29/4/14

ATASCO- GANADOR DE LA SEMANA EN WONDERLAND



Anoche la palabra naufragó en saliva. Ella va y viene del mercado. Corta zanahorias, calabacines, puerros. Y las sílabas bailan un tango con la campanilla. Hierve el agua salada que enternece las verduras mientras se acoda en el alféizar de la ventana. La primavera asoma amarilla y lila detrás del parque. Y ahora las letras deslizan sus panzas de tinta por un lago de valses y cisnes. Suspira. Vuelve a sus quehaceres. Calienta la sartén. Sala el pescado. Escucha la llave girando en la cerradura. “Aún no está la comida”, afirma el extraño, entrando en la cocina. Quiéreme, musita ella.


Si queréis escuchar el relato podéis hacerlo aquí a partir del minuto 55:63

26/4/14

LA AUTOPISTA

Imagen tomada de la red.


Yo corro con el carro por la autopista.
Es autopista mortal.
Yo corro en el carro.
El fuego pone las ruedas al rojo vivo.
Mi cuerpo se excita.
Mi corazón se sale del cuerpo.
La autopista fría me controla.
El fuego sale de las ruedas.
Las ruedas se destrozan.
La autopista sigue.
Mi cabeza parece que va a explotar.
La autopista es inmoral.
Me siento acojonado,
ella me controla, es inmortal.
Ella me controla, es inmortal.

Javier de la Fuente del Campo 

Usuario del Centro Ocupacional Ángel de la Guarda.

15/4/14

SELECCIÓN - (Finalista del mes de Marzo en la Microbiblioteca)











Ocurre en los peores meses de verano. Cuando la tierra se agrieta y zumban las moscas, enloquecidas por el calor que pesa como mercurio y abotarga la vida. Un silbido que brota bajito en lo alto de las lomas que rodean las casas, y baja las laderas hasta entrar ensordecedor en las calles. Y después de invadir todo el pueblo, cesa de repente llevándose consigo un puñadito de niños famélicos. El tiempo los borra de la memoria de los habitantes del lugar. Contentas con el milagro que les da más comida para repartir en la mesa, sus madres también los olvidan. Como si nunca hubieran existido.

13/4/14

DÍA DEL ADOLESCENTE

Tomada de la red.

Para que aprendas. Sólo por eso lo hago. Tómatelo como una medicina. Y no te quiero oír ni una queja. Me tienes harto con tus llamadas de madrugada y los registros en mi habitación.  Te voy a reventar ese ojo cotilla para que dejes de espiarme. No, no lo cierres. Eso no vale. Espera un poco que te retoque el maquillaje. Dos dedos de pintura blanca, la boca bien de bermellón, los ojos cruzados con carboncillo negro. ¡Ahí va: pelotazo de maría en todo el ojo!. Bueno, ya está. Son las doce, es hora de que te vistas de madre.

4/4/14

PONGA UN TÉCNICO EN SU VIDA

Ilustración tomada de la red

Si usted es un educador o educadora vocacional, usted estará siempre dispuesto a hacer su trabajo lo mejor posible, echándole muchas ganas, bastante paciencia y grandes dosis de empatía. Además, siempre que la situación lo permita y aliente, echará una mano a cualquier compañero de cualquier categoría.
     Pero si usted pertenece al grupo de educadores que están ahí porque con algo hay que ganarse el pan y, a pesar de los recortes, mejor pájaro en mano que ciento volando, sobre todo si es fijo, usted deberá seguir las siguientes indicaciones:
     Lo primero y principal que debe hacer es asegurarse de que tiene un técnico auxiliar siempre a mano. (Para evitar posibles, aunque no probables, encariñamientos, lo mejor es evitar llamarlo por su nombre). 
     Por ejemplo, si usted quiere irse a su descanso, según su percepción muy bien ganado,  preguntará a cualquiera que se cruce en su camino dónde está un técnico y, en cuanto lo localice, lo dejará al cargo de la clase.
     Nunca coja una silla de ruedas. Ni la roce. Podría romperse una uña. Mejor que se las rompa todas el técnico que para eso le pagan. No se ablande nunca si ve que el desgraciado tiene dos o tres sillas que movilizar a su cargo porque falta personal. ¡Que se las apañe!
     Si en el comedor usted tiene un día la suerte de que sólo hay en la mesa que debe atender dos usuarios totalmente autónomos, coma con ellos hasta hartarse y mire al frente, nunca a su lado donde el técnico, por razones ajenas a su voluntad, se halla solo y debe dar de comer a un usuario totalmente dependiente y atender a otros siete con algo más de autonomía. Ni se le ocurra ayudar, usted a lo suyo.
     Como su trabajo no es vocacional, hará todo lo que esté en su mano para no dejar que se enfríe su sillón. Para ello tendrá que pillar a un técnico desprevenido y endosarle trabajos que debería hacer usted. Le recomiendo encarecidamente que madure bien el plan y luego actúe rápidamente. Cuando el inocente quiera darse cuenta, no le será fácil dar marcha atrás.
     Y por último. Recuerde que NUNCA debe quedarse solo en un centro, con cinco o seis usuarios, donde hay auxiliares de control, personal de servicio, mantenimiento, de cocina, administración, tal vez psicólogo, educadores, maestros de taller, técnicos especialistas, Jata... ¡No! Usted exija siempre la presencia de un técnico auxiliar, no vaya a ser que tenga que acompañar a un usuario al baño y deba indicarle que se lave las manos con jabón después de utilizar el water. 
      Estos y otros consejos le ayudarán a llegar a la jubilación con un cuerpo y una mente diez. Eso, si no acaba con cien kilos de peso.

