14/10/12

HARTURA


Tomada de la red.


Debimos separarnos, Norberto, y no habríamos llegado a esto. Pero tú, que de ninguna manera. Al menos cuando trabajabas tenía mi poquito de respiro. Fue jubilarte y a todas horas detrás de mí. No era vida, Norberto.
- ¿No tienes una partida de mus que echar con los amigos?- te preguntaba.
Y tú, que dónde estaban esos amigos. No tuviste tiempo, claro, de cultivar amistades, siempre detrás de mí. Yo cortaba el hilo negro con un tajo de dientes; los rechinaba fuerte, que no sé cómo no me saltaba el esmalte. Luego buscaba otro calcetín y le zurcía los huecos por donde tú sacabas los dedos o el calcañar.
-  ¿Y una vueltecita por el parque?- insistía yo mientras masticaba un trocito de hilo.
-  Aquí estoy bien- contestabas invariablemente.
Pero yo no, Norberto. YO, NO. Te encontraba en la cocina, removiendo mis guisos, en la salita, mientras yo cosía, en el tendedero, haciendo como que me ayudabas con las pinzas. Hasta me aporreabas la puerta cuando entraba al baño.
- ¿Qué lees?- te interesabas por mis novelas policiacas. Yo te hablaba del argumento, pero enseguida me daba cuenta de que no me escuchabas. Tu interés era sólo saber qué hacía en todo momento.
Comprenderás, Norberto, que tuviera los nervios a flor de piel, que lo mismo reía como una histérica, que lloraba como una plañidera. Pero tú, ni enterarte. No encontré otra manera de que me DEJARAS EN PAZ, NORBERTO. Mira que eres tozudo. ¿No tuviste bastante? ¿A qué vuelves? Nada, que no puedes dejarme. Todo el santo día enfriándome la casa con ese aliento helado que te has traído. ¿O es que quieres llevarme contigo de una pulmonía? Ya te entiendo. Yo por mi mala acción y tú por provocarla. Ahora mismo me levanto de la cama y me pongo la manta caliente. Que ya sé que acabaremos reuniéndonos, pero cuanto más tarde mejor. Y mañana mismo espurreo la casa con agua bendita para que de una puñetera vez te vayas al infierno.


Copio aquí el enlace a la web de Agustín, mi cangrejo preferido, que ha tenido el detalle de acompañar mi texto con esta excelente canción.
http://acusmartvald.blogspot.com.es/2012/10/platos-rotos-paco-cifuentes.html 

10/10/12

UNA EXPLICACIÓN CONVINCENTE

Tomada de la red.


De niño subía a la buhardilla de la casa del abuelo, con los cómics del Capitán Araña, el bocadillo de chorizo y el batido de chocolate. Y cuando los pájaros alborotaban en la alberca, abría la ventana y salía. Tumbado, separaba las piernas y crucificaba los brazos en las tejas. Escurría su cuerpo hasta el alero y allí sufría un parón. Agarrado al borde, se balanceaba hasta dejarse caer, como un fardo, sobre el carro de paja. Pero cada vez  necesitaba un chute más fuerte de adrenalina. Y avanzó a ciegas por la cornisa. Familiares y vecinos discutieron el asunto y llegaron a una conclusión satisfactoria. Estaba claro que su intención fue siempre matarse.

5/10/12

APRETAR LAS TUERCAS

Fotografía tomada de la red.
Él no era padre de las niñas, aunque el ADN certificara que sí. Ejercía como un miserable, a pesar de que una ceremonia lo hiciera pasar por marido. Pero no era motivo suficiente para acabar con su vida. Ahora tiene más cuidado. Cuando se despierta, encaja una a una todas las piezas, asegurándose de que estén bien enroscadas al tronco. Sin embargo, últimamente, cuando La Trepa golpea con la porra los barrotes de las celdas mientras las llama basura, nota una pequeña vuelta en el cuello, un ligero aflojamiento, y piensa que tarde o temprano volverá a perder la cabeza.

27/9/12

LA FAENA

Tomada de la red

Para Mª Jesús, que si se lo propone, puede hasta con un torero.


