11/8/11

EL ASPIRANTE


Nunca supo el porqué de su infortunio. Le gustaba la vida. Tenía salud, una mujer a la que amaba y un hijo con la rebeldía propia de una adolescencia de libro. Entonces ¿por qué aquella amargura regurgitada desde lo más hondo? “Lo que te ocurre es por ser demasiado optimista. Mírame a mí: como espero poquitas raciones de felicidad, con cualquier cosa me contento”, le decía una y mil veces su mujer, como quien repite una letanía. Y él pasó del “mea culpa” a un odio cada vez más generalizado hacia los humanos. Sólo aguantaba a su gato, con quien no tenía problema alguno de comunicación. “Cada vez que me encuentro con el del tercero, me dan unas ganas de darle un puñetazo...”, se decía para sus adentros, pues ya había renunciado a transmitirle sus venenos a la mujer que era feliz pintando la terraza de azul cobalto o yéndose a las rebajas de las que volvía con un trapito que luego tiraba a la basura porque, a ver para qué quería ella una falda de lunares. De su trabajo, ni hablaba, para qué si era basura de último cuño capitalista. Aguantar, tenía que aguantar un rato largo las impertinencias de su jefe. Y el sueldo ni mencionarlo. En esas estaba, apurando los últimos gramos de optimismo, cuando se le ocurrió gritar a un conductor que lo había adelantado por la derecha que ojalá se lo llevaran los demonios. Fue decirlo y pararle el guardia civil y meterle un tajo de puntos que lo puso al otro al borde del llanto. Aquello, pudiendo ser una casualidad, no dejó de mosquearlo, así que detuvo el coche en el arcén, prendió un cigarro, aspiró fuerte y con una medio borrachera de alquitrán y nicotina, hizo el conjuro: “Vendería mi alma al diablo por aderezar el camino de mi vida con un puñado de cadáveres”. Entonces el guardia civil se le acercó y dijo: “Poder, puedo, pero no tanto. Sobre la vida y la muerte, manda Él, que para eso nos derrotó en la madre de todas las batallas. Ahora, si tú quieres, me quedo con esa piltrafilla de alma que arrastras por los suelos a cambio de algún descalabro de tus enemigos”. “¡Hecho!”, dijo él, tendiéndole la mano en un apretón más que caliente. “Lo siento, hombre, es que de donde vengo todo es brasa”, se disculpó el diablillo, pues eso dijo ser. Acordaron su primer trabajito: convertir a la mujer en una amante endiablada, no sólo siempre dispuesta a practicar el sexo, sino también, y eso era lo importante, una oyente activa que se quedara, cual papel secante, con todas las penas que él fuera estampando en su cabeza.
Cuando llegó a su casa, su mujer se acercó con los ojos brillantes de lascivia, en tanga y sujetador a medio pecho, le echó los brazos al cuello, cogió el labio inferior del marido con los dientes y le dio un mordisquito que le enderezó todo lo que había de lacio en su cuerpo. Luego ajustó el rojo fuego de sus labios a los de él y ardieron juntos en las llamas del mismísimo infierno.
Al día siguiente, le pidió al comprador de almas que arruinara a su jefe, ya que estaba claro que pensaba despedirlo. El diablillo aceptó encantado y le retiró al jefe todos los fondos de sus cuentas bancarias. El resultado de esa intervención acabó con un salto mortal del arruinado desde el decimonoveno piso de su apartamento, y las carcajadas satánicas del que antes fuera un alma en pena y que ahora andaba más contento que unas castañuelas en la feria de Sevilla.
