22/9/12

LA SALVACIÓN

Dibujo tomado de la red.

Mamá no quiere. Y yo tengo que hacerlo a escondidas. Leyendo bajo las sábanas con la luz de una linterna, o en un banco alejado en el parque. Ella cree que los libros invitan al suicidio, porque papá sólo hacía eso, leer, boqueando como pez fuera del agua. Pero no es verdad. Días después, intenté asomarme al patio interior por donde él se tiró. Aún colgaba del tendedero el mono que usaba en la mina de carbón. Puse La isla misteriosa para nivelar la cojera de una silla. El libro escurrió de la pata. Caí dentro y no por la ventana.

19/9/12

TENSIÓN SEXUAL

Fotografía tomada de la red.


Él deja su olor en el enredo de cabellos que cuelga de los espinos. Encelada, muerde las correas y sigue su rastro de almizcle por el camino que la lleva hasta su guarida. Cuando siente su temblor, afloja el abrazo y regresa trastabillando, dolida. La enfermera la recibe en la puerta, ciñe su brazo con la banda negra, mete presión y escucha. Silencio y el brazalete se desinfla. La mujer suelta el velcro y suspira - Un día de estos nos vas a dar un disgusto- dice mientras presiona con el pulgar la cápsula de plástico que libera la pastilla.

17/9/12

¿ DE VERDAD EL CULTURAL?

Batía chocolate cuando entró el señor. Se amaron sobre un volcán de harina y mantequilla. La tarta llegó sabrosa a la señora.

El microrrelato de arriba fue mi aportación al concurso "Cuenta 140", tema el amor. Lo de más abajo es el post que acabo de dejar escrito en su blog. 

Y aquí me despido.

Tengo fama de crítica, de políticamente incorrecta, pero también de ser respetuosa con los relatos ajenos. Acepto críticas en mi blog, pero no dejaría pasar comentarios donde se llame mierda, bazofia o cosas por el estilo a un texto mío. En ningún taller literario al que yo haya asistido, muestran semejante falta de respeto.
Y como no me gustan los programas del corazón esos de pelea de gallos donde nada se dice que no sea con otra intención que la de herir, y Juan Aparicio ha dado con su opinión carta abierta a los desmanes en este blog (escucho cómo se frotan las alas, preparándose), aquí me bajo. Por dignidad, una palabra que cada vez se va arrinconando más en favor de la cochambre.

Que os vaya bien.

Abrazos para todos.

PD. Con un par, sí señor, mi admiración para Rutero que no se vende por un plato de lentejas con bicho.

15/9/12

PORCA MISERIA (ABOGADOS DEL MES DE AGOSTO)

Fotografía tomada de la red.


Socia, entrega el piso como condonación de la deuda, cómprate una toalla y un bronceador y vente conmigo a Benidorm, me aconsejó Pilita. Debí hacerle caso, pero estaba obsesionada con la señora de la venda en los ojos y la balanza. Era de justicia. No pueden dejarte en la calle por unos meses de impago. Pero los bancos no se andan con chiquitas. El abogado, mucho traje y corbatas de diseño, a costa de mis costillas, y no conseguía una mierda. Un revés con el palo de la fregona y el de la toga que se desnuca contra la mesa. En resumen: estoy arruinada. Ni para pagar la fianza. Por otro lado, aquí tengo asegurada la comida diaria. Usted verá, caballero, si sigue interesado en mi defensa.

14/9/12

¡HAY QUE PARARLOS!

Imagen tomada de la red.

 

 

¡Ni un paso atrás! 

¡Acabemos con la clase canalla!

¡Todos a la manifestación!

 

 

Bloque Crítico 15M: Marchas 15 de septiembre 11:00 horas Atocha- por la Huelga General

11/9/12

RECREACIÓN



Él con la mano en el borboteo, intentando sujetar la vida. Ella, reflejada en su cristalino reventón. La mirada de odio prendida en la mirada de estupor. Interrumpe él, desbordado. Te voy a dar así, dice, levantándole la mano, luego da media vuelta y sale de la cocina. Ella sigue a lo suyo. Filetea rápido los ajos, sin levantar los ojos del cuchillo, de la tabla. Hoy, mañana, un día de estos. ¿Cómo lo hará: cortando de lado a lado, o clavándole la punta en el hoyuelo, igual que al cerdo en la matanza?

3/9/12

LAS CARGAS ( finalista del IV Concurso de relatos de viajeras)



     Había visitado el museo esa mañana. A la entrada, la gran rueda de agua empotrada en el muro, y a la derecha, la sala de arqueología. Pasé dentro y recorrí el pasillo con hileras de urnas a ambos lados donde se exponían vasijas, hachas, puntas de sílex, platos, fíbulas, diosecillos y abalorios: anillos, collares y pulseras de piedrecitas, cobre, plata y oro. Me detuve en los adornos, intentando imaginar a las mujeres que los llevaron, pensando que, si me dieran a elegir, de todo lo que había en la sala me quedaría con cualquiera de ellos; también  en una colección bajo el título de Tartesos: del mito a la realidad, que mostraba la civilización tartésica. Otro pasillo con más urnas, esculturas y ataúdes de piedra, por el que pasé ligera. Salí después de coger un folleto y,  sin detenerme, llegué al hotel.