Mi rubia del redondel, qué brillo no llevarías, que al rematar unos pases con una media verónica, me quedé como alelado mirándote, como una diosa, de pie en la grada. Y me entró tal arrojo, que me puse manos a la faena dando lo mejor de mí mismo, desde que tomé la alternativa.
     Naturales, faroles, chicuelinas, gaoneras, largas, y el remate de pecho. Me empleé a fondo. Sólo por ti, por conseguir tu respeto, tu admiración, mi rubia del redondel. Que ni tu nombre sé. Y me arrimaba y acariciaba al astado. Arriesgando. Que ni quería retirarme en la suerte de varas, para que el picador hiciera sangrar al toro con la puya. Cité al toro para ponerle las banderillas mientras sentía el fuego de tu mirada en mi espalda, y me decía: éstas por mi rubia del redondel. Mi traje rosa y plata manchado de sangre de tanto arrimarme al bravío. ¡Qué coraje le eché!
     Luego llegó la hora de entrar a matar y, por primera vez, en lugar de a la Virgen de la Macarena, me encomendé a ti, mi rubia del redondel. Un estocazo hasta el fondo y el toro dobló las patas delanteras y cayó como fulminado por un rayo. Entonces te miré, el pecho henchido de satisfacción y orgullo, y  te vi allá arriba quitándote la rebeca para dejar a la vista de todos tu camiseta con las letras en rojo: “No a la tortura de animales”.
      Se me cayeron los palos del sombrajo, mi rubia del redondel. Vi cómo te ibas de la plaza y fue como si me quedara más solo que la una y eso que estaba rodeado de gente que agitaba sus pañuelos. Ni oreja, ni rabo quería yo. Salí de allí con el moco más caído que un pavo en Navidad.
     Y desde entonces te ando buscando. He recorrido todas las asociaciones antitaurinas, preguntando por ti. De momento nada, no consigo encontrarte, pero sé que más temprano que tarde daré contigo y ese día, por éstas, que echo la rodilla al suelo y te recibo a porta gayola.  Y si hace falta dejo el toreo. Todo por merecer tu respeto, todo por conseguir  que me quieras. Esa será mi mayor faena, mi rubia del redondel.

22/9/12

LA SALVACIÓN

Dibujo tomado de la red.

Mamá no quiere. Y yo tengo que hacerlo a escondidas. Leyendo bajo las sábanas con la luz de una linterna, o en un banco alejado en el parque. Ella cree que los libros invitan al suicidio, porque papá sólo hacía eso, leer, boqueando como pez fuera del agua. Pero no es verdad. Días después, intenté asomarme al patio interior por donde él se tiró. Aún colgaba del tendedero el mono que usaba en la mina de carbón. Puse La isla misteriosa para nivelar la cojera de una silla. El libro escurrió de la pata. Caí dentro y no por la ventana.

19/9/12

TENSIÓN SEXUAL

Fotografía tomada de la red.


Él deja su olor en el enredo de cabellos que cuelga de los espinos. Encelada, muerde las correas y sigue su rastro de almizcle por el camino que la lleva hasta su guarida. Cuando siente su temblor, afloja el abrazo y regresa trastabillando, dolida. La enfermera la recibe en la puerta, ciñe su brazo con la banda negra, mete presión y escucha. Silencio y el brazalete se desinfla. La mujer suelta el velcro y suspira - Un día de estos nos vas a dar un disgusto- dice mientras presiona con el pulgar la cápsula de plástico que libera la pastilla.

17/9/12

¿ DE VERDAD EL CULTURAL?

Batía chocolate cuando entró el señor. Se amaron sobre un volcán de harina y mantequilla. La tarta llegó sabrosa a la señora.

El microrrelato de arriba fue mi aportación al concurso "Cuenta 140", tema el amor. Lo de más abajo es el post que acabo de dejar escrito en su blog. 

Y aquí me despido.

Tengo fama de crítica, de políticamente incorrecta, pero también de ser respetuosa con los relatos ajenos. Acepto críticas en mi blog, pero no dejaría pasar comentarios donde se llame mierda, bazofia o cosas por el estilo a un texto mío. En ningún taller literario al que yo haya asistido, muestran semejante falta de respeto.
Y como no me gustan los programas del corazón esos de pelea de gallos donde nada se dice que no sea con otra intención que la de herir, y Juan Aparicio ha dado con su opinión carta abierta a los desmanes en este blog (escucho cómo se frotan las alas, preparándose), aquí me bajo. Por dignidad, una palabra que cada vez se va arrinconando más en favor de la cochambre.

