4/2/13

EN LA DISTANCIA (Ganadora del VI Certamen "Historias de amor jamás contadas"

Aquí tenéis el enlace a la noticia y a los audios de la entrevista que me hicieron.

http://www.vivirdigital.com/noticia.asp?idnoticia=132764




Fotografía tomada de la red.

Añorado Mario:

No hagas caso de lo que te diga Sole, ya sabes que anda siempre distraída y, además ha perdido mucha vista. Yo estoy bien. El niño y yo nos apañamos. No diré que comamos todos los días lomo, pero nunca falta un guiso de patatas o unas lentejas a la mesa. Tu madre nos da, de cuando en cuando, un cuenco de arroz y algunas patas y crestas de gallo. Bien es verdad que Toña me regala a veces las manzanas o las peras tocadas, esas que no quieren las clientas de más posibles, y yo les quito lo podrido y hago muy buenas macedonias. Pero eso no es malo. Tú lo aprobarías. ¡Se echa tanta comida a la basura! Sin embargo, y créeme, nunca, nunca haría lo que afirma esa mujer. Sé que va a viajar a la capital a un oculista de postín para que le mire los ojos, y que tiene pensado visitarte en la pensión y contarte una sarta de mentiras, por eso esta vez me he dado más prisa en enviarte la carta, a pesar de que acordamos que sólo una vez al mes, para evitar gastos. Papel, tinta y un sello, tampoco es para tanto, Mario.

Pues bien, te cuento lo que ocurrió. Volvía yo a casa de noche, después de visitar a tu padre que anda un poco pachucho, aunque nada de importancia, por lo que no debes preocuparte, y me detuve a tomar aliento al lado de los contenedores. Entonces vi una manga asomando de uno de ellos y levanté la tapa para meterla dentro, con tan mala suerte que en ese momento pasaba Sole por allí. Me dio un susto de muerte. Puso su mano en mi hombro mientras me preguntaba qué estaba haciendo. Se lo expliqué pero no me creyó. Rebuscar en la basura, ¡a lo que hemos llegado!, dijo ella. ¿No te da vergüenza, eh, no te da vergüenza?, siguió abochornándome. Luego se fue, no sin antes gritarme que te lo contaría todo, todo. Ahora ya lo sabes, Mario. No la escuches siquiera. Yo estoy bien. ¡Si vieras el jersey que te estoy tejiendo con la lana de dos viejos que deshice! Para que no pases frío este invierno.

En tu anterior carta decías que los extranjeros dan muchas y buenas propinas. Me alegro. Así nos durará más tiempo el dinero y a lo mejor el año que viene no tendrás que marcharte a los hoteles. Porque yo te echo mucho de menos, Mario. Parezco una viuda, sin serlo. Y a veces me entra la llorera porque no me acuerdo bien de tu cara. Pero enseguida se me pasa.

Cuídate mucho. El niño te manda un beso.

Te quiere:

Carmen

30/1/13

VIII PREMIO INTERNACIONAL DE CUENTOS FUNDACIÓN ANADE


El lunes estuve en la presentación del premio de cuentos que convoca la Fundación Anade. Una gran satisfacción para mí el que Marisa Lacón volviera a ganarlo. También incluyeron otro relato suyo como finalista y cinco más de usuarios que los trabajaron conmigo cuando aún estaba en su Centro. El jurado estuvo integrado por Fernando Delgado, Boris Izaguirre, Manuel Rivas, Paola Dominguín y Ana Vargas, y fue unánime a la hora de elegir el primer premio. Lo dicho, una gran satisfacción.


27/1/13

MALOS TIEMPOS

Fotografía tomada de la red.


Se ha puesto duro el cielo. Acero que no abre ni un pasillo al sol. Vas temblando por la acera y sientes que no tienes pies y que en cualquier momento echarás un paso y asentarás el tobillo y se romperá el hueso. Se ha puesto duro el tiempo. Tanteas con cuidado los cuadraditos del suelo y pones la planta del derecho y luego la del izquierdo. Al hacerlo mueves los pequeños cristales de hielo de tus piernas y sientes los pinchazos y el dolor. Avanzas. Mis primos se tocan sus orejas hinchadas y rojas. Lloran en el pasado. Mi prima vuelve con un cesto de mimbre en la cabeza lleno de ropa lavada en el arroyo; lo suelta en el zaguán, corre a la chimenea y pasa sus manos azulonas por las llamas. Llora en el pasado. Cruje la escarcha sobre la hierba del parque. En la fuente, una lágrima se ha congelado. Volvemos a casa.

20/1/13

AIREAR UN SECRETO

Cementerio judío.

 Nada de aquello habría ocurrido si el huracán Pitufo no hubiera entrado en el cementerio. Mariavi, en el DNI María Vicenta, quiso llevarse el secreto de su juventud a la tumba. Y lo consiguió durante unos años. El Pitufo debió conformarse con tirar algunos alcornoques y seguir su camino hasta morir en el mar. En lugar de eso, sacó la puerta de los goznes que chirriaron de espanto, zarandeó y provocó los lamentos de cipreses arrancados de cuajo, se metió por los caminos levantando lápidas y tierra en remolinos que dejaron al descubierto las tablas podridas de los ataúdes más viejos. La serpiente intentó escapar por una galería hasta su cubículo al lado de la calavera del tío Antón donde también se refugiaban un puñado de gusanos. A todos sacó el Pitufo de las entrañas de la tierra. Voló tejas y sopló nichos derribando cajas y bolsas de El Corte Inglés con huesos de difuntos antiguos. El cementerio quedó sembrado de esqueletos enjoyados, con mandíbulas atadas con un pañuelo, vestidos con traje, en pijama, envueltos en sábanas, con y sin harapos, amarillos, blancos, cenicientos. Un desparrame de muertos. Cuando todo se calmó, vinieron los vivos para certificar el sacrilegio del Pitufo, y entonces fue cuando descubrieron el secreto de Mariavi. Dos costillas flotantes de menos y entre las que quedaban, dos prótesis de silicona que aún temblaban del susto, unos hilos de oro debajo de las fosas nasales y unas fundas protegiendo cada diente.

13/1/13

EL ENCUENTRO


Tomada de la red.