25/3/14

SEGUNDO PREMIO DEL II CERTAMEN DE MICRORRELATOS CFE

SIN NUBES EN EL CIELO

Aleja lloró durante toda la noche. Eso era bueno para el recolector que filtró un vaso de agua de excelente calidad. Y malo para ella que amaneció con la piel reseca. Mamá Luba la llamó para darle la unción hidratante, pero los pies de Aleja volaron hasta el invernadero. La flor aún seguía viva. Aguanta, aguanta, aguanta, suplicó en un susurro mientras pasaba la yema de su dedo índice ensalivado por los pétalos. La flor se irguió un poco y su color se reavivó tímidamente. Aleja oyó la transmisión de la orden. Ahora vuelvo, prometió. La esperaba Posi con su vaso de agua destilada. Bebió unos sorbos, guardó un buche en la boca y regresó junto a su flor. La regó con un espurreo de lluvia fina. Ya verás, pronto se arreglará todo. Papá Don trabaja para conseguir más agua, mientras tanto, seguiré llorando para ti cada noche.

17/3/14

INSTANTES DE LUCIDEZ

Tomada de la red


La huelo. Un hombre dice: Ven conmigo, e intenta separarla de mí. Amortiguado por un sollozo, escucho un crujido de madera. Requieren mi atención los golpes secos y la voz áspera ordenando: ¡Quieto, quieto!, que llegan del exterior. De otra habitación  escapa el llanto de un bebé. Y de repente  la memoria vuelve con un chisporroteo eléctrico. Es mi nieta quien llora en su cuna. Mi hija me abraza y su pelo, con aroma a lavanda, cosquillea mi nariz. Huelo cerca el tabaco de picadura de mi marido. Hacia la puerta, es mi hermana la que gimotea. Y quien ahora le dice: Vamos, vamos, tienes que ser fuerte, mientras mi sillón se resiente bajo su peso, es Virginia que ya ocupa mi lugar. A través de la ventana escucho los cascos de Rayo y el intento de calmarlo de Alberto, mi querido mozo de cuadra. Una bola grande y brillante estalla: risas, besos y cuerpos enlazados sobre el heno. Y poco a poco la luz escapa por un inmenso agujero negro.

5/3/14

ACTO DE CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE LA MUJER

Por si alguno se quiere pasar, allí estaremos. Gracias por invitarme.



25/2/14

FORMACIÓN DEL ESPÍRITU NACIONAL- GANADOR SEMANAL DE WONDERLAND



La primera vez  que lo vi, huí hasta el mar. Metí mis manos en el agua y me escocieron tanto que lloré a gritos. De día evitaba volver a pasar por allí. De noche, perdía los dedos en mis pesadillas. Mamá propuso pedir cita con el psiquiatra. Pero papá dijo que era parte de mi educación y me llevó a rastras, sin hacer caso de mis lágrimas. Vomité. Sin embargo él siguió insistiendo, día tras día. Ocurrió como él dijo: me acostumbré al cuerpo echado sobre la valla, a sus manos acuchilladas. En unos meses estuvo integrado en el paisaje.

Este es un relato del que me siento especialmente orgullosa, porque me ha permitido sacar toda la rabia, la indignación y la pena por lo abominable del trato y la indiferencia de algunos de los mal llamados humanos hacia personas indefensas.

Si queréis escucharlo, pinchad aquí.

A partir del minuto 56

21/2/14

LUZBEL

Imagen tomada de la red

Los jueves, de cinco a siete, confesión. El codo sobre la rodilla, la palma de la mano izquierda aguantando la cabeza, el aguijón de ansiedad clavado en el pecho y la saliva abrasando. La espera. Escucha los pasitos cortos, el taconeo desigual sobre las baldosas. Descorre la cortina de terciopelo y recibe el aliento a hierbabuena enredado en el jazmín del pelo. Vértigo, temblor de pies y golpecitos en la tarima. Nidos de susurros envenenados que sacan al animal de su letargo. Luego la rutina del perdón y un lamento. El crujido de la madera al levantarse y cinco pasitos cortos.

El padre Miguel abandona el confesionario. Arrodillada sobre la almohadilla del reclinatorio, levanta la cabeza, la cruz respirando sobre el abismo del escote, y le ofrece su carita de ángel. Los cirios ardiendo y la cera derretida. Se tambalea, busca el equilibrio y apoya una mano en la pared. Desvía la mirada, se separa y camina a trompicones hasta la sacristía.

Los domingos, comunión. El padre Miguel sostiene la hostia entre sus dedos y ella le ofrece su lengua de sangre. Dientes grandes, el colmillo montado y una sonrisa manchada de burla en los ojos. La pulpa arrebatándole el círculo blanco y los dedos de él en retirada, recogiendo el jugo de la boca. Después la muralla de los labios, media vuelta y la nuca que se aleja. Calor y el animal desbocado. Alba, casulla y cíngulo quemando.

Viernes de Dolores y un papel enrollado. Lee la dirección, memoriza, lo rompe en trozos pequeños, se los mete en la boca y los mastica. Abandona el alzacuellos en un banco, luego avanza por el pasillo lateral de la iglesia. Pasa, engancha y arrastra con la hebilla del reloj el manto de noche y oro de la virgen que intenta, en vano, detener su carrera hacia el rectángulo de luz que le muestra la salida.

16/2/14

IX PREMIO INTERNACIONAL DE CUENTOS ESCRITOS POR PERSONAS CON DISCAPACIDAD. FUNDACIÓN ANADE.



Portada del libro

Un orgullo, una gran satisfacción para mí que dos de los usuarios del C.O. Ángel de la guarda, hayan sido publicados en esta última edición. 

El jurado ha estado formado por:

Fernando Delgado.
Boris Izaguirre.
Manuel Rivas.
Paola Dominguín
Ana Vargas

ARREPENTIMIENTO 
(Relato finalista)

De: Inmaculada López Camba 

El bailarín Germán era muy bueno y formal. Bailaba en el Teatro del Amor. Lourdes quería ser siempre su pareja porque juntos bailaban muy bien y con mucho amor.
     A menudo, iban de gira. Unas veces actuaban en San Blas y otras en Las Vegas.
     Un día discutieron en un hotel y decidieron divorciarse, aunque siguieron bailando juntos.
   Una Nochebuena que tenían que actuar en San Francisco, Germán desapareció. Lourdes estaba desesperada, lo echaba de menos y no bailaba igual con el suplente.
     Germán se había ido a Hollywood a conocer a los famosos del cine. Quería hacer una película con Javier Bardem. Estaba muy ilusionado, pero también echaba de menos a Lourdes. Se puso a llorar y pensó que debía solucionar los problemas con ella. Le mandó un correo electrónico desde el ordenador del hotel, disculpándose por haber desaparecido. Le dijo que la quería y que deseaba que estuvieran juntos. 
     Lourdes fue a su encuentro en Hollywood. Los dos se abrazaron y se dieron regalos.   
 Más adelante hicieron un cortometraje sobre la rutina 
diaria.  