     Fue por la tarde, bajando hacia un trozo de azul al que se asomaban las ramas de un pino, cuando me acordé del cartel que colgaba de la fachada. Las cargas. Bajo un sol que abría líneas brillantes sobre la superficie del mar, caí en la cuenta de que otros años, al visitar el museo, además de la sala de arqueología, había una exposición no permanente de pinturas. El agua estaba mansa y caliente. Una gaviota salió de la nada y voló sobre el acantilado, pasando cerca del Parador de Mazagón. La seguí con los ojos hasta que la distancia se la tragó en dirección a Punta Umbría. Abrí el libro. Me fastidiaba tanta descripción, tan poca chicha a veces en los finales. Decididamente Dublineses no me estaba gustando. Y otra vez el museo en mi cabeza. Las cargas. Me llegaba una línea de burros con bultos atados a sus lomos, subiendo por un camino cubierto de vegetación. Poco antes de las ocho, desde el megáfono del puesto de vigilancia, avisaron  de que, en breve, los socorristas se iban a retirar. Inmediatamente, el adolescente se plantó delante y nos levantó, a su padre y a mí, porque ya era hora de irse. Me despedí del mar, de las boyas jugando con las aguas tranquilas, del sol deshaciéndose en la raya del horizonte, de un barco que se alejaba, del acantilado, de los pinos y del Parador, y después de una ducha y un ejercicio de contorsionista dentro del coche para cambiarme el bikini, nos fuimos a cenar a Niebla. Aún quedaba un rastro de día iluminando las murallas cuando llegamos.  
     Frente a unas presas, unas caballas y unas jarras de cerveza, Las Cargas volvieron a obsesionarme. Padre e hijo proyectaban una última batida a Tharsis a la mañana siguiente para despedirse. Era la única vez que había estado en Huelva sin llenar la mirada con la aridez roja de las antiguas minas. Domingo y el último día en la ciudad. Debía decidir entre ir con ellos o levantar el misterio que cubría aquella exposición del museo. Opté por lo segundo.
     La mañana era calurosa en la Alameda Sundheim. Compré el periódico y con él bajo el brazo, entré en el museo. El vigilante me siguió hasta el piso de arriba y se sentó en una silla, a la puerta. Unas pisadas me avisaron de que había una persona en el otro cuerpo de la sala. Y empecé a seguir los cuadros con curiosidad: figuras humanas, como de padres e hijos en formación, las mismas figuras dentro de otro cuadro, lleno de recortes de periódicos y otras cosas que se me escapaban. Litografías. Seguí mirando. Una pintura con carritos llenos. Leí: Los carros de la pobreza. Y ya en compañía del otro visitante, cuadros en el suelo, como piezas de dominó caídas que dejaban ver una especie de vagonetas llenas también de objetos y personas. Eso era todo. Salí del museo detrás del joven. Ya en la puerta pensé en cargas familiares y sociales: era lo que me había llegado más allá de lo que el autor hubiera querido representar. Anduve un rato por las calles peatonales buscando una terraza donde sentarme. Sólo un local de paellas y pizzas incomibles estaba abierto. Seguí andando. Huelva dormía. Era extraño caminar por las aceras casi desiertas en un día radiante. Llegué a una plaza con un trozo romano de conducción de aguas. Por fin, un bar abierto. Me senté fuera, pedí un café y me puse a leer el periódico hasta la hora de la comida.

31/8/12

LA FLAQUEZA DEL MURCIÉLAGO

Fotografía tomada de la red.


Esa bolita negra de pelo. Boca abajo, cuelga del techo. Cuatro patas que se acercan. Maullido del zalamero. Radar del desasosiego. Amplifica el requiebro. Llanto de ojos ciegos.

27/8/12

PLUMAJE

Fotografia tomada de la red.


Tenía el cuerpo pequeño, comía poco y andaba a saltitos. Por eso, y porque en clase se distraía siguiendo el vuelo de los pájaros a través de la ventana, lo apodaban “gorrión”. En todas las familias hay un vago y en ésta eres tú, dijo su madre cuando lo expulsaron del colegio. Entonces se ofreció a José “el rata” como espantapájaros, por un cuenco de arroz y un jergón en el cobertizo. Pasaba los días en mitad del sembrado, cubierto de pájaros. Un atardecer de primavera, dejó de hablar, movió los brazos y desapareció junto a una bandada de vencejos.

23/8/12

EN PRAGA CON LOS LOCOS DE LA NAVE

Del blog La nave de los locos.

Nueva entrega de viajes. Tomaos unas cervecitas si queréis  seguirme en La Nave, que el recorrido puede ser algo acalorado y estresante.

http://nalocos.blogspot.com.es/2012/08/lola-sanabria-en-praga-con-la-lengua.html

21/8/12

RESURRECCIÓN

FUENTE DE LA MEMBRILLERA  DE VILLANUEVA DEL REY (CÓRDOBA)



Este relato  tiene unos años. Lo he colgado para los paisanos que se pasean de vez en cuando por aquí, aunque sea de puntillas.

La víspera del entierro, la abuela anduvo más borracha que nunca. Tocaba con la palma de las manos las paredes mientras a su habitual ¡uy la cabeza, qué mal la tengo!, añadió qué pena, qué pena. Mi madre intentó consolarla pero sólo consiguió que arreciara en sus quejas y que el mareo, por el deficiente riego sanguíneo, aumentara.

Por la noche, estuvo dando vueltas en la cama y suspirando muy hondo hasta el amanecer. Entonces gritó que cuando ella se muriera, no quería tierra, y después se durmió, rendida.

Han pasado más de treinta años y ahora la han desenterrado. Parece un yacimiento arqueológico, arrancada a las profundidades de la tierra. Parece más pequeña, pero yo sé que es cosa de la edad, que cuando una es niña todo es más grande. Parece un reflejo de lo que fue, pero si la miras despacio, sigue siendo la misma.

Hoy he ido adonde la abuela, me he parado frente a la lápida de granito quebrado por el tiempo, por donde asoman las flores amarillas del jaramago, y le he contado que han vuelto a pasear los cántaros y los coladores (por si las sanguijuelas), por el camino que va a la fuente, la fuente desenterrada, caños de hierro, pilón partido por piedras lustradas, testigo de tantas caídas al querer cruzar al otro lado. Agua helada la de la fuente, la fuente de La Membrillera.

14/8/12

REVENTAR LAS COSTURAS

Fotografía tomada de la red.


Los músicos visten camisas blancas y zapatos y faldas o pantalones negros. El director levanta los brazos. Suenan clarinetes, trompas, oboes, trompetas, flautas, bajos, timbales, baterías, castañuelas, platillos, triángulos y bombos, en la explanada. El público ocupa sillas blancas de plástico. Un globo escapa de la mano de un niño. Sube hacia la luna cada vez más grande y cercana. Finaliza un pasodoble cuando el cielo se desploma. O quizá la tierra se abre en grietas que escupen lava.  O tal vez sea la explosión del carrito cargado de dinamita que arrastraba el parado añejo con costras de muchas miserias.

Vuelvo en unos días. ¡Sed buenos!

8/8/12

EL PESCADOR

Decían que llevaba el olor a pescado metido en la piel y las mujeres fruncían la nariz a mi paso. Dejé de acercarme  al pueblo. Llegaba al atardecer a la lonja, con las cajas de sardinas, y me iba después de la subasta. Sentado a la puerta de mi casa observaba el camino de tablas adentrándose en el azul profundo, la barca amarrada al tocón, moviéndose con el bamboleo de un agua mansa, el cielo violeta detrás del faro. Y conforme el mar se oscurecía y la luna lo quebraba en reflejos, yo sentía ese impulso. Me quitaba la ropa despacio y cuando la noche había ganado el espigón, corría y de un salto entraba en el agua. Bajaba muy hondo hasta rozar con la punta de los dedos el sedal y la boya, el molinillo de viento, el arco y las flechas de mi niñez. Luego mis manos abrazaban su cuerpo plateado y mi lengua lamía la sal de su boca.

3/8/12

CAMINO DE BRASAS

Fotografía tomada de la red.



