15/5/11
TERROR NOCTURNO ( Ganador del I Premio de microrrelatos "Pepe Ortuño")
10/5/11
FINALISTA "CUENTA 140"
7/5/11
"PRIORIDADES", EN EL LIBRO. (Relato leído en La Ventana de Verano)
Quedamos en La Corredera al anochecer. Necesitaba hablar con Gonzalo. Él dijo que también, por teléfono. Llegué cuando el cielo cambiaba al azulón y, junto a la media luna, brotaban los primeros puntos luminosos. Nada más sentarnos a la mesa, me contó que Elena lo había echado de casa, así, por las buenas, sin más aviso que el silencio profundo de los últimos tiempos. Ignoró a la camarera. Tuve que pedir yo: salmorejo y cazón adobado. Y él siguió lamentándose de su soledad, en el cuarto de una pensión de mala muerte. No me dejaba meter baza. Me removí en la silla. Distraje mi atención en la paloma que picoteaba una patata. Entonces una serpiente de dolor barrió el suelo, subió y me golpeó de lleno en el pecho. Miré a Gonzalo. Sollozaba. Se me antojó un Boabdil con barba de días y la camisa arrugada. Puse mi mano derecha sobre su antebrazo y fui desgranando palabras de consuelo, de esperanza. A mí acababan de despedirme del trabajo, pero tenía a María Luisa.6/5/11
AMADÍSIMO ESPOSO (Finalista del concurso de abogados del mes de marzo)

Querido Curro:
No creas que se apagó la hoguera de mi amor por ti. Pero comprenderás que no vaya a verte. Faltó poco para que me estrangularas en la última visita. ¿Y qué hice yo para merecer esto? Nunca me metí en tus cosas, aunque tú te desgañitaras gritando en el juicio que era la instigadora de tus manejos, la responsable del pleito que te ha llevado ahí. No, Curro, no, yo me conformaba con el menú diario de acelgas y pescadilla. Otra cosa es que me quejara de tu exiguo sueldo de concejal y te hiciera notar que en el Ayuntamiento todos intercambiaban comisiones y favores. Y ahora me has dejado con una mano delante y otra detrás. Tú envíame la clave para entrar en tus cuentas y tener dinero para gastos, y prometo sacarte de la cárcel. Hazlo a través del abogado que es de confianza.
Tu Piluca.
2/5/11
LA ESPIRAL
Entraba en el instituto con su falda gris tableada, las medias y la camisa blancas, los mocasines negros, el pelo recogido en una coleta y la piel de nácar. Cuando sonaba el timbre, se encerraba en los servicios y cambiaba el uniforme por vaqueros rotos de cinturilla en la cadera, camiseta que dejaba al aire el ombligo perforado por la espiral de plata y botas de tacón alto. Salía con la cara morena de maquillaje, dos rosas en las mejillas y un corazón de sangre en los labios. Alcanzaba la puerta con la cabeza gacha, ocultando la identidad a la mirada de algunos profesores rezagados, llegaba a las afueras y allí se quedaba con la espalda pegada a una farola. Paraba un coche. Ella se acercaba a la ventanilla, el conductor bajaba el cristal, hablaban. A veces subía y otras dejaba sobre el metal la humedad de una mano pequeña que iba desapareciendo conforme se alejaba.29/4/11
MORDIDA
Cuando las escaleras mecánicas se detuvieron, sintió la presión en la puntera de la bota. Miró hacia abajo y vio el mordisco de los dientes de acero. Su hija le preguntó qué pasaba. “No te muevas”. Intentó darle a la voz un tono de tranquilidad que no sentía. Necesitaba desabrochar la hebilla y bajar la cremallera cuanto antes, pero no soltaba la mano de la niña. Encogió los dedos del pie. En cualquier momento, la electricidad pondría en marcha la escalera y la ranura se tragaría el peldaño. A no ser que el bocado fuera tan grande que no pudiera con él. Entonces se quedaría parada con el botín entre sus fauces. No sabía cómo hacerlo. Sudaba. Se agachó, obligando a la hija a bajarse, y con los dedos de la mano derecha tiró de la correa y la sacó de la hebilla. La niña empezó a llorar y a quejarse de que le hacía daño. Abrió su mano izquierda y liberó la de su hija. Le ordenó que se cogiera al pasamanos. Sentía su presencia al lado, pero no dejaba de repetirle que no se moviera. Sujetó el cuero con la mano izquierda y con la derecha comenzó a bajar la cremallera. La luz volvió de repente y se oyó el ruido de los motores al ponerse en marcha.25/4/11
ME ACUERDO DE (leído por Juan José Millás)