RELATO SELECCIONADO PARA SU PUBLICACIÓN:

NÚMEROS
De: Juan Pablo Bahillo Cabo
El número uno se llevaba muy bien con el número tres. En cambio el siete siempre se peleaba con el doce. El trece era el número de la buena suerte y todos los números querían estar con él.
      El calendario estaba descolocado. Cuando Pepa iba a mirarlo, no se aclaraba. Entonces llegó Juan Pablo y le dijo a los números: Podéis juntaros un rato por la mañana, pero luego tenéis que volver a colocaros en vuestro sitio para que las personas puedan saber en qué día están y la fecha de su cumpleaños. Los números estuvieron de acuerdo. Aunque alguna vez se saltan el pacto.

Felicitaciones a los dos.

7/2/14

SI YO FUERA, EN DIARIUM



Además del vídeo casero que grabé para la librería, en este  espacio, las personas que participaron en el club de lectura hicieron este jugoso juego de si yo fuera Lola Sanabria. Mi agradecimiento a Miguel Ángel Flores, motor de la iniciativa, y a Fernando y Mónica por elegir Partículas en suspensión para abrir el fuego que con tanto calor ha prendido en Diarium.

4/2/14

Y QUEDARÁ LA NADA EN LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA



José Manuel Ortíz Soto publica el microrrelato Y quedará la nada, de Partículas en suspensión, en la Internacional Microcuentista. Si queréis acceder a la entrada pinchad aquí.  

Mil gracias, José Manuel.



Y QUEDARÁ LA NADA


Mi instinto dice que tu perfume ya no es verde; que la mermelada no es música para camaleones; que el néctar dulce del bodoque no existe; que el canto del jilguero nunca más será terciopelo. Mi instinto dice que la soberbia me llevó por caminos equivocados y la ceguera a regresar a un hogar sin chimenea encendida, sin lavanda, sin tu tarareo, sin el quejido chico de la aguja al horadar la tela tensada del bastidor. Mi instinto dice, en fin, que cuando hoy vuelva, desapareceré, como tú, entre las paredes de nuestra casa. Y quedará la nada. 

23/1/14

CABALLITOS


Fotografía tomada de la red.

No había nada más triste que aquel tiovivo solo y abandonado por todos los niños en mitad de la plaza.

13/1/14

AMORES PROHIBIDOS

Fotografía tomada de la red.

La compañera de habitación de mi madre tenía un novio que conoció en un viaje a Fuengirola que hizo con el INSERSO. Llegaba a primera hora de la mañana, se sentaba a su lado, le cogía una mano y le daba ánimos. A la hora de la comida, insistía para que tomara un poquito más de sopa, luego le daba una cucharadita de Primperán y echaba un sueñecito junto a ella sin soltarle la mano. Cuando venían las hijas, lo trataban como a un intruso “A tu edad, mamá, haciendo manitas”, la regañaban en cuanto él se marchaba. La madre se defendía diciendo que él le daba compañía y cuidados. “Pero qué te va a cuidar ése, si está para que lo cuiden. Y nosotras desde luego, no cargamos con él, que no es nuestro padre”, seguían ellas regañándola. Poco a poco, la fueron convenciendo del error de aquella relación y ella comenzó a retirarle la mano y a ignorarlo en presencia de las hijas. El día antes de que le dieran el alta a mi madre, escuché a las hijas hablando con el médico en el pasillo. Querían saber cuánto tiempo iba a pasar su madre en el hospital. Tenían sus planes de vacaciones hechos y una residencia para ella.

6/1/14

CRUCE DE CAMINOS EN LA REVISTA NARRATIVAS




Carlos Manzano ha tenido la gentileza de incluir mi relato "Cruce de caminos" en el último número de la revista Narrativas. Pinchad aquí

30/12/13

UN AÑO. UN APUNTE DE VIDA.

Fotografía tomada de la red.


     Mientras en Irak se sigue muriendo y El Gran Criminal duerme sin conciencia, voy de casa al trabajo y del trabajo a casa, con un embrión de carta en mi cabeza. Tecleo, borro, vuelvo a teclear. Vuelan pájaros de largo recorrido.
     Mientras los muertos se secan al sol, mi hermana y yo celebramos nuestro cumpleaños alrededor de una paella.
     Mientras un ojo a ras de suelo sólo ve barro, yo veo estrellas corridas y metamorfosis en parras.
     Mientras una niña saca de un pozo un cubo de agua enlodada, yo abro el grifo, lleno un vaso y lo dejo cerca de la pantalla del ordenador donde Estrella vende los mejores percebes del mercado.
     Mientras África llora, yo río la ocurrencia de una chica de mi centro de trabajo.
     Mientras la soberbia intenta cargar sus muertos sobre otras espaldas, yo cocino frutos del mar.
     Mientras asaltan un barco de ayuda a Gaza, doy los últimos toques a una historia de mares embravecidos y naufragio de pateras.
     Mientras la burbuja inmobiliaria estalla y vuelan los buitres con los bolsillos llenos, yo me enfado con las palabras que no quieren venir en mi ayuda.
     Mientras unos cuerpos revientan con la metralla y sus madres lloran, yo sonrío cuando sorprendo al mayor acariciando al menor de mis hijos.
     Mientras un niño tira de la teta desinflada de su madre, yo preparo unas verduras al vapor.
     Mientras un indigente es fagocitado por sus costras en California, yo me manifiesto contra la reforma laboral y la privatización de la sanidad.
     Mientras cada segundo mueren niños de hambre, yo intento calcular en la cola de la pescadería por cuánto me va a salir el arroz con bogavante de fin de año. 
      Un año. Un apunte de vida. 