En este tiempo que la carnalidad nos concede, tú serás Amapola. Me gustan los campos de amapolas cimbreándose con el aire suave de la primavera. Así nos los presentan siempre, y yo imagino su olor y la textura de sus pétalos entre mis dedos.
No dejo de mirarte. Das un sorbo y no paras de hablar. Otro. Te muerdes el labio inferior. Trago largo. Lo sueltas, húmedo y rojo. Sube desde la hondura de una pasión avivada por el vino, un tictac rápido, golpeteo que acucia a mi lengua. Un mechón de zanahoria te cae y cubre media cara. Desvío la mirada al poso de mi copa. Pero me llega, como melaza, el susurro de tu voz. Cojo la botella y vuelco la nada. Comería esa fresa ahora. La mordería hasta sacarle su jugo y llenarme, y empaparme y mezclarlo con el vino que aún queda retenido en mi boca. Soplas. Tal vez sientas el fuego. Pero si hiero la pulpa sentiré el regusto metálico de tu sangre. Y no quiero. Me debato en dudas que se destilan en el aire dulzón de esta tarde de primavera, cuando al fin te tengo frente a mí. Y yo ando medio loco por coger tu labio de cereza con los dientes y guardarlo dentro de mi cueva húmeda y caliente. Miras el reloj. Ya van dos veces. A la tercera te levantarás, lo sé. Veo tu copa, medio llena, o medio vacía, según se mire. Reprimo el impulso de saciar mi sed. La cojo y te la ofrezco.
     -Bebe- ordeno, o suplico, no sé.
Y obedeces sin sentir. Y mientras lo haces, me miras y entonces veo el brillo de tus ojos marinos, brillo de fiebre, Amapola. Intentas resistir. Levanto el índice y empujo levemente, como un soplo, una caricia, la base de cristal. Sonríes un poco y una lágrima carmesí se desliza por la comisura de tu boca. Cierras los ojos y tragas suave el  néctar con el que te conquisto hoy, día en que salimos de nuestro encierro virtual para tocarnos, para sentirnos, para ser. Como esas personas que ahora entran en el Cyber y se sientan a nuestro lado, sin vernos, sin mirarnos siquiera, como si no fuéramos tú y yo más reales que ellas. Te levantas ahora, y miras hacia la pantalla, sabedora de que, si pasa el tiempo, si no se cumple el acuerdo de este juego de amor, desaparecerás para siempre, los dos nos desintegraremos en miles de puntos luminosos. Y ahora sí. Me levanto contigo y me pego a tu cuerpo de canela porque así lo imaginé y abro tu boca con la fuerza del deseo tanto tiempo retenido. Y durante la brevedad de unos segundos robados al dios Baco en connivencia con Eros, dejamos de ser Loquita de atar y Prisionero, antes de volver a quedar atrapados en el espacio, antes de mirarnos, cómplices, sabedores de que somos criaturas carnales, digan lo que digan los de ahí fuera.

8/1/13

NEGROS POR FUERA, BLANCOS POR DENTRO. GANADOR DEL CERTAMEN DE MICRORRELATOS CONVOCADO POR EL MICROTALLER LA BELLA VARSOVIA





¡Yo sola!, gritó. Un piececito sobre la babucha, el ímpetu de una rodilla en el hueco de la entrepierna, y se sentó en su regazo, muy modosita. ¿Qué traes?, preguntó Él con un hilo de voz. La niña María le entregó la carta mientras, asombrada, le miraba los dos senderos blancos por donde se abrían paso en la negritud, dos lágrimas.








http://www.radiocordoba.es/facebook/Taller_microrelatos.mp3

4/1/13

ESOS CHICOS TAN ESPECIALES

Tomada de la red.


En el almacén del centro, entre pijamas, chandals, batas y cajas con calzado sanitario y deportivo, esperan empaquetados: seis pelotas hechas con los globos rotos del último carnaval; cinco muñecas confeccionadas con faldas, pantalones y jerseys viejos; sesenta tetrabriks de leche, tomate y sopa, transformados en máquinas y vagones de trenes; cien pasadores de pelo, que nacieron de las cápsulas de café, con formas de ositos, nenúfares y caramelos;  cincuenta prendedores y broches, del plástico de botellas, que brotaron de los dedos de educadores y técnicos como flores en primavera; y muchos camiones, coches y casitas que salieron de los cartones de las cajas de embalaje. Los trabajadores cosieron capas con forros de abrigos desechados, recortaron y pegaron cartulinas que acabaron en coronas, y realizaron las barbas con el algodón de enfermería. En Navidad,  reciben en sus tronos a los chicos de ojos rasgados y lenguas torpes. Llevan en sus manos las cartas a los Reyes Magos.

28/12/12

DESAPARECIDOS- Ganador del II Concurso "Pepe Ortuño"

 
Fotografía tomada de la red.
 
Mi fotografía colgaba del cuello de la anciana del pañuelo blanco. Me vio y se cubrió la boca con la mano mientras abría mucho los ojos. Mis papás me lo tenían prohibido, pero el boludo de Ernesto se empeñó en pasar por la plaza. Ella dejó la fila y fue hacia donde parábamos. Tiré de la manga del saco de Ernesto y salimos cagando leches de allí. Cuando llegué a casa, mi vieja me esperaba con el mate. La estuve mirando mientras sorbía. Yo era un muchacho, seguro que me parecía a mi viejo.
 
 
 

27/12/12

ARMARIO

 Laberinto de Microrrelatos.
Saqué el pie del zapato Gorila. Dije que me apretaba y, mientras mi madre buscaba las zapatillas de felpa debajo de la cama,  volví a calzarme con los que llevé en la carroza. Me acerqué al espejo del armario y humedecí el carmín de mis labios con la punta de la lengua, luego giré el cuerpo a un lado y a otro, y el vuelo de la falda me acarició los muslos. Anduve unos pasos con los zapatos de tacón y moví las caderas. Mi madre me miraba. Ordenó que me lo quitara todo. Cada vez me resistía más a desvestirme después de las chirigotas del carnaval, y andar el resto del año disfrazado de chico.

Palabras: Carmín, lengua, tacón, chirigotas, armario.

25/12/12

CARTEL Y POSTAL DE NAVIDAD DE MIS CHICOS


El cartel ganador es de Miguel Ángel Serrano. Y la postal (sí, ya sé que no se ve mucho, pero está ahí), de Iván Sáez del C.O. Barajas (penúltimo Centro donde he recalado)



22/12/12

MIEDO- V CONCURSO DE MICRORRELATOS SOL CULTURAL





  Fotografía de Javier Fernández Gorrionero

El hombre avanza, desdibujado. Un nubarrón de palabras agrias lo acompaña. El llanto hiposo llega, una y otra vez, como boomerang, enroscándose en su oreja. Y conforme camina, revive la sinrazón de la pelea. Un retraso no es para tanto, se dice. Enseguida, como un trallazo, le viene el recuerdo de otro día. Entonces fue él quien estuvo acodado en la ventana, espiando la calle. Pasaban los minutos y temblaba como azogue. Esa noche, la espera dio paso a la desesperación. También discutieron. Como hoy. Y luego vino el quedarse enlazados, cuerpo con cuerpo, durante horas, reconociéndose en cada lunar, en cada arruga, en las cicatrices de la piel, como si acabaran de conocerse.
El hombre avanza. A lo lejos, la tarde se abre a la luz. Saca el teléfono de su bolsillo y marca. Te quiero, dice. Y las palabras soplan los últimos jirones de niebla.

(Inspirado en la fotografía de Javier Fernández Gorrionero, Niebla en Sol)

20/12/12

TIERRA

Fotografía tomada de la red.

 Todo el mundo tiene derecho a un descanso. Hasta tú te tomaste un respiro de un día. Uno también se agota y quiere un alivio. Cuatro mil cuatrocientos setenta millones de años, arriba, abajo, son muchos años girando sin parar. Solo quería detenerme un segundo. ¡Qué digo un segundo, una décima de segundo! Y mira la que se ha liado. Todos desparramados por el cielo. ¡Y esos pobres agarrados a árboles y farolas, qué cara de susto tienen! A ver cómo arreglo yo este entuerto. Porque estoy paralizado, no consigo volver a rotar. Anda, échame una mano, dios, que últimamente te veo muy relajado. Y los humanos ya tienen bastante con aguantar las putadas, sin perdón,  de esta casta de políticos canalla.