Que os vaya bien.

Abrazos para todos.

PD. Con un par, sí señor, mi admiración para Rutero que no se vende por un plato de lentejas con bicho.

15/9/12

PORCA MISERIA (ABOGADOS DEL MES DE AGOSTO)

Fotografía tomada de la red.


Socia, entrega el piso como condonación de la deuda, cómprate una toalla y un bronceador y vente conmigo a Benidorm, me aconsejó Pilita. Debí hacerle caso, pero estaba obsesionada con la señora de la venda en los ojos y la balanza. Era de justicia. No pueden dejarte en la calle por unos meses de impago. Pero los bancos no se andan con chiquitas. El abogado, mucho traje y corbatas de diseño, a costa de mis costillas, y no conseguía una mierda. Un revés con el palo de la fregona y el de la toga que se desnuca contra la mesa. En resumen: estoy arruinada. Ni para pagar la fianza. Por otro lado, aquí tengo asegurada la comida diaria. Usted verá, caballero, si sigue interesado en mi defensa.

14/9/12

¡HAY QUE PARARLOS!

Imagen tomada de la red.

 

 

¡Ni un paso atrás! 

¡Acabemos con la clase canalla!

¡Todos a la manifestación!

 

 

Bloque Crítico 15M: Marchas 15 de septiembre 11:00 horas Atocha- por la Huelga General

11/9/12

RECREACIÓN



Él con la mano en el borboteo, intentando sujetar la vida. Ella, reflejada en su cristalino reventón. La mirada de odio prendida en la mirada de estupor. Interrumpe él, desbordado. Te voy a dar así, dice, levantándole la mano, luego da media vuelta y sale de la cocina. Ella sigue a lo suyo. Filetea rápido los ajos, sin levantar los ojos del cuchillo, de la tabla. Hoy, mañana, un día de estos. ¿Cómo lo hará: cortando de lado a lado, o clavándole la punta en el hoyuelo, igual que al cerdo en la matanza?

3/9/12

LAS CARGAS ( finalista del IV Concurso de relatos de viajeras)



     Había visitado el museo esa mañana. A la entrada, la gran rueda de agua empotrada en el muro, y a la derecha, la sala de arqueología. Pasé dentro y recorrí el pasillo con hileras de urnas a ambos lados donde se exponían vasijas, hachas, puntas de sílex, platos, fíbulas, diosecillos y abalorios: anillos, collares y pulseras de piedrecitas, cobre, plata y oro. Me detuve en los adornos, intentando imaginar a las mujeres que los llevaron, pensando que, si me dieran a elegir, de todo lo que había en la sala me quedaría con cualquiera de ellos; también  en una colección bajo el título de Tartesos: del mito a la realidad, que mostraba la civilización tartésica. Otro pasillo con más urnas, esculturas y ataúdes de piedra, por el que pasé ligera. Salí después de coger un folleto y,  sin detenerme, llegué al hotel.