Del hijo exigió, no respeto, sino sumisión y vuelta a las buenas maneras, porque, a ver qué era eso de tutear al padre; de usted y firme cada vez que él lo llamara para pedirle algo. A la suegra la mandó varias veces al hospital cuando se ponía cargante, pues con ella no valía conjuro alguno para doblegar su voluntad de arpía. El diablillo le confesó que tal vez fuera un demonio a medio hacer y por eso no había forma de que hincara la rodilla ante él. Pero no pudo librarse de una caída por la escalera del autobús, ni un cólico nefrítico que dejó el rastro de sus uñas en los camilleros que vinieron a buscarla en una ambulancia.
Comenzaron entonces los síntomas de una adicción al mal que puso al diablillo contra las cuerdas. “Que me quites de en medio a ese tío engominado”, ordenaba el vendedor de alma con los ojos volteándose en las cuencas y la excitación engarfiando sus manos. “¡Pero, hombre, ¿qué te ha hecho?!”, se escandalizaba el diablillo. “Su mera existencia me molesta. A ver cómo puedes meterle un buen puro. A ser posible con un final como el de mi exjefe”, le ordenaba con una risa cada vez más satánica. El tipo pagó sus excesos de gomina con una caída irrecuperable de pelo. Empezó a sufrir las burlas de los niños del barrio, y su vanidad encogió en la misma medida que su cuerpo se doblaba hasta exhibir una hermosa joroba en su espalda que provocó la risa del vecindario, y lo hizo encerrarse en el piso de donde lo sacaron medio enterrado por las bolsas de basura y con algún mordisco en las orejas por los ratones que habían tomado la casa.
Al cabo de un año, el diablillo intentaba esquivar al tipo sin alma que lo mismo pedía una rotura de piernas de un alcalde corrupto que una embolia de un especulador de vivienda. Se daba cuenta de que el humano ganaba en ánimos y ganas de vivir e iba de víctima en víctima, cual garrapata engordando en deseos de maldad, mientras él estaba cada día más alicaído y comenzaba a sentir remordimientos y pena por todos los que, de una manera u otra, terminaban engrosando las necrológicas de los periódicos. “Mira que nos la estamos jugando, que ya te dije que en los temas de la muerte no debía meterme”, le avisaba al desalmado. “¿Y quién dice que te metas? Si uno quiere morirse, pues que lo haga”, soltaba el exterminador de humanos con una carcajada del más allá. “Este me quita el puesto”, se dijo el diablillo. “Está haciendo méritos para pasar directamente a demonio con derecho a cornamenta, que era lo que me correspondía a mí”. Y en un último intento por acabar con el aspirante a demonio, urdió una trampa: puso la billetera al alcance de la mano del hijo adolescente con el convencimiento de que no sería capaz de hacerle daño a los de su propia sangre. “Me lo dejas en manos de la pija de la Rosario para que le retuerza los cojones, metafóricamente hablando, y se quede de por vida de calzonazos”, pidió el padre sin que la voz le temblara lo más mínimo. “¡Pero hombre, que es tu hijo!”, soltó el mediodiablillo, pues ya estaba sintiendo como un humano. “¡Quién lo sabe!”, dijo el mediohumano que ya notaba su transformación en demonio. “Además que yo lo que quiero es largarme a Manhattan, al mismo corazón de la maldad, y dedicarme a la compra-venta de almas. Así que puedes quedarte con él, te lo regalo”, y comenzó a llenar la maleta de bolsas con dinero. “!Pero tú no puedes!”, chilló el que ya sentía como humano, sabiendo que había perdido la partida. “A ver si te crees que las últimas intervenciones las hiciste tú. Nada, no funcionabas. Me di cuenta de que no podías ni con tu alma, menos con la mía que ya pesaba toneladas de maldad, cuando dudaste a la hora de quitarle toda pasión por la vida a mi mujer. Así que me puse en contacto con Él y ya sólo hago tratos a lo grande”. Cerró la maleta, cogió a su gato, y antes de salir, dijo: “ Si quieres, puedes quedarte también con ella”. Se marchó dando un portazo. Y mientras bajaba en el ascensor, soltó su última carcajada medio humana.