22/12/13

LA COMPRA

Imagen tomada de la red.


Siento el brazo largo de la Navidad el día en que voy a comprar a mi súper y en el lugar donde estaban los boquerones, hay una montaña de langostinos tigres y gambas. Adiós a mi pescado favorito hasta el nuevo año, me digo. Empujo el carro por el pasillo en busca del pan Bimbo y las tostadas integrales, pero me encuentro con los turrones, los mantecados, las almendras, los bombones y las frutas escarchadas. Me acerco entonces a la carnicería, pido mi tapilla de siempre y el carnicero me dice que de eso no hay, que me lleve medio cordero lechal o cochinillo. Tiene el mostrador atiborrado de carne muerta. Me encamino hacia la charcutería, pero antes de llegar veo que han quitado los codillos de jamón y venden patés y fiambres de pavo relleno, lechón asado y otros delicatessen que me echan para atrás. Salgo con la cesta vacía cuando, al pasar por consigna, observo  un portacedés abierto sobre el mostrador. Me acerco y leo: “Selección de los mejores villancicos”.  Cojo el portacedés, lo guardo en el bolso y cuando estoy en la calle lo tiro en una papelera.

14/12/13

LAS PARTÍCULAS EN LA MICROBIBLIOTECA

 
Tomada del blog.



Voló y se posó entre otros grandes-pequeños libros mi Partículas en suspensión.

Y para quien quiera leer la excelente entrada que ha hecho La Microbiblioteca, puede pinchar aquí.

12/12/13

ZOMBILANDIA

Tomada de la red.


Desde el ventanuco, señaló con un dedo huesudo el esqueleto  abandonado en la calle y me acusó de asesinato y resistencia a la autoridad sin prueba alguna. Desfogó sus problemas de bragueta con una andanada de golpes. Olisqueé el sudor de su camisa de segurata. Babeé de gusto. Su boca, rojo chillón, me sedujo como el más jugoso de los alimentos de aquella ciudad devastada por el virus. Sólo quería probar. Un mordisco, luego otro... No pude parar hasta el final. ¡Y cómo gritaba de gusto el condenado!

7/12/13

COMUNICACIÓN

 
“¿Quieres que te cuente el cuento de pan y pimiento y de rábano asado?”, me preguntaba mi abuelo. “Sí”, le contestaba yo. “No te digo ni que sí ni que no. Lo que te digo es que si quieres que te cuente el cuento de pan y pimiento y de rábano asado”, insistía. Entonces contestaba no y él repetía lo mismo hasta que me cansaba y me iba. Aquello no tenía ningún sentido para mí pero siempre le seguía el juego un rato. Mi abuelo vivía solo, con mis padres, mi hermano y yo, y era el único cuento que sabía.

26/11/13

RELATO GANADOR DE ESTA SEMANA EN WONDERLAND




RIVALIDAD

Ya no me importa que despuntaras mi lápiz preferido. Tampoco que te chivaras a la señorita Amparo de que copié el examen. Lo del pisotón en mis zapatos nuevos estuvo mal, pero ya pasó. No gastaste la paga que nos daba mamá durante semanas para comprarle aquel balón de cuero a Nico. Mis cómics no eran nada comparados con tan buen regalo. Los tiré a la basura y no fui al cumpleaños. Sin embargo, y pese a que aún me enrabia recordarlo, también te lo he perdonado. ¡Anda, abre los ojos y levanta, que no te he hecho tanto daño!

Para escuchar la grabación podéis pinchar aquí. La lectura comienza a partir del minuto 54:24.

24/11/13

ELECCIÓN

Fotografía tomada de la red.

Papá tenía una arqueta de madera donde guardaba su librito de papel, su petaca y un mechero; además de otras cosas que mantenía bajo llave. Mamá tenía un costurero de anea sin cerradura ni llave, donde guardaba bobinas de hilos de todos los colores, canillas para la Singer, unas tijeras, la cajita con los automáticos y los corchetes, la cinta métrica, y un corazón de fieltro relleno de algodón, asaetado por agujas y alfileres. Papá abría su arqueta todas las tardes después de la siesta, echaba tabaco en un papel, lo liaba y encendía el extremo con el mechero, luego la cerraba y se iba al bar a tomar un café y jugar a las cartas con sus amigos. Mamá se sentaba todas las tardes en el patio, abría el costurero y cosía nuestros vestidos hasta que no había luz y entraba en la cocina para hacer la cena. Cuando papá murió, yo me quedé con la arqueta. Cuando murió mamá, mi hermana se quedó con el costurero.

14/11/13

TATUAJE

Fotografía tomada de la red.

Con catorce años mis primos me contagiaron la varicela y, aunque tomé cápsulas de aciclovir, la erupción se extendió por el pecho, la espalda, el cuero cabelludo, las orejas, los genitales y entre los dedos de los pies. Todo lleno de vesículas que mi madre trataba con polvos de talco. A pesar de sus recomendaciones para que no me rascara y de mis esfuerzos para hacerle caso, al final infecté unas cuantas con las uñas y me quedaron varios círculos en el hombro izquierdo, como un huecograbado. Procuraba taparlos con mangas y tirantes anchos hasta que conocí a mi marido. A él le gusta pasar por encima la yema de los dedos. Dice que parece un racimo de uvas, pero yo presumo de mimosas porque brotaron en primavera.

3/11/13

LADRONES ESENCIALES

Fotografía tomada de la red.


Mientras desayuno, los  gorriones van y vienen y picotean el arroz tostado que dejo sobre el alféizar de mi ventana. Los veo cortar el aire, libres, arriba, abajo, a un lado y a otro, con sus alegres trinos, y me convierto en Peter Pan y vuelo entre sus alas.
     A mediodía, observo a mi padre sacar un tirabuzón de piel de la fruta, trocearla y dejarla en el plato. Voy a mi habitación y me transformo en el joven Robin Hood que corretea por el bosque y ensarta manzanas.
     A la caída de la tarde, mi madre me baña, viste, peina y echa colonia. Luego viene mi amigo Roberto a buscarme y me enseña las entradas. De camino al cine, no para de hablar mientras empuja mi silla. Entonces yo soy Mario Santos, un chico de barrio dispuesto a absorber y dejar sin protagonista una nueva película.

