30/7/12

FUGA


Fotografía tomada de la red.

Aún queda un rato para que acabe. Y mis zapatos embarrados. No puedo dejar de mirar también mis medias manchadas, el filo del vestido de margaritas, turbio de agua marrón, mientras escucho, como en sordina, sus reproches. Tiene que recorrer el mismo camino de siempre: la barbilla alta, el gesto altivo y el discurso. Cuando era niña me preguntaba, admirada, dónde habría aprendido a hablar tan bien, de dónde manaría tanta sabiduría. Mamá calla. Mamá agacha la cabeza. Papá termina, me ordena, una vez más, que deje de huir cada noche al bosque, donde no existe ni laberinto ni fauno. Abre el frasco y deja caer tres comprimidos en la palma de su mano, la misma mano que me levantaba la falda. Abro la boca y escondo las pastillas bajo la lengua.


25/7/12

LUCÍA (Premio XXV Concurso Internacional de Relatos Policiacos - Semana Negra de Gijón)


Fotografía tomada de la red

Cuando desapareció Roberto, guardé una bolsita con las semillas de mamá en el fondo falso de mi armario. El sitio secreto me lo hizo Roberto para que ocultara mis cuadernos y lápices, después de que mamá me rompiera un dibujo. Roberto sabía hacer muchas cosas y fue el primer novio de mamá.
          Al volver del colegio, me gustaba  sentarme en el último peldaño de la escalera que había a la entrada de casa, encima de la figura que cubría con mi falda. La hizo Roberto y era una silla. Le costó mucho porque la piedra era muy dura y tuvo que rascar bien con su navaja. Al principio dijo que era para mi madre, como una especie de  invitación a que descansara, pero luego, cuando ella se compró un coche nuevo, me la quedé yo. Entonces fue mi silla y en ella me sentaba cada tarde con el pan, el chocolate y el libro sobre mis rodillas. Entre bocado y bocado, estudiaba la lección del día siguiente, luego dejaba el libro y cogía la tabla y también la ponía sobre mis rodillas y encima el cuaderno y el boli. Hacía Mates y Lengua. En invierno, a las seis ya era de noche y se veía mal sólo con la luz del farol encendida, así que no me costaba mucho retirarme. El verano era diferente. La noche no llegaba hasta las diez y había mucho alboroto de  pájaros en los almendros. Bajaban al río a beber agua y volvían  contentos. A veces pasaba cerca un carro lleno de paja y el polvo amarillo entraba en mi nariz y me hacía estornudar. El cielo se encendía muchas tardes y, aunque mi madre decía que lo que me contó la abuela era mentira y no se ponía rojo porque la Virgen estuviera planchando, yo aspiraba fuerte y olía a ropa recién planchada. En verano me costaba dejar la escalera.
     Por las mañanas, mi madre me acercaba en coche hasta la parada del autobús del colegio. Al principio, los chicos hacían bromas y me decían cosas, pero ella me enseñó a guardar silencio y terminaron dejándome en paz. Un día, me llevaron  al despacho de la directora  y comenzó a hacerme preguntas. Tenía unos papeles delante y presionaba la bola del bolígrafo haciendo que entrara y saliera su punta. Me aclaró que debía contestarlas para poder rellenar mi ficha, pero yo sólo respondí algunas, como cuál era mi nombre, la dirección y el teléfono,  pero ninguna sobre mi madre. Sabía cómo se llamaba, cuándo era su cumpleaños, que no tenía marido, pero ahí no respondí. No sabía en qué trabajaba, y ahí dije no sé. Al rato, la directora presionaba la bola del bolígrafo muy rápido, luego dejó de escribir y preguntar y me dio permiso para que me marchara.