7/8/11

LOS PLACERES DEL VERANO (microrrelato seleccionado hoy en El País Semanal)

Del blog animalnaturaleza.

Oía la llamada. Se hundía un poco más. Su nombre picoteado por el graznido de las gaviotas. Y de repente, mamá lo desenterraba de la arena.

5/8/11

ADICCIONES

Fotografía de Bernardo Álvarez


Soy amadecasapendiente y llevo unos minutos sin pensar en unos pimientos rellenos ni en hacer la compra.

Hace unos días toqué fondo. Toda la mañana cocinando, el frigorífico hasta arriba, y agarré la cesta y salí a la calle. ¿Qué hacía yo en mitad de la acera, en bata y con zapatillas de estar en casa?, me decía, cuando tropecé con una cuartilla abrazada a una farola anunciando un taller de escritura dos portales más abajo. Supongo que fue la hartura de mí misma la que me puso delante de un señor que me preguntaba a qué había ido.

-¿A qué va a ser?, a lo de aprender a escribir.

- Ya bueno, pero tenemos cursos de narrativa, de guión, de poesía...

Ahí sufrí un ataque, una puñalada trapera del cocineo y dejé al de las letras ofreciéndome cursos, para adentrarme en el bonito, que también me ofreció el pescadero a primera hora de la mañana, y sus maneras de prepararlo. "Quedaría bien encebollado, pero al niño no le va así, mejor con tomate."

- Entonces, ¿cuál le interesa?

- El que sea más fácil.

- Todos tienen su dificultad, pero podría comenzar con el cuento.

Dije que bueno y entonces él avanzó algo del curso.

-...Ab obo...

"Los huevos rellenos quedarían bien para el domingo"

-... in media res...

"Unos filetes en salsa y me hacen reverencias".

- Y sepa usted que contamos con la presencia de un alumno aventajado que ya ha ganado unos cuantos jamones de Teruel en un concurso radiofónico.

Temblando de emoción, abrí mi bolso, saqué el talonario, le hice una seña para que me dejara su bolígrafo, escribí seiscientos euros y firmé el cheque. Luego se lo entregué, agradecida, y salí pensando en los platos que iba a preparar con los jamones.

P.D. Este relato lo escribí hace tiempo, en un mano a mano con un escritor que ganó varios jamones en un concurso radiofónico. Lo traigo aquí como una pequeña muestra de la variedad de enganches de los que podemos quedarnos colgados: desde productos tóxicos, a la comida, al cuerpo, a los talleres literarios, etc. Todo muy nocivo para la salud.

3/8/11

NOSTALGIA (Finalista de junio del concurso sobre abogados)

fotografía tomada de la red

Todos los años por el cumpleaños de mamá, papá se saca del cuello la cinta morada con la llave y abre el candado que puso en el armario de ella. Revisa sus vestidos y zapatos. Comprueba que el birrete sigue en la balda de arriba. Se entretiene un poco acariciando las puñetas de la toga y por último coge el CD guardado en el primer cajón entre la ropa interior. Sentado al lado del plato vacío, escucha “Ansiedad” en la voz cadenciosa de Nat King Cole mientras brinda con una copa sin dueña. Sé que no debería consentirle que haga eso y seguir las instrucciones de su médico. La nostalgia es un tóxico más potente que cualquier veneno y su corazón es débil. Pero desde que se la arrebató el marido despechado de una clienta, a la puerta de los juzgados, él sólo piensa en reunirse con ella.

31/7/11

LOS PLACERES DEL VERANO (microrrelato seleccionado hoy en El País Semanal)


Ella se baña. Él espera en el chiringuito. Pasa la lengua por la piel. Sabe a limón y sal: la devoraría. Un bocado, y se come media sardina.

26/7/11

RELATO GANADOR "CUENTA 140"


Mientras mamá dormitaba en su hamaca, él devolvía las olas al mar a raquetazos. Aquella ola gigante dejó la raqueta huérfana en la arena.

23/7/11

I36 DÍAS ENCERRADOS: EL ENCIERRO HA TERMINADO


Ayer, los padres, usuarios y trabajadores del C.O.Magerit, dejaron el encierro con una fiesta. Allí estuvimos para alegrarnos de los logros obtenidos, y despedirnos del Magerit. Han conseguido que no desaparezca un Centro Público. Dispondrán de un Centro donde reubicar a trabajadores y aquellos usuarios que quieran el cambio, después de unas reformas en un antiguo colegio. Quedan algunos flecos pendientes, como conseguir un compromiso escrito que garantice el regreso al Magerit tras las reformas necesarias, pero ha sido una gran victoria gracias a la perseverancia de padres, trabajadores, usuarios, simpatizantes y miembros de la Asamblea de Carabanchel del Movimiento 15M que plantaron sus tiendas dentro del recinto y no lo han abandonado hasta este momento. Creo que el eslogan que figuraba como estandarte de este largo pulso a la administración Aguirre, la cólera de dios, refleja muy bien lo que han sido estos 136 días de encierro : "Si luchas, puedes perder; si no luchas, estás perdido".

