29/4/11

MORDIDA

Cuando las escaleras mecánicas se detuvieron, sintió la presión en la puntera de la bota. Miró hacia abajo y vio el mordisco de los dientes de acero. Su hija le preguntó qué pasaba. “No te muevas”. Intentó darle a la voz un tono de tranquilidad que no sentía. Necesitaba desabrochar la hebilla y bajar la cremallera cuanto antes, pero no soltaba la mano de la niña. Encogió los dedos del pie. En cualquier momento, la electricidad pondría en marcha la escalera y la ranura se tragaría el peldaño. A no ser que el bocado fuera tan grande que no pudiera con él. Entonces se quedaría parada con el botín entre sus fauces. No sabía cómo hacerlo. Sudaba. Se agachó, obligando a la hija a bajarse, y con los dedos de la mano derecha tiró de la correa y la sacó de la hebilla. La niña empezó a llorar y a quejarse de que le hacía daño. Abrió su mano izquierda y liberó la de su hija. Le ordenó que se cogiera al pasamanos. Sentía su presencia al lado, pero no dejaba de repetirle que no se moviera. Sujetó el cuero con la mano izquierda y con la derecha comenzó a bajar la cremallera. La luz volvió de repente y se oyó el ruido de los motores al ponerse en marcha.

30 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

La luz vuelve y... se libera, la atrapa,....nada está claro aunque enciendas la luz.
Ay, Lola.
Voy a pensar un final feliz y que la niña deja de llorar.

Pablo Gonz dijo...

Se salvó. Lo sé. Se salvó. ¡¡¡Se salvó!!! ¿Se salvó? ¡Mamáaaaaa, qué cague!
Abrazos trituraditos,
PABLO GONZ
PD.: Hoy llegue el primero, jeje.

Lola Sanabria dijo...

Haces bien, Luisa. Mejor pensar en positivo.

Besos luminosos.

Sandra Montelpare dijo...

¡Qué bien contado! ay! Yo repetía como un mantra "que no vuelva la luz" pero ese final..!

Maite dijo...

Angustioso y descriptivo micro, Lola, me sudaban las manos mientras lo iba leyendo, espero que le diera tiempo a soltar la correa. Un fuerte abrazo.

Patricia dijo...

He quedado con la misma impresión que Luisa, Lola. Angustia: no sé qué va a pasar.
Sí, por favor, que ya no llore la niña.

Un abrazo

Anita Dinamita dijo...

Uf, Lola, terror psicológico, he tenido que volver al principio para ver que el pie era el de ella y no el de su hija, que me dolería aún más.
Se salva, se salva... la bota no, claro.
Abrazos

Mónica Ortelli dijo...

mmm...,no sé si pensar en positivo. Hoy no tengo uno de esos días y este micro me ha hecho encoger los dedos de los pies. Vaya con la mordida.
Abrazos impresionados, Lola.

Odys 2.0 dijo...

Magnífico, Lola, una pesadilla real, surgida del entorno cotidiano, de un acto mecánico, de una rutina. De repente, un desliz, un pequeño contratiempo y lo inocuo se vuelve inicuo y la vida se asoma al abismo. Y entonces ahí nos dejas, enfrentados al umbral de la incertidumbre.

Pérfida. Ah, pérfida... :-)

Araceli Esteves dijo...

Qué bueno, Lola, y qué angustia, por dios. Esas escaleras mecánicas nos han aterrorizado a todos. Y con razón.

Lola Sanabria dijo...

Tenía yo el día sádico y me dije: "Mariló, cuelga este y ya verás qué bien te lo pasas". Me alegro de haberos aterrorizado a todas/ todos.

Sandra, Maite, Patricia, Anita, Mónica, Alberto, Araceli... os prometo la de cal ¿o es la de arena?

Besos con una alegría que no se puede aguantar para todas/todos.

Nenúfar dijo...

De improviso, lo cotidiano, lo intrascendente, lo inofensivo... puede transformarse en adversidad. Cuando sólo una ligera variación, en el comportamiento o el entorno, basta para esta transformación el miedo se dispara. La calma y la premura cuidadosa se tornan vitales.
El relato refleja uno de esos momentos, breves y cargados de tensión, de angustia, de temor...

Lola, a lo mejor es muy evidente, pero yo no estoy segura acerca de quien es el pie que queda atrapado. Al comenzar la lectura pensé que la bota era de la madre, al continuarla creí que era de la hija, posteriormente, volví a mi idea inicial y finalmente, tras alguna lectura más, decidí que el pie infantil fue el mordio. Pero ahora, después de leer el comentario de Anita, me surge de nuevo la duda. ¡En fin!, que no me aclaro.
En realida, creo que de quien sea el pie es lo de menos. El momento no merma de intensidad emocional. En todo caso, si el pie fuera el de la niñita, la situación sería más dolorosa y el alma de la mamá también quedaría mordida.

¡Qué malvada eres con ese final!

Que tengas un buen maxifinde.

Abrazos.

AGUS dijo...