31/10/13

PRESENTACIÓN DE LA SEGUNDA EDICIÓN DE FUERA DE TEMARIO

Quien quiera echarse unas risas y mojarse el gaznate con unas cervezas entre temario y temario, tiene que pasarse. ¿Te lo vas a perder?

26/10/13

CAMPO DE BATALLA

Tomada de la red.

 “Haces mejor el amor que la guerra”, dijo. Se levantó, fue al cuarto de baño y yo me quedé observando cómo las palabras subían, se estrellaban en el techo y después caían y entraban envenenadas en mi boca. Volvió y se dedicó a vestirse. Yo me di media vuelta en la cama y cogí un cigarrillo de la mesilla. Solté una primera bocanada de letra gris y luego una tras otra, hasta completar las cinco. Intenté espantarlas con la mano, pero no se iban. Al fin dije: “¿Cuántas veces tengo que pedirte que no me digas eso, Manuela. Mejor es regular como mucho.” “¡Que te jodan Pepe!. Aprende a follar como Dios manda y te daré el aprobado”. Y salió dando un portazo.

17/10/13

ENTREVISTA EN EL HERALDO DEL HENARES





Entrevista en el periódico digital El Heraldo del Henares. Para leerla pinchad aquí.

Y yo muy contenta y agradecida a Miguel Baquero.

8/10/13

INTOLERANCIA- RELATO GANADOR DE LA SEMANA DE WONDERLAND


http://www.rtve.es/alacarta/audios/wonderland/wonderland-conte-politicament-incorrecte/2052929/   A partir del minuto 56.

Durante el recreo, se sienta en un banco del patio. Yo lo observo desde una distancia prudencial, ni muy cerca ni muy lejos, para no agobiarlo. Pasa una chica por su lado. Me preparo para intervenir. Se levanta. Le toca el culo. Y se arma. Porque ella le da un empujón, lo insulta y grita, y él le levanta la mano. Entonces voy y le digo al chico que no pegue. Entra en un bucle. No me quiere. No me quiere. No me quiere. De nada sirve que le explique mil veces que no puede obligar a nadie a quererlo.

6/10/13

APRENDIZAJE Y ADOLESCENCIA

Tomada de la red.

Todos los meses de agosto, mis padres alquilaban una habitación en una casa de un pueblo de la sierra. A la hora del café, las mujeres escuchaban Ama Rosa en la radio mientras Paquito, el hijo de la dueña, y yo, nos escabullíamos hacia la puerta. Con él aprendí a coger renacuajos con la mano de la charca del tío Bernardo y a esperar a la caída de la tarde, escondidos entre los juncos, a que bajaran los pájaros a beber agua al río para dispararles con la escopeta de perdigones.
Cuando tenía quince años, encontré un día a Paquito con el ojo pegado a la cerradura del cuarto de baño comunitario donde, en lugar de llave, se utilizaba un cerrojo. Los muslos desnudos y las bragas enrolladas en los tobillos de la hija de los otros veraneantes de la casa eran una tentación muy fuerte y yo también miré. Después vinieron los encuentros del padre de la niña con el volumen de tetas de la vecina de enfrente y los desahogos del hermano de Paquito mientras hojeaba una revista guarra.
Un día pillé a mi amigo con el ojo aplicado a la cerradura y una mano dentro del bañador. Se azaró y sacó la mano enseguida. Me acerqué, miré, me volví rojo de ira y le di un puñetazo. Con el alboroto, salió mi madre del cuarto de baño y, aunque no le dijimos por qué peleábamos, un clavo del que colgaba una cuerda con un cartón, cegó desde ese día el hueco de la cerradura. Después de aquello, evité la compañía de Paquito y frecuenté más el casino y las chicas. Uno de aquellos veranos, robé un beso con sabor a Cola Cao a mi primera novia.

28/9/13

EL VIAJE. JUNTOS PASO A PASO. RNE.



Juntos paso a paso

http://www.rtve.es/alacarta/audios/juntos-paso-a-paso/juntos-paso-paso-28-09-13/2034874/

A partir del minuto 25 podéis escuchar la dramatización de "El viaje", relato ganador del V Concurso de Relatos escritos por personas mayores.

26/9/13

UN SUEÑO DE HOMBRE

Fotografía tomada de la red.


Para María Jesús. En su cumpleaños, dulces sueños.

   
 Dicen que Napoleón dormía tres horas diarias. Supongo que eso lo trastornó. Yo temía que me ocurriera igual y comenzara a volar por un cielo inventado. Todas las noches escuchaba el golpeteo del segundero del reloj, a mi derecha, la respiración fuerte, amenazando ronquidos, a mi izquierda, el cuco de la vecina dando las horas y las medias, y las risas adolescentes en el parque. Crecían los ruidos, y se desbordaba el caudal de mi imaginación en aguas turbias de las que salían monstruos de gelatina.
     Me compré un mp4 y a través de los auriculares me llegaba el espanto de la noticia. Veía amanecer acurrucada y temblorosa. Busqué nuevas emisoras y encontré: una tertulia que terminaba a voces, música enlatada y la voz lúgubre de un paranormal que hablaba con la tía muerta de una radioyente. Ya no dormía. Y al levantarme, olvidaba apagar el café y cruzaba mal los semáforos. Comencé a llorar a todas horas y por cualquier cosa. Así fue como lo conocí. Que no encontrara el tarro de helado de chocolate belga en el frigorífico del supermercado fue un nuevo revés de ese dios infame que me robaba el sueño. Tuve un ataque de ira y comencé a darle puñetazos al cristal mientras lloraba. “Señoga”, dijo con la voz más bonita que había oído nunca, “acompágñeme”. Y lo seguí convencida de que me entregaría al encargado, pero me llevó a tomar un café. Mientras me hablaba, entré en una nube rosa, como de algodón dulce. Recostada en el sillón de la cafetería, eché una cabezadita. 
     Ahora nos vemos todas las tardes. Él intenta convencerme de que deje a mi marido y me instale en su apartamento. Yo digo que sí, que uno de estos días; después le pido que me cante Le´Meteque, y enseguida me quedo dormida. Un domingo por la mañana fui a su casa, había decidido irme a vivir con él. Y entonces la vi abandonar el portal. Una morena muy guapa. No voy a hablarle de ella. Naturalmente diría que no tengo ninguna prueba, que podía salir de cualquier piso. Pero a mí no me engaña. Él vale mucho, se merece esa mujer. Voy a continuar viendo a mi querido Alan y dándole largas. Estamos en paz: yo tengo a mi marido y él a su morenaza.