18/12/12

PEAJES GANADOR TRIMESTRAL DE WONDERLAND

 
Hacia el minuto 38: 20 h.

Baja la calle sin prisas. Y aun así, llega el primero. Pide un café y lo toma a sorbos cortos. Van llegando. Se sientan a la mesa. Las cartas mugrientas se traban entre los dedos. Partida tras partida, el reloj guillotina los minutos. Hora de cenar, dice uno. Y todos se levantan. ¡Os atan corto vuestras mujeres!, ríe él. Y se queda solo. Pide un chato de vino. Remolonea. Vuelve despacio a casa. En el recibidor se encuentra con su imagen en el espejo. Sube la mano derecha y se acaricia la cara. Como hacía su madre cuando era niño.



Horror en la casa embrujada (Accésit) 

David Figueroa

Camila sabrá lo hace, pero a mí no me parece que entrar en la casa embrujada sea una buena idea. Quiero ir a contarles a sus padres  lo que va a hacer, pero los amigos de Víctor me detienen, ellos también le temen.
Después de un rato jugando al escondite aparece Víctor que, sonriente, se pierde entre su séquito vitoreante. Un momento después sale Camila, con la mirada perdida, caminando lento. La acompaño a casa, en silencio,y, en la puerta, le pregunto qué pasó en la casa embrujada. Conteniendo las lágrimas me susurra al oído, los fantasmas no existen.


 


15/12/12

A DOS MANOS

Tomada de la red.


Entrabas en la sala comenzada la película y elegías tu presa. Admiraba la delicadeza de tu mano derecha deslizándose por la piel ávida de caricias, la agilidad con que sacabas limpiamente la cartera con los dedos de la otra.
     Conmigo te costó algo más de tiempo, empeñada en implicar a tus dos manos en el gesto amoroso. Fracasé.
      Sé de tu disgusto, el billetero es de plástico y sólo contiene esta nota. Pero puedes recuperar el tuyo, aligerado de peso, con toda la documentación, en la papelera que hay a la entrada de nuestro cine que, estoy segura, seguirás frecuentando.

11/12/12

CRIATURAS (Ganador de la semana de Wonderland)

Apoyaba la espalda en el quicio de la puerta, sombrero calado, tinto en mano y cigarrillo colgando del labio inferior. Miraba, socarrón y lascivo, a las mujeres que pasaban. En cuanto veía a Justina, carnal y coloradota, lanzaba un ¡guapa!, adelantando la cabeza, sin pasar nunca la línea que separaba la sombra de la luz del sol. Ella agachaba la cabeza y apretaba el paso. Nadie comprendió lo de la boda. Dicen que ella está cada día más pálida y delgada. Dicen de ese cuello hasta la barbilla. Dicen que la noche. Dicen que él se transforma. ¡Dicen tantas cosas!
 
Hacia el minuto 44: 21


10/12/12

DESAHUCIO EXPRÉS

Dibujo tomado de la red.



Vecinos blogueros, se me ocurre que podíamos hacer unos relatitos navideños con el lema "los desterrados,  los desheredados". ¿Os apuntáis?


¿Y qué he  hecho yo para merecer esto? Me conformaba con un poco de paja, ¡heno, no por Dios,  todo un lujo!, y algo de agua. Dormía echada en el suelo. Ni un rebuzno durante la noche. ¡Y el calorcito que daba mi aliento! Entonces va el papa ese y me destierra. A los dos. El Portal era mío y tuyo. Y bien que le dimos cuartelillo a la Mari, el Jose  y el Jesusín. Y heme aquí, perdiendo los dientes con la tiritera. Me queda nada para despedirme de este mundo cruel. Porque ya me dirás tú cómo voy a comer sin dientes. Aun más, ¿qué voy a sacar de este montón de nieve sin límite en el horizonte? No, ya, que a lo mejor escarbando encuentro una brizna de hierba. Pero con este baile de San Vito no puedo cavar en un sitio fijo con las pezuñas. Estoy en el zarzo. Pero tú aún conservas las carnes. No me mires así, acuérdate de lo de los Andes. Cuestión de supervivencia.

7/12/12

EL ARÁNDANO Y LA ESPOLETA

Tomada de la red.

Cuando me enteré de que el Ejército hacía prácticas en el terreno lindante al nuestro, tuve el presentimiento de que algo malo ocurriría. Por eso, al escuchar las explosiones, corrí por el camino que bordeaba el pueblo y atroché por un campo lleno de zarzas. Apenas sentía los enganchones y arañazos. Más grande era la desazón que me causaba saber que mi hijo Pedro estaba en el huerto.
      No quería ni pensar, que la suerte negra que me acompañaba desde hacía  tiempo, hubiera  llamado de nuevo a mi puerta. Ya tenía yo bastante con la pérdida de mi hermano Perico, de quien tomé el nombre para mi hijo, y la de mi marido, tan cerca que aún podía verlo salir la última vez con el carburo en la mano y el casco con su bombilla; que una cosa era perder padres, marido, incluso al hermano, y otra quedarse sin hijo.
     Desde lejos divisé la mata cimbreándose. Respiré aliviada y seguí avanzando hacia el arándano. Cuando estaba muy cerca,  vi aquella cosa extraña, como una raíz que hubiera llevado la contraria y echado para arriba en lugar de hundirse en la tierra, que es lo suyo,  y se me aflojaron las piernas. “Que no te muevas”, le pedí. Él siguió arrancando arándanos y echándoselos a la boca. “Mira lo que tienes ahí pegado. Que no te muevas”, repetí, y él dio unos pasos hacia aquel artefacto, uno de esos que explotan y que, por razones que entonces no entendí, no había estallado. Entonces le tiré una piedra con la intención de alejarlo, tropezó y se tambaleó hacia delante. Y cuando ya lo veía caer sobre aquella cosa maldita, se echó hacia un lado y rodó hasta mis pies.
     No voy a decir que estuviera bien recibirlo con un tortazo pero me salió así. Luego le di un abrazo y lo estuve mirando por todos lados como temiendo que le faltara algo.
     Dijeron que aquella bomba no estalló por un fallo de la espoleta. Vinieron los del Ejército a mirarla y remirarla, pero no la tocaron. Y ahí sigue, como un hijo de puta del arándano, los dos solos en mitad del huerto. Dicen que no hay peligro, eso dicen los de uniforme, pero yo, por si acaso, he echado la llave de mi casa con mi Pedro dentro, que si ya es duro perder a los padres, al hermano y al marido, no quiero saber cómo se puede vivir después de enterrar a un hijo.

5/12/12

SETAS

Tomada de la red.


