20/1/11

JUANCHO





Cuando Mami me trajo a casa, en lo primero que me fijé fue en los cuatro dientes de Nena, brillantes de babas. Yo era un regalo por su cumpleaños y supe que le había gustado porque, nada más desgarrar el papel de payasitos y verme, me dio un abrazo. Luego vinieron los bocados. Mami dijo que era porque estaba echando los colmillos y eso la ponía rabiosa. El primer mordisco me arrancó un ojo y Papi tuvo que meterle los dedos en la boca para sacárselo y evitar que se ahogara. Estuve tuerto durante un tiempo, hasta que vino la señora Eduvigis con su corazón de tela pinchado de alfileres y agujas y me cosió un botón blanco. Mami me pintó el iris y la niña para que viera. El segundo mordisco me dejó el morro colgando. Le cogí un poco de miedo a Nena así que cada vez que me tiraban desde arriba, concentraba todas mis energías para intentar caer al suelo y, a ser posible, debajo de la cama. Alguna vez lo conseguí. De aquella dentellada me quedó una cicatriz que ni las puntadas primorosas de la señora Eduvigis pudieron camuflar. Cuando se le pasaron las ganas a Nena de dar bocados, quiso saber lo que había dentro de mi barriga y me la rajó con su navaja de Scout. Otra vez la aguja y el hilo cerrando la herida. Después estuvo un tiempo sin hacerme caso hasta aquel bonito día de primavera en que me metió entre sus piernas y se restregó con mi cuerpo y me dio un calorcito muy rico. Le cogimos gusto al juego y cada dos por tres la tenía encima moviéndose sobre mi felpa. De aquello me quedaron unas calvas pero no diré que lo siento. Entonces apareció Nico, me dejó a un lado y era con él con quien se tumbaba en la cama sin importarle que yo estuviera debajo y me aplastaran con tanto peso. Aquél chico no me gustaba. Tenía la cara llena de granos y un cuerpo de esqueleto con joroba y todo. Esperé a que aquello se le pasara como lo de los dientes pero aunque después de un tiempo él se fue, vino otro y ella nunca más volvió a hacerme caso.

Hace tiempo que Nena se marchó. De vez en cuando, Mami entra en la habitación, se sienta en la cama, me coge, me estrecha contra su pecho y se queda así un rato. Yo también la echo de menos.

24 comentarios:

AGUS dijo...

La última imagen del micro es bestial. La madre abrazando al peluche, que no es más que el recuerdo y el símbolo de la ausencia de la niña. Es un relato de una técnica exquisita, depurada. De las cosas pequeñas, que son siempre las más importantes. Me encanta como vas jugando con Juancho hasta el párrafo final. Aquí se aprende mucho.

Abrazos, besos.

Caboclo dijo...

Pues no había caído en cómo los peluches son testigos silenciosos del discurrir del tiempo, la maduración de los niños y la soledad final en que se quedan las madres. Bonita historia.

Iván Teruel dijo...

Se trata de una focalización arriesgadísima. Insisto: arriesgadísima. Porque el micro se puede ir hacia lo grotesco, hacia lo inverosímil, hacia lo incoherente, hacia lo chirriante. Y sin embargo qué bien está tejido todo, qué humana se vuelve la voz de la muñeca, tan humana que dan ganas de abrazarla, como hace la madre, cuando uno llega al final del micro. Porque la muñeca es muy humana, sí, pero también es el símbolo de una certeza demoledora: crecer es ir dejando atrás todo aquello a lo que estuvimos apegados. Y solo esos muñecos, esas piezas de ropa guardadas y olvidadas en el armario, esos juguetes, esos escenarios de la infancia que en un momento aparecen ante nosotros después de haberlos abandonado nos hacen cobrar conciencia verdadera del dolor que supone hacerse mayor.

Te devuelvo una frase que me regalaste para un micro mío: "con hilos de seda está tejido el relato. Bellísimo."

Abrazos y besos admirados, como siempre.

Iván Teruel dijo...

Por cierto: he puesto que el protagonista es una muñeca y es un perrito u osito de peluche. Discúlpame el lapsus. Es consecuencia del impacto de la lectura del micro.

Abrazos y besos repetidos.

Lola Sanabria dijo...

¡Menudas entradas he tenido! Un trío de ases, sí señor. Desarrollando el relato con un virtuosismo que para mí quisiera.

Gracias, Agus, por estar siempre aquí, dispuesto a darme algo de tu tiempo.

Gracias Caboclo por haber vuelto.

Y a ti, Iván, gracias por ser tan generoso en tus comentarios, por currártelos a base de bien.

Besos y abrazos alternándose: ora uno, ora otro.

Rocío dijo...

Jope Lola,
Me encanta la mezcla de ternura e impacto y me aterra pensar en verme así, abrazando los peluches de mis hijos, dentro de no tanto.
Crecen deprisa y dejan rastros detrás. Precioso.
Abrazos,
Rocío

Lola Sanabria dijo...