20/9/13

NECESIDAD SUPREMA

Fotografía tomada de la red.

A Juan y su nostalgia.



Y la bomba, tictac, tictac,  debajo del asiento de la niña pija. Desvío la mirada al paisaje que vuela en la ventanilla. Divide el viento una nube torpona, cuerpo de Botero que no hace nada por defenderse, y ya son dos figuras: galgo y Quijote arrastrados. Un carraspeo me hace volver la cabeza, esperanzado.
— ¿Decía algo, caballero?— pregunto al tipo de corbata-soga anudada a la nuez del cuello.
— Nada — contesta él con cara de asombro. Luego vuelve a lo suyo.
     Y la bomba, tictac, tictac, debajo del broker con parentesco incipiente con el jorobado de Notre Damme. ¿Por qué, dios mío, por qué?, me pregunto.
     Vuelvo a entretenerme con el paisaje que corta el aliento. El mío. Y me entra un mareo de vómito. Estaría bien echar el café con leche sobre el hábito inmaculado de la sor que sorbe mocos sin tenerlos pero sigue a lo suyo, con la cabeza gacha. Tictac, tictac, la bomba debajo de su pañuelito que esconde vete tú a saber qué dulzuras o perversiones.
— Perdón. Perdón. Perdón...— reparto por el pasillo mientras, sin miramiento doy un codazo aquí, un pisotón allá. Y ellos, un gruñido, un cambio de postura, un leve alzamiento de ojos y luego el clac,clac, la última horterada que se bajó la niña de uniforme con falda a cuadros plisada y calcetines. Una monada que mastica un mechón de pelo mientras ilumina el tren con una sonrisa que quiere decir : ¡Por fin, alguien me llama!
      Me acuartelo en el servicio. Tictac, tictac, ahora la dejo en medio del pasillo. ¡Ojalá revienten todos de un atracón de radiaciones! Un viaje te vendrá bien, Matías, eso me dije. En los viajes la gente habla, se cuentan sus penas y alegrías, disfrutan de una buena comida. ¡Menuda comida la bazofia de plástico que me han dado! Y ni siquiera el hecho de tener que usar el cuchillo y el tenedor los ha distraído de su  vicio. Es una epidemia. Un bicho que los ha picado a todos y los dejó atontados, pegados los dedos a los teclados. Y a mí ni puto caso.
     Salgo con la cara mojada, a ver si alguien dice algo.  Pero qué van a decir si no levantan la cabeza de sus máquinas infernales. Y si ahora mismo gritara, tampoco me escucharían porque tienen las orejas atascadas con los pinganillos. La bomba, tictac, tictac, la pongo ahora al lado de ese al que le cuelgan dos bolsones debajo de los ojos. Vuelvo a mi asiento. Me seco con un clínex. ¡Qué cosas!, todo es desechable. Añoro el pañuelo de tela con olor a jabón y plancha. Suspiro resignado. Las Wonder girls irrumpen de repente con todo el brío de las potrillas pateando un jardín de flores. Y la del uniforme suelta un gritito y salta un poquito en su asiento. La señora, arreglada pero informal, que está a su lado y que supongo que será su madre, deja de teclear en su ipod y la llama al orden. ¡Elvira!, dice y vuelve a bajar la cabeza y mover los pulgares.
     Intento distraer mi desconsuelo mirando por la ventana, pero ya la noche se ha llevado galgos, Quijotes, Boteros, carrozas, algodones dulces y cualquier forma del exterior. No puede ser. No puede ser. No puede ser. Meto la cabeza entre mis manos, desesperado. Yo quería un viaje como los de antes. Incluso de carbonilla en el ojo. Pero esto es un vagón de zombis que son trasladados de un lado a otro. Miro mi mochila. Dentro llevo mi cerveza y mi bocaza. Pero ellos qué saben. Me levanto.
— Señora, apague el móvil—ordeno a la abuela, quitándole de golpe el pinganillo de las orejas,  que no ha dejado de hablar con sus nietos, sobrinos y vecinas todo el rato.
— Pero ¿qué se ha creído?— se escandaliza ella.
— Me creo que llevo aquí- palmeo la mochila—una bomba que voy a hacer estallar si no hace lo que le digo. Y chitón. Nada de compartir la noticia con el resto. Además, ya lo ve usted, todos enganchados, como drogadictos.
— ¡Qué va a tener usted una bomba!—me dice ella, haciéndose la valiente.
— ¿Quiere comprobarlo?—la reto con la mirada fría, inconfundible, de la determinación, mientras hago intención de pulsar un botón que no es otra cosa que la argolla de la cerveza.
— ¡No por dios!— dice ella, con el gesto descompuesto- ¿Qué quiere?
— Conversación, señora, sólo eso— la tranquilizo yo.
     Me arrellano, dentro de lo que puedo, en mi asiento, y comienzo a contarle mi vida, toda mi vida. ¡Hace tanto que nadie me escucha! Ella al principio se queda rígida y sólo cabecea de vez en cuando para darme a entender que me está atendiendo. Pero después de una hora interviene para hablarme de sus cosas también. Queda poco para Sevilla cuando saca un pañuelo de los de antes y se enjuga las lágrimas. Muy triste su historia del perro que le destrozó a Mari Pili, su linda gatita. Pero cuando le cuente lo mío con los vecinos, esos degenerados que me tiraban las colillas por la ventana y al final incendiaron mi casa, verá, entonces será un llanto a mares. ¡Y qué a gusto nos habremos quedado!

