5/11/10

ABRACADABRA (Finalista del concurso sobre abogados. Enero 2010)



“El rapto de Europa”, me aclaró don Julián, cuando vio que miraba fascinada el cuadro que colgaba de la pared de su despacho. Mamá sacó los cubos de colores y dijo que los fuera encajando, que enseguida volvía. Luego don Julián la cogió de la mano y, como si se tratara de un mago, la hizo desaparecer con él, detrás de una estantería. Cuando reaparecieron, yo estaba dormida sobre la alfombra. El día del señalamiento para la vista oral, don Julián parecía un cura dando la absolución. Dijo que, a pesar de su vida, mamá era una buena madre y debía quedarme con ella. Hace unos días que mamá me dejó y me quedé sola en el mundo. Don Julián insistió en que fuera a visitarlo a su despacho. Mientras lo esperaba me quedé embelesada mirando el cuadro y, sin saber cómo, desaparecí detrás de la estantería.

2/11/10

FINALISTA DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS CUENTA 140




El nenúfar hacía pompas para captar la atención de su amado. "¡Deja de mover el agua!", gritó el narciso desde la orilla.

1/11/10

INVASIÓN




El rayo había caído muy cerca y el supermercado se quedó en penumbra. Sólo las luces de emergencia rescataban de la negrura el brillo metálico de los carritos de la compra, el reflejo de un anillo, las sombras tropezando con las estanterías. Creí que había superado el pavor a la oscuridad y a sus criaturas. Pero ahí estaba de nuevo. Me quedé junto al mueble de los congelados, sin mover un músculo. Una sombra cruzó muy cerca con un aleteo suave. A mi derecha, una pareja se movía de un lado a otro. Escuché el murmullo de sus voces, el ruido de una caja al caer dentro de un carrito. Oí a la chica quejarse y maldecir una esquina con la que se había golpeado. Luego, el chirrido de las ruedas se alejó por el pasillo. Entonces se repitió lo de otras veces, sólo que ahora no podía escapar ni llamar a mi madre para que diera la luz y espantara los picos que me hacían cosquillas en los labios. Un aleteo y otro más. Miles de aleteos quebraron la penumbra en jirones de noche que subían al techo y bajaban batiendo el aire cada vez con más fuerza. Los cuchicheos subieron de tono. Me acuclillé detrás de los congelados. La algarabía de alas se mezcló con las voces y los golpes de las carreras y las caídas. Cerré los ojos y la boca y cubrí mis oídos con las palmas de las manos. Sentía los pequeños cuerpos pasar cerca, rozándome el pelo, los ojos, los labios. Entonces aquella pluma hurgó en las ventanas de mi nariz. Apreté los dientes en un último intento por sellar mi boca, pero la abrí para soltar el estornudo. Sentí su pico en el paladar, luego la bola suave bajando por la garganta. Después nada. Se encendieron las luces. Todos siguieron con sus compras. Tenía hambre. Fui a la sección de comida para animales, cogí un paquete de alpiste y pasé por caja.

30/10/10

INSOMNIO







Quizá fue el café de las siete de la tarde. Tal vez la discusión acalorada con mi marido. Es posible que la visión de la fotografía de la niña con una mosca bebiendo el jugo del lagrimal. El reloj de la vecina acaba de dar la una. Me giro hacia la izquierda. Duerme. Pasan secuencias de mi vida y la fotografía que vi esta noche en la televisión. Todo se mezcla dentro de mi cabeza como si fuera una batidora. Mi padre en calzoncillos con un zapato en la mano. La niña respirando miseria. Una mancha de patas y sangre en la pared encalada de la habitación. Papá matando mosquitos a las dos de la madrugada. Moscas amontonadas en la miel del tirabuzón que cuelga del techo. El olor penetrante del matamoscas con que mi madre fumiga la cocina. El zumbido aleteando en mis oídos y el pinchazo. Mi hermana llorando y llamando a gritos a mi madre desde la mecedora. “Como tu padre no saque el estiércol, nos van a llevar en procesión”, escupe la abuela las palabras con rabia, desde su cuarto, al pasillo de la casa. Paños de vinagre para espantar a las pulgas. Mi hermana huele a vinagre. La niña tiene metido en la boca el pezón de una teta larga y seca. Abre los ojos y llora sin lágrimas: la mosca se bebió el jugo del lagrimal. La televisión sigue encendida en mi cabeza. Las tres de la madrugada en el reloj de la vecina.

Me levanto y voy al salón. Desde la ventana veo los edificios del barrio y las farolas abriendo puntos de luz en el hollín de la noche. Hace meses que no llueve. La lluvia limpiaría el ambiente. La lluvia aleja a las moscas del pan y la sopa. Sopa de ajo sobre las trébedes y cucharas rebañando el fondo de la sartén. La lluvia haría crecer la hierba para las cabras. Las cabras darían leche y cubrirían de carne las piernas de la niña. Me siento en el sofá y enciendo la televisión. Gregory Peck se viste con el traje de Atticus. La hija es especial. Todo es cierto en la memoria de la hija. Un padre estupendo. Imperfecto. Diferente. Lloro un poco al final de la película. El rectángulo de la ventana se aclara. Amanece.

Apago el televisor y voy a la cocina. Abro el frigorífico y saco el helado de chocolate. Hay una nota pegada a la puerta con un imán. El jueves tengo cita con la ginecóloga. Chocolate, negro como la niña. Cierro los ojos y dejo que se derrita en mi boca. Vuelve la niña de la fotografía. Imagino que asoma una manga blanca con una mano que espanta la mosca. Dos golpes de párpado y la mano sale del rectángulo y vuelve a entrar con una cuchara. Tres golpes de párpado y la niña come. ¡Qué bueno está el chocolate! Abro los ojos. Mañana, ginecóloga, me avisa la nevera que evita que las moscas estén sobre la carne. Acabo con el helado.

Los animales fuera de las casas. Las casas no tienen pulgas. El lagrimal drena líquido transparente. La niña come. Tengo sueño. Vuelvo a la cama y lo abrazo por detrás. Enredo mis dedos en el vello suave de su pecho. Huele a tabaco, limón y mandarina. Acerco mis labios a su oreja izquierda. “Quiero que hagas esa cuna”, le digo. El reloj de la vecina acaba de dar las cinco. Duermo.

28/10/10

PONERSE EN SU LUGAR


"Johnny Turtle me pisaba los talones. Primero cayó One-Eyed Tony al beber de la botella envenenada. Después Litle Big Stupid con el agua infectada de sanguijuelas. Quedábamos tres: Johnny, Lilí Snake y yo. Tenía la lengua rasposa como la de un gato. La pasé por mis labios resecos y lamí unas gotas de sangre. Necesitaba llegar a las rocas cuanto antes. "¡Hija de puta!", gritó el Turtle agarrándose las tripas con las manos. Entendí para qué machacaba Lilí cristales en el mortero. Alcancé el botín sin aliento: veinte garrafas de la reserva del Water Bank. Me bebí media sin respirar. Después fui a buscar a Lilí Snake. Seguro que tenía preparado algo para mí".