Desde que papá está en el paro, en casa dependen del rarito de la familia. Así me llamaban delante de los vecinos. Y ellos cuchicheaban, a sus espaldas, que yo era tonto de capirote. Todo porque prefiero la soledad, a los partidos de fútbol y las barbacoas en el jardín. Ahora yo traigo el sustento, no en vano me gustan los libros. No en balde me documenté bien sobre micología. Recojo russulas y las vendo por el barrio. De vez en cuando, pienso en meter una amanita phalloides en el lote, solo por ver si son tan listos como decían.

29/11/12

SEQUÍA

Fotografía tomada de la red.


Cuando los cangilones de la noria salieron sin agua, mi padre miró desesperado los tomates, aún verdes en las ramas. Años sin lluvia habían secado los veneros y abierto la tierra en heridas profundas por las que corrían los lagartos.
     Mamá restregaba la ropa en la tabla de lavar, dentro de un barreño, con jabón y agua del pozo, tan gorda que parecía leche cortada. Yo jugaba a que unas plumas de gallo, flotando en una cubeta de aluminio, eran personajes de “El Jabato” en una aventura en el Amazonas. Mi padre entró alterado en el patio y se puso a sacar agua del pozo. Iba a la huerta con los cántaros llenos y volvía con ellos vacíos. Así hasta que salió la zapatilla podrida, la botella de vino que puso a enfriar con una soga atada al gollete, y la muñeca rota que tiré en una de mis rabietas. Entonces sacó a mi Jabato y a mi Goliath de la cubeta y se la llevó también a la huerta.  Prohibido jugar con agua.

27/11/12

PREMONICIÓN- GANADOR DE LA SEMANA DE WONDERLAND


“Semana de lluvias” le dice el abuelo a la abuela mientras se soba la rodilla izquierda. Y llueve a cántaros. “La Justa tendrá gemelos”, asegura, rascándose ambos brazos. Y hay doble bautizo. “Al Pedro le ronda la muerte”, vaticina con una mano en el pecho. Y al poco las campanas tocan a difunto. Hace días que el abuelo no sale de casa para echar con los amigos la partida de cartas. Se sienta al lado de la abuela, en el corredor, entre las macetas. Ella hace ganchillo y él se acaricia el lado corazón sin dejar de mirarla de reojo.
 Hacia el minuto 49

26/11/12

COMUNICACIÓN PERDIDA

Fotografía tomada de la red.

Conocíamos aquel medio primitivo de transporte, pero nada sabíamos de aquellos puntos en relieve sobre los pulsadores de las puertas. Dejé las excavaciones y volví a casa.  Proyecté la figura, pero la Computadora Central no consiguió ninguna información del análisis de los objetos encontrados después del Gran Incendio. Estaba cansado. Tomé mi ración de proteínas y me coloqué en posición horizontal. Antes de cerrar los ojos, perdí las imágenes varias veces, tendría que hacer una visita a la Fábrica de la Visión: el chip estaba fallando.

22/11/12

ÁNGEL

Fotografía tomada de la red.

La mañana de su último día, Ángel dormitaba en su silla de ruedas. De vez en cuando, suspiraba. De vez en cuando, un largo hilo de baba pendía de su boca torcida. De vez en cuando abría los ojos, tosía, levantaba una mano para captar mi atención.
     - ¿Qué quieres Ángel?
     Me agarraba la muñeca y tocaba mi reloj. "Las doce", le decía. Y unas lágrimas sin llanto caían sobre su pijama.
     - ¿Qué te pasa?, ¿te duele?
     Y él negaba con la cabeza señalando el televisor. A las ocho de la tarde daban un partido. Jugaba su equipo. Pero aún era de mañana y había un programa de manualidades. Presté atención. "Para mis chicos", pensé. Mientras, Ángel volvió a cerrar los ojos.
     Cuando me fui a las tres, llevaba en mi cabeza unas cuantas ideas para mi próximo trabajo. Atrás quedó Ángel, atrás su último esfuerzo por conseguir unas horas más de vida.


19/11/12

II CONCURSO LITERARIO "CUENTOS CORTOS DEL 1 DE MAYO"

http://sombrasenllamas.blogspot.com.es/


Esta mañana me han comunicado que mi relato "Botón de muestra" ha ganado, junto con otros nueve, el Concurso Literario "Cuentos cortos del 1 de mayo". El premio: Diploma y la edición de los diez mejores y quince ejemplares de la antología. Contenta, estoy.

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17/11/12

GRAN GALA DE SUICIDIOS ELEGANTES, NO APTA PARA CARDIACOS

Yo que tú, me lo pensaría. Pero si,  llevado por la sed de una buena cerveza aderezada con una pizca de morbo, decides asistir al evento, te aconsejo casco, por si las caídas de cuerpos, y un catador, por si los venenos en los caldos. Avisado quedas.

15/11/12

MAFIA

Fotografía tomada de la red.


Si no por mí, hazlo por ellos. Anda, tómate esto, no te dolerá, te lo prometo, le dice. Y le ofrece las pastillas y el vaso de agua. Él mira el cuerpo enflaquecido de sus hermanos, las costras, los ojos de hambre. En unos días estás en la calle, en esa esquina tan buena que te reservamos. Una mina, ya lo verás, enseguida llenarás el plato de monedas y podrás irte a descansar, insiste ella. El niño traga las píldoras. Dos segundos antes de meter la mano en la prensadora, se pregunta si de verdad aquella mujer será su madre.

13/11/12

BLOG EN HUELGA

tomalaplaza.net

11/11/12

DENUNCIA, DENUNCIA, DENUNCIA.


Tomalaplaza.com


 Os dejo el enlace del blog de Juan donde ha colgado un post sobre el tema lacerante de los desahucios. No tiene desperdicio.




http://aceroyhumo.blogspot.com.es/2012/11/basta-ya-ni-un-desahucio-mas-y.html

9/11/12

HAMBRUNA

Tomada de la red.


Ah, no, esta vez no caeré en la trampa. Que sí, mujer, que debo resolver el conflicto. Pero primero me tomo la sopa, después los boquerones y para acabar el yogur con bífidus, que para eso soy ahora el cabeza de familia. No me tires del brazo que no pienso moverme de la silla. En vano gritas. Con los auriculares puestos sólo oigo navajazo, sangre y otras palabras sueltas. Quieres provocar mi alarma, que deje mi cena sobre la mesa para que esos dos harapientos de tus hijos pongan fin a la representación, mientras los otros cuatro se la zampan. Anda, prepárame el traje de domador y el látigo de los carnavales. En cuanto dé la última cucharada, intervengo. ¿Y ahora qué haces? ¿Adónde vas con el cuchillo? Ya me advirtió mi madre: José, no te mezcles con muertos de hambre que te darán un disgusto.

6/11/12

EL ENGANCHE (Concurso de Relato Breve Doctor Zarco)

Tomada de la red.