14/9/13

MAREAS- MENCIÓN DE HONOR DEL lV CERTAMEN DE RELATOS CORTOS CARCELARIOS "CONRADA MUÑOZ"

Tomada de la página web de Acaip
I

Cuatro paredes arañadas. Se cerró la puerta a mi espalda y el tintineo de llaves se alejó por la galería. Sin escapatoria posible, tuve mi primer ataque de pánico. Un ahogo que cerraba mis pulmones. Pensé en Abril y enseguida comenzó el alivio. Aguantaría el tiempo infame del destierro. Mi madre alimentaría mi espera hablándome de mi niña en sus cartas. Yo le daría esperanza con las mías. De frente, la ventana enrejada. De ella me llegó el rumor del mar, el olor intenso de sus aguas. Dejé mis cosas sobre la cama y me asomé a la vida. El sol se levantaba en el horizonte y en la línea del cielo navegaba aquel barco.
     Dentro iría yo.
     Saqué las postales, el bolígrafo y los sobres preparados. Acerqué la silla a la mesita y me senté a escribir.
    
Querida hija:
     Apenas hace unas horas que estaba contigo y ya te echo de menos. Seguro que te gustaría mucho estar aquí, en este barco tan grande y bonito. No pudo ser. Pero no quiero que te pongas triste, yo te iré mandando postales de los sitios por los que pasemos y será como si estuvieras conmigo. Volveré pronto, ya lo verás.
     Muchos abrazos para ti y para la abuela.
Mamá.
    PD. Se corrió la última palabra por una gota de mar que salpicó.

    Cuando dejé de escribir volví a asomarme a la ventana. El barco desaparecía tras el pabellón dos. Levanté la mano y saludé. Me imaginé trajinando en la cocina. Macarrones y hamburguesa. Ese sería el menú, así se lo contaría a mi hija. Porque era su comida favorita y yo la que decidía. Libre para imaginar guisos entre cacerolas y sartenes. Un bonito cuento de viajes que la abuela le leería a Abril antes de dormirse para que tuviera felices sueños.


II

     Estaba decidida a hacer todo lo que estuviera en mi mano para salir de aquel encierro cuanto antes. Me apunté al taller de cerámica; también a uno de escritura que acababa de empezar. Al principio sólo pensaba en reducir mi condena y poder abrazar a mi hija. Tendría con ella una nueva vida.  Conforme fueron pasando los días, comenzó a gustarme moldear barro, pintarlo, cocerlo, sacar cuencos del horno cada vez más bonitos, mejor acabados. El taller de escritura fue algo especial. Aprendí a contar una historia, mi historia vestida con ropajes que disimulaban su origen. Solté amarras, como el barco que cada mañana, a primera hora, cruzaba mi horizonte. Las letras aligeraban mi pasado, el temor con que anduve por el mundo.
     Y luego estaba la lavandería. Mientras doblaba toallas y sábanas, mi cabeza no dejaba de crear relatos que luego plasmaba en el papel. Unas veces para las clases, otras para Abril.

Querida hija:
     Ayer recalamos en esta isla. Había palmeras y cocos. El capitán nos dejó un tiempo para recoger raíces y tallos muy buenos para la comida y los mareos. También corté unas flores muy bonitas que cambian de color, según les dé el sol.
     Muchos abrazos y besos para ti y la abuela.
Mamá.

     En la biblioteca había muchos libros y atlas donde encontrar sitios fantásticos. Solía ir allí a menudo con el beneplácito de Alicia, a quien le había caído en gracia. Siempre que me veía mustia, me animaba con aquello de que por buena conducta, y la mía era irreprochable, reducían mucho la condena. Alicia tenía una hija, más o menos de la edad de Abril, y conversábamos a veces sobre ellas, cómo eran, qué problemas tenían, qué le había dicho yo a mi niña, qué le contaba ella a la suya. Era una persona enérgica que espantaba sus demonios canturreando por las galerías ante la irritación de Encarna, una mujer triste que se deslizaba por los rincones como una sombra.
    Los días caían del almanaque, lentos y pesados unas veces, más livianos cuando recibía carta de mi madre y me relataba lo mucho que le había gustado a mi hija la última postal, cómo presumía de su mamá ante sus nuevas amigas. Nuevas porque tuvimos que cambiar de domicilio para que a la niña no le salpicara lo ocurrido. Nuevas como la vida que íbamos a construir en cuanto cumpliera mi condena.
     Y todas las mañanas, aquel barco cruzando ante mi ventana me llevaba de viaje a donde yo quisiera. Ayer a una isla. Hoy a una ciudad bulliciosa con mercados rabiosos de color y del olor fuerte de las especias. Mañana a una playa infinita de arena dorada. Llegó un momento en que me vi con el delantal y el gorro de cocinera haciendo un arroz o una lasaña en una estampa más real que la que vivía en aquel lugar de purgatorio.
 

III

     La primera vez que aquella presencia me sacó del sueño, tuve otro de mis ataques de pánico. Me costó conseguir que mis pulmones se abrieran al aire fresco de la noche. Miré alrededor. Sólo yo. Una visita del pasado. El frío me entró, violento, hasta los huesos. Tiritaba. Me cubrí hasta la cabeza con la ropa de cama. Aquella otra noche parecía tan lejana que pensé que nunca volvería a tocarme con sus dedos de hielo. Él ya estaba fuera de mi vida. Para siempre. Para siempre. No dejé de repetirme hasta volver a entrar en un sueño agitado.
     Por la mañana, Alicia me dijo que tenía muy mala cara y me quitó de la lavandería sin hacer caso de las protestas de Encarna que no veía con buenos ojos nuestra amistad. Necesitaba ver a mi hija. Me dolió tanto esa necesidad que acudí a enfermería para que me dieran un calmante. Dije que eran los huesos. Dije que también estaba mareada y me dejaron tumbada un rato en la camilla. La enfermera trasteaba y hablaba a la vez. Al poco me quedé dormida. Un zarandeo me devolvió a la realidad. Pero ya estaba mejor. Y cuando entré en el taller de cerámica y hundí los dedos en el barro, fue como un bálsamo para mi desesperación.
     En el taller de escritura di forma a la historia de una aparición en un cuarto cerrado.
     La segunda vez que desperté a medianoche, el pánico duró menos y mis pulmones respiraron antes en plenitud. Y el aire espeso, con su olor moribundo, se lo llevó la brisa marina.

