23/5/16

PERVERSIÓN


Tomada de la red.


Mamá dice no. Es la palabra que más le gusta. A mí me gusta, sí. Eso es. Ella quiere enseñarme, pero yo tengo la cabeza muy dura. Dice que es porque soy especial y los especiales la tenemos así. Eso es. Llora mucho. No sé por qué llora tanto. Se va a quedar seca. Eso es. ¡No, no!, grita con su voz que huele a cigarro y algo más. Pero yo no entiendo por qué tengo que decirle no a un desconocido que te da chocolatinas y caramelos. Además que no es un desconocido porque me dijo su nombre. Eso es. Va mucho al parque. Cuando mamá no lo ve, me da golosinas que guardo en mi bolsillo para comérmelas más tarde. Él quiere comerme a mí. Como a las chicas de las películas, dice. Eso es. Y se ríe. Todo esto es secreto. Si mamá se entera, no dejará que me dé gominolas con formas de ositos y fresas. Ayer me habló al oído. Esta noche, después de que mamá me arrope y cierre la puerta de mi habitación, saldré por la ventana. Él me estará esperando abajo. Dice que tiene algo muy bueno para mí. Eso es.

23/4/16

EXILIO. GANADOR DEL CERTAMEN DE MICRORRELATOS SANT JORDI

Tomada de la red.



Levanto la cabeza y miro la ventana: un cerco esponjoso y blanco enmarca el cristal helado. Recorto los últimos pétalos, brillantes y rojos, y los pego, uno a uno, al tallo con sus dos bellas hojas. Observo mi trabajo. Lo doy por bueno. Envuelvo la rosa delicada en celofán y la deposito sobre el libro, dentro del paquete. Luego lo envuelvo con papel de colores y lo abrazo con cinta verde. Me pongo el anorak, el gorro, la bufanda y los guantes y salgo a la calle. De camino a la oficina de correos, cruje la nieve bajo mis huellas.

Para escuchar el relato, clicad aquí. A partir del minuto 44.

16/4/16

SELECCIONADO EN EL CONCURSO DE RELATOS SOBRE ABOGADOS

Tomada de la red.


FRUTA PODRIDA
Era un experto en derecho procesal. Brillante en la exposición e implacable en sus conclusiones, llevaba los juicios con gran maestría. Sobre su mesa se amontonaban los informes, para desesperación de aquellos que asistían impotentes a sus larguísimas exhortaciones, ante un tribunal rendido de antemano a su discurso de disco rayado. Para él cualquier atenuante era zarandaja, pecata minuta, trampantojo que zancadilleaba  la independencia de la justicia. Y así, lo mismo mandaba al Infierno a un ladrón de un supermercado, que a un asesino. Pero aquel aspirante a Lucifer, querubín rubio que sonreía inocente y angelical, le robó el alma. Pasó de fiscal a defensor y juez y le abrió las puertas del Cielo. Desde entonces, un espeso manto de nubes ensangrentadas cubren la Tierra, y  los niños  se echan a perder sin ángeles que los orienten y los guíen.

10/4/16

GANADOR SEMANAL DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS NEGRA Y CRIMINAL




GOURMET


Hojeaba en la librería restaurante una novela de Mankell, atento al menor intento de fuga, cuando la cabeza rodó por el suelo. De un puntapié, Coral la estrelló contra los anaqueles de libros de aventuras marinas. Cayeron en estrepitosa desarmonía. A punto de ahogarnos, la rapidez de un empleado, recogiéndolo todo, evitó la tragedia. Volvimos a lo nuestro en una calma chicha que enseguida rompió la niña de la falda vaquera. Y todo por un príncipe sin encanto que huía del zapato lanzado por la segundona del cuento. El guarda jurado movió su metro noventa para restablecer el orden a golpe de porra y bofetadas. Luego ocurrió lo de la abuela que curioseaba con la nariz metida entre fotografías de rottweilers, bullterriers y dogos. No se pudo aprovechar nada.
     Aquel mediodía, el cliente despistado era un chico con un ojo oculto tras un flequillo negrísimo y desfilado. Expectantes, lo vimos acercarse a la sección de libros de terror. Casi lloramos de emoción cuando la sierra hizo su trabajo.
     Olía de fábula aquel asado. Y el sabor era exquisito. Lástima que Coral bajara la guardia con aquel libro de ciénagas y cocodrilos; me habría gustado comer acompañado.


Para escuchar el programa clicar aquí

23/3/16

ARREPENTIMIENTO

Tomada de la red.

No sabes cuánto lamento no haberte valorado como merecías. Ahora lo veo claro. Demasiado tarde. Te resentías a menudo por el maltrato, pero yo hacía caso omiso de tus advertencias. Un chico arrogante y creído. Eso era yo. Cuando te lastimabas, me mostraba impaciente e irritable. Has aguantado lo que has podido. Lo sé. De nada sirve que te diga hoy cuánto te necesito. No puedes más. Me dejarás de la mano del cirujano. Dicen que ahora hacen prótesis muy buenas para las rodillas. Pero no será igual que contigo, mi querida y ya añorada rótula.