20/7/11

ENSAYOS (finalista del concuso de microrrelatos Eñe. Ganador de la semana del programa Wonderland)

Repaso sus ropas, las plancho, las doblo, les introduzco caramelos en los bolsillos del pantalón. Coso el ojo del hipopótamo, los lunares a la mariquita. Les preparo macarrones, croquetas, albóndigas, pizza, hamburguesas. Lo guardo todo en tupers etiquetados dentro del frigorífico. Dejo pan con chocolate sobre la mesa de la cocina, para la merienda. La última vez llegué hasta la estación, hoy tal vez pueda coger ese tren.

Wonderland


Repaso sus ropas, las plancho, las doblo, les introduzco caramelos en los bolsillos del pantalón. Coso el ojo al hipopótamo, los lunares a la mariquita, la estrella a la varita del hada madrina. Les preparo macarrones con tomate, arroz, croquetas, albóndigas y hamburguesas. Lo guardo todo en tupers etiquetados, dentro del congelador. Dejo leche y pan con chocolate sobre la mesa de la cocina, para la merienda. Escribo con mayúsculas una nota de despedida y la sujeto con un Bob Esponja a la puerta del frigorífico. La última vez llegué hasta la estación, tal vez hoy pueda coger ese tren.

18/7/11

LA CULPA (finalista de la tercera semana)


El abuelo manoseaba a menudo una moneda, dentro del bolsillo del pantalón. Cuando me muera será tuya, decía al preguntarle qué tenía ahí, pero nunca me la enseñó. Pasaban los años y comencé a impacientarme. El día que murió, papá dijo que podía quedarme con algo suyo. Entre un reloj de bolsillo, el chisquero y la petaca, sobre la mesa brillaba la matrona Hispania con un ramo de olivo en la peseta de plata. No quise nada

16/7/11

AMORES DE INSTITUTO


Fotografía cogida de la red
Mi vieja está contenta. Mi viejo, también. Yo no. Ahí fuera se ríen, no sé por qué. Tampoco sé por qué estoy así. He aprobado. Y con buenas notas. Sin embargo sólo quiero estar aquí, lanzando la pelota a la pared. Mañana mismo quitaré los pósters. Barricada ya no me gusta. AC/DC, tampoco. Menos, Extremoduro. Mañana. Hoy no tengo ganas de moverme. Alicia es nada. Una tonta del culo que anda babeando por el guaperas que ha venido al insti. El facu me sopló que la vio con él el otro día. Y mientras tanto yo, peleando con las mates. Pero no voy a llorar como un crío por eso. Las hay mejores. A su amiga Sonia todos quieren ligársela. No es llanto. Tengo los ojos irritados. Las mates se me resisten siempre. De mí dicen algunos que soy un gafapastas. Tal vez tengan razón....¡Pelotazo a la copa de fútbol que ganamos en el torneo! Abolladura. Lo que faltaba. El facu, el topo, el manchas, el Quique, me matan todos cuando la vean.
Llaman al telefonillo. Quieren que me baje. Y yo que no me encuentro bien. Y ellos que me lleve algo de bebida, que los chinos son unos jetas. Es lo único que les importa. “Ahora voy”, digo, derrotado. Tal vez me anime. Quizá sea el momento de dejar atrás a Alicia y entrarle a Sonia. Eso estaría bien. Para que se joda. Ir a por la amiga. “¡Ahora mismo bajo!”, grito, más animado.




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No sé qué le pasa al chico. Ha sacado buenas notas, debería estar contento. Es que no hay quien lo entienda. Lleva toda la santa tarde encerrado en la habitación. ¡Y venga darle golpes a la pared! Pero mejor no le digo nada. Si le digo algo, se arma. Tengamos la fiesta en paz. Un poco de tranquilidad, es lo que quiero. Alberto me ha preguntado qué bicho le ha picado, ¡cómo si yo supiera! Y otra vez que si no me ha contado nada. ¡Qué le va a contar a su madre! Antes sí, cuando era un niño, siempre que si mamá esto, que si mamá lo otro. Ya no. Son etapas. Eso dice el psicólogo. Es la adolescencia. “Cuando yo tenía su edad ya estaba trabajando en el taller de mi padre. No había tiempo para tonterías”. Eso dice Alberto. Y se enfada. Así que mejor lo dejo estar. Nos vamos a dar una vuelta por el parque y a ver si... ¡Vaya, lo vienen a buscar los amigos! Y se anima a salir. Le irá bien. Nos irá bien a todos airearnos un poco.