IV

Mi querida niña:
     Ayer hubo tormenta. El cielo se encendía con descargas eléctricas que morían en el mar. Algunos tenían miedo, yo no. Me senté en cubierta y disfruté del espectáculo. Te habría gustado ver la pirotecnia blanca rasgando la negritud de la noche.
    
     Un abrazo inmenso para ti y otro para la abuela. Te echo muchísimo de menos.
Mamá.

     Las postales se me estaban agotando. Se lo dije a Alicia y me trajo unas muy bonitas que tenía guardadas en un cajón de su armario, de cuando soñaba con visitar esos lugares. Ese día dejamos de hablar de nuestras hijas y  nos ocupamos de nosotras. Así supe de su adicción a los fármacos. Porque Alicia también era una persona herida por la mala suerte que llevó a su niño tras una pelota rodando bajo las ruedas de un coche. Y después los silencios. Y más tarde las peleas. Se levantó un muro de incomprensión entre su marido y ella. Inexpugnable, afirmaba, sin solución. Le costaba decidirse a acabar con aquella agonía.
     De mí sabía lo que todo el mundo, que no soporté más sobresaltos, más huidas, más miedos a doblar una esquina y encontrarme con la amenaza cumplida. Ahondé poco en lo ocurrido. Sí en el poso amargo que me había quedado, en el estremecimiento que me provocaba el simple roce de una mano en mi espalda. La presencia que venía a buscarme algunas noches.
     Desahogos que, al igual que el barro y las letras, dieron forma a un proyecto común, a lo largo de aquel tiempo de encierro para mí, de rutina carcelaria para ella.
    
Mi querida hija:
     He hecho amistad con Alicia, que trabaja conmigo en la cocina. Es española como yo y tiene una hija de tu edad. Nos damos compañía y charla y así los días se hacen más cortos.
     Ya queda poco para vernos. Estoy deseando abrazarte.
     Muchos besos para ti y para la abuela.
    Mamá.

Conforme se acercaba el día de mi regreso, mi temor a la libertad aumentaba. Después de tanto tiempo viviendo dentro de aquellos muros, sin más contacto con el exterior que las cartas de mi madre y el barco que todas las mañanas me llevaba de viaje a los destinos elegidos en un mapa, comencé a sentirme cómoda allí dentro, como si el castigo hubiera sido en definitiva una medida para protegerme. Pero ahí estaba Alicia para hablarme de las calles infinitas por las que podría andar sin toparme con una pared de hormigón, de mi libre albedrío fuera, sin más límites que aquellos que yo pusiera; de la importancia de tomar mis propias decisiones.
     El cielo se aclaraba antes y desde mi ventana podía ver el barco con mayor claridad, intuía la vida dentro, bullendo. Cerraba los ojos cuando desaparecía detrás del pabellón dos y ya estaba llegando a puerto, mi puerto, el que me dejaría en tierra para volver con Abril. Porque el almanaque agotaba las hojas del destierro y ya me veía en un tren de regreso a mi casa con las baratijas que podría comprar con el dinero que me había mandado mi madre.

Querida hija:
     Ayer, en el paseo marítimo de este pueblo blanco y azul al que arribamos, compré pañuelos y pulseras de colores. Ya verás qué bonitos son. Apenas quedan unos días. Estoy impaciente por abrazarte.
     Hoy, desde la cubierta vi una lluvia de estrellas. Fue como si del cielo se desplomaran collares de cristal. 
     Abrazos para la abuela y para ti.
Mamá.


V

     La mañana en que la puerta se cerró detrás de mí y el sol hirió mi mirada, sentí el desamparo de un mundo abierto y tuve el impulso de regresar sobre mis pasos. Pero allí estaba Alicia y su promesa. Arreglaría su vida y después iría a mi encuentro con su hija Eva. Entonces vi volar aquella gaviota y me volví hacia el mar. No era mi barco. No podía serlo, pero eso daba igual. Parecía tan cerca que casi podía tocarlo con la mano. Saludé hasta verlo desaparecer en el horizonte. Sentí algo de pena. Con él se iba mi cocina, mis viajes; todo lo que me ayudó a soportar la condena. Apreté fuerte la carpeta con mis escritos contra mi costado, levanté la maleta del suelo y comencé a andar por la calle, desierta a esa hora de la siesta cuando los duendes duermen bajo las sombras de sus setas.

   

    







12/9/13

BREVE ENTREVISTA EN LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA








La Internacional Microcuentista ha publicado una breve entrevista que me hicieron. Si queréis leerla, podéis hacerlos pinchando aquí. Mil gracias al Comité Editorial.

10/9/13

ACCIDENTE CASERO EN LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA











Mi agradecimiento a la Internacional Microcuentista por la publicación de mi micro en su revista. Si queréis leerlo, pinchand aquí.

6/9/13

NUEVA RESEÑA DE PARTÍCULAS EN SUSPENSIÓN EN VEGES TU DE ELENA CASERO





Elena Casero hace una reseña de las que te dejan con la moral por las nubes, rosas, rosas. Para acceder a ella aquí

5/9/13

PARTÍCULAS EN SUSPENSIÓN EN LA LIBRERÍA DIARIUM






Mi agradecimiento a la librería Diarium por editar esta entrada en su blog y darle publicidad a Partículas en suspensión. Para leerla, pinchad aquí.

3/9/13

LECTURES D'ESPAGNE

Caroline Lepage, catedrática de la Universidad de Poitiers, ha publicado  LECTURES D'ESPAGNE, une anthologie vivante, con los microrrelatos de los autores españoles que fueron traducidos para el blog Tradabordo

 Tres de mis microrrelatos forman parte de la antología.

 Mil gracias, Caroline.

 

http://es.calameo.com/read/002617799ccde6a836ed5