Cerré el archivo, corrí a la cocina y metí la boca debajo del grifo. Ella esperó a que me saciara. Luego, enseñó sus dientes de piraña con una fea sonrisa y dijo: - Y bueno, baby, ¿para cuándo una historia en la que muera el protagonista?

24/10/10

EL OJO



Hacía tiempo que lloraba el ojo triangulado. Una rija que lo desbordaba en diluvios y nublaba su visión. Así era imposible distinguir un abrazo de un cuerpo a cuerpo en combate, mucho menos al inocente del culpable. Era alarmante ver cómo se llenaba el Infierno de inocentes y cómo campaban a sus anchas por el Cielo, en una suerte de sociedad del bienestar, los malotes. El Todopoderoso necesitaba una cita urgente con el oftalmólogo.

19/10/10

EL ALMA (Finalista de microrrelatos sobre abogados diciembre 2009



Mientras espero en la estación, observo la cabeza del carril, brillante por el paso de muchos trenes. Mi carrera judicial también fue brillante. En nómina en un bufete de prestigio, conseguí llegar a juez gracias a mi tesón. Estoy capacitado para resolver querellas de toda índole, pero nunca imaginé que fuera tan difícil el arbitraje entre Charito y Mario. Tengo los nervios deshechos. El tren asoma el morro y se detiene con un bufido. Se abren las puertas y ella aparece como una diosa con tacones y traje de chaqueta. Renace mi admiración de cuando la conocí, aumentada en su ausencia porque he descubierto que ella es el alma del carril por donde se desliza suavemente la familia. - No fui capaz de hacerme con los niños, Esperanza. Tuve que llamar a tu madre- le digo con un temblor de emoción en la voz mientras la abrazo.

15/10/10

ADAPTACIÓN




“Bicho malo, nunca muere”, decía mi vieja. Y mira que lo intentó. Saltos, carreras, fajas... Pero yo me agarré como una garrapata a su cuerpo. El resto lo pasó llorando. Me dejó una sequía de la que nunca me recuperé. “Bicho malo, nunca muere”, repetía entre rechinar de dientes. Silencio y agua, sólo pido eso. La callé con un tajo limpio de mi navaja. Igual que al vendedor de melones, voceando la mercancía en el sopor de la siesta. Y al colega de la moto sin silenciador, que reventaba mi sueño de madrugada. Una noche, me pilló el picoleto echando la bolsa al río. Dijo: “Se te cayó el pelo, mamón”, y no dejó de darme hostias hasta el cuartelillo.
Por los cadáveres me cayó una condena en el trullo que nunca cumplí. Era peor lo de la contaminación de aguas. Me desterraron al desierto con una cantimplora. Y aquí sigo, cada día más parecido a los cactus de los que bebo. “Bicho malo, nunca muere”. ¡Cuánta razón tenía mi vieja!

13/10/10

PREVARICACIÓN (Finalista del concurso de microrrelatos de abogados - mayo 2009)

 

 - Luego usted, a pesar de la veda, cazaba patos contraviniendo la ley- afirmó el juez. - No, señoría. Yo estaba agachado cerca del riachuelo, buscando espárragos- aseguró el demandante con la mayor diligencia. - ¿Entonces cómo pudo alcanzarle la bala en el hombro? - Porque al oír el alto me incorporé. - Sin embargo, la declaración del testigo afirma que usted corrió cuando le dieron el alto. - ¡Pero es su compañero! - Su testimonio es tan bueno como cualquier otro. ¡Caso sobreseido!- resolvió el juez golpeando la mesa con el mazo. Y dirigiéndose al guardia civil, le ordenó quedarse. Una vez solos, le hizo acercarse y lo cogió del cogote:- Dile a tu padre que te lleve este fin de semana a la cacería que da el señor marqués, a ver si pegando unos cuantos tiros te tranquilizas, o no habrá boda con mi Enriqueta.

9/10/10

EN LA CAMA (microrrelato leído por Juan José Millás en La Ventana



Ya nunca sabrás, madre, que esa noche yo estaba despierta.

8/10/10

DULCE TRAICIÓN (finalista del concurso de microrrelatos sobre abogados -febrero 2009


El letrado hizo todo lo posible para que el osito de menta encontrado entre los matorrales, al otro lado de la valla donde trabajaban en el diseño de un nuevo cohete, no se presentara como prueba. Sin embargo, allí estaba, dentro de su bolsa de plástico. Veinte años ejerciendo de espía y ni un solo fallo. El acusado intentó despegar con la punta de la lengua la fresa adherida al paladar, mientras el portavoz del jurado leía el veredicto. El juez lo miró por encima de sus gafas correctoras de presbicia, sin un atisbo de clemencia. Sería duro con la sentencia. José Rodríguez, apodado “El gominola”, recordó la advertencia de su madre. Se había quedado corta: su adicción a las chuches no solo le destrozó la dentadura, también, y lo que era peor, estaba a punto de arruinarle la vida.

6/10/10

TRÁFICO AÉREO (finalista del concurso de microrrelatos sobre abogados -diciembre 2009

El magistrado dejó a su paso un rastro de nieve cuando entró en la sala. - Señoría, circulaba por mi derecha- dijo el de la capa de armiño. - ¡Yo también!- replicó el del traje rojo. El caso se presentaba difícil. No había nada legislado al respecto, nada en la Constitución. Mientras reflexionaba, los demandantes llegaron a las manos obligando a intervenir a los funcionarios. El juez ordenó un receso. Se puso el abrigo como prevención contra un catarro y salió fuera. Necesitaba consultar con su colaborador. -¿Qué hago?- le preguntó nada más verlo. - Un veredicto salomónico es lo mejor- dijo sin un titubeo. Papá Noel compraría un camello al rey Melchor, y éste pagaría el reno y una mano de pintura al trineo. El magistrado dejó lo acordado en el platillo y volvió a la sala. Mientras, el abogado en paro guardó los cien euros y echó a andar en dirección al metro.

5/10/10

Todo por el niño (Finalista del concurso de micros sobre baloncesto)

¡Claro que te apoyo, mi niño! Y por supuesto que estoy muy orgullosa de ti. De que llegarás lejos en el baloncesto, no me cabe la menor duda. La NBA está a la vuelta de la esquina. Tienes cuerpo, ¡ya lo creo que lo tienes!, paso mis apuros para encontrarte tallas; y pies tan grandes, que deben hacerte los zapatos a medida. Tu padre, en el paro, pero no escatimamos gastos si de tu futuro se trata. Todo es empezar, ya lo sé. Que tienes que practicar, también lo sé. Pero no encestando los huevos en el carro de la compra. Porque, ya me dirás, hijo, con qué vamos a hacer esta noche la tortilla de patatas.

