27/9/11

LA MUJER DE AGUA




A María Jesús, para que sus días estén llenos de deseos renovados y otros por cumplir.

Cuando el día amaga en el cristal de la habitación, ella entra en el cuarto de baño. Los párpados tienen el peso de las horas, los minutos y los segundos de sueño sin apurar. A tientas, como a veces toma la vida, abre el grifo. Corta el chorro con el dedo. Humedece los ojos. Una vez más. Dos. Tres. Le cuesta. Cierra el paso del agua. Primero unas rendijas por donde penetra la luz pálida del amanecer, luego de par en par. Y allí está, mirándola de frente. Retira un mechón con su sombra de la cara. Vuelve a abrir el grifo. Une las manos y acuna el agua en el hueco. Escurre entre los dedos. Se libera. Aprovecha el pocito de la palma. Bebe. El espejo le devuelve la imagen. Una mujer de agua. No una mujer aguada. No. Una mujer de agua. Sonríe por primera vez desde que se desembarazó de las sábanas que la ataban a la noche.
Sale de casa. Camina por la calle a paso ligero, absorbiendo los rayos del sol, arco iris que se come el gris del día.
Huele a chocolate fundido. Empuja la puerta y las campanillas tiritan en la entrada. Uno de cada, pide. Y vuelve a la acera. Desnuda una tableta del papel plata, muerde con sus dientes de agua y su cuerpo se enturbia de marrón acharolado. Se mira frente a un escaparate. Hace un quiebro de cintura a esa mujer de carne y hueso que la roza y la mira extrañada. Continúa caminando hasta la marquesina de la heladería Cerezas y menta. Un sorbete de pistacho y se viste de verde brillante. Una niña saca la lengua y la pasa por su piel. La mamá tira de ella, se la lleva en volandas.
La mañana ha levantado los brazos al sol del membrillo. El parque está desierto. Se estremecen las primeras hojas de otoño bajo sus pies. Se sienta en un columpio. Impulsa su cuerpo y corta el aire con el vuelo de su falda. Cierra los ojos. El aire trae la humedad del mar. Y una eternidad la retiene. Remolonea. Se mira la mano derecha, los dedos como palitos. Es hora de arribar a puerto.
Las gaviotas sobrevuelan la cubierta de un barco de pescadores, bajan y se llevan algún despojo en el pico. El agua está mansa. Rizada de luz en el camino que abre el sol. Mediodía. Momento de zambullirse. Toma impulso y se lanza. Pasa un pez veloz y asustado bajo sus brazos delgados de agua. Agua dentro del agua. Agua que respira, que siente, que se disuelve y nutre.
Y llegará el atardecer. Y con las primeras luces de las farolas, nacerá la ciudad submarina y el zapato sin cordones buscará su casa, y en la carta arrugada, el corazón desangrará su tinta roja. Y las gotas se buscarán para reagruparse. Entonces ella recuperará su cuerpo de agua y saldrá del mar.
Azul intenso, agua salada que se desliza por las aceras, bajo las luces de neón de clubes pintados de rosa y oro, que deja su huella líquida en la ventanilla de un cine, en el velador de un café, en el banco de un parque solitario. Y después el regreso a casa. Tres horas. Sólo tres horas de sueño, antes de que llegue un nuevo amanecer. Mujer de agua.

21 comentarios:

Rosa dijo...

Ainssss gracias Lola por las imágenes que se han creado en mi cabeza al leer.

Besos desde el aire

Nicolás Jarque dijo...

Lola un relato muy mágico que a mí me ha recordado, no sé porque, a un verano que se va. Me imagino que su vida no debe ser nada fácil, aunque como lo relatas es todo paz.
Me ha gustado por las imágenes que muestras. Esplendidas.
Besos de agua.

Ana Crespo Tudela dijo...

Cuántas veces sentada en la orilla, acompañada por el sonido de las olas, me ha parecido que me disolvía y me dejaba mecer por el mar, la mar para los marinos.
Lola, un relato precioso.
Un beso

Susana Camps dijo...

Es un placer leer la riqueza de la descripción y demorarse en lo bien templado del lenguaje. El recorrido de la protagonista parece detener el tiempo en las sensaciones matutinas, tan potentes, llenas de esperanza a pesar de lo ocurrido. Todos hemos vivido algún día de triste estupor, intentando agarrarnos sólo a sensaciones inmediatas. Pero qué bien lo reproduces tú.
Abrazos.

ernesto ortega garrido dijo...

Muy bello. Me has sentir a esa mujes. Besos.

AGUS dijo...

El texto te atrapa, como vive atrapada su protagonista en su morriña. La imagen de la mujer de agua deambulando es de una indiscutible belleza, por lo bien que está descrita. Enhorabuena.

Abrazos.

Mar Horno dijo...

