No sabes cuánto lamento
no haberte valorado como merecías. Ahora lo veo claro. Demasiado tarde. Te
resentías a menudo por el maltrato, pero yo hacía caso omiso de tus
advertencias. Un chico arrogante y creído. Eso era yo. Cuando te lastimabas, me
mostraba impaciente e irritable. Has aguantado lo que has podido. Lo sé. De
nada sirve que te diga hoy cuánto te necesito. No puedes más. Me dejarás de la
mano del cirujano. Dicen que ahora hacen prótesis muy buenas para las rodillas.
Pero no será igual que contigo, mi querida y ya añorada rótula.
23/3/16
5/3/16
RELATO GANADOR DE LA SEMANA DE WONDERLAND Y FINALISTAS
Escapada.
Saltaba de una ventana a una cornisa. De un almendro en flor a una secuoya. Del caballito de un tiovivo en marcha, a la gárgola de la catedral. Abría los brazos en cruz, tomaba impulso y se lanzaba desde el puente de los suicidas. Aterrizaba en la avenida iluminada. Sorteaba coches con la agilidad del gamo. Entraba en el salón de juegos. Mataba. Mataba. Y cuando el llanto de todas las noches cobraba fuerza y se deslizaba por la rendija de la puerta de su habitación, desplegaba sus alas y volaba lejos. Donde la ausencia del hermano no le alcanzara.
Si queréis escuchar el relato:aquí.En el minuto 34.
Desidia.
Siempre con evasivas. Si ya lo decía mi madre. Ocho años “hablando” y bajo amenaza de dejarlo, pasó por la vicaría. Nació Carlitos de la pereza que le daba ponerse el condón. Después se quedó en el paro. Así llevamos otros siete años. Yo, deslomada, y él sin dar palo al agua. En cuanto le digo que salga a buscar trabajo, me sale con otra cosa. Lo último que hice por él fue guardarle la ropa y cerrar la cremallera. Pero ahí sigue desde hace semanas, sentado en su sillón, con los calcetines sucios y la maleta en la puerta.
Depredadores.
Se creen inmortales. No hacen caso de lo que les dicen sus madres. Suben al coche de cualquier desconocido, se colocan los auriculares y se aíslan del mundo. Todas iguales. Aunque esta última, no. Tiene una mirada fiera y aprieta los labios con fuerza, como hacía mi hija cuando la castigábamos. Mi pobre niña. Creo que la dejaré ir. Paro el coche y estoy a punto de abrirle la puerta, cuando levanta los brazos hasta la cabeza y saca el largo punzón de su pelo. Ahora sé quién es. Demasiado tarde para coger la pistola de la caja del salpicadero.
Presencia.
Cuando mamá se
marchó, se acabaron los milagros. Nada de multiplicar los panes y los
peces, ni de estrenar ropa reciclada que parecía nueva, ni de
apariciones en nuestro cuarto con chicles y lápices de colores. Se llevó
sus manos sanadoras de raspones y chichones, los besos nocturnos que
alejaban a los monstruos, el canturreo con que nos aliviaba el tedio de
los deberes.
Él dijo que ella había muerto y prohibió su nombre en
la casa. Pero todos los días, cuando me despierto, meto mi cabeza entre
las sábanas. Mi pelo huele a lavanda. Mi pelo huele a mamá.
Autoengaño.
«La carne está dura y
el helado se ha licuado», afirmó, con cara de asco, la noche del
veintiuno de julio. Pero todos sabían que tenía el estómago en un puño.
Excusas. Como cuando dijo que con la inseguridad que había en las
calles, ¿para qué salir? En los últimos meses había tejido una red de
mentiras donde caer sin hacerse daño. Se levantó despacio y, mientras el
funcionario retiraba la bandeja, miró a través de la ventana y vio,
bajo la luz de la luna, el cadalso levantado en el patio. «Hace frío,
ahí fuera», dijo con un estremecimiento.
Rejuvenecer.
Mastica despacio, dejando
que la saliva fluya y se mezcle con el ácido de la fresa. Mientras lo
hace, se viste otra vez de verde doncella, se calza las bailarinas con
dos gotas de brillo en la puntera, y recoge las llamas de su pelo en una
coleta. Ya tiene una bola compacta en la boca. La estira y enfunda la
lengua. Sopla. Brota de sus labios un globo rosa. Dentro, él, pequeño e
insignificante, intenta liberarse. Y cuanto más lo intenta, más se pega.
El globo estalla. Mota que se lleva el viento y aleja. Desaparece de su
vida.
Calor familiar.
Hasta que decidimos volver a ponerla sobre la rinconera, tuvimos nuestras dudas, pero ha encogido mucho y es un estorbo con el que siempre estamos tropezando. Ahora el abuelo no está, que era el único que se oponía. ¡Menudo escándalo montó la otra vez! Pero ella se encuentra bien ahí, frente al televisor para que se distraiga con las telenovelas. Además, da pocos gastos, come como un pajarito y cuando tenemos que viajar, la metemos en una caja de cartón perforado con la punta de un bolígrafo, y cabe en cualquier sitio. Mejor con su familia que en una residencia.
Mamá.
En la unión del ladrillo del edificio de enfrente, queda la mancha de lo que algún día fue un insecto. Anochece y ya nada tiene contorno. No existe el ladrillo, ni las juntas, ni la mancha. Pronto vendrá con la sonrisa estirada tras la puerta. El lavado de cara no oculta las lágrimas. Dirá que pronto estará la cena. Pero yo no quiero que me dé cucharadas de puré, lo único que me entra. Quiero, y no me escucha, que me deje irme de una vez con esta noche. Que me ayude. Aunque sé que es pedirle demasiado a ella.