2/10/10

ALMUDENA


Ayer me enteré cuando volvía de dejar a unas usuarias en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para hacer un curso de calcografía. Debería estar vacunada contra estas cosas, porque es frecuente que estos chicos se vayan así, de sopetón, pero no lo estoy. Y me impresionó la noticia. Almudena había muerto. Justo cuando iban a darle el alta en el hospital. De puro agotamiento. Era una luchadora, el tipo de personas que no se quejan, que aguantan hasta el final, como el día en que reclinó su cabeza sobre mi hombro, bajando en el ascensor, y se echó a llorar de dolor. Pero ya no pudo más y su corazón se paró sin más, porque estaba muy cansada. Recuerdo que cuando la vi la primera vez, pensé en una pitufa, azulados los labios, la piel, los dedos, por su cardiopatía, tan chiquita, con los ojos expresivos y las cejas que levantaba cuando quería hacerte un guiño, una señal simpática.
La última vez que la vi fue en la entrega de premios de la Fundación Anade, en el mes de enero. Fue a recoger el suyo, ya con una botella de oxígeno. Y estaba tan feliz, tan orgullosa, como lo estaban sus hermanas. Me quedo con ese día, con ese momento, con esa pasión suya por los ordenadores que tan bien reflejó en su relato. Aquí lo dejo. Por ella. Para ella.




El ORDENADOR FANTÁSTICO



Luisa siempre soñó con ser informática. Cuando tenía dieciocho años, empezó a trabajar en un despacho de un Centro de Datos de Escritura. Al terminar el trabajo se iba a su casa a descansar, y después de descansar, encendía su ordenador y navegaba por Internet buscando juegos.
Un día encontró un juego muy divertido. Hacían una película y ella era la protagonista de una historia de amor. Luisa se enamoró del chico y quiso hablar con él y acariciarse. Entonces cerró los ojos con fuerza y cuando los abrió se encontró dentro del ordenador como si fuera un personaje. Se quedó a vivir allí para siempre con su novio.

Almudena Ruiz Heredia.





1/10/10

EL SOL DEL MEMBRILLO




Dicen que aún es verano. Abro la tabla y enchufo la plancha. Los colores se amontonan encima de la silla. Enciendo el televisor y veo en la pantalla un lugar de hielo con arroyos de sangre que se escapan por las grietas del suelo. Los esquimales desuellan focas. Estiro un pantalón sobre la tabla, paso la plancha y el vapor suelta su carga de flores envasadas. Hace calor. Voy a la cocina, abro el frigorífico, cojo una cerveza, tiro de la anilla y doy un trago. Vuelvo a la plancha y cambio de canal. Woody Allen mira aterrado una placa con zonas ciegas y círculos de luz. Cojo una camiseta. Blanca como las nubes que corrían por el cielo en las mañanas de playa. Dejo la plancha y bebo otro sorbo de cerveza. Cambio de canal. Premios de fotografía: 1957, Douglas Martin capta la entrada de una de las primeras estudiantes negras en la Universidad Harry Harding. 1968, ejecución de un miembro sospechoso del Viet Cong por Eddie Adams.1972, Ut Cong Huynh: Niños huyendo asustados de un bombardeo con NAPALM.1981, Manuel Pérez Barriopedro muestra una instantánea del secuestro del Parlamento por Antonio Tejero.1994, Kevin Carter gana el Pulitzer con la fotografía de un niño acosado por un buitre y después se suicida. 2003, Jean-Marc Bouju, capta la imagen de un hombre iraquí acunando a su hijo en un centro de retención para prisioneros de guerra ...Sudo, mi mano tiembla y deja la plancha insegura al borde de la tabla. Cierro la caja de Pandora con el mando a distancia. Oigo la llave girar en la cerradura. Entra, me da un beso, se quita la blusa y la tira sobre el sillón. Bebe de mi cerveza. Tiene la piel dorada y brillante de sudor. Dejo sobre la mesa la última camiseta con el Partenón estampado. Desenchufo la plancha, saco el cinturón de la hebilla, me desabrocho el botón del pantalón y bajo la cremallera mientras la sigo hacia la habitación. El sol se retira a trozos de los edificios. ¡Qué guapa está mi mujer!

28/9/10

YO TAMBIÉN VOY



Yo voy

ALMUDENA GRANDES 27/09/2010


Porque no quiero que mis hijos vivan peor de lo que he vivido yo. Porque no es justo que los trabajadores paguen la cuenta de una crisis que ha enriquecido a sus responsables. Porque este Gobierno no ha reinstaurado el impuesto sobre el patrimonio, no ha gravado a las grandes fortunas, no ha incrementado el tipo impositivo de las Sicav, donde los más ricos invierten el dinero que les sobra para contribuir a los gastos del Estado con un mísero 1%, y a cambio, ha castigado a los más débiles con una reforma laboral inadmisible. Porque no se puede admitir que un empresario despida a sus empleados con cuatro días de antelación, solo porque "prevé" pérdidas para el próximo ejercicio, ahorrándose de paso más del 50% de la indemnización. Pero, además, porque la crisis está sirviendo para enmascarar un cambio de ciclo destinado a liquidar el Estado de bienestar. Porque si no hemos sido capaces de exportar nuestro progreso a los trabajadores de las grandes potencias emergentes, como China y la India, lo que nos espera es la importación de sus espantosas condiciones de trabajo. Porque Occidente ya ha recordado que esclavizando a la gente se gana mucho más dinero. Porque detrás de los recortes de derechos laborales, vendrán los de derechos civiles. Porque siempre habrá una agencia calificadora, o un premio Nobel, que proclame que los retrocesos son imprescindibles para avanzar.


· Y, sobre todo, porque digan lo que digan Zapatero, Salgado o el sursuncorda, los trabajadores somos el motor de la economía. Porque ni los bancos, ni las multinacionales, ni las grandes cadenas pueden subsistir sin nosotros. Porque si nosotros paramos, se para todo. Porque hemos heredado, junto con nuestros apellidos, la experiencia de que no existe otra manera de proteger nuestros derechos. Por todo eso, yo voy a la huelga general del 29 de septiembre.

