22/9/18

TEDIO.SELECCIONADO EN EL CERTAMEN DE RELATOS SOBRE ABOGADOS

Tomada de la red.




Él era mi héroe, un fotoperiodista de prestigio. Pero, en su situación de confinamiento obligado, se aburría y no paraba de incordiar. Entre su enfermera y yo decidimos procurarle una distracción. Le aclaro que fue una medida cautelar para que no acabara cazando moscas. Se hizo con todo un glosario de términos y definiciones de criminología. Al principio nos hacía gracia verlo de día y de noche espiando con su cámara a través de la ventana. Luego comenzó a preocuparnos con sus deducciones y órdenes de registros. Decidimos contarle la verdad, señoría. Quedamos en el apartamento. No podíamos saber que había decidido sentenciar a muerte al que creía un asesino. Y ya fue mala suerte que Raymond entrara el primero. A Stella y a mí, nos dejó heladas cuando le disparó a quemarropa. Ni tiempo para explicarle a Jeff que todo había sido un montaje de película.

5/9/18

PAUL NEWMAN Y LOS AÑOS DE LA DORADA BICICLETA


Tomada de la red

Aquellos muchachos pedaleando cuesta abajo, cuesta arriba, con un chirrido constante de óxido en cadena y guardabarros; aquellos chicos de pantalones con pinzas, camisas infladas por el aire y chalecos, fueran o no, robados a padres, abuelos o tíos, y si era posible, sus cabezas coronadas por sombreros, ellos, sin saberlo, eran una pizca de algo grande. Bastaba achinar los ojos, dejar apenas una rajita por donde entrara la imagen distorsionada, cuanto más lejos, mejor conseguida, darle al reproductor de tarareo de Raindrops are falling on my head y buscar la penumbra de pajares, silos y molinos, sin mirar siquiera a quién arrastraba de la mano, con la sonrisa y los ojos azules como un fotograma en la cabeza. Y luego desandar el camino de vuelta a casa con algo de paja pegada a la ropa.  

            A mamá le llegaban rumores, dichos de unos y otras, sobre mis correrías por las afueras, y de vez en cuando me hacía sentar en una silla para darme una charla entre educativa, cutre, alarmista y preventiva. O sea, un batiburrillo donde tropezaban sus propias andanzas. Yo la escuchaba en silencio. La dejaba desahogarse. Luego le prometía que no ocurría nada de nada, sólo un poco de diversión, que estuviera tranquila. Ella ya sabía lo que significaba ser víctima de habladurías, lo había vivido en sus carnes. Y ahí se removía inquieta. Porque fueron sus carnes las que se abrieron, amorosas, para cobijarme.

            De tal palo, tal astilla. Porque sí, mucho cuidado con éste y el otro, pero levanté la guardia con el forastero. Un chico que vino de Estados Unidos a pasar las vacaciones con su tía. Eso dijeron. Otra cosa sería la razón verdadera de aquel viaje. Unos aseguraban que era para quitarlo de en medio y enfriar una relación con una señora mayor. Otros que si el padre había metido la mano en un fondo para huérfanos del ferrocarril y querían evitarle los insultos de conocidos y extraños hasta que se apagara la escandalera. Para mí, fue la fuerza del deseo la que lo llevó a mis brazos.

            Alquilé una bicicleta para él, le regalé chaleco y sombrero,  y fuimos inseparables durante el tiempo que permaneció en el pueblo. Ya no necesitaba más, con él me bastaba. Incluso en ocasiones lo miré sin achinar los ojos, un poco de refilón. No cabía duda, era un Paul Newman auténtico.

            Desapareció de mi vida igual que entró, sin avisar, y me dejó el mejor regalo que podía hacerme. No voy a decir que sea igual que Paul Newman, algo tenía que sacar de la madre, pero se le parece un montón: rubio, ojos azules y esa sonrisa que embelesa a propios y extraños. Desde bien chiquito lo monté en bicicleta. Le cogió el gusto. Yo encantada con mi chico. Y vigilante, que hay mucha lista por ahí con ganas de pedalear con él. Pero éste de momento se queda conmigo, que no hace tanto que lo parí. Aunque tenga que ponerle la tranca a la puerta. Mi madre se ríe a mandíbula batiente, como una loca, mientras dice, llorando de la risa, que de casta le viene al galgo y que ya veré, ya veré.

29/7/18

EN LA RED




I
En la piel los besos burbuja estallan.
Bocabajo.
Calor suave de media mañana,
candela de tarde y soplos de noche.
Bocabajo.
Las cosquillas de ternura en el pecho
y la piel rizada y seca en la espalda.
Amores de cantos y algas enredadas.
Muerte de borrachera y  pasión.
Verano.
II
Salivas que estiran y engloban.
Como pompas saladas de jabón.
Hijos que nacen en sus labios,
rompen el cordón y se desprenden.
 Besan la piel palmo a palmo.
Si pudiera.
Si ella hubiera podido evitarlo.
Pero no pudo.
No quiso.
Brillan las escamas.
Nada y busca su isla. La palmera.
Debajo descansará el amor.

24/7/18

ROJO PASIÓN



Durante la temporada de recogida de cerezas, 
Regina pintaba sus labios con zumo de picotas. 
Y cada año, 
los temporeros saciaban su sed de amor 
con los jugos de su boca.

12/7/18

LA CARNE. SELECCIONADO EN EL CONCURSO DE MICRORRELATOS SOBRE ABOGADOS

Tomada de la red.

Sabía de sus compras de anillos y otros abalorios, por albaranes que guardaba como trofeos. Dudó aquella vez, cuando la denuncia de una ONG lo subió al estrado. Abogar por su inocencia, tras ver a la niña, balbuciendo palabras en otro idioma, con arroyuelos corriendo por su carita sucia, le costó una noche de insomnio, pero lo superó con la lectura de la Biblia y la mordaza invisible. El pastor fue absuelto y defendió el castigo del pecado con vehemencia desde su púlpito. No lo comprendía, pero ella no era nadie para censurar a un hombre de Dios. Ella era su humilde servidora. Pero hoy, cuando ha visto el cuerpo magullado de su pequeña, no ha vacilado. Y no ha sido ella quien le ha asestado el golpe fatal en la nuca, ha sido su Señor quien ha llamado a su vera a uno de sus hijos descarriados.