28/2/11

NOCTÁMBULOS

Caían durante la noche. Rodaban por el tejado. Los tres, escondidos en el sótano, oían cómo chascaban sus huesos y explotaban sus abdómenes hinchados al estrellarse en el porche. Se colaba por las rendijas del tragaluz, el olor de la sangre. Y los dos se rebullían inquietos, tragaban saliva, evitaban mirar al niño, y rogaban para que amaneciera pronto.

19 comentarios:

Torcuato dijo...

Hay niños que pueden ser verdaderos monstruos. Me costó pero creo que entendí el micro.
Besos, Lola

Lola Sanabria dijo...

Claro, Tor, los relatos son de los lectores. Lo importante es que provoquen algo.

Besos agradecidos.

AGUS dijo...

¿Qué caía?, ¿Porqué?, ¿El niño?. Quizás esas preguntas no importen demasiado. Yo, al menos, me quedo con la inquietud, el escalofrío, el miedo, el terror, incluso el frío intenso que me ha provocado tu texto. Y a pesar que no sé qué son, los he visto rodar, caer y estrellarse contra el suelo. Y he visto a los padres tiritar y los ojos del niño brillar en la oscuridad. Por favor, que amanezca ya o me da algo. Me gusta Lola, mucho, mucho. Venía sin sombrero pero he ido a comprarme uno para poder quitármelo. Excelente.

Abrazos, besos.

Lola Sanabria dijo...

Encantada estoy de todo eso que me dices que te provoca el texto. Muchas cosas.

Besos escalofriantes.

Patricia dijo...

No puedo explicarte la razón pero a mí me da miedo el niño! Creo que es él quien provoca los hechos espeluznantes que narrás.

Brrrrrr!!

Un abrazo Lola

Pablo Gonz dijo...

Me gustó este micro, Lola. Le encuentro resonancias a Cortázar, pero con mayor contundencia narrativa.
Un admirado abrazo,
PABLO GONZ

Maite dijo...

Lola, debe ser la hora que ya es, que no entiendo bien el micro, porque primero son tres, luego dos, y me imagino a las cucarachas cuando las pisas y explotan haciendo ese sonido horrible, y alguna escondida en el sótano, esperando a que los niños se vayan y salvarse del aplastamiento. Pero no sé, si esto fuera un test psicológico sobre lo que te provoca una imagen, tal vez mañana os escriba desde el manicomio. Abrazos alocados

Mónica Ortelli dijo...

A tu micro le cabe lo que dijo Clarise Linspector: 'Hay palabras que las pone el autor y hay palabras que las pone el lector'. Lo que no se dice, la no palabra tiene más importancia que lo escrito.
Me gusta mucho, con escasos elementos escritos, cada lector elabora su propio terror.
Un gusto pasar por acá, Lola.
Abrazos.

Lola Sanabria dijo...

Patricia, Pablo, Mónica, Maite, un placer haberos aterrorizado y desconcertado.

¿Mayor contundencia narrativa que Cortázar, Pablo? Me has sacado los colores.

Besos a repartir.

Rocío Romero dijo...

Pobre niñito, que no, que todo ocurre fuera, no lo miran para no asustarlo, no seáis malos... ;-)
No tengo ni idea Lola, la verdad, y sin embargo me encantó la sensación de pesadilla, de no saber muy bien dónde está el fuego porque huele a humo por todas partes.
Excelente, como siempre ya, besos

Sara NY dijo...

No termino de entenderlo muy bien pero coincido con todos en que da escalofríos. Terroríficamente bueno.

Sara NY dijo...

No termino de entenderlo muy bien pero coincido con todos en que si el propósito es que aterrorizara, lo conseguiste. Enhorabuena

Delia Aguiar Baixauli dijo...

Muy sugerente, Lola, y leíste muy bien. Besos!

Nenúfar dijo...

Escalofriante y enigmático el relato: Algo terrible sucede sólo durante la noche. No se sabe exactamente qué es, si es la mera existencia y muerte de esos seres misteriosos sin nombre o hay algo más, profundamente dañino, que sólo el ocultamiento evita. Se desconoce de donde proceden esos entes, ¿de dónde caen?, ni quienes son, ni que aspecto presentan... El niño, al que se evita mirar, supone otro sobresalto , ¿qué ocurre con el niño?, ¿algo bueno o algo malo?... Y ese esperar ansioso de la amanecida, como único remedio para poner fin a la pesadilla.

Se percibe el movimiento, el ruido, la repulsión que tiene lugar en la parte habitable de la casa. Se palpa el miedo, la impaciencia, el silencio del sótano.

Se me antoja que el efecto que estos seres extraños produce en los habitantes de la casa es similar al que nuestros propios miedos tienen sobre nosotros: nos acogotan en el sótano, nos amedrentan y esperamos a que se vayan, pero... siempre vuelven, si no los afrontamos.

Este texto ha sido para mí un excelente estímulo para las neuronas.

Gracias y un abrazo.

Alberto Flecha dijo...

Da para interpretar mucho, la verdad. Pero eso está genial para provocar la inquietud de ese no saber que aterra a los personajes. Me gustó.

Un abrazo, Lola.

Lola Sanabria dijo...

Rocío, hija, tú siempre tan compasiva con los niños. Buena lectura.

Sí, Sara, el propósito era, entre otras cosas, al menos inquietar.

Me alegro de que te sugiera, Delia, y de que te pareciera buena la lectura.

Nenúfar, te lo has currado pero bien. Un honor que me dediques todo este tiempo y esfuerzo.

Besos y abrazos agradecidos a repartir.

Lola Sanabria dijo...

Alberto, por todas las intervenciones que llevo leídas, veo que, efectivamente, da para interpretaciones variadas, y sobre todo que aterra. Me doy por satisfecha.

Besos, mil.

woody dijo...

Llevo ya un ratito rompiéndome la cabeza con el micro. Hay una conexión entre el niño y los "estrellantes", claro está. Las otras dos ¿personas? pueden ser los padres o no. Uf, Lola, le sigo dando vueltas.

Dos sugerencias estilísticas, por si crees que así mejora:
"Se colaba por las rendijas del tragaluz, el olor de la sangre". Si lo que se colaba por las rendijas del tragaluz era la sangre, yo quitaría la coma.

Y en la expresión "Y los dos se rebullían inquietos" eliminaría el reflexivo (rebullir ya tiene ese significado).

Lola Sanabria dijo...

Woody, no le des más vueltas que te vas a marear. Es sólo un relato.
Gracias por tus aportaciones, les echaré un vistazo a ver si me convence el cambio.

Besos carentes de terror.