5/3/16

RELATO GANADOR DE LA SEMANA DE WONDERLAND Y FINALISTAS


Escapada.

Saltaba de una ventana a una cornisa. De un almendro en flor a una secuoya. Del caballito de un tiovivo en marcha, a la gárgola de la catedral. Abría los brazos en cruz, tomaba impulso y se lanzaba desde el puente de los suicidas. Aterrizaba en la avenida iluminada. Sorteaba coches con la agilidad del gamo. Entraba en el salón de juegos. Mataba. Mataba. Y cuando el llanto de todas las noches cobraba fuerza y se deslizaba por la rendija de la puerta de su habitación, desplegaba sus alas y volaba lejos. Donde la ausencia del hermano no le alcanzara.

 Si queréis escuchar el relato:aquí.En el minuto 34.

 

Desidia.

Siempre con evasivas. Si ya lo decía mi madre. Ocho años “hablando” y bajo amenaza de dejarlo, pasó por la vicaría. Nació Carlitos de la pereza que le daba ponerse el condón. Después se quedó en el paro. Así llevamos otros siete años. Yo, deslomada, y él sin dar palo al agua. En cuanto le digo que salga a buscar trabajo, me sale con otra cosa. Lo último que hice por él fue guardarle la ropa y cerrar la cremallera. Pero ahí sigue desde hace semanas, sentado en su sillón, con los calcetines sucios y la maleta en la puerta.

 

Depredadores.

Se creen inmortales. No hacen caso de lo que les dicen sus madres. Suben al coche de cualquier desconocido, se colocan los auriculares y se aíslan del mundo. Todas iguales. Aunque esta última, no. Tiene una mirada fiera y aprieta los labios con fuerza, como hacía mi hija cuando la castigábamos. Mi pobre niña. Creo que la dejaré ir. Paro el coche y estoy a punto de abrirle la puerta, cuando levanta los brazos hasta la cabeza y saca el largo punzón de su pelo. Ahora sé quién es. Demasiado tarde para coger la pistola de la caja del salpicadero.


 

Presencia. 

Cuando mamá se marchó, se acabaron los milagros. Nada de multiplicar los panes y los peces, ni de estrenar ropa reciclada que parecía nueva, ni de apariciones en nuestro cuarto con chicles y lápices de colores. Se llevó sus manos sanadoras de raspones y chichones, los besos nocturnos que alejaban a los monstruos, el canturreo con que nos aliviaba el tedio de los deberes.
Él dijo que ella había muerto y prohibió su nombre en la casa. Pero todos los días, cuando me despierto, meto mi cabeza entre las sábanas. Mi pelo huele a lavanda. Mi pelo huele a mamá.  

 

Autoengaño.
«La carne está dura y el helado se ha licuado», afirmó, con cara de asco, la noche del veintiuno de julio. Pero todos sabían que tenía el estómago en un puño. Excusas. Como cuando dijo que con la inseguridad que había en las calles, ¿para qué salir? En los últimos meses había tejido una red de mentiras donde caer sin hacerse daño. Se levantó despacio y, mientras el funcionario retiraba la bandeja, miró a través de la ventana y vio, bajo la luz de la luna, el cadalso levantado en el patio. «Hace frío, ahí fuera», dijo con un estremecimiento. 

  

Rejuvenecer.
Mastica despacio, dejando que la saliva fluya y se mezcle con el ácido de la fresa. Mientras lo hace, se viste otra vez de verde doncella, se calza las bailarinas con dos gotas de brillo en la puntera, y recoge las llamas de su pelo en una coleta. Ya tiene una bola compacta en la boca. La estira y enfunda la lengua. Sopla. Brota de sus labios un globo rosa. Dentro, él, pequeño e insignificante, intenta liberarse. Y cuanto más lo intenta, más se pega. El globo estalla. Mota que se lleva el viento y aleja. Desaparece de su vida.





Calor familiar.
Hasta que decidimos volver a ponerla sobre la rinconera, tuvimos nuestras dudas, pero ha encogido mucho y es un estorbo con el que siempre estamos tropezando. Ahora el abuelo no está, que era el único que se oponía. ¡Menudo escándalo montó la otra vez! Pero ella se encuentra bien ahí, frente al televisor para que se distraiga con las telenovelas. Además, da pocos gastos, come como un pajarito y cuando tenemos que viajar, la metemos en una caja de cartón perforado con la punta de un bolígrafo, y cabe en cualquier sitio. Mejor con su familia que en una residencia.



Mamá.
En la unión del  ladrillo del edificio de enfrente, queda la mancha de lo que algún día fue un insecto. Anochece y ya nada tiene contorno. No existe el ladrillo, ni las juntas, ni la mancha. Pronto vendrá con la sonrisa estirada tras la puerta. El lavado de cara no oculta las lágrimas. Dirá que pronto estará la cena. Pero yo no quiero que me dé cucharadas de puré, lo único que me entra. Quiero, y no me escucha, que me deje irme de una vez con esta noche. Que me ayude. Aunque sé que es pedirle demasiado a ella.