15/4/11
EDITADOS EN "MIRADAS Y LETRAS II EN EL CAMINO DE LA LENGUA CASTELLANA "

¿Y si la botica guardara un remedio para mi dolor? Entraría de puntillas, para no despertar a los que aún duermen, y bebería el elixir que aliviara mi tristeza. Apenas despunta el alba por el cono del ciprés. Y es aquí, en este lugar de piedras antiguas, de amores antiguos, donde espero encontrarla. Ella, tan ligera que, apenas la toco con la punta de mis dedos, se desvanece. Alma que pena por los rincones del monasterio, buscándome, buscándonos. Y es ahora que el canto gregoriano se guarece entre las grietas de los muros, cuando el monje sale al claustro con el libro abierto en una mano. Me levanto y sonrío. Me acerco. Lo tengo enfrente. Sigue andando. Levanto la palma de mi mano a la altura de su pecho. Continúa, absorto, sin mirarme. Apenas se estremece, apenas me estremezco cuando me traspasa, cuando lo traspaso.
PASIÓN POR DULCINEA
Soy perro. Perro y doble galgo. Así me decía mi madre. Me levanto del jergón cuando me echan a escobazos. Arrimo la nariz al comedero y olisqueo huesos rancios. Ni probarlos. Doy un trago de agua fresca y salgo a la calle dividida por el sol y la sombra. Dos pasos y me tumbo. El rugido de la moto me saca de un sueño muy dulce. Pasa rozándome “El manchego loco”. Me levanto y voy hasta la fábrica. Alzado sobre las patas traseras, meto el hocico en el contenedor de basura y encuentro flores de azúcar, galletas y chocolates rotos. Como hasta hartarme. Doy unos pasos hacia el toldo con el rótulo: “Dulces Dulcinea” y me echo debajo, en la acera por si vuelve “El manchego loco”. Soy perro y doble galgo. ¡Cuánta razón tenía mi madre!
RESERVA
Poco antes de morir, mi padre me dio la llave que abría la arqueta que heredó del abuelo. Me dijo: “Cuídalas”. Luego concentró sus fuerzas en un abrazo que tuvo que deshacer mi madre.
Después del entierro, me despedí de mi madre y regresé a Valladolid. Cuando deshice el equipaje, apareció la caja de madera. Me senté sobre la cama y la abrí. Saqué palabras a puñados: trébede, zarcillo, zascandil, dornillo, jofaina, alacena, alforjas, zoquete, almirez... Palabras antiguas, olvidadas. Y entonces surgieron a borbotones los recuerdos. Mi abuela abrochándose un aro de oro en la oreja, mi abuelo sacando queso de las bolsas de tela, mi padre lavándose en una palangana de porcelana, mi madre haciendo gachas en una sartén sobre un soporte de hierro. Volví a guardar las palabras dentro de la arqueta y eché la llave. Al día siguiente sacaría copias y las distribuiría por toda la ciudad.
Volveré a pasarme por aquí, por allá y por acullá después de unos días de descanso. Disfrutad de la Semana Santa o de la impía, según creencias.
Besos, abrazos, achuchones y demás cariñitos.
12/4/11
FINALISTA "CUENTA 140"
8/4/11
ABSOLUCIÓN Y CONDENA
Cuando encontraron el cuerpo de la niña Blanca Romero flotando en el río, su padre, el juez Ricardo Romero, y su madre, la abogada Paloma Reyes, se encerraron en su casa y clavaron tablones en puertas y ventanas. 6/4/11
MIRADAS EN LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA
5/4/11
FINALISTA "CUENTA 140"
4/4/11
CARNE DE BAJA CALIDAD (Para Pablo Gonz, con mi agradecimiento)