26/9/10

LA PIEL




Cuando me secaba con la toalla después de la ducha, me di cuenta de que la piel se estaba separando de la carne del empeine de mi pie derecho. Le puse mucha crema, la cubrí con un calcetín negro y bajé a la calle. En el jardín, las varas de los rosales se habían coronado con los primeros capullos, y a cada lado de la calle las mimosas pintaban con lunares amarillos un cielo sin nubes. Abrí el coche y antes de ponerlo en marcha, volví a mirar mi pie. La piel se había marchitado hasta el tobillo. En la oficina, me levanté cada media hora de mi silla de trabajo para ir a los servicios, quitarme el zapato y el calcetín y comprobar el avance del proceso. A eso de las doce, había llegado hasta la rodilla. Salimos a tomarnos unos sándwichs y retoqué mi maquillaje varias veces para poder observar mi cara en el espejito de la polvera. A las cinco de la tarde, cuando bajábamos apretados en el ascensor, sentí el roce de la piel seca en el tejido del pantalón, a la altura de la cadera. Volví a casa deprisa, me desnudé frente al espejo y evalué la situación. Fui al teléfono y avisé a Maribel de que me encontraba enferma y no iría al día siguiente al trabajo. Por la noche, me preparé un sándwich de lechuga y tomate, vi un rato el canal Natura de la televisión y después me fui a dormir. Soñé con camaleones de uñas largas y escamas con los colores del arco iris, que sacaban sus lenguas enrolladas, las soltaban como un látigo y silenciaban el canto de los grillos. Soñé que yo babeaba por uno de aquellos grillos. Por la mañana, el proceso había llegado hasta los brazos. Mientras desayunaba un café con leche y una tostada, aplasté una hormiga que caminaba por la mesa. Me llevé el dedo hasta la boca y chupé la hormiga pegada. A media mañana mi cara estaba envuelta en un pellejo parecido a las tripas para hacer chorizos. Me desnudé y volví a mirarme en el espejo. El proceso se había completado. Me senté en el suelo y con las dos manos comencé a subir desde los pies, como hacía con las medias, aquella piel muerta, hasta sacarla por la cabeza. Acabé a mediodía. Eché la muda a la basura, me vestí y salí de casa. Fui a la consulta del médico para pedir el justificante y mientras esperaba, sonreí al imaginar que al día siguiente, como venía ocurriendo todas las primaveras, ellas comentarían con envidia el aspecto delicado de mi piel, igual que la de un recién nacido, y me pedirían consejos y el número de teléfono de mi esteticista, y ellos se acercarían a mi mesa para intentar conseguir una cita
.

23/9/10

ÚLTIMA NOCHE DE FERIA

Cada noche, pego la almohada a mi cuerpo, el brazo izquierdo debajo, el derecho arriba, en ángulo con la cabeza, los dedos cerrados en un mechón de pelo, tirando un poco; la pierna derecha flexionada, encima. Así me acerco al sueño, tonteando con él, sin decidirme a dejar atrás el día. Noto el salto y toco la bola de pelos a los pies, que tampoco duerme, atento a los tacones y las risas en la calle, y la música que llega en oleadas desde la plaza. Otro salto al poyo y allí se queda mirando a través de las ranuras de la persiana. Sueño. Empujo la puerta de hierro, entro y recorro los caminos de tierra. Me detengo ante las letras doradas, la ñ rota como si hubiesen descargado un martillazo en la piedra. Al lado, la viuda con el niño de la mano: pantalón corto de franela gris y chaqueta azul marino. “Caídos por Dios y por la Patria”, y varios nombres con el mismo apellido. El niño se suelta de la mano y camina hacia la salida poblada de cipreses. Lo sigo. Se agacha y coge una bola verde y cuarteada del suelo. Huele fuerte. Mete la mano en el bolsillo del pantalón, saca una navaja, la abre y corta la bola en dos, luego me muestra las calaveras en sus mitades. “Ponte en pie, alza el puño y ven, a la fiesta pagana...”un golpe de aire caliente arrastra hasta mi ventana la música y me aleja del niño. En la confusión que va del sueño a la vigilia, estoy en la Plaza de España saltando en un lateral del escenario donde actúa Mago de Oz; luego vuelven los tacones acercándose, las risas, las voces, la persiana golpeando la pared y el gato echado. Miro el reloj: las cinco de la madrugada. Me doy la vuelta arrastrando conmigo a la almohada. “Cartagenera”, “Cerezo Rosa”, “Esperanza”. Van llegando las canciones con claridad. Tarareo, me muevo, atravieso mi cuerpo en diagonal, en la cama, agarro el frío del níquel de los barrotes cuadrados con surcos que repaso con la yema de mis dedos. Hay un descanso. Desde el reloj del Ayuntamiento llega la hora en golpes de metal. “A ver si sabes cuántas campanadas ha dado desde que se colocó en el año cuarenta y siete, teniendo en cuenta que estuvo parado dos veces. La primera durante dos días y la segunda, un mes”. Mi padre y su amor por los relojes. La mesa camilla y, sobre el hule, la caja de zapatos, llena de relojes de cuerda. Y él abriendo la tapa de uno y dejando al descubierto las ruedecillas dentadas. El destornillador pequeñito, la aceitera, las pinzas, y sus dedos deformes doblegados por una paciencia infinita. Los engranajes cogiendo el nuevo pulso de vida. Siento los golpes rápidos del corazón. Taquicardias. El silencio roto por oleadas de gente que se retira de la plaza, se quiebra definitivamente con la voz del vocalista anunciando la nueva tanda de canciones. El gato salta a la cama y se estira. Me doy la vuelta y hago otra diagonal en la cama sin soltar la almohada. Golpeo con las uñas el níquel siguiendo el ritmo de las canciones. Más riadas de gente. Interpretan una pieza de Santana y se despiden. Una moto tritura el silencio, más tarde, dos coches acelerando y frenando, y los gritos de los conductores y la música bacalaera amasada con gasolina que entra en mi habitación. Pasan más tacones, más risas y conversaciones rotas. El pueblo se calma. Duermo. “Vamos María. Los turrones de coco y de nueces, la garrapiñada, la perita en dulce, los mazapanes.... Cinco euros el lote”. Grita el vendedor de feria por el altavoz pegado a la cabecera de mi cama. No dejará el rincón hasta que haya despertado a todos los vecinos de la calle y salga alguno y compre para que se vaya, pienso mientras miro la almohada en el suelo y mis brazos extendidos abrazando tu ausencia.

17/9/10

CADENA SER Radio Castellón. Ganador viernes 17 de Septiembre


Y la señorita dijo: usted no se mueva de aquí, enseguida vuelvo. Y fue tronco sin hojas cuando llegó el otoño. Ramas desnudas, en invierno. Yemas, al alcanzarlo la primavera. Y frutos en verano. Entonces, ella regresó.

16/9/10




ESPONJAS

Mi padre era una esponja azul cobalto que volvía sucia de los Juzgados. Mi madre, una esponja verde hierbabuena que cocinaba suculentos platos en la cocina de nuestra casa. En cuanto él llegaba y se sentaba en su sillón, ella se acurrucaba a sus pies en la alfombra. Entonces él exprimía toda la carga de malos tratos, abandonos y odios y ella los iba absorbiendo hasta cambiar su color por el del hollín, mientras él recuperaba su color natural. Yo era la esponja violeta que andaba de puntillas por sus vidas. Un día mi padre no encontró a mi madre a su regreso y reparó en mí. Me hizo sentarme en la alfombra y me pasó toda la basura acumulada en un día de trabajo. Yo era un niño, no tenía dónde dejarla, ni podía marcharme. Y ahora, señorita, que ya conoce la razón de mi mal aspecto y el porqué de apuntarle con una pistola, entrégueme todo el dinero de la caja.

