14/9/11

EL COLECCIONISTA


Comencé en el instituto. Todos mis compañeros la llamaban Pinocho por su nariz, y se reían a sus espaldas. Yo seguía sus bromas con una risa floja porque la profesora de Lengua me gustaba muchísimo. Tenía el pelo más bonito que había visto después de las crines de los caballos que cepillaba mi padre.

Fue por casualidad. Uno de aquellos días en que mi salud débil y un frío intenso en el patio, me dejaron sin recreo. Me quedé solo en el aula. Un rayo de sol se dobló sobre la mesa y el pelo enredado en la espiral de su cuaderno, brilló como una hebra de té negro. Me levanté del pupitre y lo cogí. Era liso y muy suave. No pensaba hacer nada en concreto, pero en ese momento ella entró en clase y lo metí en mi bolsillo. A solas, en mi habitación, lo estuve mirando suspendido de la punta de mis dedos, contra el cristal de la ventana. Cambió de color con la luz roja del atardecer. Parecía un hilo de fuego. Busqué una de las bolsitas con cierre automático en las que mi madre tenía los botones y los corchetes y lo guardé dentro, luego la metí bajo el montón de libros y cuadernos. Desde ese día, pasé la mano por la espalda de la vecina, cuando lloró en mi hombro la pérdida de su perro Negrito, y me quedé con un filamento rizado, rubio oscuro; recogí el de color azafrán de una amiga en la universidad; arrastré entre mis dedos, con la excusa de retirar polvo de su chaqueta, la culebrilla castaña de una compañera de trabajo. Azafatas, cantantes, escritoras, carniceras, verduleras, amas de casa, actrices... Todo pelo que se me ponía a mano iba a parar a una bolsita para mi colección. Llegué a tener tres mil cuatrocientos cinco pelos.

Han estado a punto de descubrirme, he pasado apuros económicos. En cierta ocasión estuve cerca de venderlos a mi amigo Pablo, que colecciona desde recortes de periódicos, a alfileres de distintas cabezas. Pero no lo hice. Aguanté la mala racha comiendo la sopa boba. Y un día llego a mi casa y me encuentro a mi mujer en jarras diciéndome que soy un puerco y que ha tirado mi colección a la basura. Dijo que la encontró limpiando, pero fue un registro en toda regla, porque la muy pava creía que la engañaba con otra. Esa noche machaqué unos orfidales en un mortero y se los eché en el vino. Ella no dejó de hablar durante la cena. Parecía contenta, tal vez sorprendida de cómo me lo había tomado. Esperé a que estuviera bien dormida. Cogí las tijeras y le corté su hermosa melena del color de las nueces. Ahora, cuando barre, si me he cortado las uñas de los pies, deja un círculo con ellas dentro, y si ve unos pelos atravesados en las púas de mi peine, coge el cepillo para alisar los primeros brotes de su cabeza.

30 comentarios:

Elèna Casero dijo...

Me gusta mucho cómo nos haces ver los colores de todas las cosas. Y me gusta la macabra y borde que te pones al escribir el final del relato.

Un gran abrazo

Rosa dijo...

Solo a ella se le ocurre tirar la colección que tantos años y sufrimientos le costó conseguir...Un castigo acorde al daño.Muy bueno Lola.

Besos desde el aire

AGUS dijo...

Primero, la fotografía es magnífica, y el texto le anda a la par. Aunque el tono intente esconderlo, la radiografía del coleccionista maniático, obsesivo y compulsivo queda de manifiesto. También su escala de valores. Eso sí, siempre con una sonrisa en la boca.

Abrazos, besos.

Patricia Nasello dijo...

Este coleccionista, casi simpático, aparentemente inofensivo, me da miedo.
Le diría a la esposa que se cuide, que ya le cortó el cabello, que ya la narcotizó, que este tipo de obsesiones nunca vienen solas.
Lo siento como un thriller, un cuento de terror psicológico.

Besos temblorosos

Torcuato dijo...

Si una mujer descubre que su marido es un fetichista de pelos, cambiara su forma de mirarlo para siempre.
Como siempre, buenísimo, Lola.
Besos

Elise Reyna dijo...

Lola: divertido y bien llevado relato.
Cariños

Nicolás Jarque dijo...

Lola, tu coleccionista me ha impresionado. Al principio creí que era una historia de amor platónico con la profesora, ingenuo de mí. Pero luego viendo como ha ido creando su colección capilar, me ha dado pena como la ha perdido en un momento. Su venganza, no tiene nombre.
Me ha encantado.
Abrazos capilares.

Susana Camps dijo...

Me parece fenomenal el arranque, la escena del niño que guarda el mechón de la maestra. Me ha recordado "El perfume". Cómo progresa luego hacia el humor me desconcierta un poco, porque hay una amenaza latente que se disuelve, pero los montoncitos de uñas respetadas sobre el sueño barrido son, decididamente, de antología.
Un abrazo, Lola.

Mar Horno dijo...

Este coleccionista obsesionado por los cabellos me parece muy peligroso pero tú haces que sienta hasta simpatía por él. Demasiado bien se lo ha tomado la esposa... Excelente. Un beso.

manuespada dijo...