El sudor le cae sobre los párpados, nublándole la visión. Saca el pañuelo del bolsillo. Arrugado, áspero. Ya nada es como antes. Ni de poner suavizante se acuerda Toñi. Lo pasa por los ojos y después  vuelve a guardarlo en el bolsillo del pantalón. Entre las cejas, ahí quiere darle en cuanto deje de moverse. Tiene buena puntería. Un buen tirador lo entrenó. Claro que le costó unas cuantas invitaciones. “¡Hombre, Paco!, a mí la cerveza así, a palo seco, no me cae bien. Que traigan unas gambas o unos tacos de jamón para acompañarla”. Un jeta su amigo Germán. Pero le había compensado. Varios meses matando ratas en el vertedero, agujereando cervezas y Coca Colas a la orilla del río y había conseguido que errara muy pocas veces. Pero Germán tenía sus principios, eso dijo. No le iba a prestar el arma reglamentaria.
     -  Es para hacerle una demostración a Toñi. Te la devuelvo el lunes.
     -  ¡No me jodas, Paco! De ninguna manera te dejo la pistola.
      - ¡Venga, hombre! Si sólo es para el domingo por la mañana. Mira, si quieres, te la acerco a tu casa por la tarde.
     - No insistas. Del arma no me separo yo ni para mear. Fue lo primero que me enseñaron en el Cuerpo, a cuidar de ella como si fuera mi polla.
- Nadie se va a enterar. Sólo unos tiritos a unas latas de cerveza para impresionar a Toñi, y te la llevo a mediodía.
-  Me la juego. Si pasa algo, me la juego. Y no estoy dispuesto a que me expulsen del Cuerpo por una tontería. Te la dejo para que des unos tiritos, pero no le quito yo el ojo  de encima a mi pistola por nada del mundo.
     No hubo manera de convencerlo y tuvo que andar de trapicheos con “El Chota”, un tipo que se había ganado a pulso el apodo. Le importaba una mierda para qué la quería. Vendía armas a cualquiera que tuviera dinero para pagarle. Tampoco se hacía responsable de los fallos. Decían que el mal estado de una escopeta le costó varios dedos de la mano derecha al “Trancas”, cuando estalló el cañón al disparar al aire con la intención de amedrentar a los clientes del banco que intentaba atracar.
     Muy buena, dijo “El Chota”, lo mejor que tengo. Vio el interés en los ojos de Paco y le sacó todo el dinero que tenía ahorrado para las vacaciones.
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     Paco vuelve a enjugarse  el sudor con el pañuelo. Sigue los desplazamientos de la cabeza desde una distancia que él considera prudencial. En cuanto pare, le dispara entre las cejas. Está decidido. Acaricia el gatillo. Tiene el pulso firme. Es el calor, ese bochorno que se ha metido en la casa después de la tormenta, lo que le hace sudar. Antes le asustaban los truenos a Toñi, pero ahora no le tiene miedo a los rayos. Ni a nada de lo que antes la amedrentaba. Tira el pañuelo sobre una silla y desvía un momento la atención para mirarlo. Ni siquiera la humedad ha suavizado las arrugas de la tela.
     Toñi era muy cumplidora. Él siempre tenía su ropa limpia y planchada, la cena hecha, los cacharros fregados y la cocina recogida. Pero se ha vuelto descuidada. Todas las noches se apilan en el fregadero platos, sartenes,  cacerolas, vasos y cubiertos, y en más de una ocasión no ha encontrado en el armario una camisa que ponerse. Todo por un tipo cochambroso, con barba de varios días y drogadicto.
     Eso de engancharse con una serie, una telenovela, un programa del corazón, le había ocurrido otras veces, y no le impidió seguir con sus obligaciones,  pero fue descubrir al cojo y dejarlo todo para dedicarse en cuerpo y alma a la serie. No se perdía ni un episodio de aquel culebrón hospitalario donde un malas pulgas se atiborraba de pastillas y trataba a bastonazos a sus colaboradores y peor a sus pacientes.
     - ¡Vamos a la cama, Toñi!-, le decía Paco. Y ella iba detrás, como una corderita.
     Aquellos sí que eran buenos tiempos. ¡Lo que le relajaba a él echar un polvo antes de dormirse! Claro que Toñi quería algo más. “Un abrazo por lo menos. Que tú enseguida acabas y ¡hale!, te das la vuelta”. Y él le daba un achuchón para que se quedara más tranquila. Pero cuando comenzó a ver la serie, él le decía venga vamos a la cama y ella le contestaba ve tú  delante que ahora te sigo. Al principio la esperaba, pero pasaban las horas y ella no aparecía, así que después de dar muchas vueltas y enredarse y desenredarse en las sábanas, se dormía de puro agotamiento. Y cuando se levantaba, más cansado que cuando se acostó,  tenía que preparar la cafetera y las tostadas porque Toñi ya no le dejaba el desayuno dispuesto sobre la mesa de la cocina.
     Creyó que era una buena idea y le regaló un DVD. “Toma, para que  grabes al tipo ese de los cojones y puedas verlo cuando quieras”, le dijo. Y ella le dio las gracias, un beso y un polvo rápido antes de la cena, que a él le abrió el apetito y le dio nuevas esperanzas.
     - Me tienes que enseñar cómo se graba-, dijo ella nada más calentar la lasaña.
     - ¡Joder Toñi, lasaña! Sabes que no me gusta.
     - No seas  gruñón. Es que no he tenido tiempo para hacer otra cosa, pero mañana, por éstas- y besaba el pulgar cruzado con el índice- que te hago unos calamares en su tinta.
     Le enseñó y ella aprendió rápido. Pronto tuvo una colección de cds. Pero eso no hizo que dejara al doctor  para irse  a la cama con Paco, como él esperaba. Al contrario, pasaba más tiempo pegada al televisor, viendo una y otra vez todos los capítulos que tenía grabados. “Ya tienes tiempo mañana”, le decía él. Y ella contestaba: “Ve tú delante que ahora voy”.
     Paco comenzó a sufrir insomnio. Y para no quedarse en la cama dando vueltas, decidió aliarse al enemigo y fue a sentarse al sofá con Toñi.
     - Ese no tiene ni idea- decía ella muy segura mientras señalaba con el índice al doctor Foreman – La paciente no tiene cáncer, lo que tiene es una infección de caballo y la va a matar por culpa de un diagnóstico equivocado.
     Y encima le destripaba la serie adelantándole los finales. Claro que a él las correrías de la cuadrilla de batas blancas le importaban un comino. Los despreciaba a todos. Unos por babosos y lameculos, otros por repetir siempre las mismas chorradas. Listos, iban de listos con sus enfermedades fantásticas y sus curas espectaculares. Síndrome paraneoplásico, xantocromía,  esquistosomíasis,  intoxicación con ciguatera, acinetobacter baumannii, síndrome de Sjogren,  telangiectasia hemorrágica hereditaria, coagulopatía intravascular diseminada. Eso era lo que Paco escuchaba a todas horas. No hacía falta que viera la serie, Toñi se encargaba de ponerlo al corriente de los últimos nombres que se aprendía de memoria. Lo apuntaba todo en un cuaderno y luego iba a la enciclopedia médica que se compró para empaparse bien de todos los síndromes. Toñi, su Toñi, que no había leído un libro en su vida, que hasta que no se metió de lleno en los avatares hospitalarios del cojo, no podía pronunciar ácido acetilsalicílico ni sabía qué era eso. Pero lo peor fue cuando comenzó a dárselas de entendida. Si alguien se quejaba de un dolor inexplicable, enseguida iba ella y le diagnosticaba una enfermedad rara. Como cuando la señora Paquita, la vecina del quinto, se lamentó de su pérdida de memoria. “Eso tiene un nombre: Creutzfeldt-Jakob”. Y añadió que no había cura. Tuvo que pagarlo él. Se encontró con el yerno de la señora en el portal, lo agarró de la pechera, le levantó los pies del suelo y le dio un par de tortas y el encargo de que hiciera callar a su mujer.
     La última esperanza se le fue cuando, mientras ella se llenaba la cabeza de larvas, tumores y septicemias, él le metió las manos bajo el camisón y fue subiendo, palmo a palmo de piel, como un fortín conquistado, hasta llegar a las dos tetas. Y cuando ya las tenía entre sus dedos, fue ella y le dio una palmada mientras le decía: “¡Quita, Paco, no seas pesado!”. Aquello fue la última gota. La  penúltima la dejó caer en el vaso de su exasperación su jefe al señalarle una manga arrugada de la camisa. “Hay que cuidar la imagen, Paco. En esta profesión es muy importante”. Y el muy cabrón lo dijo delante de su rival más encarnizado, el que estaba deseando quitarle el puesto. Menuda cara de satisfacción se le puso. Así que el vaso rebosó con el desplante de Toñi. Miró la cara sin afeitar de aquel sarmiento con bastón y sintió un odio tan intenso que le revolvió las bilis y las tuvo que echar en una de las mayores vomitonas de su vida.