Mi hermano quería ser como la Piquer. Eso dijo. Sólo una vez, delante de una raja de sandía que acabó machacada sobre su cabeza, cuando mi padre la aplastó de un puñetazo. Desde entonces odio la sandía. Mi hermano también.
      Mi madre no hablaba. Sentada en el umbral de la casa veía pasar las tardes sin apenas cambiar de posición. Sólo cruzar y descruzar las piernas y estirar el vestido bajo las rodillas de vez en cuando.  La última vez que escuché su voz fue cuando gritó pidiendo ayuda. Ella quería mucho al abuelo Santi y siempre estaba atenta a los ruidos de la casa. De día porque el abuelo se empeñaba en coger pepitas de oro de las brasas de la candela. De noche porque se levantaba y quería abrir la puerta para marcharse a trabajar al campo. Lo quería aunque estaba cansada. Por eso le dijo aquella tarde, mientras untaba de Avril las quemaduras de su mano, que el Señor debía llevárselo para que todos pudieran descansar. No creyó en ningún momento que el abuelo fuera a tomarla en serio. Cuando tropezó con la zapatilla a la entrada de la cuadra y vio la otra zapatilla a punto de caer de un pie, gritó tanto que gastó toda la voz.
     Mi padre no quiso renunciar a la que fue y negó a la nueva mujer que se deslizaba por la vida como un soplo de aire, sin más ruido que el de sus pies al caminar. Empeñado en hacerla hablar, la zarandeaba con la fuerza de quien no acepta el deseo ajeno. Mi hermano y yo asistíamos todos los días a aquella escena repetida, abrazados, sin hacer otra cosa, con el temor de que aquella  violencia nos tocara. Mientras tanto, mamá se iba diluyendo, sentada en el umbral, como pavesa que se deshace con un golpe de aire. Un día desapareció sin más. Papá se enfadó tanto que agarró la correa, la enrolló en la mano y estuvo dándole correazos a mi hermano a quien culpaba siempre de todo lo que ocurría en nuestra casa.
      Mi hermano procuraba ocultar los moretones, encubriendo a papá, cosa que yo no entendía. ¿Quieres que nos manden a un Centro de Acogida?, preguntaba cada vez que le pedía que hiciera algo. Yo lo quería mucho y él, cuando sorprendía un puchero o una lágrima, me cogía de una mano y me llevaba al cuarto de mamá. Abría el armario, sacaba uno de sus vestidos, se calzaba los zapatos de tacón, cogía el neceser donde ella guardaba sus cosas y se daba colorete, rimmel y se pintaba los labios. Cantaba y bailaba para mí y yo me sentía un ser privilegiado por tener a un artista para mí sola.
     Cuando papá enfermó, mi hermano se pasaba día y noche al lado de la cama, poniéndole compresas en la frente, sujetándole la cabeza cuando vomitaba. Yo me quedaba mirando desde la puerta de la habitación, debatiéndome entre el rechazo que había anidado en mi interior hacia mi padre y el deseo de que no muriera.
      Y no murió. Parecía como si le hubieran apaleado cuerpo y alma y no conservaba ni un atisbo de su rabia. Tenía los ojos húmedos, siempre al borde del llanto y buscaba continuamente la mano de mi hermano y la besaba con fervor. Yo lo observaba todo algo distante, a la espera, aunque no sabía de qué.
     Ocurrió una mañana espléndida de primavera. Papá estaba en el patio, sentado en la mecedora donde le había dejado mi hermano. Yo leía un libro a su lado sin prestar mucha atención a sus quejas ahogadas, a su baba cayéndole sobre la camisa del pijama. Primero escuché el taconeo que venía de adentro de la casa, luego el frufrú del vestido, y antes de que mi hermano hiciera su aparición estelar, me llegó el olor del perfume de mamá.
     Papá no se murió de la impresión, como yo esperaba, cuando vio a su hijo vestido de mujer en mitad del patio, ni cuando se le acercó y le estampó un beso de carmín en sus mejillas resecas. Levantó la cabeza y lo miró de arriba abajo, sonrió y dejó escapar una lágrima. Mi Teresa, mi Teresa, no dejaba de repetir, llamando a mamá, mientras mi hermano, con el embrujo en el cuerpo, bailaba para los dos hasta caer agotado sobre los geranios del patio.

2/8/12

LA NAVE VIAJA CON LOS LOCOS

Tomada del blog La Nave de Los Locos


Las crónicas de viajes que está colgando Fernando Valls en su blog son muy interesantes. Toca todos los palos, eso las hace atractivas. 
Agradezco a Fernando que haya decidido, en un tiempo que invita a la relajación, colgar una visita a un campo de concentración alemán, tan poco placentera pero sí necesaria para no olvidar.

http://nalocos.blogspot.com.es/2012/08/visita-sachsenhausen-por-lola-sanabria.html

1/8/12

EQUÍVOCO- LEÍDO EN EL MICROTALLER LA BELLA VARSOVIA ( SER CÓRDOBA)

Tomada de la web del Microtaller La Bella Varsovia


Un beso fugaz con sabor a caramelo de lilas. Sólo eso. Pero tú no lo entendiste así. Y el vuelo de tu falda se lo tragó La Corredera. Te busco por los huecos umbríos de La Mezquita; entre las filigranas de plata de La Judería; en el sabor llorón de los geranios de la calle de Las Flores. Cuando cae la tarde, enredo la punta de la cinta roja de mi deseo en los dedos índice y corazón y la voy enrollando despacito. Y sé que la noche de nuestro aniversario, te traerá hasta mi puerta.

http://www.radiocordoba.es/facebook/microtaller_1_agosto.mp3

30/7/12

FUGA


Fotografía tomada de la red.

Aún queda un rato para que acabe. Y mis zapatos embarrados. No puedo dejar de mirar también mis medias manchadas, el filo del vestido de margaritas, turbio de agua marrón, mientras escucho, como en sordina, sus reproches. Tiene que recorrer el mismo camino de siempre: la barbilla alta, el gesto altivo y el discurso. Cuando era niña me preguntaba, admirada, dónde habría aprendido a hablar tan bien, de dónde manaría tanta sabiduría. Mamá calla. Mamá agacha la cabeza. Papá termina, me ordena, una vez más, que deje de huir cada noche al bosque, donde no existe ni laberinto ni fauno. Abre el frasco y deja caer tres comprimidos en la palma de su mano, la misma mano que me levantaba la falda. Abro la boca y escondo las pastillas bajo la lengua.