           En clase me sentaba cerca de la ventana y veía la cancha de baloncesto. En invierno, el suelo se llenaba de pequeños charcos helados que crujían bajo las zapatillas de los chicos cuando saltaban para meter las pelotas en los aros. En primavera también había charcos, pero no estaban helados y de vez en cuando bebía allí algún pájaro. Un día apareció uno muerto. Era un gorrión y nadie supo cómo llegó ahí. Aún tenía boceras y yo dije que debió caerse de un nido. Mis compañeros hicieron como si les sorprendiera que yo supiera hablar y formaron un corro a mi alrededor y tuvo que venir la señorita Eloísa a sacarme de allí. No volví a decirles nada. Como aquella vez en que se preguntaban qué hacía una rosa pisada en el círculo de medio campo. Yo había visto al profesor de Educación Física caminar hacia donde estaba la profesora de Lengua, con una sonrisa y las manos atrás, ocultando la flor. Pero llegó el de Plástica y le dio un beso en la cara a ella y entonces las manos se le aflojaron y la rosa cayó y allí la aplastó el zapato de la directora.
           Mi madre se enfadó mucho el día que recibió una llamada de la directora. Me preguntó si había hecho algo, pero yo no recordaba que hubiera ocurrido nada especial. Le dije que no y me miró muy fijo a los ojos. Le habían cambiado de color. Eso me asustó. Me puso las manos sobre los hombros y volvió a decirme aquello de que no debía señalarme en ningún sitio. Afirmé con la cabeza varias veces, luego me soltó y se marchó en su nuevo coche. Cuando volvió estaba más tranquila. Me contó que la directora no le había dado quejas, que yo era una buena alumna, que no era brillante pero aprobaba las asignaturas. Tampoco me peleaba en el patio. Lo que le preocupaba a la directora era que yo siempre estuviera sola. Eso dijo. Así  que mi madre me explicó que tenía que relacionarme más aunque sin intimar demasiado.  
           El autobús del colegio me dejaba cerca de casa por las tardes, sólo tenía que cruzar el trigal de Paco y enseguida entraba en el camino que me llevaba a casa. En primavera, el trigo estaba alto y era fácil ocultarse en él. A veces me quedaba un rato sentada entre sus tallos. Arrancaba uno y sacaba los granos, aún verdes y tiernos, de sus vainas y me los comía. Seguía una columna de hormigas y le echaba alguno y veía cómo  lo transportaban a su hormiguero. Me entretenía poco porque Paco me daba miedo. Tenía los ojos fieros, la cara llena de surcos como los de la tierra que araba cuando iba a sembrar y las manos muy ásperas. Un día me sorprendió en el trigal y quiso detenerme. Me arañó un hombro y tuve que mentir a mi madre. Le dije que fue en el colegio porque ella no quería que me parase en el trigal ni en ningún sitio.
     Cuando íbamos al pueblo, siempre me sujetaba fuerte de la mano. Le gustaba el cine y cada vez que cambiaban de película en El Español, me llevaba con ella. Me gustaba la sala a oscuras porque era como si estuviera sola. Me comía las palomitas y sorbía mi coca cola con una pajita mientras me enteraba de que Ava Gadner no era tan mala como parecía y Bette Davis sí. Un día le dije a mi madre que estaba tan guapa como ella en La Loba y no le gustó. Así que, cuando se encendían las luces y me preguntaba, yo le respondía que me había gustado la película y no hacía más comentarios. Una vez nos quedamos después a tomar una hamburguesa en un Burger que había en la plaza, pero enseguida se acercaron unos hombres a molestarla. No volvimos a sentarnos en sus mesas. Ella entraba y salía con los estuches y los vasos y nos lo llevábamos todo a casa.