Coincido con el resto en que el cuento tiene mucho de terror psicológico, ese personaje cortando y coleccionando pone "los pelos" de punta, como un psicópata que aún no ha matado a nadie pero que acabará haciéndolo. De hecho, me ha recordado al protagonista de "El perfume", coleccionista de olores. Besos.

Juan Leante dijo...

Y menos mal que le dio por coleccionar pelos... de la cabeza,(teoricamente más fáciles de conseguir y posiblemente de menor valor en los MERCADOS). De proceder de otro lugar, la venganza podría haber sido cortarle la cabeza.
Me ha gustado mucho porque me haces imaginar las peripecias de todo coleccionista por atrapar ese objeto de deseo.
Un besazo.

Luisa Hurtado González dijo...

Lo cierto es que nunca he sido coleccionista de nada y es una pasión que no comprendo, asi que ¿una colección de pelos?, qué asco. La entiendo a ella. Pero también le entiendo a él, entiendo su venganza porque alguien tire tu colección tiene que ser terrible. ¿Has escuchado lo que he dicho, Lola? Si le entiendo a él, su reacción, es porque me lo has contado muy bien.

Maite dijo...

Mira que es difícil hacer un buen retrato psicológico de un personaje en relatos cortos, sin embargo, tú, lo bordas. Más besos admirados.

Ximens dijo...

Aunque fuera solo por esta frase "Un rayo de sol se dobló sobre la mesa y el pelo enredado en la espiral de su cuaderno, brilló como una hebra de té negro", el relato debería haberse escrito. Me ha gustado

Araceli Esteves dijo...

Si es que no se le puede tirar nada a un fetichista, menudos son ellos...

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me gusta el ritmo y la voz intimista y cautivadora de este narrador que, cuanto menos, debería hacerselo ver.

Estupendo trabajo, Lola, como siempre. Nos malacostumbras.

Elysa dijo...

Muy bien esa descripción tan relajada de este "coleccionista", relatado de tal manera que va creando esa sensación tan inquietante que remata el final.

Besitos

Pablo Gonz dijo...

Bienvenida por acá, de nuevo.
Abrazos con carámbanos,
PABLO GONZ

Lola Sanabria dijo...

Queridos todos. Vengo del sillón del torturador de encías y dientes, así que os doy un agradecimiento global y un abrazo de osa.

Mañana más.

Odys 2.0 dijo...

Quien más quien menos, todo el mundo colecciona algo, pelos, sellos, microrrelatos, dinero, sueños que aletean, sueños bajo tierra, arrugas, años, miserias, alegrías, recuerdos...

Lola Sanabria dijo...

Yo colecciono cierto desorden ¿puede valer, Alberto?

Tres besos de sello.

josé manuel ortiz soto dijo...

Una colección bastante particular, Lola. Muy bien contada. De acuerdo con el protagonista, hay cabellos que son de colección.

Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

¿A que sí? Los de Rita, divinos, divinos.

Besos agradecidos José Manuel.

Antonio dijo...

Conocí a una mujer que tenía la afición de coleccionar pelo de la gente que le caía bien, sólo de esos. Cuando se la cayó el pelo por la sueroterapia que la dieron después de la mamoplastia, se hizo una peluca con todo ese mejunje piloso porque decía que la hacía feliz llevar aquello que había pertenecido a todos los que en su vida la habían caído genial. El caso es que de eso hace ya diez años y la sigo viendo tan guapa porque vive enfrente de mí y de cuando en vez subo con ella en el ascensor.

Lola Sanabria dijo...

Esa era una mujer con muchas ideas en la cabeza. Una por cada pelo coleccionado.

Besos agradecidos, Antonio.

Ana Crespo Tudela dijo...

Gracias a Millás y a Nicolás puedo seguir tus letras, todo un placer.
Súmame a tus seguidores incondicionales.
Ana

Lola Sanabria dijo...

Hola, Ana, bienvenida al blog. Yo también te he seguido donde Millás. Encantada de que estés aquí.

Abrazos triples.

Cora Christie dijo...

"...Tenía el pelo más bonito que había visto después de las crines de los caballos que cepillaba mi padre."

Esta descripción acabo de enmarcarla en la galeria de imágenes en tecnicolor de mi memoria.

Bienvenida, Lola

Te he visto seleccionada por duplicado en los Jardines colgantes. Te he dejado mi voto tan solo porque una vez mas has conseguido emocionarme.

Lola Sanabria dijo...

Así que robando imágenes. Te voy a denunciar a los hombrecillos que andan por aquí deteniendo a troche y moche. Bueeeeeno, te la regalo.
Ya sabes que lo que opino del voto popular. Espero que el jurado no lo tenga muy en cuenta, pero gracias, Cora, por votar a Rosa en Los Jardines Secretos, el cero queda muy feo.

Besos triples.

Anita Dinamita dijo...

Lola guapa, qué pedazo de relato!!! Todo él es una maravilla, pero ese final, me encanta.
Un abrazo sin pelos