25/7/12

LUCÍA (Premio XXV Concurso Internacional de Relatos Policiacos - Semana Negra de Gijón)


Fotografía tomada de la red

Cuando desapareció Roberto, guardé una bolsita con las semillas de mamá en el fondo falso de mi armario. El sitio secreto me lo hizo Roberto para que ocultara mis cuadernos y lápices, después de que mamá me rompiera un dibujo. Roberto sabía hacer muchas cosas y fue el primer novio de mamá.
          Al volver del colegio, me gustaba  sentarme en el último peldaño de la escalera que había a la entrada de casa, encima de la figura que cubría con mi falda. La hizo Roberto y era una silla. Le costó mucho porque la piedra era muy dura y tuvo que rascar bien con su navaja. Al principio dijo que era para mi madre, como una especie de  invitación a que descansara, pero luego, cuando ella se compró un coche nuevo, me la quedé yo. Entonces fue mi silla y en ella me sentaba cada tarde con el pan, el chocolate y el libro sobre mis rodillas. Entre bocado y bocado, estudiaba la lección del día siguiente, luego dejaba el libro y cogía la tabla y también la ponía sobre mis rodillas y encima el cuaderno y el boli. Hacía Mates y Lengua. En invierno, a las seis ya era de noche y se veía mal sólo con la luz del farol encendida, así que no me costaba mucho retirarme. El verano era diferente. La noche no llegaba hasta las diez y había mucho alboroto de  pájaros en los almendros. Bajaban al río a beber agua y volvían  contentos. A veces pasaba cerca un carro lleno de paja y el polvo amarillo entraba en mi nariz y me hacía estornudar. El cielo se encendía muchas tardes y, aunque mi madre decía que lo que me contó la abuela era mentira y no se ponía rojo porque la Virgen estuviera planchando, yo aspiraba fuerte y olía a ropa recién planchada. En verano me costaba dejar la escalera.
     Por las mañanas, mi madre me acercaba en coche hasta la parada del autobús del colegio. Al principio, los chicos hacían bromas y me decían cosas, pero ella me enseñó a guardar silencio y terminaron dejándome en paz. Un día, me llevaron  al despacho de la directora  y comenzó a hacerme preguntas. Tenía unos papeles delante y presionaba la bola del bolígrafo haciendo que entrara y saliera su punta. Me aclaró que debía contestarlas para poder rellenar mi ficha, pero yo sólo respondí algunas, como cuál era mi nombre, la dirección y el teléfono,  pero ninguna sobre mi madre. Sabía cómo se llamaba, cuándo era su cumpleaños, que no tenía marido, pero ahí no respondí. No sabía en qué trabajaba, y ahí dije no sé. Al rato, la directora presionaba la bola del bolígrafo muy rápido, luego dejó de escribir y preguntar y me dio permiso para que me marchara.
           En clase me sentaba cerca de la ventana y veía la cancha de baloncesto. En invierno, el suelo se llenaba de pequeños charcos helados que crujían bajo las zapatillas de los chicos cuando saltaban para meter las pelotas en los aros. En primavera también había charcos, pero no estaban helados y de vez en cuando bebía allí algún pájaro. Un día apareció uno muerto. Era un gorrión y nadie supo cómo llegó ahí. Aún tenía boceras y yo dije que debió caerse de un nido. Mis compañeros hicieron como si les sorprendiera que yo supiera hablar y formaron un corro a mi alrededor y tuvo que venir la señorita Eloísa a sacarme de allí. No volví a decirles nada. Como aquella vez en que se preguntaban qué hacía una rosa pisada en el círculo de medio campo. Yo había visto al profesor de Educación Física caminar hacia donde estaba la profesora de Lengua, con una sonrisa y las manos atrás, ocultando la flor. Pero llegó el de Plástica y le dio un beso en la cara a ella y entonces las manos se le aflojaron y la rosa cayó y allí la aplastó el zapato de la directora.
           Mi madre se enfadó mucho el día que recibió una llamada de la directora. Me preguntó si había hecho algo, pero yo no recordaba que hubiera ocurrido nada especial. Le dije que no y me miró muy fijo a los ojos. Le habían cambiado de color. Eso me asustó. Me puso las manos sobre los hombros y volvió a decirme aquello de que no debía señalarme en ningún sitio. Afirmé con la cabeza varias veces, luego me soltó y se marchó en su nuevo coche. Cuando volvió estaba más tranquila. Me contó que la directora no le había dado quejas, que yo era una buena alumna, que no era brillante pero aprobaba las asignaturas. Tampoco me peleaba en el patio. Lo que le preocupaba a la directora era que yo siempre estuviera sola. Eso dijo. Así  que mi madre me explicó que tenía que relacionarme más aunque sin intimar demasiado.  
           El autobús del colegio me dejaba cerca de casa por las tardes, sólo tenía que cruzar el trigal de Paco y enseguida entraba en el camino que me llevaba a casa. En primavera, el trigo estaba alto y era fácil ocultarse en él. A veces me quedaba un rato sentada entre sus tallos. Arrancaba uno y sacaba los granos, aún verdes y tiernos, de sus vainas y me los comía. Seguía una columna de hormigas y le echaba alguno y veía cómo  lo transportaban a su hormiguero. Me entretenía poco porque Paco me daba miedo. Tenía los ojos fieros, la cara llena de surcos como los de la tierra que araba cuando iba a sembrar y las manos muy ásperas. Un día me sorprendió en el trigal y quiso detenerme. Me arañó un hombro y tuve que mentir a mi madre. Le dije que fue en el colegio porque ella no quería que me parase en el trigal ni en ningún sitio.
     Cuando íbamos al pueblo, siempre me sujetaba fuerte de la mano. Le gustaba el cine y cada vez que cambiaban de película en El Español, me llevaba con ella. Me gustaba la sala a oscuras porque era como si estuviera sola. Me comía las palomitas y sorbía mi coca cola con una pajita mientras me enteraba de que Ava Gadner no era tan mala como parecía y Bette Davis sí. Un día le dije a mi madre que estaba tan guapa como ella en La Loba y no le gustó. Así que, cuando se encendían las luces y me preguntaba, yo le respondía que me había gustado la película y no hacía más comentarios. Una vez nos quedamos después a tomar una hamburguesa en un Burger que había en la plaza, pero enseguida se acercaron unos hombres a molestarla. No volvimos a sentarnos en sus mesas. Ella entraba y salía con los estuches y los vasos y nos lo llevábamos todo a casa.
           Hace unos meses, mamá vino a casa con su último novio. Dijo su nombre pero yo concentré toda mi atención en la rama de almendro que hostigaba el cristal de la ventana de la cocina y no me enteré. Luego elegí una silla alejada y que no estuviera frente a él y cené deprisa el arroz chino y el rollito de primavera. Pedí permiso para irme y mi madre dijo que sí. Estuve paseando entre los almendros que habían comenzado a florecer. El más joven aún no tenía muchas ramas y doblaba su tronco hacia un lado, pero yo sabía que pronto se enderezaría y crecería hermoso para que los pájaros descansaran en él. También sabía que no iba a tardar mucho en tener un nuevo compañero al que debería dejar sitio. Sobre todo en las raíces, que eran como gusanos que se bifurcaban y crecían bajo tierra. Olía fuerte a flores pisadas y  comenzaron a caerme lágrimas. Al poco mi madre me llamó y tuve que entrar y despedirme. Lo hice rápido, rápido, y subí corriendo a mi habitación y cerré la puerta y la atranqué con una silla. Luego comprobé que la bolsita seguía en el armario, cogí mi cuaderno y comencé a escribir.
     Cuando salían las primeras almendras, llevaban una funda verde y si las golpeabas, su cáscara se rompía fácil y el fruto soltaba un jugo blanco como si fuera leche. Eso lo hice sólo una vez para ver cómo eran por dentro. Hubo años en que brotaban muchas en las ramas y del peso caían al suelo, y ahí se quedaban hasta que la lluvia y el sol las pudría y se formaba una pasta que era abono para los almendros. Me gustaban las almendras pero no las comía. Mi madre hizo un día pollo y en la salsa había trocitos. Fue cuando la abuela  nos visitó. Yo no quise comer y ella se enfadó mucho conmigo y me metió un trozo de pollo en la boca y pan mojado en aquella salsa. Estuve vomitando toda la tarde. La abuela vino a verme a mi habitación antes de irse y me preguntó si quería irme a vivir con ella. Le dije que no y se marchó y nunca más volví a verla. Mi madre me dijo que había muerto de vieja. La abuela me regalaba lápices, cuadernos y cuentos.
           El novio de mi madre duró poco y hubo un agujero nuevo cerca de la casa y ella trajo un arbolito pequeño y lo plantó ahí. Estuvo trabajando toda la mañana en eso porque cuando me iba al colegio sólo vi el agujero. Enorme, enorme. Y cuando volví ya estaba el almendro con la tierra removida y esponjosa a su alrededor. Me la encontré en la cocina. Aún llevaba esos guantes grandes que se ponía cada vez que plantaba un nuevo almendro. Me dijo que ese día iríamos al cine, que echaban una película nueva en El Español y que luego cogeríamos una hamburguesa y patatas y bebidas del Burger y nos lo traeríamos todo a casa. Tenía unos círculos morados bajo los ojos y unas arrugas muy feas alrededor de la boca que yo no había visto antes. Dejó que me acercara y le diera un beso. Entonces fue cuando me dijo que estaba harta, que ya no habría más novios y que había pensado en cambiarnos de casa, pero que no podía ser porque nadie cuidaría de los almendros. Esa noche fuimos al cine en su nuevo coche y me gustó mucho la película. A la salida del Burger, se le acercó uno de esos hombres, pero ella no lo rechazó como otras veces y quedaron para el día siguiente. Cuando volvimos a casa, subí a mi habitación, saqué la bolsita del armario y la metí en el bolsillo de mi vestido. En la cocina, mamá abría los estuches y las tapas de las bebidas. Miré hacia el jardín: se había levantado algo de aire y las ramas de los almendros se movían a izquierda y a derecha, como brazos que me saludaban. 