Sí, es una imagen que, de una forma u otra, se repite cuando los chicos se hacen mayores.

Besos nocturnos, Rocío.

Nenúfar dijo...

Al comenzar el relato me figuro que voy a leer una historia tierna e inocente sobre la relación entre un peluche y su traviesa dueña, y de improviso, un quiebro. Se pasa de la niñez a la adolescencia, de los juegos infantiles a los adultos, de la presencia a la ausencia. Me ha gustado mucho este giro en la narración.
Por otro lado, imagino a Juancho como a ese amigo fiel, que siempre está ahí, que nos quiere pese a, o precisamente por, nuestros defectos, y que nos echará de menos cuando no estemos.

Me encanta la forma y el fondo de tus relatos.

Luisa Hurtado González dijo...

Me gusta la vision de la familia y el paso del tiempo desde el punto de vista de un peluche; se me precipita el final, como que siento que me llevas precipitadamente a él y me fastidia un poco, porque yo estaba tan a gusto leyendo....
Un beso

manuespada dijo...

Tiene mucha razón Iván. Es un micro muy difícil al darle voz a un ser inanimado, pero como lo haces genial, es totalmente verosímil. Me ha recordado a un peluche con el que estuvo mi hermano hasta los 8 años. Mi madre lo guarda como oro en paño en su armario, igualito que la madre de tu microrrelato. Cuando mi hermano se fue de casa, la pillé una vez oliéndolo.

Lola Sanabria dijo...

Al igual que los cirujanos, armados con el bisturí de la palabra, os lanzáis ahí, como si cualquier cosa, a desmenuzar el relato. ¡Y qué bien lo hacéis!
Nenúfar, me recuerdas a Rosana cuando empezó a comentar y yo tenía curiosidad por saber quién se escondía detrás de R.A. Gracias por pasarte por aquí.

Luisa, ¿no será que te da como pena que se llegue a la ausencia?

Todas guardamos algún fetiche de infancias pasadas, Manu. Por ahi debe andar rodando aún un tal Aligreta (que viene de grieta), perrito naranja hijo adoptivo de mi peque cuando era un mocoso.

Besos voladores y sin bichos, a repartir.

Maite dijo...

Lola, ante el lujo de comentarios y análisis que has tenido, me quedo como "pepita pulgarcita" y cualquier cosa que pudiera decir, se perdería ante tanta grandeza, así que, solo dejo mi conformidad con lo expresado por mis compañeros y la complacencia de leer un micro de calidad excepcional. Un beso.

Lola Sanabria dijo...

Y yo me quedo con tu presencia en este blog, Maite, que no por ser asidua, es menos excepcional.

Besos, mil.

Anita Dinamita dijo...

Ay, si Pupi hablara... yo lo huelo a escondidas cuando Violeta no me ve. Además hablaría de Jaime agarrándolo a escondidas y arrastrándolo por el suelo para fastidiar a su hermana. También lo he cosido, le he puesto parches y ahora viste un pijama de muñeco para que no se deshaga más... llevamos casi 7 años con él, y es un miembro más de la familia.
Lola, qué bien escribes... maravillosa
Abrazos

Lola Sanabria dijo...

Esto se está poniendo muy tierno. Estamos las madres con la lágrima a punto de desbordar el lagrimal. Y padres también, no os enfurruñéis.

Gracias, Anita.

Mil Besos.

P.D. Me parece que voy a escribir algo duro para compensar.

Puri dijo...

Mi hijo también tiene un osito azul, cosido y recosido, yo a veces lo llamo Fanky (por Frankenstein). No tiene nombre siempre ha sido "osito azul", pero con once años aún duerme con él. Yo también lo guardaré siempre, aunque a este paso lo veo compartiendo la cama con su futura pareja.
Muy bonito relato, Lola, como la vida misma

Elisa dijo...

Uf, real como la vida. En el cuarto de mi hija todavía hay un oso con un ojo que se le quedó blanco de meterlo en la lavadora. De momento están allí los dos, pero ya nos acercamos peligrosamente al final de tu relato, Lola.

Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Esos peluches discapacitados son los más queridos, Puri y Elisa.

Gracias a las dos por vuestros comentarios y puñado de besos para el finde.

Un tipo dijo...

¿Qué puedo decir, Lola? ¡Es un micro maravilloso!
Tus personajes siempre se sienten reales; y Juancho es una gran perspectiva. El tiempo, la familia, las relaciones (simbólicas), todo muy bien.

Y me recordaste Tos Story 3 porque acabo de verla (sí, apenas, jajá).

¡Felicidades!


Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Edgar.

Besos virtuales.

Torcuato dijo...

Otro aplauso.
Un beso, Lola.

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Tor.

Besos soleados.

David Figueroa dijo...

Poco más que decir, Lola, muy bueno, difícil de hacer desde un narrador inanimado.
Besos

Lola Sanabria dijo...

Gracias, David, por decir, aunque con pocas palabras.

Besos, mil.