Supe que había llegado por el rastro brillante en la alfombra. Me senté tranquilamente a leer mi libro sobre las costumbres del oso polar. A eso de las nueve de la noche, escuché la llave en la cerradura. Me repantingué más en mi sillón. Luego la tos cazallera conseguida tras muchos años de darle a la frasca.
- ¿Qué hay de cena?- así se presentó.
Ensalivé mi dedo corazón y pasé página, luego lo miré por encima de las gafas. Pequeño, peludo, piernas combadas y morro de chimpancé.
- Tengo preparada una sorpresa. Ve desnudándote- le dije con una sonrisa prometedora.
Me hizo caso como el animal en celo continuo que era. Dejé el libro y puse mi mano derecha detrás de la oreja para no perder detalle de lo que ocurría en la habitación de al lado. Creo que quiso decir hija puta, pero se quedó en hija, ahogada la voz con el rugido de mi tigre. El pobre aún se está recuperando de la indigestión.
2/4/11
FINALISTA EN EL CONCURSO DE RELATO DE LA UNED

Me presenté a este concurso el mismo día en que finalizaba el plazo, ya caída la tarde, con un relato que tenía por ahí guardado. Ruego, pues, que no seáis muy duros ya que no lo refiné mucho.
DIAGNÓSTICO
Desde que la ciencia habló por boca del médico y puso fecha de caducidad a su vida, el abuelo veía pasar su entierro todas las tardes, sentado en el umbral de su casa. Unas veces desfilaba el féretro de caoba, con cuatro asas doradas en los laterales, los hijos cargando la caja sobre sus hombros, la cabeza gacha y los ojos enrojecidos de llanto seco. Atrás, ellas, enlutadas de arriba abajo, con el moquero amasando la humedad con la doblez de sus dedos. Delante, don Anselmo, con Manolín de monaguillo, guiando el cortejo hasta la iglesia. Otras, pasaba el ataúd de pino llevado por los jornaleros. Su familia detrás, con cara de pena sí, pero sin soltar una lágrima y entonces se sentía solo en la estrechura de las cuatro tablas. Se fue haciendo muy sensible y cualquier pequeño detalle que él creyera de falta de amor, le parecía una prueba de que su paso por la vida había sido un camino estéril.
- Elisa, hija, ¿tú me quieres?- preguntaba a la menor de sus hijas. Y ella respondía que sí con un tono de cansancio que a él no le pasaba desapercibido.
A los hijos los mandaba llamar todos los días para dejar arreglados sus asuntos. Eso decía. Pero todo estaba bien atado y sólo causaba cierto hastío sus continuas demandas de cariño, aunque todos tenían mucha paciencia. Sin embargo, los días avanzaban y cada uno de ellos era un soplo que se le iba por la boca, así que su angustia creció.
Una de aquellas tardes, se llevó a su nieto Miguel hasta la puerta, lo sentó a su lado, y le dijo, mientras un abrazo le cortaba la respiración:
- Mira bien, Miguelito, que va a pasar el entierro de tu abuelo.
Y le fue describiendo una escena terrorífica donde el muerto estaba tieso dentro de una caja de la peor calidad porque su familia no se había querido gastar más en su entierro, con la mandíbula cerrada bajo el nudo de un pañuelo, y dos algodones tapándole los orificios de la nariz. Entonces el niño se puso a llorar a gritos y vino la madre a sacarlo del abrazo bestial. Las cosas comenzaron a torcerse en la familia y cada vez que el abuelo pedía atención todos estaban ocupados, y cuando le preguntaba a Miguelito si lo quería acompañar al campo a por nueces, subido en la burra Clementina, él lo miraba espantado y echaba a correr.
La última tarde no vio pasar su entierro.
30/3/11
FINALISTA "CUENTA 140"
26/3/11
FRÍO, TEMPLADO, CALIENTE
Después de meses de olor a Nenuco, jabón, polvos de talco y camisitas de bebé secándose en los radiadores, llegó el momento de cambiarlo por el del cuero, la madera y el ambientador. Preparé biberones, leche en polvo y Milton para esterilizar, saqué del armario la falda negra, el suéter verde, las medias y los zapatos negros, me vestí y maquillé con esmero y salí del piso dejando mi niño al cuidado de mi madre.23/3/11
EL PODER
“Quiero a la liebre como abogada, que es la más lista”, pidió la marmota. Subida en el estrado, sus dientes castañeteaban de miedo. Intenté que el juez aceptara un tarro de mermelada como fianza, pero la Reina de Corazones pedía su cabeza. No me dejó otra opción que hacerla desaparecer. Lo del tres de picas, en cambio, fue un accidente. Pero el gato de cheshire me ponía de los nervios cuando se hacía invisible a trozos. Ahora Sombrerero, se sienta a mi derecha. El conejo, a mi izquierda. El gusano, el lirón y las rosas, se distribuyen por doquier. ¡Feliz no cumpleaños! Nos pasamos las galletas de viento, entre estornudos y risas. “Una taza de té con una nube de leche”, le digo a Sombrerero. “¡Sírvetelo tú!”, se atreve a contestarme. En cuanto acabe. Entonces lo llevaré a mi madriguera, lo pondré frente al espejo y le diré: ”Toca, toca”.18/3/11
MAL DE AMORES