23/7/12

EN EL BLOG DE LUISA HURTADO

Luisa Hurtado me ha dejado un rinconcito en su blog, entre palabras rescatadas del olvido y microrrelatos recreados en la naturaleza. Todo al por mayor. Si queréis unas bellotas asadas, daros un garbeo por su casa.

Gracias, Petra por tan bella ilustración. Gracias, Luisa.

http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com.es/2012/07/bellotas.html

21/7/12

VENGANZA

Fotografía tomada de la red.


Era un lameculos, un chivato, un tío despreciable. Ninguno quería tratos con él. Daba grima sólo ver su piel lechosa y sus labios abultados como babosas rojas. Siempre estaba espiándonos; siempre menos en la media hora del patio. Se iba a los servicios y se encerraba con un mp4 y unos auriculares, hasta que sonaba el timbre y volvía a clase más pálido que antes. Daba miedo, parecía haberse quedado sin sangre. 
     No sé a quién se le ocurrió la idea pero a todos nos gustó. Nos llenamos los bolsillos de petardos y, cuando se encerró en el servicio, como la pared no llegaba hasta el techo, le lanzamos desde el otro lado una andanada de cartuchos encendidos. Salimos corriendo muertos de risa. Después nos enteramos de que le estalló un petardo en la mano, llevándose una falange, y nos cambió el humor. Esperábamos la denuncia y la expulsión, pero no llegó. 
     A los pocos días, apareció en la clase con un vendaje  en medio anular. Se sentó en su sitio, colocando la mano encima de la mesa, en lugar bien visible. Cuando le quitaron el vendaje, nos mostraba el muñón de su dedo sin el menor recato. Lo dicho, un tío despreciable.

18/7/12

PARA LA OCASIÓN

Fotografía tomada de la red

16/7/12

NAVEGANDO CON LOS LOCOS


Y ahí estoy, de nuevo, gracias a la hospitalidad de su propietario, navegando en la Nave de los Locos. 
Desde aquí, mi gratitud para Fernando Valls, capitán del barco.


http://nalocos.blogspot.com.es/2012/07/lola-sanabria.html

13/7/12

LUCÍA, RELATO GANADOR DEL XXV CONCURSO INTERNACIONAL DE RELATOS POLICIACOS

 Entré para ver quién había ganado y me encontré con que se trataba de mi relato.¡¡Contentísima!!



http://www.semananegra.org/index.html

12/7/12

ELLOS SON VIOLENCIA. IMPONEN LA MISERIA

Entrada de los mineros en Madrid.  (Fotografía tomada de la Cadena Ser)

Mineros a su llegada a la Puerta de Sol  ( Imagen extraída de la Cadena Ser)

Mineros en la manifestación hacia Industria. (Extraída de Cadena Ser)


Están consiguiendo que la desesperación lleve al enfrentamiento. No tengo nada más que decir. Bueno, sí tengo, pero no son cosas bonitas, así que mejor me callo y os dejo el enlace.

http://madrid.tomalaplaza.net/2012/07/12/lo-que-paso-el-11-de-julio-entre-las-22-y-las-23h-en-los-alrededores-de-la-puerta-del-sol/

9/7/12

OSCURIDAD EXCESIVA

Tomada de la red.

Salía de noche. Cruzaba la raya que delimitaba la luz y desaparecía en la sombra. Al amanecer volvía a casa.  Se tumbaba en la cama y se echaba a dormir. Cuando el sueño espesaba su respiración, toda la basura acumulada comenzaba a salir por la nariz. El ladrón que robó el bolso a la camarera; la puta que lloraba en un callejón; el chulo que contaba los billetes en el asiento de su coche; el mendigo ovillado en un banco... Despertaba muy relajada, respirando a pleno pulmón. Hasta el día en que se le atravesó en el tabique aquel malnacido.

1/7/12

PUNTO DE LIBROS, LA TORMENTA EN UN VASO

Punto de libros recién salidos del horno.  


Este es el punto de libro, más bien tarjetón, que me han enviado de La Tormenta en un Vaso. Son muy bonitos y tengo muchos. Repartiré cuando nos veamos para que tengáis separadores de vuestros libros. Digo vuestros, porque la fiebre (sana fiebre) por el papel creo que os ha alcanzado a todos o casi todos.Y con ellos os dejo. Unos días más de descanso y vuelvo.







22/6/12

ATROPELLO


Tomada de la red.

                                 Estaré unos días sin entrar en el blog. Sed buenos.