           Hace unos meses, mamá vino a casa con su último novio. Dijo su nombre pero yo concentré toda mi atención en la rama de almendro que hostigaba el cristal de la ventana de la cocina y no me enteré. Luego elegí una silla alejada y que no estuviera frente a él y cené deprisa el arroz chino y el rollito de primavera. Pedí permiso para irme y mi madre dijo que sí. Estuve paseando entre los almendros que habían comenzado a florecer. El más joven aún no tenía muchas ramas y doblaba su tronco hacia un lado, pero yo sabía que pronto se enderezaría y crecería hermoso para que los pájaros descansaran en él. También sabía que no iba a tardar mucho en tener un nuevo compañero al que debería dejar sitio. Sobre todo en las raíces, que eran como gusanos que se bifurcaban y crecían bajo tierra. Olía fuerte a flores pisadas y  comenzaron a caerme lágrimas. Al poco mi madre me llamó y tuve que entrar y despedirme. Lo hice rápido, rápido, y subí corriendo a mi habitación y cerré la puerta y la atranqué con una silla. Luego comprobé que la bolsita seguía en el armario, cogí mi cuaderno y comencé a escribir.
     Cuando salían las primeras almendras, llevaban una funda verde y si las golpeabas, su cáscara se rompía fácil y el fruto soltaba un jugo blanco como si fuera leche. Eso lo hice sólo una vez para ver cómo eran por dentro. Hubo años en que brotaban muchas en las ramas y del peso caían al suelo, y ahí se quedaban hasta que la lluvia y el sol las pudría y se formaba una pasta que era abono para los almendros. Me gustaban las almendras pero no las comía. Mi madre hizo un día pollo y en la salsa había trocitos. Fue cuando la abuela  nos visitó. Yo no quise comer y ella se enfadó mucho conmigo y me metió un trozo de pollo en la boca y pan mojado en aquella salsa. Estuve vomitando toda la tarde. La abuela vino a verme a mi habitación antes de irse y me preguntó si quería irme a vivir con ella. Le dije que no y se marchó y nunca más volví a verla. Mi madre me dijo que había muerto de vieja. La abuela me regalaba lápices, cuadernos y cuentos.
           El novio de mi madre duró poco y hubo un agujero nuevo cerca de la casa y ella trajo un arbolito pequeño y lo plantó ahí. Estuvo trabajando toda la mañana en eso porque cuando me iba al colegio sólo vi el agujero. Enorme, enorme. Y cuando volví ya estaba el almendro con la tierra removida y esponjosa a su alrededor. Me la encontré en la cocina. Aún llevaba esos guantes grandes que se ponía cada vez que plantaba un nuevo almendro. Me dijo que ese día iríamos al cine, que echaban una película nueva en El Español y que luego cogeríamos una hamburguesa y patatas y bebidas del Burger y nos lo traeríamos todo a casa. Tenía unos círculos morados bajo los ojos y unas arrugas muy feas alrededor de la boca que yo no había visto antes. Dejó que me acercara y le diera un beso. Entonces fue cuando me dijo que estaba harta, que ya no habría más novios y que había pensado en cambiarnos de casa, pero que no podía ser porque nadie cuidaría de los almendros. Esa noche fuimos al cine en su nuevo coche y me gustó mucho la película. A la salida del Burger, se le acercó uno de esos hombres, pero ella no lo rechazó como otras veces y quedaron para el día siguiente. Cuando volvimos a casa, subí a mi habitación, saqué la bolsita del armario y la metí en el bolsillo de mi vestido. En la cocina, mamá abría los estuches y las tapas de las bebidas. Miré hacia el jardín: se había levantado algo de aire y las ramas de los almendros se movían a izquierda y a derecha, como brazos que me saludaban. 