     Fue por la tarde, bajando hacia un trozo de azul al que se asomaban las ramas de un pino, cuando me acordé del cartel que colgaba de la fachada. Las cargas. Bajo un sol que abría líneas brillantes sobre la superficie del mar, caí en la cuenta de que otros años, al visitar el museo, además de la sala de arqueología, había una exposición no permanente de pinturas. El agua estaba mansa y caliente. Una gaviota salió de la nada y voló sobre el acantilado, pasando cerca del Parador de Mazagón. La seguí con los ojos hasta que la distancia se la tragó en dirección a Punta Umbría. Abrí el libro. Me fastidiaba tanta descripción, tan poca chicha a veces en los finales. Decididamente Dublineses no me estaba gustando. Y otra vez el museo en mi cabeza. Las cargas. Me llegaba una línea de burros con bultos atados a sus lomos, subiendo por un camino cubierto de vegetación. Poco antes de las ocho, desde el megáfono del puesto de vigilancia, avisaron  de que, en breve, los socorristas se iban a retirar. Inmediatamente, el adolescente se plantó delante y nos levantó, a su padre y a mí, porque ya era hora de irse. Me despedí del mar, de las boyas jugando con las aguas tranquilas, del sol deshaciéndose en la raya del horizonte, de un barco que se alejaba, del acantilado, de los pinos y del Parador, y después de una ducha y un ejercicio de contorsionista dentro del coche para cambiarme el bikini, nos fuimos a cenar a Niebla. Aún quedaba un rastro de día iluminando las murallas cuando llegamos.  
     Frente a unas presas, unas caballas y unas jarras de cerveza, Las Cargas volvieron a obsesionarme. Padre e hijo proyectaban una última batida a Tharsis a la mañana siguiente para despedirse. Era la única vez que había estado en Huelva sin llenar la mirada con la aridez roja de las antiguas minas. Domingo y el último día en la ciudad. Debía decidir entre ir con ellos o levantar el misterio que cubría aquella exposición del museo. Opté por lo segundo.
     La mañana era calurosa en la Alameda Sundheim. Compré el periódico y con él bajo el brazo, entré en el museo. El vigilante me siguió hasta el piso de arriba y se sentó en una silla, a la puerta. Unas pisadas me avisaron de que había una persona en el otro cuerpo de la sala. Y empecé a seguir los cuadros con curiosidad: figuras humanas, como de padres e hijos en formación, las mismas figuras dentro de otro cuadro, lleno de recortes de periódicos y otras cosas que se me escapaban. Litografías. Seguí mirando. Una pintura con carritos llenos. Leí: Los carros de la pobreza. Y ya en compañía del otro visitante, cuadros en el suelo, como piezas de dominó caídas que dejaban ver una especie de vagonetas llenas también de objetos y personas. Eso era todo. Salí del museo detrás del joven. Ya en la puerta pensé en cargas familiares y sociales: era lo que me había llegado más allá de lo que el autor hubiera querido representar. Anduve un rato por las calles peatonales buscando una terraza donde sentarme. Sólo un local de paellas y pizzas incomibles estaba abierto. Seguí andando. Huelva dormía. Era extraño caminar por las aceras casi desiertas en un día radiante. Llegué a una plaza con un trozo romano de conducción de aguas. Por fin, un bar abierto. Me senté fuera, pedí un café y me puse a leer el periódico hasta la hora de la comida.

31/8/12

LA FLAQUEZA DEL MURCIÉLAGO

Fotografía tomada de la red.


Esa bolita negra de pelo. Boca abajo, cuelga del techo. Cuatro patas que se acercan. Maullido del zalamero. Radar del desasosiego. Amplifica el requiebro. Llanto de ojos ciegos.

27/8/12

PLUMAJE

Fotografia tomada de la red.


Tenía el cuerpo pequeño, comía poco y andaba a saltitos. Por eso, y porque en clase se distraía siguiendo el vuelo de los pájaros a través de la ventana, lo apodaban “gorrión”. En todas las familias hay un vago y en ésta eres tú, dijo su madre cuando lo expulsaron del colegio. Entonces se ofreció a José “el rata” como espantapájaros, por un cuenco de arroz y un jergón en el cobertizo. Pasaba los días en mitad del sembrado, cubierto de pájaros. Un atardecer de primavera, dejó de hablar, movió los brazos y desapareció junto a una bandada de vencejos.

23/8/12

EN PRAGA CON LOS LOCOS DE LA NAVE

Del blog La nave de los locos.

Nueva entrega de viajes. Tomaos unas cervecitas si queréis  seguirme en La Nave, que el recorrido puede ser algo acalorado y estresante.

http://nalocos.blogspot.com.es/2012/08/lola-sanabria-en-praga-con-la-lengua.html

21/8/12

RESURRECCIÓN

FUENTE DE LA MEMBRILLERA  DE VILLANUEVA DEL REY (CÓRDOBA)



Este relato  tiene unos años. Lo he colgado para los paisanos que se pasean de vez en cuando por aquí, aunque sea de puntillas.

La víspera del entierro, la abuela anduvo más borracha que nunca. Tocaba con la palma de las manos las paredes mientras a su habitual ¡uy la cabeza, qué mal la tengo!, añadió qué pena, qué pena. Mi madre intentó consolarla pero sólo consiguió que arreciara en sus quejas y que el mareo, por el deficiente riego sanguíneo, aumentara.

