirujano frustrado metido a juntaletras.

Abrazos de finde.

Yashira dijo...

Estupenda historia Lola, si no es real, desde luego la conviertes en real con tu forma de narrarla. Me has hecho sufrir con esa madre. Por dios, si tenía hasta retenida la respiración.

Un saludo desde mi mar.

Miguelángel Flores dijo...

Maravilloso, Lola. Me encantó recordarlo. Me gusta especialmente la descripción que haces de la espoleta. Grande, como siempre.

Abrazos, sin torta, por supuesto.

Lola Sanabria dijo...

Habrá muchas más duras que esta, Yashira, muy reales.

Te acuerdas ¿eh? Tengo yo unas cositas muy guapas de recuerdo de aquel premio.

Doble de besos.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Soberbio, Lola, por su tono, por su verosimilitud, por -tal como apunta Agus- estar tan pegado a la realidad que uno se queda pensando que esas vidas son tal como las cuentas.

Admiro tu virtuosismo para elegir el tono, la focalización, cada palabra ajustada a la construcción del personaje y narrador, para dotar a un texto tan corto de una historia tan profunda.

Una vez más, sin pedirte permiso, me lo llevo.

Un abrazo,

Susana Camps dijo...

Uno de estos relatos rectos y directos, auténticos y feroces, que como dice Agus solo podías haber escrito tú.
Impresionante. Abrazos

Anita Dinamita dijo...

Qué bueno, Lola, como siempre escoges las palabras, para mi que tienes un jardín con ellas y seleccionas las precisas para cada relato. Y la forma de narrar. Aún contengo la respiración, al final se queda una sensación de agobio con los dos encerrados en casa ¿qué es peor, perderlos o encerrarlos?
Uf
Besazos, de tres en tres

Lola Sanabria dijo...

¡Joder, Pedro!, te curras los comentarios que dejas sin palabras. Te leí allí.

Gracias, Susana. Directo al corazón.

Tu pregunta tiene mucha miga, Anita. No sabría decirte qué es peor, desde luego encerrarlos no creo que sea la solución.

Triple de besos.

Horacio Beascochea dijo...

Felicitaciones, muy buen texto. Llego por recomendación de Pedro.

Saludos

Xesc dijo...

Sencillamente desgarrador. Es de esos relatos que se te pegan, que te siguen durante mucho tiempo o, aún peor, que se te quedan como una mina en algún lugar dentro de la cabeza, como ese fruto bastardo del arándano. La única diferencia es que éste no para de explotar de vez en cuando.
Sí, me temo que la vida es eso. Poco más.

Abrazos

Lola Sanabria dijo...

Hola, Horacio, bienvenido.

Me ha gustado lo del fruto bastardo del arándano, Xesc. Sí, la amenza lleva al terror. Y así nos tienen.

Abrazos dobles.

CDG dijo...

Ese tono narrativo tan caraterístico tuyo, esa historia con aliento popular, y esos golpes que enganchan la lector como la espoleta a esa vida...
Un abrazo.

Cora Christie dijo...

Escuchar a esta madre coraje contarnos a borbotones su carrera enloquecida para apartar al hijo, de un destino familiar que la horroriza, es pura sabiduria narrativa.

Mónica Ortelli dijo...

Me hiciste encoger el estómago, Lola. El tortazo y el abrazo posterior son una fuga de tensión que el lector agradece.
Magnífico relato, estupendo título.
Enhorabuena.
Abrazo fuerte.

Lola Sanabria dijo...

La espoleta a esa vida, me gustó esto, Carlos.

Borbotones de sensaciones, tú lo has dicho muy bien, querida Cora.

Fuga de tensiones así, creo que muchas madres las hemos tenido, Mónica.

Triple de besos.

manuespada dijo...

Esa espoleta es una inmensa metáfora sobre la vida. Muy bueno, Lola. Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Manu. De metáforas nos alimentamos, y cada día más ¿o será menos?

Mil besos.

Petra Acero dijo...

Lola, consigues contar la historia como si la estuviéramos viviendo. Me encanta sentirme en primera fila, que me salpique la acción, sentir a los personajes. Lo haces fácil, natural, verosímil.

Enhorabuena, Lola.
Besosss para ti por ser así. Gracias.

Lola Sanabria dijo...

Muchas gracias, Petra. Me alegro de que te haya llegado la historia.

Par de abrazos.