23/7/12

EN EL BLOG DE LUISA HURTADO

Luisa Hurtado me ha dejado un rinconcito en su blog, entre palabras rescatadas del olvido y microrrelatos recreados en la naturaleza. Todo al por mayor. Si queréis unas bellotas asadas, daros un garbeo por su casa.

Gracias, Petra por tan bella ilustración. Gracias, Luisa.

http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com.es/2012/07/bellotas.html

21/7/12

VENGANZA

Fotografía tomada de la red.


Era un lameculos, un chivato, un tío despreciable. Ninguno quería tratos con él. Daba grima sólo ver su piel lechosa y sus labios abultados como babosas rojas. Siempre estaba espiándonos; siempre menos en la media hora del patio. Se iba a los servicios y se encerraba con un mp4 y unos auriculares, hasta que sonaba el timbre y volvía a clase más pálido que antes. Daba miedo, parecía haberse quedado sin sangre. 
     No sé a quién se le ocurrió la idea pero a todos nos gustó. Nos llenamos los bolsillos de petardos y, cuando se encerró en el servicio, como la pared no llegaba hasta el techo, le lanzamos desde el otro lado una andanada de cartuchos encendidos. Salimos corriendo muertos de risa. Después nos enteramos de que le estalló un petardo en la mano, llevándose una falange, y nos cambió el humor. Esperábamos la denuncia y la expulsión, pero no llegó. 
     A los pocos días, apareció en la clase con un vendaje  en medio anular. Se sentó en su sitio, colocando la mano encima de la mesa, en lugar bien visible. Cuando le quitaron el vendaje, nos mostraba el muñón de su dedo sin el menor recato. Lo dicho, un tío despreciable.

18/7/12

PARA LA OCASIÓN

Fotografía tomada de la red

16/7/12

NAVEGANDO CON LOS LOCOS


Y ahí estoy, de nuevo, gracias a la hospitalidad de su propietario, navegando en la Nave de los Locos. 
Desde aquí, mi gratitud para Fernando Valls, capitán del barco.


http://nalocos.blogspot.com.es/2012/07/lola-sanabria.html

13/7/12

LUCÍA, RELATO GANADOR DEL XXV CONCURSO INTERNACIONAL DE RELATOS POLICIACOS

 Entré para ver quién había ganado y me encontré con que se trataba de mi relato.¡¡Contentísima!!



http://www.semananegra.org/index.html

12/7/12

ELLOS SON VIOLENCIA. IMPONEN LA MISERIA

Entrada de los mineros en Madrid.  (Fotografía tomada de la Cadena Ser)

Mineros a su llegada a la Puerta de Sol  ( Imagen extraída de la Cadena Ser)

Mineros en la manifestación hacia Industria. (Extraída de Cadena Ser)


Están consiguiendo que la desesperación lleve al enfrentamiento. No tengo nada más que decir. Bueno, sí tengo, pero no son cosas bonitas, así que mejor me callo y os dejo el enlace.

http://madrid.tomalaplaza.net/2012/07/12/lo-que-paso-el-11-de-julio-entre-las-22-y-las-23h-en-los-alrededores-de-la-puerta-del-sol/

9/7/12

OSCURIDAD EXCESIVA

Tomada de la red.

Salía de noche. Cruzaba la raya que delimitaba la luz y desaparecía en la sombra. Al amanecer volvía a casa.  Se tumbaba en la cama y se echaba a dormir. Cuando el sueño espesaba su respiración, toda la basura acumulada comenzaba a salir por la nariz. El ladrón que robó el bolso a la camarera; la puta que lloraba en un callejón; el chulo que contaba los billetes en el asiento de su coche; el mendigo ovillado en un banco... Despertaba muy relajada, respirando a pleno pulmón. Hasta el día en que se le atravesó en el tabique aquel malnacido.

1/7/12

PUNTO DE LIBROS, LA TORMENTA EN UN VASO

Punto de libros recién salidos del horno.  


Este es el punto de libro, más bien tarjetón, que me han enviado de La Tormenta en un Vaso. Son muy bonitos y tengo muchos. Repartiré cuando nos veamos para que tengáis separadores de vuestros libros. Digo vuestros, porque la fiebre (sana fiebre) por el papel creo que os ha alcanzado a todos o casi todos.Y con ellos os dejo. Unos días más de descanso y vuelvo.







22/6/12

ATROPELLO


Tomada de la red.

                                 Estaré unos días sin entrar en el blog. Sed buenos.