“Todo tuyo, el paquete”, dice, y sale dando un portazo. La nueva se agacha. Un globo enorme con olor a menta explota cerca de mi nariz. Me pasa la mano por la cara. Tiene la piel suave. Se aleja con un taconeo gracioso, como de cojera. Regresa. Me desnuda. Escurre la esponja. Chorrea el agua sobre la palangana. Levanta un brazo, lo recorre con la esponja. Lo seca con la toalla. Lo deja caer sobre la cama. Coge el otro. Lo sube, lo lava, lo seca. Es agradable.  Explota otro globo. Ahora sobre mi pecho. Se pega el chicle. Tira. Me hace cosquillas. Sujeta una pierna bajo la rodilla. Pasa la esponja. Seca, suave. Me adormece. Ha terminado. Se va. Cuento los pasos para entretener la espera. Vuelve. Me incorpora. Le cuesta meter mis brazos por las mangas del pijama. Aguarda, y te ayudo, quiero decirle. Lo consigue, al fin. Huele a agua salada. Noto el calor de su pecho, su respiración rápida. Ya no mastica chicle. Coge fuerzas. Le toca al pantalón. Una pierna. Se detiene. Roza su pelo mi tripa. Tiene melena. Luego otra. Acabó. Se levanta. ¿Me mira? Me mira. ¿Llora? No, sólo un suspiro. Me peina. La oigo agitar un frasco. ¡Cómo odio la colonia de bebé! Me rocía con un olor diferente, a limón. ¡Gracias! Pero no me oye. Coloca el embozo. Alisa la colcha. Va hacia los pies. Se detiene. Coge aire, lo suelta despacio. Da por concluido el trabajo. Ahora pondrá la televisión y tendré que escuchar la telenovela toda la tarde. Tarda en encenderla. La oigo rebuscar en un bolso. Su bolso, claro. Saca algo. Se sienta. Crujen las hojas. ¡Un libro! Comienza a leer: “Me ha sido imposible rehusar las repetidas instancias que el caballero Trelawney, el doctor Livesey y otros muchos señores me han hecho para que escribiese la historia circunstanciada y completa de la ISLA DEL TESORO”.
    El tiempo corre. Oigo la llave en la cerradura. Mamá se disculpa por la tardanza. Ha pasado por Correos a recoger un paquete, dice. Muy frágil, susurra. Y escucho el roce del papel sobre la mesita. Ahora se vuelve hacia mí y me habla. La abuela te manda una cosa muy especial, cariño. Me besa. Se aleja. Escucho la cinta de embalar cuando la despega, el papel rasgado. Regresa a la cama con la cajita. Una bailarina girando sobre la punta de un pie mientras dure la música. Muy bonita, dice ella y mamá le cuenta lo mucho que me gustaba darle cuerda y subirme al doblado para que mis primos no me la quitaran. Ella se llama Violeta. Lo ha dicho mamá. Es tarde, dice de repente. Oigo su taconeo hasta mi cama. Se inclina y estampa un beso en mi cara. Soy un paquete con el sello de frágil. Ahora lo sé. También sé que ella volverá y que algún día despertaré de este duermevela.

17/6/12

EMPODERAMIENTO

Mona Hatoum
Título:
Por encima de mi cadáver
Heroínas- Museo Thyssen-Bornemisza

No creas ni por un momento que conseguirás que retroceda. No me das miedo, espantapájaros con botas y casco. Un mercachifle que trafica con el terror ajeno. Pero mírate, soldadito de plomo. ¿A quién pretendes engañar? Nada te alienta que no sea la soflama vacua de quienes se quedan en la retaguardia, a verlas venir. Esos que ahora mismo estarán, a buen seguro, tomando té con pastas en un jardín con laberintos verdes, faunos de terracota,  amorcillos  de piedra que mean agua, aleteos de pájaros y risas de infantes. La placidez de los tiranos y el frufrú de seda de sus esposas. Y tú, pobre diablo, te cargas de razones como ídolos que caerán desmoronados a tus pies. ¿Qué quieres, que agache la cabeza y no sea otra cosa que sombra deslizándose, oscura, por La Tierra? No pienso malgastar mi tiempo, efímero y volátil como un elemento inestable. Porque esa soy yo, nube que pasa por un cielo que se carga de truenos y rayos amenazadores. Y siempre me salvo. A veces algo chamuscada, con una rodilla herida que me obliga a doblarme para tomar aliento. Pero me levanto y sigo adelante. ¿Has visto alguna vez el enramado en la ventana de la cárcel a la que tú, y otros como tú, enviáis a tanta gente? Esa planta que se agarra con fuerza a las rejas y que trepa por el muro de la ignominia, lleva la savia de la liberación. Y tarde o temprano conseguirá arrancar barrotes y derribar tapias. Óyeme bien, más te vale cambiar tu uniforme de guerra por pantalón y casaca blanca como paloma de paz. Vuelve a tu infancia, a tu madre, a la vida en fin, porque no voy a dejar que quiebres un tallo más de margarita. Si continúas con tu actitud desafiante, si vas más allá, si lo intentas siquiera, mírame bien, escucha y atiende: será por encima de mi cadáver. ¿Y acaso no te has dado cuenta de cómo has ido achicando hasta convertirte en un ser de chichinabo? Abriré mi boca, te fagocitaré,  formarás parte de mí y desaparecerás como persona. Y ya nunca más tendrás la posibilidad de amar.

13/6/12

EXCULPACIÓN

Fotografía tomada de la red.


Mamá decía que no había nada de malo en darse a los placeres, mientras vaciaba cajas y cajas de bombones, recostada en la cama sobre una pila de almohadones. Dejé el instituto, pero no encontré trabajo, así que tenía que conseguírselos como fuera. Murió con ciento ochenta kilos de peso y costó sacarla de casa. Sigo sus enseñanzas a rajatabla. Las recojo de la calle. Al principio se retuercen y gritan, pero en cuanto las cubre bien el chocolate caliente se quedan calladas y quietecitas. Parecen conguitos. De vez en cuando las lamo un poco y me endulzo la vida.

8/6/12

PISO COMPARTIDO

Tomada de la red.


Llovía a cántaros y había olvidado el paraguas arriba. Dudé en el portal. De once de la noche a siete de la mañana, ese era el acuerdo. Estornudé varias veces. Cogería un buen catarro. Miré el reloj: sólo pasaban algunos minutos. Volví al ascensor. Al llegar al sexto, entraron en la cabina los primeros sonidos de patas serradas y alas frotándose. Cuando se detuvo en el octavo, el ris-rás ensordecedor, ahogando el llanto de un niño, clavó mis pies en la plataforma. No iba a arriesgarme a perder un alquiler tan bajo. Pulsé el botón, las puertas se cerraron y se puso otra vez en marcha hacia abajo. Salí a la calle con un viejo periódico abierto sobre mi cabeza.