Por la noche, estuvo dando vueltas en la cama y suspirando muy hondo hasta el amanecer. Entonces gritó que cuando ella se muriera, no quería tierra, y después se durmió, rendida.

Han pasado más de treinta años y ahora la han desenterrado. Parece un yacimiento arqueológico, arrancada a las profundidades de la tierra. Parece más pequeña, pero yo sé que es cosa de la edad, que cuando una es niña todo es más grande. Parece un reflejo de lo que fue, pero si la miras despacio, sigue siendo la misma.

Hoy he ido adonde la abuela, me he parado frente a la lápida de granito quebrado por el tiempo, por donde asoman las flores amarillas del jaramago, y le he contado que han vuelto a pasear los cántaros y los coladores (por si las sanguijuelas), por el camino que va a la fuente, la fuente desenterrada, caños de hierro, pilón partido por piedras lustradas, testigo de tantas caídas al querer cruzar al otro lado. Agua helada la de la fuente, la fuente de La Membrillera.

14/8/12

REVENTAR LAS COSTURAS

Fotografía tomada de la red.


Los músicos visten camisas blancas y zapatos y faldas o pantalones negros. El director levanta los brazos. Suenan clarinetes, trompas, oboes, trompetas, flautas, bajos, timbales, baterías, castañuelas, platillos, triángulos y bombos, en la explanada. El público ocupa sillas blancas de plástico. Un globo escapa de la mano de un niño. Sube hacia la luna cada vez más grande y cercana. Finaliza un pasodoble cuando el cielo se desploma. O quizá la tierra se abre en grietas que escupen lava.  O tal vez sea la explosión del carrito cargado de dinamita que arrastraba el parado añejo con costras de muchas miserias.

Vuelvo en unos días. ¡Sed buenos!

8/8/12

EL PESCADOR

Decían que llevaba el olor a pescado metido en la piel y las mujeres fruncían la nariz a mi paso. Dejé de acercarme  al pueblo. Llegaba al atardecer a la lonja, con las cajas de sardinas, y me iba después de la subasta. Sentado a la puerta de mi casa observaba el camino de tablas adentrándose en el azul profundo, la barca amarrada al tocón, moviéndose con el bamboleo de un agua mansa, el cielo violeta detrás del faro. Y conforme el mar se oscurecía y la luna lo quebraba en reflejos, yo sentía ese impulso. Me quitaba la ropa despacio y cuando la noche había ganado el espigón, corría y de un salto entraba en el agua. Bajaba muy hondo hasta rozar con la punta de los dedos el sedal y la boya, el molinillo de viento, el arco y las flechas de mi niñez. Luego mis manos abrazaban su cuerpo plateado y mi lengua lamía la sal de su boca.

3/8/12

CAMINO DE BRASAS

Fotografía tomada de la red.