“Todo tuyo, el paquete”, dice, y sale dando un portazo. La nueva se agacha. Un globo enorme con olor a menta explota cerca de mi nariz. Me pasa la mano por la cara. Tiene la piel suave. Se aleja con un taconeo gracioso, como de cojera. Regresa. Me desnuda. Escurre la esponja. Chorrea el agua sobre la palangana. Levanta un brazo, lo recorre con la esponja. Lo seca con la toalla. Lo deja caer sobre la cama. Coge el otro. Lo sube, lo lava, lo seca. Es agradable.  Explota otro globo. Ahora sobre mi pecho. Se pega el chicle. Tira. Me hace cosquillas. Sujeta una pierna bajo la rodilla. Pasa la esponja. Seca, suave. Me adormece. Ha terminado. Se va. Cuento los pasos para entretener la espera. Vuelve. Me incorpora. Le cuesta meter mis brazos por las mangas del pijama. Aguarda, y te ayudo, quiero decirle. Lo consigue, al fin. Huele a agua salada. Noto el calor de su pecho, su respiración rápida. Ya no mastica chicle. Coge fuerzas. Le toca al pantalón. Una pierna. Se detiene. Roza su pelo mi tripa. Tiene melena. Luego otra. Acabó. Se levanta. ¿Me mira? Me mira. ¿Llora? No, sólo un suspiro. Me peina. La oigo agitar un frasco. ¡Cómo odio la colonia de bebé! Me rocía con un olor diferente, a limón. ¡Gracias! Pero no me oye. Coloca el embozo. Alisa la colcha. Va hacia los pies. Se detiene. Coge aire, lo suelta despacio. Da por concluido el trabajo. Ahora pondrá la televisión y tendré que escuchar la telenovela toda la tarde. Tarda en encenderla. La oigo rebuscar en un bolso. Su bolso, claro. Saca algo. Se sienta. Crujen las hojas. ¡Un libro! Comienza a leer: “Me ha sido imposible rehusar las repetidas instancias que el caballero Trelawney, el doctor Livesey y otros muchos señores me han hecho para que escribiese la historia circunstanciada y completa de la ISLA DEL TESORO”.
    El tiempo corre. Oigo la llave en la cerradura. Mamá se disculpa por la tardanza. Ha pasado por Correos a recoger un paquete, dice. Muy frágil, susurra. Y escucho el roce del papel sobre la mesita. Ahora se vuelve hacia mí y me habla. La abuela te manda una cosa muy especial, cariño. Me besa. Se aleja. Escucho la cinta de embalar cuando la despega, el papel rasgado. Regresa a la cama con la cajita. Una bailarina girando sobre la punta de un pie mientras dure la música. Muy bonita, dice ella y mamá le cuenta lo mucho que me gustaba darle cuerda y subirme al doblado para que mis primos no me la quitaran. Ella se llama Violeta. Lo ha dicho mamá. Es tarde, dice de repente. Oigo su taconeo hasta mi cama. Se inclina y estampa un beso en mi cara. Soy un paquete con el sello de frágil. Ahora lo sé. También sé que ella volverá y que algún día despertaré de este duermevela.

17/6/12

EMPODERAMIENTO

Mona Hatoum
Título:
Por encima de mi cadáver
Heroínas- Museo Thyssen-Bornemisza

No creas ni por un momento que conseguirás que retroceda. No me das miedo, espantapájaros con botas y casco. Un mercachifle que trafica con el terror ajeno. Pero mírate, soldadito de plomo. ¿A quién pretendes engañar? Nada te alienta que no sea la soflama vacua de quienes se quedan en la retaguardia, a verlas venir. Esos que ahora mismo estarán, a buen seguro, tomando té con pastas en un jardín con laberintos verdes, faunos de terracota,  amorcillos  de piedra que mean agua, aleteos de pájaros y risas de infantes. La placidez de los tiranos y el frufrú de seda de sus esposas. Y tú, pobre diablo, te cargas de razones como ídolos que caerán desmoronados a tus pies. ¿Qué quieres, que agache la cabeza y no sea otra cosa que sombra deslizándose, oscura, por La Tierra? No pienso malgastar mi tiempo, efímero y volátil como un elemento inestable. Porque esa soy yo, nube que pasa por un cielo que se carga de truenos y rayos amenazadores. Y siempre me salvo. A veces algo chamuscada, con una rodilla herida que me obliga a doblarme para tomar aliento. Pero me levanto y sigo adelante. ¿Has visto alguna vez el enramado en la ventana de la cárcel a la que tú, y otros como tú, enviáis a tanta gente? Esa planta que se agarra con fuerza a las rejas y que trepa por el muro de la ignominia, lleva la savia de la liberación. Y tarde o temprano conseguirá arrancar barrotes y derribar tapias. Óyeme bien, más te vale cambiar tu uniforme de guerra por pantalón y casaca blanca como paloma de paz. Vuelve a tu infancia, a tu madre, a la vida en fin, porque no voy a dejar que quiebres un tallo más de margarita. Si continúas con tu actitud desafiante, si vas más allá, si lo intentas siquiera, mírame bien, escucha y atiende: será por encima de mi cadáver. ¿Y acaso no te has dado cuenta de cómo has ido achicando hasta convertirte en un ser de chichinabo? Abriré mi boca, te fagocitaré,  formarás parte de mí y desaparecerás como persona. Y ya nunca más tendrás la posibilidad de amar.