Lola, qué placer es leerte. No me gusta comentar tus textos, solo sentirlos. Un beso.

Juan Leante dijo...

Es una preciosidad de regalo para una gran persona,y a la que deseo todo lo bueno que la vida le pueda deparar.
Besos.

No Comments dijo...

Relato homenaje soberbio. ese discurrir del agua. Te atrapa.

Un saludo indio

Elysa dijo...

Lola, no sé que decirte, y por tanto me dejo llevar por la cascada de emociones que regalas con tus palabras. Es una imagen tras otra que parecen tranquilas aguas pero que inundan sin respiro los sentimientos del lector, así es en mi caso. Todo esto para decir que he disfrutado leyendo esta "Mujer de agua"

Besitos

Ximens dijo...

Este tipo de relato me deja un sabor agridulce. Me gusta lo que leo pero no lo entiendo. Basta con que lo entienda María Jesús.

Mónica Ortelli dijo...

Bello relato, Lola. Me encantó.LA mujeres de agua no pueden estar alejadas del mar.
Un abrazo fuerte.

Acuática dijo...

¡Yo también soy una mujer de agua, Lola! :P
Qué bonito escribes, coñe.
Un beso acuático
:)

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Es un placer leerte, Lola, dejar que tus palabras nos mojen poco a poco y perseguir la suerte de tu protagonista a lo largo de todo el relato.

Si estuviese dedicado a mí, ahora me sería difícil comentar nada porque las lágrimas no me dejarían ver.

Un saludo,

Lola Sanabria dijo...

Rosa, desde el aire tienes buena perspectiva del agua.

Ninguna vida es fácil, Nicolás, y menos si es rica y variada.

Es fantástica esa sensación, Ana.

Yo me he agarrado a sensaciones inmediatas como sentir el sol calentando mi piel desnuda, pero me han resultado placenteras, Susana.

¡Qué más quisieras tú, Ern! Mujer, mujer, tu Lola.

A mí me gusta eso de andar por las calles de una ciudad, empapándome de todo, Agus. Creo, incluso, que tengo por aquí un relato colgado que va de eso también.

Me gusta que sientas, Mar.

Y una preciosidad tu deseo, Juan. Seguro que le gustará.

Indio, déjate llevar corriente abajo, a ver a dónde llegas.

Es lo que pretendía, Elysa, que se disfrutara leyéndolo. Me alegro de haberlo conseguido.

A veces, Ximens, ocurre. A veces gusta algo y no sabemos por qué.

El mar, la mar, ¡ay, qué cosa más linda el mar! A mí también me encanta Mónica.

De los pies a la cabeza, Marina. Te veo ahora mismo como un caramelo envuelto en algas.

Te mando un pañuelo de encaje para que seques esas lágrimas virtuales, Pedro.

Puñado de besos a repartir.

manuespada dijo...

Pero qué bien escribes, jodía, da gusto leer cosas así. Besos.

Patricia Nasello dijo...

Tu prosa impecable de siempre sumada a una belleza que es, a la vez, potencia y sutileza.

Besos admirados, Lola

Odys 2.0 dijo...

Es Venus, Venus hecha mujer y mujer hecha sirena, es sirena de piernas largas, y Afrodita en una concha. No una diosa, sino una mujer de agua.

Hermoso canto a la sensualidad...

Besos,

un atún del norte.

Lola Sanabria dijo...

Tú tampoco te quedas manco, Manu, jodío.

Patricia, te quedó un poema más que un comentario.

La imagen, atún del norte, que has dibujado, sí que es pura sensualidad, me la pido.

Triples besos de agua salada.

Cora Christie dijo...

Este comentario, Lola, podría ir colgado de cualquier otro lugar que el de esta mujer de agua.

Tenía ganas de pasear este lugar tuyo como quien se acerca a la estantería y rescata ese libro guardado con mimo, en el que se van añadiendo páginas y apenas queda tiempo de volver, demorándose a las otras, aquellas que lo nuevo ha ido dejando atrás.

Para hacer esto hay un tiempo de sosiego en el espíritu, unas ganas de actualizar aquello que nos emocionó y que, una vez más se enreda en la emoción, en el sentimiento y te acompaña, como un libro de libros, en esos momentos sin prisas, serenos, que parecen detenerse y cuando levantas la mirada de las páginas, lo acunas en la memoria y deseas que permanezca ahí, porque sabes que siempre podrás regresar a la escritura, al pensamiento, al relato que, solo quien nace con ese don para trasladarnos las historias que le crecen en su talento, puede seguirnos proporcionando.

Gracias por tantos buenos momentos.

Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Tu paseo por el blog, querida Cora, siempre deja un sendero entretejido de metáforas muy hermosas. No importa lo que tardes, vuelve. Siempre.

Abrazos otoñales.