11/9/10

ALGUNOS MICRORRELATOS VERANIEGOS



EMP
ACHO
Fue rápida. Levantó el pie, su empeine rebasando el charol rojo. Me cegó el brillo del tacón de cristal de aguja. Buscó el sitio exacto, antes de clavarlo en mi pecho. Admiro, por última vez, su cara de luna llena. “Mi gordita”, solía llamarla. Y a ella parecía gustarle.

HOJAS

Se ha levantado aire. Vienen en remolinos. Se retuercen. Buscan las rendijas de los adoquines. Intentan aferrarse. Suben hacia arriba y se estrellan contra los postigos. Se enrollan en los tobillos de los niños que juegan en la plaza. Y estos se sacuden los pies y las sueltan. El viento les dobla el espinazo, las arrastra. Corren calle abajo, calle abajo. Planean, caen y flotan hasta empaparse. Se hunden. El mar quiere aprender a leer.

VACACIONES

Cerré la puerta y dije: Me voy de vacaciones, pero él, claro, no me creyó. "No tienes agallas", dijo mientras arrastraba los pies hasta la cocina. Lo oí tirar de la anilla de la cerveza y volver al sofá. No iba a salirse, de nuevo, con la suya. "En cuanto acabe el partido querrá cenar. Entonces me echará de menos y me llamará a voces", me dije. Acabó el fútbol, metió una pizza en el microondas y abrió otra lata de cerveza. Se quedó dormido viendo una película guarra. Lo despertaron sus ronquidos y se fue a la cama. Y aquí estoy, en el armario, sin saber qué hacer y con una llorera de muerte.

PRONOMBRES PERSONALES

Nosotros íbamos juntos al instituto. Nosotros nos besamos por primera vez en la oscuridad de un cine. Nosotros nos casamos un día de primavera en una iglesia perfumada de jazmines. Nosotros tuvimos hijos que no fueron parejita. Nosotros nos peleábamos a menudo. Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. Nosotros vivíamos vidas distintas dentro de la misma casa. Yo cogí un día el tren y me quedé para siempre de visita en el piso de mi hermano.

FIERAS

Cayó del cielo. Pequeño y gracioso. Me lo quedé. Llovió tigres durante una semana. Crecieron y se reprodujeron. Han ocupado el patio, la cocina y el baño. Acabaron con todos los animales del pueblo. Ya no tengo más carne que darles. Los oigo rugir al otro lado de la puerta.



27/8/10

LA VENTANA DEL VERANO - Cadena SER (relato leído por Soledad Puértolas 26.08.2010) Tema: El bandido generoso

Autora: Lola Sanabria







EL BANDIDO REY

Le conté a mi madre que un hombre me seguía y ella dijo: “Acabarás tan loco como tu padre”. “Loco y ladrón. Un bandido”, añadió. “Un bandido doblemente armado”, terció la alcahueta de la vecina, mientras se reía y señalaba con un dedo a mis cinco hermanos.

Un día, al doblar una esquina, me escondí en un zaguán. Creía que iba a encontrarme con un hombre fiero, con la navaja al cinto y un saco con niños a la espalda, pero me topé con un señor sonriente y bien vestido. Se agachó para preguntarme: “¿Sabes quién soy?”. Negué con la cabeza. “Soy tu padre”, dijo. “Mi padre es un bandolero loco”, dije yo. “¿Eso te contó tu madre?”. Afirmé, otra vez, con la cabeza. “Está bien, te mentí, soy un tío rico de América”. “No tengo tíos”, le atajé. “¿Entonces…?”. “Un Rey Mago. Gaspar, porque eres moreno”, concedí. Él sacó una libreta y fue apuntando todo lo que le iba diciendo. El día de Reyes amaneció una montaña de juguetes frente a la casa. Grité que habían sido los Reyes Magos. Mi madre miró a mis hermanos pequeños y no dijo nada.

20/8/10

Relato leído en "LA VENTANA DE VERANO" de la Cadena Ser.

TEMA: El amigo.
Autora: Lola Sanabria.







(Fotografía de Daniel Meyer)





PRIORIDADES.
Quedamos en La Corredera al anochecer. Necesitaba hablar con Gonzalo. Él dijo que también, por teléfono. Llegué cuando el cielo cambiaba al azulón y, junto a la media luna, brotaban los primeros puntos luminosos. Nada más sentarnos a la mesa, me contó que Elena lo había echado de casa, así, por las buenas, sin más aviso que el silencio profundo de los últimos tiempos. Ignoró a la camarera. Tuve que pedir yo: salmorejo y cazón adobado. Y él siguió lamentándose de su soledad, en el cuarto de una pensión de mala muerte. No me dejaba meter baza. Me removí en la silla. Distraje mi atención en la paloma que picoteaba una patata. Entonces una serpiente de dolor barrió el suelo, subió y me golpeó de lleno en el pecho. Miré a Gonzalo. Sollozaba. Se me antojó un Boabdil con barba de días y la camisa arrugada. Puse mi mano derecha sobre su antebrazo y fui desgranando palabras de consuelo, de esperanza. A mí acababan de despedirme del trabajo, pero tenía a María Luisa.


15/8/10

Relatos leídos en "LA VENTANA DE VERANO" de la Cadena Ser.

TEMA: La mujer enamorada.

Autora: Lola Sanabria.

PARA SIEMPRE.

¿Acaso creíste por un momento que te ibas a librar de mí? No soy yo mujer que se abandone, Alberto. Te lo dije desde el principio. Si me dejas la puerta franca, yo entro, y si entro, no salgo. Pero tú, nada, empeñado en largarme. Que si no estabas seguro, que si mejor nos tomábamos un tiempo... Tonterías, Alberto. Y luego vino lo de intentar darme esquinazo, a mí, la Dolores, ¡pues no soy yo nadie para seguir una pista! Tengo el olfato de la perra de caza. Un poco confundido, sólo eso, y allí estaba yo para ayudarte a aclarar tus ideas. Pero no quisiste escucharme y al final te lanzaste, literalmente, al vacío. Fue un pronto, ya lo sé, por eso estoy aquí. ¡Mira qué ramo te he traído! De margaritas que son mis preferidas, porque las rosas que a ti te gustan están muy caras, Alberto. El caso es que el florero al lado de tu fotografía, tenga siempre flores frescas. El caso es que no te falte mi visita todos los días. Y, por éstas, que no pienso dejarte; pobre, tan solo entre tanta tumba.


VERDE QUE TE QUIERO VERDE.