7/6/12

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "FRASES EN EL MURO"

 También presentará en:

El domingo 10, a las 19:30, en Escuela de Escritores (C/ Francisco de Rojas, 2 – 1º dcha. Metro: Bilbao).

Por último, el jueves 14, a las 19:00, en la Biblioteca Pública Central (C/ Felipe el Hermoso, 4. Metro: Iglesia. Google maps no identifica bien la calle, así que aquí tienes el plano de situación correcto: http://11870.com/pro/biblioteca-central/media/ae87309c?u=14785)

Ayer estuve en la primera presentación en Madrid del libro "Frases en el muro" de Ricardo Guadalupe, en el local cultural La Tirana Malas Artes.
Me  gustó, y mucho. Por el ambiente  intimista del local, por los asistentes, por cómo lo presentó Ricardo, haciéndonos partícipes a todos los que estábamos allí, descubriéndonos el sentido que él le da a sus aforismos. Por su cercanía y la ilusión que lo desbordaba y que se volvió contagiosa. Os invito, pues, a que asistáis a cualquiera de sus presentaciones, no os defraudará. Y puede que después os toméis unas cañas y compartáis algo más que Literatura.

6/6/12

HAMBRUNA DE ÁNGELES

Tomada de la red.

Escupió al cielo y no le cayó la aceituna encima.

2/6/12

FRACTURAS DE VIDA

Fotografía tomada de la red.


Yo tenía una prima, pecosa y rubia, con la que me iba a casar de mayor, y una peonza bicolor. Enrollaba el cordel blanco, lo aseguraba con la chapa aplastada por el tren, entre el índice y el corazón, y la hacía bailar sobre la tierra apelmazada y roja del corral de las gallinas. Ella, con la muñeca asfixiada bajo un brazo, aplaudía entusiasmada a la estela azul y verde en movimiento. Hasta que llegó el primo Julián y lanzó su carnicero contra mi peonza. Le dio de lleno y la madera se abrió en cuatro partes. Lo agarré del jersey y le di un empujón. Cayó de espaldas,  golpeándose en la nuca con el palo del gallinero.  El juego acabó.

1/6/12

INDIGNACIÓN

 Os copio aquí el enlace a la página de Rosana Alonso porque creo que hoy es la noticia más importante del mundo bloguero. Y porque creo que tenemos que plantar cara al atropello de esta canalla que dice gobernarnos y sólo gobierna sus intereses económicos.
Atención a los vídeos. El que ha colgado Juan Leante es muy bueno.


http://ralon0.wordpress.com/2012/05/31/mentir-sera-literatura-me-pregunto/

28/5/12

EL TRATO

Tomada de la red.


- Te propongo un trato- dijo, a bocajarro, la voz que emanaba como ruido brumoso de una caverna.
Volví la cabeza hacia la entrada del jardín. Ardía el aligustre, igual que la zarza en el desierto, con el resplandor de la luna llena.
- Me hago cargo de tu hipoteca, te consigo clientes y tú....
- Te vendo mi alma- dije por decir, un poco achispado.
- ...y tú me das el retrato- terminó.
- ¿Qué retrato?
-  No te hagas el tonto. El retrato de Elena.
-  No puedo dártelo. Puse mi alma en esa pintura.
Él esperó en silencio. Dentro de mi cabeza, enturbiada por el alcohol, se iba abriendo paso un futuro sin agobios de dinero, ni avisos de embargo. Volvería ese estado de gracia, excitación pura, que una vez me hizo coger el pincel y dejar sobre el lienzo a la Elena más viva, más pasional que nunca tuve, que jamás tendría. Después, era ver la pintura y sentir el cuerpo afiebrado, borboteando en sus jugos. La buscaba con urgencia y pasábamos las tardes y noches consumidos por el deseo que no se entibiaba hasta bien entrada la mañana del día siguiente, y que volvía a crecer con los segundos, los minutos y las horas. Sí, tendría otra oportunidad. Acepté el trato.

     Elena lima sus uñas sin descanso, envuelta en su manta de cachemir, tumbada en el sofá frente al televisor, siempre encendido, como un runrún de fondo que alivia el silencio en nuestro salón. Elena come bombones y se da largos baños en el jacuzzi para templar su cuerpo helado, a pesar de la calefacción en invierno, a pesar del sol que entra a raudales por las ventanas en verano. El frío se ha metido en nuestra casa. Un frío que detiene el movimiento de una caricia, las pocas veces que un asomo de rescoldo intenta sacarme del letargo. La miro a ratos, observo el rastro de agua congelada que deja a su paso, y enseguida vuelvo a mi estudio a pintar, lienzo tras lienzo, el mismo paisaje desolado. Si nace una flor de mi pincel, al momento se agacha y cae a la nieve hasta desaparecer bajo su manto. Si asoma un sol espléndido detrás de un edificio, se agrieta y absorbe el gris de un resto de pintura mal borrada entre los pelos, y convierte un día radiante en uno invernal de una ciudad fantasma. Sin embargo vendo bien mis cuadros a todos esos señores y señoras que llegan ávidos de nuevas telas para colgar en las kilométricas paredes de sus enormes casas.
     Vivimos bien, Elena  y yo, gracias a ellos. Siempre tengo colgados abrigos de visón del perchero de la puerta para que no pasen frío cada vez que me visitan. Al cliente hay que mimarlo.

22/5/12

REAJUSTE

Fotografía tomada de la red.

Escuchaba sus explicaciones desde una nebulosa negra, y veía su nuevo matrimonio quebrarse en mil pedazos, igual que una tacita de porcelana. Dijo que necesitaba ayuda y dio la cifra para mantener su silencio. Miró el olivo con sus raíces metidas en la bolsa de plástico. Luego el hoyo y la pala hundida en la tierra. Calculó la profundidad. A fin de cuentas él ya estaba muerto.

17/5/12

GANADOR DEL I CONCURSO DE MICRORRETALES

Fotografía tomada de la red.