Salió al patio. Desnudo. Entró en el taller de reparaciones. Cogió la bolsa. La agitó. Hizo música con los guijarros. Volvió afuera. Rodeó el brocal del pozo. Buscó el centro. Sacó el tirachinas. Sujetó con una mano la horquilla. Puso un guijarro en mitad de la goma. La estiró con la otra mano. Apuntó a la luna. Disparó. Escurrió su cuerpo al suelo y, encogido como una cochinilla, lloró.
16/3/11
SE NECESITAN FIRMAS URGENTES
13/3/11
EL ÚLTIMO CUENTACUENTOS

Los días de feria la plaza mayor se llena de comerciantes, artesanos, vendedores ambulantes, acróbatas, titiriteros y nigromantes que pugnan por atraer la atención de los que por allí pasean. Ajeno al bullicio, un anciano deambula cabizbajo entre la gente. Antes solía madrugar para coger sitio. Hoy es el único que aún viene por aquí. Cuando llega bajo el soportal detiene sus pasos y comienza a hablar. Al principio nadie le presta ningún interés, pero pronto se acercan unos niños. Luego algunas mujeres. Y en apenas un instante, una muchedumbre se agolpa alrededor suyo. El hombre gesticula, alza la voz y mueve los brazos sin cesar. Sus ojos, desorbitados, escudriñan a cada uno de los allí presentes. El hombre devora las palabras. Y éstas, hambrientas, se comen las orejas de todos los que escuchan su increíble historia. Esta mañana cuenta una antigua leyenda que le explicó su padre. De repente, se oye un terrible alarido y un batir de alas metálico. Alguien grita y señala el cielo. En lo alto, un dragón de tres cabezas escupe fuego y se abalanza contra un valiente caballero. Éste blande la espada y se defiende con su escudo. Tras un intenso combate, la bestia malherida cae sobre la plaza. La multitud aplaude, se dispersa y vuelve otra vez a sus cosas. El hombre desaparece. Y el dragón, moribundo, exhala su último y definitivo suspiro.
Agustín Martínez Valderrama






