19/1/12

WONDERLAND


EL CEPO

Se sienta en el balancín del porche y escucha, en un silencio de bisagras oxidadas, los golpes y los gritos que reverberan en su cabeza. Cuando la tarde agoniza, enciende el farolillo y observa cómo la luz atrae a las polillas. Caen dentro de la urna mortuoria, con las alas quemadas, apiladas unas sobre otras. A medianoche, se levanta, recorre el sendero de grava, empuja la cancela y sale al camino que lleva al puerto. En las tabernas se encuentran los mejores especímenes. Hombres siempre dispuestos a dar un puñetazo, a romper algún diente. Hombres, muy hombres. Como su padre.


Os copio la traducción del traductor oficial del programa. Gracias, mil, Agustín.

La clave del microrrelato es que utiliza técnicas propias de la poesía, recreando imágenes líricas muy potentes que juegan al equívoco, al despiste. El título es muy amplio, significativo y simbólico. Es un texto de atmósfera, la autora recrea con precisión y certeza una fotografía triste, dura, oscura. La historia se mueve en círculos, sugiere pero no dice, hasta que llega al final contundente, sin ningún tipo de concesión y fisura. La aparición del padre al final - una figura que hasta entonces no había aparecido en la narración - obliga al lector a volver al inicio y realizar una segunda lectura donde se aprecian con más claridad los detalles ínfimos que componen el texto, como si de un puzzle se tratase.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/wonderland/wonderland-17-gener-2012/1296647/

18/1/12

LA MICROBIBLIOTECA - RELATOS DE DICIEMBRE


Intruso


Las galletas se deshacían dentro de los vasos de leche. Los periquitos soñaban con una montaña de alpiste, bajo el paño negro que tapaba la jaula. El gato devoraba periquitos imaginarios, dormitando a los pies de la cama. La mujer yacía en el suelo de la cocina. Los niños hacían caso a su mamá y jugaban al escondite con el afilador de cuchillos.

17/1/12

I CERTAMEN DE MICRORRELATOS CONVOCADO POR EL MUSEO NACIONAL DE ARTES DECORATIVAS


"El grito". Edvard Munch
Desolación

No pude conseguir mis gramos de felicidad. Y mira que lo intenté poniendo diques de sumisión. Imposible contener un diluvio que hacía remolinos y escapaba para otros lados. Seguí tu consejo y ahora voy a los museos a mirar cuadros. El vigilante y yo, los dos solos. Poca cosa para distraer un abandono tan grande. Aún me sorprende no oír la llave girando en la cerradura de la puerta. Unas veces a media noche, otras al amanecer, pero siempre volvías. Ceno en el salón, frente al televisor, para no pensar, mientras instintivamente acaricio el guante que te dejaste. Luego me tumbo en la cama y escucho en la radio, con los auriculares puestos, uno de tus programas preferidos sobre artes decorativas. Estoy a punto de conseguir una tregua de sueño, y entonces me asalta la idea aterradora de que tal vez llames y no pueda escuchar el teléfono. Me quito los cascos y en la vigilia, solo me consuela ver ese visillo de diseño, como un jirón que se ondula con el paso de la brisa de madrugada, a través de la ventana de nuestro cuarto.