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A mis amigos les entra la risa por todo y por nada. No entiendo el porqué de esta alegría colectiva, que parece que todo Aluche se haya vuelto loco, aquí, apiñados, calentitos en este mayo que ha venido con ganas de hacernos sudar la camiseta a todos. En el Auditorio no cabe ni una paja. Los críos son así, dan grititos y saltos con Andy y Lucas. Niñatos. No veo por ningún lado a Sonia, tampoco a Alicia. Pero debo prepararme para el encuentro. Que no me vea muermo. Se me van las gafas con el sudor a la punta de la nariz. Gafapastas, así me llaman. Me da igual. Pienso operarme la vista en cuanto pueda. Ahí van mis viejos con los del facu, mirando a un lado y a otro, seguro que para ver por dónde andamos. Son unos brasas. A nada que bajes la guardia te someten a un interrogatorio. Ya están aquí. Con la sonrisa puesta. ¿Por qué hoy todo el mundo es feliz menos yo, joder? Va mi vieja, que no se le escapa nada y me pregunta si me pasa algo. Y yo que no, que volveré tarde, que estaré con los amigos por la feria hasta que nos cansemos. Echo a andar con los amigos y ellos se quedan un momento como alelados, mirándonos, y luego se van a lo suyo: ponerse ciegos de panceta, morcilla y chorizo. Y al día siguiente, mi vieja andando a paso ligero por el parque para darle caña al colesterol.
Así que tengo que ponerme la puta careta de felicidad. Voy detrás del grupo, me detengo un momento, me quito las gafas y limpio el cristal húmedo con la camiseta. No veo ni un pijo, y me doy de bruces con la jeta del guaperas que me ha levantado a Alicia. Me enrabia el temblor de piernas que me ha entrado. Me coloco las gafas y cierro los puños a los lados del cuerpo. Le daría de puñetazos ahora mismo. “¿Qué dices?”. Me pregunta a mí. No sé qué quiere ahora. “¿Te vienes para el Punto a tomar unas birras?”. Eso dice el muy... Y entonces reparo en que Alicia no está con él. Relajo el cuerpo, relajo las manos. “Vais solos, sin chicas”, afirmo mientras recorro el grupo, su grupo, para cerciorarme. “¡A ver si cae algo esta noche!”, grita uno de ellos. Me pongo a reír como un loco, como si fuera la cosa más graciosa que he oído en toda mi vida cuando es una gilipollez como un piano. Y sigo riendo mientras me alejo con los míos. El facu baja la cabeza y dibuja una línea con la deportiva en la tierra antes de arrancar detrás. ¡Qué cabrón!, me digo, sin embargo no tengo ganas de darle una hostia. No ahora. Porque ahora la veo venir con su amiga Sonia, los pulgares agarrados a las presillas del vaquero, el ombligo como un pocito perforado con el pircing, la camiseta negra con el Extremoduro (en qué estaría yo pensando cuando dije de quitar el póster de mi cuarto), el pelo rabioso de rojo... ¡ay, los ojos como caramelos de menta, me los comería aquí mismo! Me mira, me mira, me mira a mí. “Te subes a la noria conmigo, Alicia”, le digo. Y ella que sí. Sonríe enseñando los brakers que enderezarán unos dientes que a mí me gustan torcidos.




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¡Míralo! Mi chaval, tonteando con las chicas. Como yo a su edad. ¡Hace tanto de eso! Pero parece que fue ayer cuando buscaba encontrarme con Elena, su madre, por los pasillos del instituto. Su risa tonta, al cruzarnos. ¡Qué guapa, con aquella falda por encima de la rodilla. Esa rodilla atravesada por una cicatriz blanca, como una culebra de río, me atraía como un imán y fue motivo de nuestro primer enfado, porque a ella no le gustaba que la mirara tanto. Pero también me acuerdo de nuestro primer beso, sentados, con la música de fondo, los altavoces de la tómbola que repetían hasta la náusea lo de la muñeca y el perrito. En lo más oscuro, entre los árboles. ¡Qué lejos aquellos tiempos! ¡ Y sin embargo me parece que fue ayer mismo! Pero ahí está mi chico, con la pelusa encima del labio, los gallos en la voz, su rebeldía de adolescente, que me dice que no, que han pasado los años, y que ha llegado la hora de que sea él quien esté arriba, en la noria, con su chica. Es el relevo. Y así debe ser.