     Paco se prepara. Él ha abierto la puerta corredera. Entra y se queda un momento parado, luego coge una silla y la acerca a la cama. Se sienta y le habla al joven entubado con la arrogancia de costumbre. Ahora es el momento, se dice Paco. Le apunta entre ceja y ceja y dispara. “¡Vete al infierno, cojo de mierda!”

3/11/12

EMPLEO

Fotografía tomada de la red.


El sudor le enturbiaba la vista. Pasó el puño deshilachado de su camisa por los ojos. Seguía el desplazamiento de la rebeca rosa, calle abajo. Si no se apresuraba, la perdería. Varias gotas saladas bajaron por la nariz y se estrellaron en el alféizar de la ventana. Era más difícil de lo que creía. Y eso que practicó con las cucarachas de casa y las ratas del vertedero.  Pensó en su mujer y en sus hijos, y fue peor. Aquel era el oficio más duro del mundo y él no estaba preparado. Bajó el arma y dejó escapar el encargo.

29/10/12

EL TONTO DE MI HERMANO

Tomada de la red.


Toño es tonto, tonto. Lo dice papá. Tengo diez campanillas, diez. Y Toño no debe tocarlas. Lo dice papá. Lo dice. Todas en formación de mayor a menor. La de levantarme suena tilín, tilín. La de la comida tilón, tilón. Para los deberes, tulín, tulín. Cada una con su sonido. Su sonido. Toño se llevó la de los juegos y dejó el hueco. Lo dice papá. Cuando las repasé con mi mano derecha, a las ocho en punto de la mañana, estaba el hueco. El hueco que llena un pájaro negro que picotea y picotea por dentro. Lo dice papá. Yo nunca veo un pájaro. Yo doy puñetazos a las puertas. Mamá tiene la cara mojada y papá dice que Toño es tonto, tonto. Buscan la campanilla. Me siento en el sofá. Me balanceo. Balanceo. En el suelo hay cuatrocientas rayas. Toño no está. La campanilla de los juegos tampoco. Una raya es más ancha. Más ancha. Una baldosa está rota. Está rota. Tengo ganas, muchas ganas de pegar un puñetazo a la puerta. La puerta se abre. Es Toño, el tonto. Tu campanilla de los juegos, dice. La cojo. No, no es mi campanilla de los juegos. La tiro al suelo. Grito. Mamá y papá vienen corriendo. Levanto el puño. Voy a pegarle al tonto. Es Toño, es mi hermano el tonto. Me doy el puñetazo. Papá me sujeta las manos con un abrazo. No me gusta que me abracen. Espera. Espero. Se me va pasando. Toño rompió mi campanilla de los juegos. Toño me compró otra. No es igual, pero me iré acostumbrando. Lo dice papá. Mamá viene y me da un beso. Un beso. Me limpio la cara con la manga de la camisa. Papá hace sonar la campanilla de la merienda. La merienda.

23/10/12

COMO ALQUITRÁN

Imagen tomada de la red.

Asoma una raya de luz debajo de la puerta. Pero no puede ser porque ella siempre duerme a oscuras. Fuego fatuo que se apaga. Y él que se mueve a tientas, desorientado, sin encontrar la salida.

19/10/12

VÉRTIGO



El último bufido del autobús me deja en el desamparo de una mañana aún sin abrirse a la luz. Respiro hondo. Suelto aire. Respiro hondo. Suelto aire. No lo pienses, me animo. Y comienzo a subir las escaleras. Arriba, arriba, elevando mi metro cincuenta y seis de la seguridad del ras de suelo. Miro al frente. Un pasillo estrecho, bordeado por una barandilla que me llega a la altura del pecho. No lo pienses, repito. Un paso, luego otro y cruzaré el puente enseguida. Aferrada al metal hollinado. Si no viera, tal vez sería más fácil. Hacia adelante. Un tramo pequeño y me encuentro suspendida sobre las luces que van y vienen por la carretera. Entonces miro hacia arriba. Pomos de estaño que abren la puerta de mi memoria. Esa es la estrella polar, señalaba mi hermana en las noches de verano, las dos sentadas en el umbral de nuestra casa. Y en esa de allí vive ahora la abuela. Yo tragaba saliva. Todo giraba alrededor. La agarraba fuerte de la mano y ella me llamaba miedica. Vuelvo a mirar al frente. Dejo atrás el vacío bajo mis pies. Sonrío. En el cielo brilla el lucero del alba.


16/10/12

PEAJES (Finalista semanal de Wonderland)



Baja la calle sin prisas. Y aun así, llega el primero. Pide un café y lo toma a sorbos cortos. Van llegando. Se sientan a la mesa. Las cartas mugrientas se traban entre los dedos. Partida tras partida, el reloj guillotina los minutos. Hora de cenar, dice uno. Y todos se levantan. ¡Os atan corto vuestras mujeres!, ríe él. Y se queda solo. Pide un chato de vino. Remolonea. Vuelve despacio a casa. En el recibidor se encuentra con su imagen en el espejo. Sube la mano derecha y se acaricia la cara. Como hacía su madre cuando era niño.


Hacia el minuto 48: 33

14/10/12

HARTURA


Tomada de la red.