13/6/12

EXCULPACIÓN

Fotografía tomada de la red.


Mamá decía que no había nada de malo en darse a los placeres, mientras vaciaba cajas y cajas de bombones, recostada en la cama sobre una pila de almohadones. Dejé el instituto, pero no encontré trabajo, así que tenía que conseguírselos como fuera. Murió con ciento ochenta kilos de peso y costó sacarla de casa. Sigo sus enseñanzas a rajatabla. Las recojo de la calle. Al principio se retuercen y gritan, pero en cuanto las cubre bien el chocolate caliente se quedan calladas y quietecitas. Parecen conguitos. De vez en cuando las lamo un poco y me endulzo la vida.

8/6/12

PISO COMPARTIDO

Tomada de la red.


Llovía a cántaros y había olvidado el paraguas arriba. Dudé en el portal. De once de la noche a siete de la mañana, ese era el acuerdo. Estornudé varias veces. Cogería un buen catarro. Miré el reloj: sólo pasaban algunos minutos. Volví al ascensor. Al llegar al sexto, entraron en la cabina los primeros sonidos de patas serradas y alas frotándose. Cuando se detuvo en el octavo, el ris-rás ensordecedor, ahogando el llanto de un niño, clavó mis pies en la plataforma. No iba a arriesgarme a perder un alquiler tan bajo. Pulsé el botón, las puertas se cerraron y se puso otra vez en marcha hacia abajo. Salí a la calle con un viejo periódico abierto sobre mi cabeza.

7/6/12

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "FRASES EN EL MURO"

 También presentará en:

El domingo 10, a las 19:30, en Escuela de Escritores (C/ Francisco de Rojas, 2 – 1º dcha. Metro: Bilbao).

Por último, el jueves 14, a las 19:00, en la Biblioteca Pública Central (C/ Felipe el Hermoso, 4. Metro: Iglesia. Google maps no identifica bien la calle, así que aquí tienes el plano de situación correcto: http://11870.com/pro/biblioteca-central/media/ae87309c?u=14785)

Ayer estuve en la primera presentación en Madrid del libro "Frases en el muro" de Ricardo Guadalupe, en el local cultural La Tirana Malas Artes.
Me  gustó, y mucho. Por el ambiente  intimista del local, por los asistentes, por cómo lo presentó Ricardo, haciéndonos partícipes a todos los que estábamos allí, descubriéndonos el sentido que él le da a sus aforismos. Por su cercanía y la ilusión que lo desbordaba y que se volvió contagiosa. Os invito, pues, a que asistáis a cualquiera de sus presentaciones, no os defraudará. Y puede que después os toméis unas cañas y compartáis algo más que Literatura.

6/6/12

HAMBRUNA DE ÁNGELES

Tomada de la red.

Escupió al cielo y no le cayó la aceituna encima.

2/6/12

FRACTURAS DE VIDA

Fotografía tomada de la red.


Yo tenía una prima, pecosa y rubia, con la que me iba a casar de mayor, y una peonza bicolor. Enrollaba el cordel blanco, lo aseguraba con la chapa aplastada por el tren, entre el índice y el corazón, y la hacía bailar sobre la tierra apelmazada y roja del corral de las gallinas. Ella, con la muñeca asfixiada bajo un brazo, aplaudía entusiasmada a la estela azul y verde en movimiento. Hasta que llegó el primo Julián y lanzó su carnicero contra mi peonza. Le dio de lleno y la madera se abrió en cuatro partes. Lo agarré del jersey y le di un empujón. Cayó de espaldas,  golpeándose en la nuca con el palo del gallinero.  El juego acabó.