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Corre un aire fresco aquí arriba. Debería haberle hecho caso a mi vieja y haberme traído un jersey. Le paso el brazo por la espalda y la acerco hacia mi pecho. Siento su escalofrío y la abrazo más fuerte. La luna está llena. Desde aquí arriba veo las casetas de los Partidos, las de las Asociaciones, veo el humo subir desde los chiringuitos, veo a mis amigos, a mis padres, a todos ir y venir por la feria, como agua que corre. Dicen que aquí hubo antes un río y que de ahí le viene el nombre al barrio. Dicen. Y yo no quiero que la noria deje de girar y se acabe el viaje.



5/7/11

EL REENCUENTRO


Sobraban dos días. Miré la maleta abierta sobre la cama. La camiseta blanca, con la rosa que pinté, cerraba la ropa colocada en el hueco. Olía a cuero nuevo, a ramito de espliego durmiendo en el bolsillo de tela de un lateral. Sobraban dos días. El café amargo entró mezclado de algas. Lo sentí bajar lento hasta invadir tibio mi modorra. A lo lejos, un cuadrilátero blanco emborrachado con una marca de vermú, seguía, obediente y firme, la cola de un avión. Metí la cucharilla en la mermelada de frambuesa y la saqué completa. Brillaba la pulpa a la luz suave de la mañana. Saqué la lengua y la recogí en su barca. Ácida. Ácida y dulce la espera. Sobre la tostada, una onda marina amarillo pálido. La extendí. Un mordisco salado. Otro. Mantequilla de Holanda, dijo él. Y la dejó en el fondo del carrito de la compra. Una nueva taza de café y el minutero apuñalando otra raya del reloj de la cocina. Si fuera un cuco, pensé, lo mataría por bobo, pero esa esfera de plástico, con su escudo futbolero, ni tocarla. ¿A quién se le ocurre perforar el tiempo con algo tan anodino? A él, claro, ¿quién si no podría viajar con doce ostras metidas en hielo desde Galicia? ¿quién si no tendría el coraje de arropar un capullo con dos gotas de rocío en una mano y en la otra traer colgando semejante engendro ? Y sin embargo, sobraban dos días. El sol había roto la encimera dividiendo la hoja del cuchillo y remontando la mitad de una naranja sin jugo. Lavé la cafetera, la taza, el plato y la cucharilla. Todo limpio. Cogí el cubo naranja con su cangrejo de patas devoradas por la edad, también la pala amarilla de plástico gastado, y salí. En el porche, una gaviota insolente picoteaba un gusano desahuciado de una maceta. Moví los brazos y huyó chillando su protesta. Abajo, tierra húmeda, cementerio de conchas. Avancé por la orilla, dejando un rastro de huellas que el mar se iba comiendo, hasta llegar a la gruta. Me senté en la arena y fui llenando el cubo con mordiscos de días. Sobraban días. Nuevas paladas y el sol cegando de luz el agua. Sentía el estómago anunciando la hora. Montañas de arena apelmazada, enterrando minutos. Subió y pasó dos veces arriba dejando un rastro de chispas de estaño. Volví a casa, cerré la maleta, di dos vueltas de llave a la puerta de mi casa y me fui hacia la estación. El tren esperaba y, dos o tres giros de agujas dentro del cristal de mi muñeca, él .

28/6/11

PARA SIEMPRE (Finalista del concurso de microrrelatos sobre abogados)


La seguí hasta la feria. Entró en el barco fantasma. Me aposté detrás de un árbol. Hacía calor. Me deslicé entre las atracciones. Llegué a la casa del terror. Desde allí podría fotografiarla con el tipo. Encendí un cigarro. Di una calada. Lo imaginé. Pillada infraganti con su amante. Acusada de adulterio. No sacaría nada del divorcio. Ni pensión para los niños. Para eso estudié abogacía mientras ella cuidaba de los críos. Se le acabó lo de hacer tapetes de encaje para relajarse. Tendría que trabajar. Saboreaba ya mi triunfo cuando alguien me agarró por detrás y me metió dentro. Pensé que se trataba de una broma, al ver a todos esos personajes rodeándome: la niña del exorcista, Jason, la pequeña Elizabeth... pero cuando Freddy Kruger se acercó, entendí por qué mi mujer estaba últimamente tan contenta. Y aquí sigo, como un zombie más, asustando a los que entran.