Debimos separarnos, Norberto, y no habríamos llegado a esto. Pero tú, que de ninguna manera. Al menos cuando trabajabas tenía mi poquito de respiro. Fue jubilarte y a todas horas detrás de mí. No era vida, Norberto.
- ¿No tienes una partida de mus que echar con los amigos?- te preguntaba.
Y tú, que dónde estaban esos amigos. No tuviste tiempo, claro, de cultivar amistades, siempre detrás de mí. Yo cortaba el hilo negro con un tajo de dientes; los rechinaba fuerte, que no sé cómo no me saltaba el esmalte. Luego buscaba otro calcetín y le zurcía los huecos por donde tú sacabas los dedos o el calcañar.
-  ¿Y una vueltecita por el parque?- insistía yo mientras masticaba un trocito de hilo.
-  Aquí estoy bien- contestabas invariablemente.
Pero yo no, Norberto. YO, NO. Te encontraba en la cocina, removiendo mis guisos, en la salita, mientras yo cosía, en el tendedero, haciendo como que me ayudabas con las pinzas. Hasta me aporreabas la puerta cuando entraba al baño.
- ¿Qué lees?- te interesabas por mis novelas policiacas. Yo te hablaba del argumento, pero enseguida me daba cuenta de que no me escuchabas. Tu interés era sólo saber qué hacía en todo momento.
Comprenderás, Norberto, que tuviera los nervios a flor de piel, que lo mismo reía como una histérica, que lloraba como una plañidera. Pero tú, ni enterarte. No encontré otra manera de que me DEJARAS EN PAZ, NORBERTO. Mira que eres tozudo. ¿No tuviste bastante? ¿A qué vuelves? Nada, que no puedes dejarme. Todo el santo día enfriándome la casa con ese aliento helado que te has traído. ¿O es que quieres llevarme contigo de una pulmonía? Ya te entiendo. Yo por mi mala acción y tú por provocarla. Ahora mismo me levanto de la cama y me pongo la manta caliente. Que ya sé que acabaremos reuniéndonos, pero cuanto más tarde mejor. Y mañana mismo espurreo la casa con agua bendita para que de una puñetera vez te vayas al infierno.


Copio aquí el enlace a la web de Agustín, mi cangrejo preferido, que ha tenido el detalle de acompañar mi texto con esta excelente canción.
http://acusmartvald.blogspot.com.es/2012/10/platos-rotos-paco-cifuentes.html 

10/10/12

UNA EXPLICACIÓN CONVINCENTE

Tomada de la red.


De niño subía a la buhardilla de la casa del abuelo, con los cómics del Capitán Araña, el bocadillo de chorizo y el batido de chocolate. Y cuando los pájaros alborotaban en la alberca, abría la ventana y salía. Tumbado, separaba las piernas y crucificaba los brazos en las tejas. Escurría su cuerpo hasta el alero y allí sufría un parón. Agarrado al borde, se balanceaba hasta dejarse caer, como un fardo, sobre el carro de paja. Pero cada vez  necesitaba un chute más fuerte de adrenalina. Y avanzó a ciegas por la cornisa. Familiares y vecinos discutieron el asunto y llegaron a una conclusión satisfactoria. Estaba claro que su intención fue siempre matarse.

5/10/12

APRETAR LAS TUERCAS

Fotografía tomada de la red.
Él no era padre de las niñas, aunque el ADN certificara que sí. Ejercía como un miserable, a pesar de que una ceremonia lo hiciera pasar por marido. Pero no era motivo suficiente para acabar con su vida. Ahora tiene más cuidado. Cuando se despierta, encaja una a una todas las piezas, asegurándose de que estén bien enroscadas al tronco. Sin embargo, últimamente, cuando La Trepa golpea con la porra los barrotes de las celdas mientras las llama basura, nota una pequeña vuelta en el cuello, un ligero aflojamiento, y piensa que tarde o temprano volverá a perder la cabeza.

27/9/12

LA FAENA

Tomada de la red

Para Mª Jesús, que si se lo propone, puede hasta con un torero.


Mi rubia del redondel, qué brillo no llevarías, que al rematar unos pases con una media verónica, me quedé como alelado mirándote, como una diosa, de pie en la grada. Y me entró tal arrojo, que me puse manos a la faena dando lo mejor de mí mismo, desde que tomé la alternativa.
     Naturales, faroles, chicuelinas, gaoneras, largas, y el remate de pecho. Me empleé a fondo. Sólo por ti, por conseguir tu respeto, tu admiración, mi rubia del redondel. Que ni tu nombre sé. Y me arrimaba y acariciaba al astado. Arriesgando. Que ni quería retirarme en la suerte de varas, para que el picador hiciera sangrar al toro con la puya. Cité al toro para ponerle las banderillas mientras sentía el fuego de tu mirada en mi espalda, y me decía: éstas por mi rubia del redondel. Mi traje rosa y plata manchado de sangre de tanto arrimarme al bravío. ¡Qué coraje le eché!
     Luego llegó la hora de entrar a matar y, por primera vez, en lugar de a la Virgen de la Macarena, me encomendé a ti, mi rubia del redondel. Un estocazo hasta el fondo y el toro dobló las patas delanteras y cayó como fulminado por un rayo. Entonces te miré, el pecho henchido de satisfacción y orgullo, y  te vi allá arriba quitándote la rebeca para dejar a la vista de todos tu camiseta con las letras en rojo: “No a la tortura de animales”.
      Se me cayeron los palos del sombrajo, mi rubia del redondel. Vi cómo te ibas de la plaza y fue como si me quedara más solo que la una y eso que estaba rodeado de gente que agitaba sus pañuelos. Ni oreja, ni rabo quería yo. Salí de allí con el moco más caído que un pavo en Navidad.
     Y desde entonces te ando buscando. He recorrido todas las asociaciones antitaurinas, preguntando por ti. De momento nada, no consigo encontrarte, pero sé que más temprano que tarde daré contigo y ese día, por éstas, que echo la rodilla al suelo y te recibo a porta gayola.  Y si hace falta dejo el toreo. Todo por merecer tu respeto, todo por conseguir  que me quieras. Esa será mi mayor faena, mi rubia del redondel.

22/9/12

LA SALVACIÓN

Dibujo tomado de la red.

Mamá no quiere. Y yo tengo que hacerlo a escondidas. Leyendo bajo las sábanas con la luz de una linterna, o en un banco alejado en el parque. Ella cree que los libros invitan al suicidio, porque papá sólo hacía eso, leer, boqueando como pez fuera del agua. Pero no es verdad. Días después, intenté asomarme al patio interior por donde él se tiró. Aún colgaba del tendedero el mono que usaba en la mina de carbón. Puse La isla misteriosa para nivelar la cojera de una silla. El libro escurrió de la pata. Caí dentro y no por la ventana.

19/9/12

TENSIÓN SEXUAL

Fotografía tomada de la red.


Él deja su olor en el enredo de cabellos que cuelga de los espinos. Encelada, muerde las correas y sigue su rastro de almizcle por el camino que la lleva hasta su guarida. Cuando siente su temblor, afloja el abrazo y regresa trastabillando, dolida. La enfermera la recibe en la puerta, ciñe su brazo con la banda negra, mete presión y escucha. Silencio y el brazalete se desinfla. La mujer suelta el velcro y suspira - Un día de estos nos vas a dar un disgusto- dice mientras presiona con el pulgar la cápsula de plástico que libera la pastilla.

17/9/12

¿ DE VERDAD EL CULTURAL?

Batía chocolate cuando entró el señor. Se amaron sobre un volcán de harina y mantequilla. La tarta llegó sabrosa a la señora.