Mi madre me decía a menudo que escogiera un buen marido que me mantuviera. “Mírame a mí, con las yemas de los dedos destrozadas por la flor del algodón”. Me daba un bastidor, finas telas y madejas de hilo Moliné blanco y gris, para que bordara las sábanas y las mantelerías de mi ajuar en consonancia con un rico pretendiente. Y mientras yo matizaba una flor, hacía un filtiré o perforaba un bodoque con el punzón, tras la ventana, el visillo corrido, observaba a mi vecino que recalaba una vez al mes después de recorrer los pueblos con su carga de quincallas. Tenía los ojos verdes, el color de la piel de la aceituna del verdeo y la porte de un príncipe gitano. Se sentaba en el umbral a ver pasar a las mozas y decirles requiebros, pero era a mí a quien miraba.
Una tarde espesa de calor, en mitad de una siesta insomne, decidí quitar la tranca de la puerta para ir a la fuente de la Higuera a coger agua fresca con el cántaro. Y allí me lo encontré, afilando un palo con la navaja. No hizo falta hablarnos. Me encaramé de un salto a la grupa de la mula y salimos de allí, pueblo a pueblo, a vender quincalla.

PD: Estoy de vacaciones y no tengo internet. Disculpadme si no contesto a los comentarios, lo haré a la vuelta.

6/8/10

LA VENTANA DE VERANO (Relato leído por Marta González Novo) Tema: Marcela












EL PRECIO

Cuando atiza el fuego, entrechocan los troncos encendidos, chisporrotean y las llamas se avivan, crecen y se expanden hacia la boca negra por donde se van, envueltos en humo, los fantasmas de todos los que en su juventud la pretendieron. Cuando las tenazas caen de sus manos anudadas por la artrosis y el fuego decrece, mira a su lado, a la silla de aneas rotas por el tiempo, siempre vacía, y la duda roza tibiamente su frente. Pasa un ángel. Sonríe. Luego coge del plato la última uva.

29/7/10




DOBLE INFARTO


Mi padre escribía gruesos volúmenes de auto ayuda que se amontonaban en su escritorio. Mi madre, libros interminables de recetas de cocina que formaban una pila sobre su mesa de trabajo. Los libros eran una muralla infranqueable entre ellos y yo. Cada vez que me llamaban para comentar mis notas o comunicarme dónde iría de campamento ese verano, mis ojos apenas asomaban por encima de las torres de sus enciclopedias. Ellos se dedicaban a lo suyo, mientras yo hacía mis pinitos con la escritura. Todo iba bien hasta que la tía Clotilde nos hizo una visita. “¿Y tú qué quieres ser de mayor?”, me preguntó con una sonrisa manchada de carmín, la muy bruja. “Yo, microrrelatista”, dije sin un asomo de duda”.

23/7/10

LA VENTANA DE VERANO ( relato leído por Soledad Puértolas) TEMA: DULCINEA


GÓTIH NORMA JEAN

Y es en esta penumbra donde sólo eres piel nívea, Norma Jean. Me dan ganas de arañar tu brazo. Una línea muy fina, casi indolora. Para que corra un hilo rojo, para saber que no eres una invención mía. Mueves la cabeza, enérgica, y tu pelo se retira de la luna llena. Con accidentes, Norma Jean. Sombras de pestañas que alargan tu mirada. Y ese lunar redondo, perfecto, que remarcaste con carboncillo, a dos dedos de tu sien izquierda. Sombras a un lado de tu nariz, pequeña como un pellizco. Y esa gota de sudor buscando el cauce del canal de tus labios. Negros, bien perfilados, entreabiertos, dejando ver el blanco de tus dientes brillantes de saliva. Recojo la humedad de mi boca con la lengua cuando mis ojos buscan en tu cuello ese latido, apenas perceptible, que te da vida. Y entonces se acerca un moscón. Te vuelves sobre el taburete y le hablas. El vaso de bitter resbala de mis manos, se estrella en el suelo y salpica el borde de mi capa. Me miras unos segundos y haces un mohín feo. Luego das un trago ruidoso de tu brebaje negro y chispeante. Reparo en tus uñas de rapaz. Abres la boca dispuesta a dejar salir, otra vez, esa voz chillona. Me voy antes de que deshagas el encanto. Te espero a la salida, Norma Jean, bajo la marquesina del búho.

15/7/10

ANTOLOGÍA DEL IV PREMIO OROLA DE VIVENCIAS


ALMA

Me gustaba la niña de cara de mantecado y pelo de panocha. La visitaba cada tarde, sin que nada hubiéramos acordado al respecto. Yo arrimaba una silla de anea a la suya, y me quejaba de la última paliza de mi padrastro. Ella dejaba las manos sobre el regazo, la derecha dando cobijo a la izquierda, y me escuchaba. Luego jugábamos a hacer sombras chinescas en la pared del zaguán de su casa.

Se lo comenté a un amigo y él me dijo: “No te escucha, es medio tonta”. A la tarde siguiente, cuando fui a visitarla, me quedé mirándole sus piernas exánimes rematadas en dos botas de cuero muy lustrado, sin atreverme a romper el silencio. Entonces ella subió su mano derecha y acarició el último moretón de mi cara. “¡Me duele!”, exclamé retirando la cabeza en un gesto instintivo. Bajó la mano, la dejó aleteando sobre su pecho, y dijo: “A mí también”.

3/7/10

FINALISTA DEL I CONCURSO DE MICRORRELATOS ARTESANÍA COMPRIMIDA









DESDE LA DISCAPACIDAD

El primer día, cuando entré en el taller de cerámica, tenía en mi cabeza que yo no servía para nada.
La maestra me dio una bata y un trozo de barro y me indicó un sitio donde sentarme. Luego me dijo que hiciera bolitas, las aplastara y las fuera pegando en un molde de poliespán. Le hice caso. Al principio con desgana, luego puse más interés porque ella me animaba. Conseguí rellenarlo. Lo alisé con una esponja húmeda y recorté los bordes con una media luna. Cuando estuvo listo, ella lo sacó del molde y lo coció en el horno. Después lo cubrí con esmaltes naranjas y verdes y volvió a meterlo en el horno. Quedó bonito y lo llevaron a la exposición. Lo compró la hermana de una compañera. Mi madre no dejaba de repetir: “Lo ha hecho mi hija”, con los ojos brillantes de emoción.

29/6/10

SOBRE HUELGAS, PRINCIPIOS Y OTRAS MENUDENCIAS











CON UN PAR

Seis de la mañana: suena el despertador. Me levanto. Desayuno. Me ducho. Salgo. Cerrada la entrada al metro. Cojo el autobús. Laguna. Cercanías. Tres compañeras, tres, para las duchas del trabajo. Mando mensaje: "No sé cuándo llegaré". Atocha. Cambio. Dirección Chamartín. Llego. Ando. Plaza de Castilla. Subo al setenta. Me bajo. Camino deprisa. Ficho. Ocho y treinta de la mañana. Las internas han colaborado. Me arremango. Día duro. Huelga. ¿Salvaje? No, huelga, repito.