23/6/11

EL JUEGO DE MAMÁ

Gum de Julie Blackmon


Cuando mami entra en mi habitación y me da un beso, huele mucho a tabaco. Luego se ducha y duerme toda la mañana. Se levanta a mediodía y come de pie, en la cocina. Por la tarde jugamos al escondite. Ella cuenta en el pasillo, de cara a la pared, y yo me escondo entre el abrigo azul y el vestido rosa. Me llama y me busca por toda la casa. Abre el armario, yo me tapo los ojos con las manos y ella vuelve a cerrarlo, dejando una rendija por donde la veo lamentarse porque me ha perdido. Salgo, le tiro de una manga y ella se pone muy contenta y las dos nos abrazamos. A la noche, me ducha y me pone una colonia que huele a limón. Después me sienta en la trona y mientras ceno, ella lee mi cuento preferido. Después me mete en la cama y seguimos jugando. Yo cuento, mami me ayuda, ella se esconde y no sale de su escondite hasta la mañana siguiente. Uno, dos, tres...

15/6/11

CORAZONES ROTOS (FINALISTA DEL III CONCURSO DE RELATOS ESCRITOS POR PERSONAS MAYORES RNE - FUNDACIÓN "LA CAIXA")



 He pasado la vida cosiendo corazones rotos. Una tarea muy delicada. Porque cada uno necesitaba su cabo de hilo y su aguja; incluso su color. Para Roberto era la fina de bordar, con seda verde esperanza que no le hería. Con Susana podía enhebrar la de ensartar cuentas de cristal con algodón tostado, porque siempre ha sido la más fuerte. A Marcos le iba bien el tamaño intermedio para el cordoncillo entreverado de lilas y amarillos: enseguida se le iba el dolor con unas risas.
Siempre he llevado cogida a mi pecho la almohadilla con las agujas y los hilos preparados para un zurcido de urgencia. Y con los años mi habilidad creció de tal modo que si ahora mismo sacaran los corazones de mis hijos, apenas se apreciaría la línea de una cicatriz.
Primero fue Marcos el que dominó el arte de la costura. Se fue de casa con un júbilo de arco iris que bien podía ocultar un negro nubarrón, pero del que estaba segura que sabría salir con el mínimo daño.
Más tarde se marchó Roberto, un temblor de mano agarrado a otro temblor de mano. Entre los dos repararían sus heridas.
Hoy estamos de fiesta. Se va Susana. Con su aguja y sus hilos. Y ha querido celebrarlo como si se tratara de un casamiento, aunque ella no va a casarse; ella se va a la India a curar otros corazones, dice. Seguro que lo conseguirá.
Estoy sentada en mi silla, un poco alejada de todos, con las manos en reposo, descansando la una sobre la otra, sin nada que hacer. Toca la orquesta y todos bailan. Miro alrededor y me encuentro con mi marido. Sonríe, bobalicón, con los ojos entornados, pegada su mejilla a la de nuestra vecina Maite. Y es ahora cuando siento el pinchazo y la humedad en la blusa, apenas un lunar rojo que va engordando, y no sé qué aguja, qué hilo debo coger del acerico para que no te desangres, mi querido y olvidado corazón.

9/6/11

VACÍO

fotografía tomada de la red.


No voy a llorar, lo prometo.
Sólo déjame estar aquí.
Cogerte de la mano.
Y si la congoja me ahoga,
en seco tragaré esa bola amarga.

Yo vigilaré si acaso duermes.
Como cuando dibujaba tu cuerpo,
con un dedo húmedo,
desde los pies de la cama;
y la imaginaba acurrucada
en el hueco de tus caderas.
Y sentía.

No paraba de llorar.
No parabas de reír.
Nos movíamos livianos
por la vida.
Su vida.
Nuestra vida.

No digas que no fue eso.
Ni se te ocurra.
Sí, lo merecía.
Merecía este castigo.

Seguí sonriendo a la placa transparente,
como un estúpido,
cuando el de la bata blanca
dictó su condena:
arrancarme de cuajo el sentimiento.
Para siempre.