18/2/16
ENTREGA DE PREMIOS DEL XI PREMIO INTERNACIONAL DE CUENTOS FUNDACIÓN ANADE
Como ya os adelanté con el Certamen Navideño, esta es la última vez que realizo la actividad de cuentos con los usuarios del centro donde trabajo. El plazo para este concurso finalizaba en octubre y ya estaban enviados los relatos antes de que decidiera dar fin a dicha actividad.
Agradezco a Pepe Colmenero, presidente de la Fundación Anade, el reconocimiento público que hizo de mi trabajo el día de la entrega de premios. Gracias, Pepe y hasta la vista.
PREMIO AL RELATO MÁS HUMANO
UN
HOYO CON PECES
Encontré una piedra en el
camino. Le di un puntapié y la piedra se rompió. Me quedé sin piedra. Los dos
trozos se cayeron en un hoyo. Llegaron unos chicos, las iban a sacar pero no lo
hicieron porque era un hoyo muy hondo. Había palos y truchas vivas nadando en
agua de pozo. También un delfín y focas.
Me gustaba el hoyo y lo que
había en el fondo, pero no me tiré porque estaba muy hondo.
Vicente Sedeño Jiménez
FINALISTA
EL
ARMARIO
El armario tenía vestidos y
abrigos.
Fermín colgaba las prendas
en las perchas y el armario se quejaba de que ya no era joven y le pesaban
mucho los abrigos. Así que un día, Fermín dijo que sería mejor tirar el armario
viejo y comprar uno nuevo. Cuando lo supo, el armario le propuso que lo
restaurara y lo forrara con un papel de los que se ponen en la pared, pero Fermín no le hizo caso. El
armario, enfurecido, le dijo que entonces mejor sería que lo echara al fuego.
Fermín cogió el armario y lo
tiró dentro de un camión. El camionero se lo llevó a su casa, lo encoló, lo
barnizó y colocó su ropa dentro.
El armario fue feliz en su
nuevo hogar.
Julia Pérez Carrión
RELATOS INCLUIDOS EN EL LIBRO
TRADICIONES
DE LA VIDA
Cuando murió la abuela, mi
madre sacó de la cómoda un anillo de latón y se lo puso en el dedo anular.
Tenía un significado muy especial para ella. Se lo regaló el abuelo cuando los
dos eran niños. Jugaban a que eran novios y él se lo hizo con la anilla de una
lata de Coca cola. A ella le hizo tanta ilusión que lo conservó toda su vida.
Lo llevó puesto hasta que el
dedo le creció mucho y lo tuvo que guardar en una cajita redonda. Sin embargo,
con la edad, la abuela fue encogiendo y el anillo le volvió a valer, pero no se
lo volvió a poner porque el abuelo había muerto y le habría traído muchos
recuerdos. Pero le hizo prometer a la hija que cuando muriera, se lo pusiera
porque quería llevarlo cuando se reuniera con el abuelo.
De niño, yo también jugué a
los novios con una vecina y le regalé un
anillo, en memoria de mis abuelos que habían sido felices, hecho con una chapa.
Mª Elena Moreno Cuervo
LA
FAMILIA FANTASMA
Esperaba en el andén a un
familiar que venía de Valencia cuando
cambiaron las agujas y apareció de repente un tren que se detuvo en la
estación.
Comenzaron a bajar personas
y cuando preguntaba por el familiar le hacían señas pero no hablaban porque
eran espectros, gente que llevaba muerta una hora más o menos.
Ocurrió que este tren
transportaba una caja y durante el trayecto se abrió y salió un muerto viviente que mordió a todos los
pasajeros y los convirtió en fantasmas.
Al ver a su familiar fue a
abrazarlo y no pudo porque era un fantasma y entonces se dio cuenta de que
todos lo eran. Los vio tan felices que quiso irse con ellos, pero para eso él
tenía que convertirse en fantasma. Cogió una rama, la afiló y se la clavó. Una
vez muerto y ya fantasma, y se fue con ellos a recorrer mundo y reclutar gente
para sacarles la sangre y tomarse unos chupitos.
Ángel Jiménez Núñez
EL
MUÑECO DE NIEVE
El día dos de junio comenzó
a nevar. Todos los chicos hicieron un muñeco. Le pusieron una escoba, ojos de
ratón y nariz naranja de plástico. Luego echaron una pelea a su lado y le
gritaban: “¡A que no me pegas!”. El muñeco se dijo a si mismo: “Llegará vuestra
hora. Entonces yo me reiré!”
Por la noche, cuando los
niños se fueron a dormir, el muñeco creció hasta los tejados de las casas y se
le hizo una boca enorme. Cuando los chicos despertaron fueron a verlo y él les
dijo: “¡Soy más grande que vosotros!” Los niños se asustaron y le pidieron
perdón por haberse burlado de él.
Entonces el muñeco les dijo que fueran con él
porque se sentía solo. Al principio no querían, pero él les prometió que les
contaría un cuento. Todos lo rodearon y él les contó: “Yo era agua y con el
frío me convertí en nieve y gracias a vosotros en muñeco. Mañana o pasado
saldrá el sol y me derretiré, pero viviré para siempre en vuestra memoria”.
Después de jugar mucho llegó la noche y se fueron a dormir.
Al día siguiente hizo mucho
calor y cuando los niños fueron a buscar al muñeco de nieve, solo encontraron
un gran charco de agua. Los chicos se quedaron llorando por quien sería para
siempre su amigo.
Ángel Jiménez Núñez
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