Video - Daniel Cohn Bendit da un repaso a los líderes europeos a cuenta del rescate de Grecia - elCo

25/6/10

ÚLTIMOS ESLABONES ROTOS



En la primera edición de “Relatos en cadena”, desde septiembre a mediados de febrero, la Escuela de Escritores seleccionó seis de mis microrrelatos como finalistas. Eso me animó a seguir participando, pero, desde entonces no han vuelto a seleccionar ninguno. He seguido concursando todas las semanas, sin excepción, con varios microrrelatos de los que, en los últimos meses, he dejado una muestra aquí. Es hora de retirarse.

CEGUERA
Pedro, el oculista, ha salido corriendo después de colocar el cartel de cerrado. Falsa alarma. Los niños juegan al veo, veo, con la mirada perdida en el infinito. Ni se molesta en darle la vuelta al cartel cuando regresa. Huele a moho. Los anaqueles están cubiertos de un humus gris ceniza. Se cruza de brazos. De repente se decide. Saca los altavoces a la calle y pone la música. Limpia el polvo del mostrador con un trapo. Coge de los cajones las monturas de colores y el muestrario forrado de terciopelo azul con los cristales. Una mujer se desvía de su camino y se acerca, tanteando.

LA RECOMPENSA
Pedro, el oculista, ha salido corriendo hacia el refugio en cuanto ha oído el ulular de las sirenas. El jefe del escuadrón tiene a tiro las gafas en la espalda de la camiseta amarilla. Primero apunta a “Óptica” en el círculo izquierdo. Luego cambia a “La milagrosa”, en el derecho. Acaricia el botón rojo con el pulgar. Verdaderamente, fue un milagro. Si no hubiera sido por aquel hombre, él no estaría ahora al mando, ni siquiera seguiría de piloto. Quita el dedo del pulsador y ordena la retirada. Los aviones dan la vuelta y se alejan en el cielo como una bandada de cuervos.

23/6/10

CONCURSO DE RELATOS CLASIFICADOS

TRUEQUE
Intercambio cuerpo en perfectas condiciones de vida, por una pizca de amor, un pellizco de comprensión y unos toques de humor. Todo bien aderezado con un chorrito generoso de ternura. Razón: Mansión “La soledad”


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CAMPER CITY TELLING



PARA QUE VUELVAS

He ido tachando de la lista todas las cosas que querías que hiciera. Y sin embargo no apareces. Me levanto a la hora en que aún sueñan los duendes. Amanece entre los árboles de la Casa de Campo. Café y tostada. Ducha. Vaquero y camiseta ajustados. Dejo la cama sin hacer. Cojo el treinta y nueve y enseguida estoy en la Plaza de Oriente. Me descalzo y camino, con los zapatos en la mano, hacia la calle Arenal. Mis pies reconocen las arrugas del paso de cebra, las junturas de las losetas, los hoyuelos de sonrisas antiguas. A veces noto un aliento en la nuca y me giro esperando ver tu mano en mi hombro. Es sólo un soplo de aire tibio. “¡Suéltate, mujer!”, dijiste. Y lo intento. Pero algo debe quedarme por hacer. Llego a nuestra cafetería y pido una copa de helado de chocolate, el que más engorda. Lo tomo a cucharaditas mientras observo las ventanas del Palacio de Gaviria. Sé que me vigilas.

21/6/10

FINALISTA DEL PREMIO REVISTA EÑE DE LITERATURA MÓVIL




CALMA CHICHA
El contable volvía a casa al anochecer y cenaba con su mujer en silencio. Después ella dormía el aburrimiento frente al televisor y él retiraba su hastío al cuarto de invitados. Sobre la cama de matrimonio, el cocodrilo seguía creciendo. Hasta que llegó el despido. Esa noche, él dio un puñetazo en la mesa y gritó: “¡La sopa está fría!”. Ella le tiró la sopera a la cabeza. El saurio bajó de la cama y corrió por el pasillo. Lloró mientras los devoraba.

17/6/10


C-47
Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Vamos y venimos por los caminos trillados. Todos iguales. Limpios, de blanco, con la cabeza rapada. Sin pensar en nada, sólo actuando: ahora tocamos ese botón de gelatina, ahora tragamos esta porción de alimento. Sin mirar, volvemos a nuestra pequeña celda. Los niños se estiran hacia el sol sin saber por qué ni para qué. Pero hoy he sorprendido a C-47 absorto en la parte de atrás de la colmena. Miraba con sus extraños ojos almendrados un tallo verde y espinoso. Brotó entre las grietas que causaron el último terremoto y que yo debía haber sellado. Aún hay esperanza.

PRUEBAS
“Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros, mucho menos en el amor”. Desenredó los hilos de las marionetas y las metió en el baúl. El padre había perdido una oreja de un mordisco del perro. El perro, una pata por culpa del cepo del hijo. Al hijo lo tenían breado las pulgas del perro. La madre vivía en una indigestión continua de pastel de boniatos. En cuanto a los abuelos: él dormía la mona ocho horas al día, mientras ella intentaba despabilarlo pinchándole con las agujas de tejer. “Prueba tú. A mí me ha sido imposible hacer algo decente con ellos”, dijo El Enviado al relevo.

PRESENCIA
Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Nada de multiplicar los panes y los peces, ni de estrenar ropa reciclada que parecía brotar de los dedos de mamá, ni de comprarnos chicles y lápices de colores. Él dijo que ella había muerto y prohibió su nombre en la casa. A veces, cuando despierto por la mañana, meto mi cabeza entre las sábanas. Mi pelo huele a lavanda. Mi pelo huele a mamá.

10/6/10


ENGAÑO

“La carne rebozada fría no vale nada, y el helado se está deshaciendo”, afirmó, con cara de asco, la noche del veintiuno de julio. Pero todos sabían que tenía el estómago en un puño. Excusas. Como cuando dijo que con la inseguridad que había en las calles, ¿para qué salir? En los últimos meses había tejido una red de mentiras donde caer sin hacerse daño. Se levantó despacio y, mientras el funcionario retiraba la bandeja, miró a través de la ventana y vio, bajo la luz de la luna, el cadalso levantado en el patio. “Hace frío, ahí fuera”, dijo con un estremecimiento.

SUTILEZAS


La carne rebozada fría no vale nada porque nadie hay a la mesa. El vino sin dedos que lo descorchen, se calienta en la cubitera. El sol, sin la sombra del castaño, es pura insolación. La luna sin enamorados, una roca muerta. La Tierra sin niños, una pelota que gira. Manos que no arropan, no acarician, no dan. Mano sobre mano. Mis arterias, túneles de sangre congelada. Nada me retiene aquí. A no ser por ese aleteo de colores en el cristal de mi ventana.