Claustrofóbico, inquietante, terrorífico. Me subyuga el movimiento de la historia, pese a su desarrollo en un espacio único, fijo. No sé cómo lo haces, se me antoja dificilísimo. Todo el micro es una espiral de sensaciones, un torbellino que se lo traga todo, hasta al lector. Menos mal que salvaste a la niña. A ver, a ver, aquí está, fuera el sombrero.

Abrazos, besos, disfruta del finde.

Elysa dijo...

¡Uff! que angustia. Desde luego has conseguido crear un buen micro de terror

Besos

Lola Sanabria dijo...

Bueno, Nenúfar, cada lector tiene su microrrelato, así que tú eliges, o no cómo quieres que sea. Te curraste el comentario.

Agus, buena observación sobre el avance, el movimiento, dentro del micro.

Terror y angustia, Elysa, de eso iba y lo has atrapado.

Besos y abrazos a repartir.

Lola Sanabria dijo...

Creo, Pablo, que tienes un censor que ha estado dándole vueltas a tu cague, digo, comentario, y no lo ha depositado en el blog hasta ahora. Tú sabrás lo que has hecho para merecer esto.

Besos limpios de vísceras.

Gemma dijo...

El otro día me caí porque la escalera había decidido morder los cordones de mi calzado...
Casi me da algo, pensando que me iba a estrangular el pie...
Por suerte, o por milagro, la escalera se apiadó de mí escupiendo el cordón amordazado...
Qué angustia recordarlo siquiera!
Un abrazo!

Lola Sanabria dijo...

¡Buenísimo microrrelato, Gemma! Me encantó ese pie a punto de ser estrangulado.

Abrazos flojitos.

Alberto Flecha dijo...

Pero digo yo, ¿a quién no le ha pasado eso? La escalera se para. Todos te miran. Empiezas a sudar...
Muy bueno y muy bien contado.

Abrazos, Lola.

Alberto Flecha dijo...

Pero digo yo, ¿a quién no le ha pasado eso? La escalera se para. Todos te miran. Empiezas a sudar...
Muy bueno y muy bien contado.

Abrazos, Lola.

Elèna Casero dijo...

¡uf¡ me ha entrado agobio.
Nos pones en situación con los relatos, Lola, nos los haces vivir, de verdad.

Un abrazo

Lola Sanabria dijo...

Yo recuerdo, Alberto, que una vez iba con mi hijo mayor por el pasillo del metro cuando me di cuenta de que le faltaba un trozo de zapatilla. De pesadilla, vamos.

No te agobies, Eléna, que enseguida paro la escalera.

Besos dobles.

David Figueroa dijo...

Un ritmo trepidante y un final abierto. Qué más se puede pedir!
Me gustó mucho, Lola.
Besos.

Lola Sanabria dijo...

Me alegro de que te gustara, David.

Besos tranquilitos.

Pablo Gonz dijo...

Pérfida censura. Ya no vuelvo a hablar mal.
Afectuosamente,
PABLO GONZ, licenciado en Geografía e Historia.

Lola Sanabria dijo...

O te lavaré la boca con jabón, jovencito.

Besos sin fisuras.

Un tipo dijo...

Es un micro inquietante, Lola.
Lo leí con vétirgo. Bárbaro.


Un abrazo.

Cora Christie dijo...

Claro que es no solo desasosegante sino "despistante":

"...sintió (ella, pues se habla desde la madre) la presión en la puntera de la bota" Y yo pienso que solo puede "sentir" en la bota que lleva puesta. Pero...

"...encogió los dedos del pié...." (de su pié, sigo pensando yo), aunque ya ha cogido la mano a la niña y la ha ordenado que no se mueva; pero las sensaciones siguen siendo suyas. Pero...

"... sudaba, se agachó, obligando a la hija a bajarse, y con los dedos .... tiró de la correa y la sacó de la hebilla.LA NIÑA EMPEZO A LLORAR Y A QUEJARSE DE QUE LE HACIA DAÑO..... ..... ......" Aquí hay un cambio evidente. Y yo pienso que las dos primeras descripciones son sentimientos virtuales de la madre, al percibir con horror y desesperación la tragecia que puede estar a punto de suceder.

Estoy contigo, Lola, de que cada lector se apropia de la versión que se imagina de un relato. Este creo que está escrito desde una ambiguedad ante la que el lector debe estar muy atento, porque si no, yo madre, le digo a mi hija que suba o baje, según, es decir, que se aleje... de lo que puede llegar y, además, la mordida es más fácil que se lleve por delante un piececito infantil que otro adulto.

Y yo, además, que observaba desde detrás de ambas, he pasado como una flecha entre ambas y.... he dado al botón rojo de parada automática que hay a la izquierda de la escalera..... PORQUE NO PODIA SOPORTAR un desenlace trágico.

Menos mal que te he visitado temprano, con las neuronas vírgenes todavía....


Un abrazo. Sigue siendo un placer.

Lola Sanabria dijo...

El placer, querida Cora, es siempre mío por tus visitas.

Besos nocturnos.

Lola Sanabria dijo...

Muchas gracias, Edgar.

Besos al cubo.