El microrrelato de arriba fue mi aportación al concurso "Cuenta 140", tema el amor. Lo de más abajo es el post que acabo de dejar escrito en su blog. 

Y aquí me despido.

Tengo fama de crítica, de políticamente incorrecta, pero también de ser respetuosa con los relatos ajenos. Acepto críticas en mi blog, pero no dejaría pasar comentarios donde se llame mierda, bazofia o cosas por el estilo a un texto mío. En ningún taller literario al que yo haya asistido, muestran semejante falta de respeto.
Y como no me gustan los programas del corazón esos de pelea de gallos donde nada se dice que no sea con otra intención que la de herir, y Juan Aparicio ha dado con su opinión carta abierta a los desmanes en este blog (escucho cómo se frotan las alas, preparándose), aquí me bajo. Por dignidad, una palabra que cada vez se va arrinconando más en favor de la cochambre.

Que os vaya bien.

Abrazos para todos.

PD. Con un par, sí señor, mi admiración para Rutero que no se vende por un plato de lentejas con bicho.

15/9/12

PORCA MISERIA (ABOGADOS DEL MES DE AGOSTO)

Fotografía tomada de la red.


Socia, entrega el piso como condonación de la deuda, cómprate una toalla y un bronceador y vente conmigo a Benidorm, me aconsejó Pilita. Debí hacerle caso, pero estaba obsesionada con la señora de la venda en los ojos y la balanza. Era de justicia. No pueden dejarte en la calle por unos meses de impago. Pero los bancos no se andan con chiquitas. El abogado, mucho traje y corbatas de diseño, a costa de mis costillas, y no conseguía una mierda. Un revés con el palo de la fregona y el de la toga que se desnuca contra la mesa. En resumen: estoy arruinada. Ni para pagar la fianza. Por otro lado, aquí tengo asegurada la comida diaria. Usted verá, caballero, si sigue interesado en mi defensa.

14/9/12

¡HAY QUE PARARLOS!

Imagen tomada de la red.

 

 

¡Ni un paso atrás! 

¡Acabemos con la clase canalla!

¡Todos a la manifestación!

 

 

Bloque Crítico 15M: Marchas 15 de septiembre 11:00 horas Atocha- por la Huelga General

11/9/12

RECREACIÓN



Él con la mano en el borboteo, intentando sujetar la vida. Ella, reflejada en su cristalino reventón. La mirada de odio prendida en la mirada de estupor. Interrumpe él, desbordado. Te voy a dar así, dice, levantándole la mano, luego da media vuelta y sale de la cocina. Ella sigue a lo suyo. Filetea rápido los ajos, sin levantar los ojos del cuchillo, de la tabla. Hoy, mañana, un día de estos. ¿Cómo lo hará: cortando de lado a lado, o clavándole la punta en el hoyuelo, igual que al cerdo en la matanza?

3/9/12

LAS CARGAS ( finalista del IV Concurso de relatos de viajeras)



     Había visitado el museo esa mañana. A la entrada, la gran rueda de agua empotrada en el muro, y a la derecha, la sala de arqueología. Pasé dentro y recorrí el pasillo con hileras de urnas a ambos lados donde se exponían vasijas, hachas, puntas de sílex, platos, fíbulas, diosecillos y abalorios: anillos, collares y pulseras de piedrecitas, cobre, plata y oro. Me detuve en los adornos, intentando imaginar a las mujeres que los llevaron, pensando que, si me dieran a elegir, de todo lo que había en la sala me quedaría con cualquiera de ellos; también  en una colección bajo el título de Tartesos: del mito a la realidad, que mostraba la civilización tartésica. Otro pasillo con más urnas, esculturas y ataúdes de piedra, por el que pasé ligera. Salí después de coger un folleto y,  sin detenerme, llegué al hotel.

     Fue por la tarde, bajando hacia un trozo de azul al que se asomaban las ramas de un pino, cuando me acordé del cartel que colgaba de la fachada. Las cargas. Bajo un sol que abría líneas brillantes sobre la superficie del mar, caí en la cuenta de que otros años, al visitar el museo, además de la sala de arqueología, había una exposición no permanente de pinturas. El agua estaba mansa y caliente. Una gaviota salió de la nada y voló sobre el acantilado, pasando cerca del Parador de Mazagón. La seguí con los ojos hasta que la distancia se la tragó en dirección a Punta Umbría. Abrí el libro. Me fastidiaba tanta descripción, tan poca chicha a veces en los finales. Decididamente Dublineses no me estaba gustando. Y otra vez el museo en mi cabeza. Las cargas. Me llegaba una línea de burros con bultos atados a sus lomos, subiendo por un camino cubierto de vegetación. Poco antes de las ocho, desde el megáfono del puesto de vigilancia, avisaron  de que, en breve, los socorristas se iban a retirar. Inmediatamente, el adolescente se plantó delante y nos levantó, a su padre y a mí, porque ya era hora de irse. Me despedí del mar, de las boyas jugando con las aguas tranquilas, del sol deshaciéndose en la raya del horizonte, de un barco que se alejaba, del acantilado, de los pinos y del Parador, y después de una ducha y un ejercicio de contorsionista dentro del coche para cambiarme el bikini, nos fuimos a cenar a Niebla. Aún quedaba un rastro de día iluminando las murallas cuando llegamos.  
     Frente a unas presas, unas caballas y unas jarras de cerveza, Las Cargas volvieron a obsesionarme. Padre e hijo proyectaban una última batida a Tharsis a la mañana siguiente para despedirse. Era la única vez que había estado en Huelva sin llenar la mirada con la aridez roja de las antiguas minas. Domingo y el último día en la ciudad. Debía decidir entre ir con ellos o levantar el misterio que cubría aquella exposición del museo. Opté por lo segundo.
     La mañana era calurosa en la Alameda Sundheim. Compré el periódico y con él bajo el brazo, entré en el museo. El vigilante me siguió hasta el piso de arriba y se sentó en una silla, a la puerta. Unas pisadas me avisaron de que había una persona en el otro cuerpo de la sala. Y empecé a seguir los cuadros con curiosidad: figuras humanas, como de padres e hijos en formación, las mismas figuras dentro de otro cuadro, lleno de recortes de periódicos y otras cosas que se me escapaban. Litografías. Seguí mirando. Una pintura con carritos llenos. Leí: Los carros de la pobreza. Y ya en compañía del otro visitante, cuadros en el suelo, como piezas de dominó caídas que dejaban ver una especie de vagonetas llenas también de objetos y personas. Eso era todo. Salí del museo detrás del joven. Ya en la puerta pensé en cargas familiares y sociales: era lo que me había llegado más allá de lo que el autor hubiera querido representar. Anduve un rato por las calles peatonales buscando una terraza donde sentarme. Sólo un local de paellas y pizzas incomibles estaba abierto. Seguí andando. Huelva dormía. Era extraño caminar por las aceras casi desiertas en un día radiante. Llegué a una plaza con un trozo romano de conducción de aguas. Por fin, un bar abierto. Me senté fuera, pedí un café y me puse a leer el periódico hasta la hora de la comida.