Por el placer de verme reflejado un instante en el terror de tus ojos, le contestó el asesino.


http://microrretales.wordpress.com/2012/05/17/fallo-del-i-concurso-microrretales/

16/5/12

LA COCINA DE LA ABUELA GANADOR DEL I CONCURSO DE RELATOS AG



En vacaciones y fiestas, pasaba la mayor parte del tiempo en la cocina de la abuela Isabel, la estancia más grande de toda la casa. Tablas y cuchillos; sartenes, cacerolas de cobre, ristras de ajos y pimientos secos, colgando del techo; saquitos de cacao, azúcar, harina y legumbres sobre las encimeras de mármol; armarios repletos de conservas y mermeladas; potes de caldos hirviendo en los fogones y dulces haciéndose en el horno. Un corazón que latía a ritmo de huevos batidos, coplas, risas y algún grito acompañando el estruendo de loza al romperse. Me gustaba el ajetreo, la mezcla de olores dulces y salados, los golpes del cuchillo en la madera, fileteando ajos y picando cebollas.
Pronto me incorporé al trajín de los guisos y los asados para familiares y jornaleros. Al principio mi abuela me mandaba para el piso de arriba a estudiar las asignaturas del curso, pero la convencí para que me dejara pasar las mañanas en la cocina, con la promesa de que dedicaría las tardes al estudio. Subía a mi habitación después de comer, abría el libro de Lengua, leía varias veces las perífrasis verbales, no me enteraba de nada, lo dejaba abierto, salía por la ventana y me iba al río a coger berros para la ensalada.
Cuando caía la tarde, volvía a la cocina donde mi abuela cuajaba tortillas de camarones, escabechaba jureles o asaba chicharros. Bajo la dirección de Julia, la vecina que nos ayudaba, yo me iniciaba en los postres. Arroz hervido en leche, con un tirabuzón de piel de limón, natillas espesando, con un palito de canela, mouse de chocolate negro, plátanos al ron o granadas con vino y azúcar.
Pero era en las vísperas de las fiestas cuando más se cocinaba. Estofar perdices, cocinar las gallinas en pepitoria, rellenar buñuelos de nata y chocolate, hacer roscos, galletas, milhojas y bayonesas con cabello ángel. Tenerlo todo listo para cuando la casa se llenara de gente. Venían mis padres, mis tíos y mis primos. Unas treinta personas. Como había mucho trabajo, Julia se quedaba a dormir en la casa y se traía a su hija Nati. A ella le gustaba remover el azúcar dentro de un cazo con la cuchara de madera, hasta conseguir caramelo líquido para los flanes. Pero lo que más le gustaba, era hundir el dedo en la cazuela donde se enfriaba el chocolate negro, sacarlo con un dedal tibio y meterlo en mi boca.
Decidí, sin saber cuándo, que sería cocinero, pasaría el resto de mi vida entre pucheros, y desnudaría con mi lengua, el dedo de Nati. Me gané a mi madre cuando me puse el delantal y cociné en casa mi primer plato de callos. A mi padre le costó más renunciar al hijo universitario, pero, entre trocitos de pan mojados en salsas, torrijas, dulce de leche y la fogosidad de las siestas con mi madre, comenzó a soñarme un gran cocinero.
http://actualidadgastronomica.es/la-cocina-de-la-abuela-ganador-del-i-concurso-de-relatos-ag/

15/5/12

NIDOS DE SUBVERSIÓN FINALISTA EN LAMICROBIBLIOTECA

Tomada de lamicrobiblioteca
Desde niño siento debilidad por lo mínimo. Me emociona el peso de una hormiga, imparable, remontando la cima de mi dedo; el grano de sal que brilla entre el vello del brazo de mi querida Loren, un mediodía de tortilla y playa; la gota de lluvia, como lágrima que escurre en el cristal de mi ventana. Pero mi editor no opina igual. Quiere un libro a lo grande. Algo que distraiga la indignación de la gente. Y así lo haré. Completaré, una a una, las mil páginas que propone. En cada hoja, cien palabras escogidas. Embriones que alienten la rebelión.

12/5/12

LUCHAR POR NUESTROS DERECHOS: HOY, MAÑANA, SIEMPRE

 Dejo aquí el enlace al blog de Juan porque lo dice todo y nada tengo que añadir.

http://aceroyhumo.blogspot.com.es/2012/05/todos-las-plazas-y-calles.html

8/5/12

FRUTOS DEL MAR

Hay días trepidantes como este martes. Por la mañana te vas de casa sin un café en el estómago para el hospital, y a mediodía estás recibiendo dos premios que te hacen andar por las nubes.
Desde aquí quiero celebrar con tod@s vosotr@s estas  dos alegrías que he recibido.

FINALISTA DEL XIV PREMIO
MARIO VARGAS LLOSA NH DE RELATOS 2012.

Foto de la agencia EFE





Y


WONDERLAND
GANADORA DE LA SEMANA
 8/5/2012

LASTRE
Intentaba andar. Inclinaba el cuerpo hacia delante y tiraba del zapato derecho. La suela se levantaba un centímetro del suelo, estiraba la goma de chicle en una cortina elástica y aparecía el espejismo de que me movía. Lo intentaba con el izquierdo y era un peso muerto. Pasaron los segundos, los minutos, las horas, los meses, los años. Cuando me miré en un charco de lluvia, vi a una señora avejentada y no me reconocí. Detrás, la parca. Demasiado tarde para arrepentimientos. Demasiado tarde para quitarme los zapatos, hechos por mi madre a su medida, y aprender a caminar descalza.



Hacia el minuto 44: 46 h



Introducción:
Los microrrelatos tienen solo 100 palabras, esto complica a los escritores para no quedarse entre la historia y la trama. En tan poco espacio puede existir una tendencia a quedarse en la mera historia y no en el relato.
Los relatos de hoy ponen en evidencia el trabajo que han hecho los escritores para pasar de una idea a estructurarla de forma seductora para el oyente,  explicados significativamente para que no resulten hechos nulos.

Comentario:
Se nos han puesto los pelos de punta, ¡qué bien que escriben nuestros chicos y chicas!
La verdad es que sí, se trata de un tema que puede ser durísimo, donde se relata la influencia que pude tener una madre/padre en una persona hasta el punto de castrarla emocional y vitalmente.
Una explicación que podría ser: una persona influida por su madre no levanta cabeza en la vida y se da cuenta de que la vida se le ha pasado sin vivirla. Hace un trabajo metafórico precioso, en eso de intentar caminar y tirar del propio zapato.
La persona que ha escrito esto, lo que ha hecho es pasar de la historia a la trama.

Despedida
Queremos saludar a Lola que hoy esta comiendo como  finalista de los premios NH. Ya nos contara si  ha ganado.
Este premio es importantísimo y ha lanzado a muchos escritores.
Saludos para Lola.
 

Traducido por Pepe Calduch.

2/5/12

PASIVIDAD

Me adelanto un poquito porque a partir de mañana me tomo unos días de vacaciones. Os leo a la vuelta, compañeros de la indignación.


El guarda jurado tocó el hombro de la chica que dormitaba en el asiento del vagón. Ella se despertó sobresaltada. Él le gritó que allí no se iba a dormir y la muchacha le pidió que hablara suavecito porque le dolía la cabeza. El hombre la agarró de una muñeca y le ordenó acompañarlo a comisaría donde comprobarían si tenía papeles de residencia. La chica se negó, alegando que llegaría tarde al trabajo y la señora la despediría. El metro se detuvo y las puertas se abrieron. Él la arrastró fuera. Las puertas se cerraron y el tren continuó su recorrido con un zapato de ella dentro. Todos permanecieron en silencio, evitando mirarlo. Cuando, en la siguiente estación, un viajero echó el zapato al andén de una patada,  volvieron las conversaciones y los bostezos.