7/6/10

RELATO INCLUIDO EN EL LIBRO


CHOCOLATE

Verdaderamente, una delicia para los sentidos la cocina de mi abuela. Debía aprobar las asignaturas pendientes en septiembre, pero yo pasaba más tiempo entre pucheros que estudiando. Me gustaba el color de las zanahorias, los golpes del cuchillo en la madera, fileteando ajos y picando cebollas. Me gustaba mi prima y a ella le gustaba hundir el dedo en la cazuela donde se enfriaba el chocolate negro, sacarlo con un dedal tibio y meterlo en mi boca. Dejé las perífrasis verbales y me incorporé al trajín de los guisos y los asados. Decidí que sería cocinero, pasaría el resto de mi vida entre fogones, y desnudaría con mi lengua el dedo de mi prima Merche.

3/6/10


INTRUSO
La cena se enfriaba en la mesa. Los periquitos soñaban con una montaña de alpiste, bajo el paño negro que tapaba la jaula. El gato devoraba periquitos, dormitando a los pies de la cama. La mujer, con la sartén en la mano, yacía en el suelo de la cocina, y soñaba con nada. Los niños hacían caso a su mamá y jugaban al escondite con el afilador de cuchillos.

RECELO
La cena se enfriaba en la mesa todas las noches. Allí nadie probaba bocado. Miraban la comida, la olían, la esparcían en el plato con el cuchillo. La abuela jugaba con la lengua a meter y sacar la dentadura. Papá pasaba las púas del tenedor por la loza, provocando el rechinar de dientes de doña Úrsula. Uno tras otro abandonaban la mesa y me buscaban en las caballerizas. Pan y manzana: seis euros. Vaso de leche con galletas: doce. Una nota anónima de advertencia a cada uno, y el “pequeño bastardo”, como solían llamarme, se estaba haciendo rico.

20/5/10



VUELO SIN RETORNO

No dije que lo sabía. Porque nunca me creyeron. Porque se retiraban a mi paso. Porque era la comidilla del barrio. Porque decían que acabaría en un manicomio como mi madre. Porque esta vez no corría ningún riesgo de vivir el resto de mi vida con remordimientos. Dejé a mi hermana en el hospital y fui a despedirlo al aeropuerto agitando mi pañuelo mojado de llanto.
VIOLETAS
No dije que lo sabía cuando me habló de las poesías. Ella enhebra la aguja en silencio, con las gafas en el despeñadero de la nariz. Yo la miro, a hurtadillas, por encima del periódico. Sorbe una lágrima rebelde. Parpadea. También a mí me gustaría llorar, pero no puedo. Se queda un momento extasiada con la polilla que busca la luz del farol. También a mí me gustaría soñar, pero no sé. Deja prendida la aguja en el bajo de los pantalones, se levanta y camina por el corredor hacia la cocina. Levanta la mano derecha y acaricia, al paso, el ramito de violetas.


13/5/10


SOLEDADES

La mujer de la foto sonreía mostrando una dentadura perfecta. Recortó la sonrisa y la pegó en el óvalo de la cara. Encontró la nariz perfecta, los ojos que prometían, el pelo enredadera, los brazos amorosos, el pecho acogedor, la cintura delicada, las caderas poderosas, las piernas kilométricas. Le quedó una composición maravillosa. La adjuntó en un archivo y escribió en el cuerpo del correo: “En cuanto me mandes el dinero, vuelo a conocerte, mi amor. Tuya: Natacha”, y dio a enviar. Esperó respuesta mientras se mordisqueaba el bigote.

MUÑECAS
La mujer de la foto sonreía, feliz, a la cámara. Él siempre le decía: “Tienes una mandíbula poderosa. Un buen armazón para conseguir una bella imagen". Y medía sus facciones, y las reconstruía en un molde de escayola. Luego se las mostraba a ella. Y más tarde las retocaba hasta conseguir una máscara perfecta. Años de insistencia para convencerla. Desde entonces ella mira el mundo a través de las ranuras de la persiana echada. Él la ducha, la viste, la peina y le da de comer el puré, sentada en la mecedora al lado de las otras.



6/5/10



IMPRESIONISMO

Hasta que decidimos volver a colgarla en la pared, estuvo de pie, en el suelo, contra los ladrillos del desván. Suspirábamos, melancólicos, añorando sus colores azules y blancos, cómo iluminaba el comedor, la alegría con la que nos sentábamos a comer a la mesa. Mi marido dijo que había sellado hasta el último poro, que no había peligro de otro escape. Hemos pasado el día mirándola, colgada, recta, de una alcayata. Es noche cerrada y la pintura se está desangrando. No deja de caer agua de mar por una esquina. A mí me llega a la barbilla. A la niña hace rato que no la oigo.
130
Hasta que decidimos volver a colgarla en la pared sobre la rinconera, tuvimos nuestras dudas, pero ha encogido mucho y es un estorbo con el que siempre tropezamos. Ahora el abuelo no está, que era el único que se oponía. ¡Menudo escándalo montó la otra vez!. Pero ella se encuentra bien ahí, frente al televisor para que se distraiga con las telenovelas. Además, da pocos gastos, come como un pajarito y cuando tenemos que viajar, la metemos en una caja de cartón perforado con la punta de un bolígrafo, y cabe en cualquier sitio. Mejor con su familia que en una residencia.

23/4/10

INCLUIDO EN EL LIBRO DE LOS MEJORES HIPERBREVES DE MOVISTAR




Cuando el abuelo se fue, me quedé huérfano de cuentos y dejé de crecer. Mamá cree en el poder curativo de las vitaminas, yo en el del prospecto.






http://www.bubok.com/libros/172974/IV-Concurso-de-Relatos-Hiperbreves-Movistar,

22/4/10


INCOMPATIBILIDAD


La de los días de lluvia, esa es la que quiero.
Cuando luce el sol, se pone el vestido escotado y las sandalias plateadas, agarra el bolso y me deja solo todo el día, con un vaso de leche y una manzana sobre la mesilla.
Cuando llueve, le cuesta levantarse. Camina arrastrando los pies, con el pelo enmarañado tapándole la cara. A mediodía me trae sopa. Luego se mete en la cama y se abraza a mi cuerpo. Yo busco sus programas favoritos en la televisión para que se distraiga.
Hace días que no para de llover. Ella reza, mirando al cielo. Yo también rezo.

DUELO


La de los días de lluvia, verde, de cazador furtivo, que me cubrió mientras la esperaba a la salida del instituto. La de los días de sol, roja, de Supermán, que lucí en la fiesta de la primavera. La de los días de hielo, negra como boca de lobo, que envolvió mi desvarío cuando ella se marchó. La de los días de niebla, blanca, sudario empapado de dolor. Desnudo, encerrado en mi habitación, las oigo pelear, destrozarse a dentelladas, dentro del armario.