Mi hermano quería ser como la Piquer. Eso dijo. Sólo una vez, delante de una raja de sandía que acabó machacada sobre su cabeza, cuando mi padre la aplastó de un puñetazo. Desde entonces odio la sandía. Mi hermano también.
      Mi madre no hablaba. Sentada en el umbral de la casa veía pasar las tardes sin apenas cambiar de posición. Sólo cruzar y descruzar las piernas y estirar el vestido bajo las rodillas de vez en cuando.  La última vez que escuché su voz fue cuando gritó pidiendo ayuda. Ella quería mucho al abuelo Santi y siempre estaba atenta a los ruidos de la casa. De día porque el abuelo se empeñaba en coger pepitas de oro de las brasas de la candela. De noche porque se levantaba y quería abrir la puerta para marcharse a trabajar al campo. Lo quería aunque estaba cansada. Por eso le dijo aquella tarde, mientras untaba de Avril las quemaduras de su mano, que el Señor debía llevárselo para que todos pudieran descansar. No creyó en ningún momento que el abuelo fuera a tomarla en serio. Cuando tropezó con la zapatilla a la entrada de la cuadra y vio la otra zapatilla a punto de caer de un pie, gritó tanto que gastó toda la voz.
     Mi padre no quiso renunciar a la que fue y negó a la nueva mujer que se deslizaba por la vida como un soplo de aire, sin más ruido que el de sus pies al caminar. Empeñado en hacerla hablar, la zarandeaba con la fuerza de quien no acepta el deseo ajeno. Mi hermano y yo asistíamos todos los días a aquella escena repetida, abrazados, sin hacer otra cosa, con el temor de que aquella  violencia nos tocara. Mientras tanto, mamá se iba diluyendo, sentada en el umbral, como pavesa que se deshace con un golpe de aire. Un día desapareció sin más. Papá se enfadó tanto que agarró la correa, la enrolló en la mano y estuvo dándole correazos a mi hermano a quien culpaba siempre de todo lo que ocurría en nuestra casa.
      Mi hermano procuraba ocultar los moretones, encubriendo a papá, cosa que yo no entendía. ¿Quieres que nos manden a un Centro de Acogida?, preguntaba cada vez que le pedía que hiciera algo. Yo lo quería mucho y él, cuando sorprendía un puchero o una lágrima, me cogía de una mano y me llevaba al cuarto de mamá. Abría el armario, sacaba uno de sus vestidos, se calzaba los zapatos de tacón, cogía el neceser donde ella guardaba sus cosas y se daba colorete, rimmel y se pintaba los labios. Cantaba y bailaba para mí y yo me sentía un ser privilegiado por tener a un artista para mí sola.
     Cuando papá enfermó, mi hermano se pasaba día y noche al lado de la cama, poniéndole compresas en la frente, sujetándole la cabeza cuando vomitaba. Yo me quedaba mirando desde la puerta de la habitación, debatiéndome entre el rechazo que había anidado en mi interior hacia mi padre y el deseo de que no muriera.
      Y no murió. Parecía como si le hubieran apaleado cuerpo y alma y no conservaba ni un atisbo de su rabia. Tenía los ojos húmedos, siempre al borde del llanto y buscaba continuamente la mano de mi hermano y la besaba con fervor. Yo lo observaba todo algo distante, a la espera, aunque no sabía de qué.
     Ocurrió una mañana espléndida de primavera. Papá estaba en el patio, sentado en la mecedora donde le había dejado mi hermano. Yo leía un libro a su lado sin prestar mucha atención a sus quejas ahogadas, a su baba cayéndole sobre la camisa del pijama. Primero escuché el taconeo que venía de adentro de la casa, luego el frufrú del vestido, y antes de que mi hermano hiciera su aparición estelar, me llegó el olor del perfume de mamá.
     Papá no se murió de la impresión, como yo esperaba, cuando vio a su hijo vestido de mujer en mitad del patio, ni cuando se le acercó y le estampó un beso de carmín en sus mejillas resecas. Levantó la cabeza y lo miró de arriba abajo, sonrió y dejó escapar una lágrima. Mi Teresa, mi Teresa, no dejaba de repetir, llamando a mamá, mientras mi hermano, con el embrujo en el cuerpo, bailaba para los dos hasta caer agotado sobre los geranios del patio.

2/8/12

LA NAVE VIAJA CON LOS LOCOS

Tomada del blog La Nave de Los Locos


Las crónicas de viajes que está colgando Fernando Valls en su blog son muy interesantes. Toca todos los palos, eso las hace atractivas. 
Agradezco a Fernando que haya decidido, en un tiempo que invita a la relajación, colgar una visita a un campo de concentración alemán, tan poco placentera pero sí necesaria para no olvidar.

http://nalocos.blogspot.com.es/2012/08/visita-sachsenhausen-por-lola-sanabria.html

1/8/12

EQUÍVOCO- LEÍDO EN EL MICROTALLER LA BELLA VARSOVIA ( SER CÓRDOBA)

Tomada de la web del Microtaller La Bella Varsovia


Un beso fugaz con sabor a caramelo de lilas. Sólo eso. Pero tú no lo entendiste así. Y el vuelo de tu falda se lo tragó La Corredera. Te busco por los huecos umbríos de La Mezquita; entre las filigranas de plata de La Judería; en el sabor llorón de los geranios de la calle de Las Flores. Cuando cae la tarde, enredo la punta de la cinta roja de mi deseo en los dedos índice y corazón y la voy enrollando despacito. Y sé que la noche de nuestro aniversario, te traerá hasta mi puerta.

http://www.radiocordoba.es/facebook/microtaller_1_agosto.mp3