1/6/12

INDIGNACIÓN

 Os copio aquí el enlace a la página de Rosana Alonso porque creo que hoy es la noticia más importante del mundo bloguero. Y porque creo que tenemos que plantar cara al atropello de esta canalla que dice gobernarnos y sólo gobierna sus intereses económicos.
Atención a los vídeos. El que ha colgado Juan Leante es muy bueno.


http://ralon0.wordpress.com/2012/05/31/mentir-sera-literatura-me-pregunto/

28/5/12

EL TRATO

Tomada de la red.


- Te propongo un trato- dijo, a bocajarro, la voz que emanaba como ruido brumoso de una caverna.
Volví la cabeza hacia la entrada del jardín. Ardía el aligustre, igual que la zarza en el desierto, con el resplandor de la luna llena.
- Me hago cargo de tu hipoteca, te consigo clientes y tú....
- Te vendo mi alma- dije por decir, un poco achispado.
- ...y tú me das el retrato- terminó.
- ¿Qué retrato?
-  No te hagas el tonto. El retrato de Elena.
-  No puedo dártelo. Puse mi alma en esa pintura.
Él esperó en silencio. Dentro de mi cabeza, enturbiada por el alcohol, se iba abriendo paso un futuro sin agobios de dinero, ni avisos de embargo. Volvería ese estado de gracia, excitación pura, que una vez me hizo coger el pincel y dejar sobre el lienzo a la Elena más viva, más pasional que nunca tuve, que jamás tendría. Después, era ver la pintura y sentir el cuerpo afiebrado, borboteando en sus jugos. La buscaba con urgencia y pasábamos las tardes y noches consumidos por el deseo que no se entibiaba hasta bien entrada la mañana del día siguiente, y que volvía a crecer con los segundos, los minutos y las horas. Sí, tendría otra oportunidad. Acepté el trato.

     Elena lima sus uñas sin descanso, envuelta en su manta de cachemir, tumbada en el sofá frente al televisor, siempre encendido, como un runrún de fondo que alivia el silencio en nuestro salón. Elena come bombones y se da largos baños en el jacuzzi para templar su cuerpo helado, a pesar de la calefacción en invierno, a pesar del sol que entra a raudales por las ventanas en verano. El frío se ha metido en nuestra casa. Un frío que detiene el movimiento de una caricia, las pocas veces que un asomo de rescoldo intenta sacarme del letargo. La miro a ratos, observo el rastro de agua congelada que deja a su paso, y enseguida vuelvo a mi estudio a pintar, lienzo tras lienzo, el mismo paisaje desolado. Si nace una flor de mi pincel, al momento se agacha y cae a la nieve hasta desaparecer bajo su manto. Si asoma un sol espléndido detrás de un edificio, se agrieta y absorbe el gris de un resto de pintura mal borrada entre los pelos, y convierte un día radiante en uno invernal de una ciudad fantasma. Sin embargo vendo bien mis cuadros a todos esos señores y señoras que llegan ávidos de nuevas telas para colgar en las kilométricas paredes de sus enormes casas.
     Vivimos bien, Elena  y yo, gracias a ellos. Siempre tengo colgados abrigos de visón del perchero de la puerta para que no pasen frío cada vez que me visitan. Al cliente hay que mimarlo.

22/5/12

REAJUSTE

Fotografía tomada de la red.

Escuchaba sus explicaciones desde una nebulosa negra, y veía su nuevo matrimonio quebrarse en mil pedazos, igual que una tacita de porcelana. Dijo que necesitaba ayuda y dio la cifra para mantener su silencio. Miró el olivo con sus raíces metidas en la bolsa de plástico. Luego el hoyo y la pala hundida en la tierra. Calculó la profundidad. A fin de cuentas él ya estaba muerto.