25/2/20

FINALISTA DEL CERTAMEN DE RELATOS CONVOCADO POR ZENDA. LARGA TRAVESÍA DE ESPERANZA

Tomada de la red.



Noche cerrada. Noche sin luna. Boca de lobo que hiere sin daga ni bala. Entra la humedad al hueso y se queda ahí. Tirita el miedo de puro miedo. Jasira protege su barriga con la manta que tejió durante la espera. Suena y resuena en la memoria su corta vida. Todos los días recorría kilómetros para recoger agua y leña. Ordeñaba la cabra, amasaba el teff para las injeras. Traía el estiércol. Cuidaba de sus hermanos pequeños y recorría las vías del tren en busca de escoria. A veces se sentaba a la puerta de la choza y, si el cansancio no la vencía, era una niña que jugaba con una muñequilla hecha con harapos y cuerdas. Se pinchaba el dedo y con su sangre le dibujaba una gran sonrisa. Sonríe y la sonrisa se le congela en mueca. Entonces era feliz. Luego vinieron las guerras. Las violaciones. El terror. El mar mece la patera. Son demasiados dentro. Jasira no tiene miedo. Lo dejó en las chozas quemadas, en los llantos de niños, en los golpes de machetes que mutilaban y mataban, en las fronteras, en cada camino, en los pies llagados, en el hambre que masticaba cualquier cosa. La dieron por muerta como a toda su familia, pero decidió vivir. Ahora todo eso forma parte de una pesadilla. Ahora viene el dulce sueño. Nota las primeras contracciones. Espera un poco, susurra a la vida que lleva dentro. ¿No ves las luces a lo lejos? Pronto llegaremos, aguanta que ya estamos. En el otro lado de la barca, acaban de echar por la borda el cadáver de Ashanti. Aún falta  mucho para alcanzar la costa.

4 comentarios:

Cora Christie dijo...

Un continente espléndido para un contenido que me revela una crueldad e indiferencia global e individual, a la que nos hemos acostumbrado, Para mi vergüenza propia.

Tanta preocupación por si nos mata el coronavirus, mientras los cadáveres de los ahogados son ya incontables. Gracias por hacérmelo presente, aún sin tu pretenderlo.

He venido buscando esa joya minúscula, precisa y terrible como un punzón horadando la piel de la memoria, que te premiaron ayer, y que me hizo sentir ganas de abrazarte; de decirle a la escritora: Qué buena eres en las letras y que gran madre en tu vida.

Otra vez mas, enhorabuena.

Un abrazo

Lola Sanabria dijo...

Gracias por cómo diseccionas y sientes el relato, querida Cora.

Un abrazo grande.

Sandra Fernández dijo...

Una historia tremenda que viven a diario millones de persones contada con emoción pero sin excesos. Enhorabuena.

Lola Sanabria dijo...

Terrible realidad, sí.
Abrazos.