Volveré a estar en alquiler.
A tanto el cadáver.
Será gratis para el de la bata blanca.
En cuanto acabemos con esto.
Nada más dejar libre el hueco en tus caderas.
Y si quieres,
yo también me marcharé.
Pero ahora, déjame estar aquí.
Te prometo que no voy llorar.

3/6/11

LOS BLOGUEROS MICRORRELATISTAS EN LA RADIO

fotografía cogida de la red
Como ya os anuncié en respuesta a un comentario, el domingo día 5 de junio a las 20h podréis escuchar la entrevista a un bibliotecario de Sol y la lectura de algunos de nuestros microrrelatos en Radio Círculo (100.4 FM Madrid)y también en www.circulobellasartes.com/Radio Círculo en directo

Y en este programa de radio Ágora Sol, hacia la hora y cuarto, Nieves lee también varios microrrelatos. Escuchadlo. A mí me ha encantado.
http://www.archive.org/details/agorasol.2011-06-02_lapersiana


Por otro lado, os informo de que podéis dejar vuestras críticas y comentarios de Literatura en el blog de El Planeta de los libros.

http://elplanetadeloslibros.wordpress.com/

31/5/11

LA TORMENTA EN UN VASO


Estoy contenta. Muy contenta. Porque he ganado el concurso, sí. Pero también porque está Manu Espada como finalista, a quien conozco desde hace tiempo y he visto crecer como escritor. Y porque el jurado es de lujo.

AVENTURERO
Superó la tormenta, el ataque del barco pirata y la cuarentena. Cuando estaba a punto de atracar en el puerto, su madre lo llamó para la cena.

29/5/11

NUEVA PROPUESTA

fotografía cogida de la red


En un comentario en Facebook de "El Planeta de los libros" sobre el aluvión de libros en la biblioteca de los acampados en Sol, informé de que habíamos llevado microrrelatos. Hoy encuentro este comentario: "Si fuera posible que nos los enviarais también al programa... :-)". Los tengo todos en una carpeta. ¿Los envío? Contestadme, blogueromicrorrelatistas.

P.D.Para quien no lo sepa, "El Planeta de los libros" es un programa de Radio Círculo conducido por la periodista Nieves Martín.


27/5/11

MISIÓN CUMPLIDA

ENTREGA DE RELATOS Y PASEO POR EL CAMPAMENTO.
Queridos blogueros, esta tarde, mi compañero y yo hemos hecho la entrega de nuestros escritos en la biblioteca de la acampada de Sol.
La chica que los ha recibido nos ha dicho que están pensando en hacer un festival con lectura de textos y que, si prospera, se pondría en contacto a través de cualquiera de los blogs cuya dirección iba incluida con cada microrrelato, así que si os escribe a alguno, comunicadlo al resto.

Besos como lluvia de pétalos de rosas para todos.



Entrega de los relatos en la biblioteca.

















¡BASTA!

Tomado de la red

Esta es mi contribución para llevar a los acampados. No seáis demasiado duros que yo también he tenido poco tiempo.

Aquellos seres minúsculos vivían bien en su poblado. El día era trabajo. El día era diversión. El día era un sinfín de posibilidades que les alegraban la vida. Y entonces, caído del cielo, llegó él. Un bebé llorón e insaciable. Sensibles y acostumbrados a dar porque el otro lo necesita, los habitantes decidieron que debían criarlo. Comenzaron a trabajar más, a vivir menos, a agotarse en un continuo ir y venir para alimentar a aquel ser extraño que no paraba de crecer y crecer hasta tocar el cielo de donde había venido. Acabó con la comida almacenada. Y tanta comida le dio una sed sin límites que dejó seco el cauce del río, como una herida abierta al sol. No llovía. No había cosechas. Los seres minúsculos agotaron toda su buena fe cuando el enorme crío les pidió que fueran a otros poblados y los saquearan para él.
Primero fue el más decidido. Escaló por su pierna y se tumbó en su enorme tripa. Uno tras otro, lo siguieron hasta la cima donde almacenaba todo lo que se había quedado el gran glotón. Y fueron montaña. Y presionaron su barriga. Y de la boca del gigante brotó como un surtidor toda el agua que necesitaban para que el río volviera a ser río. El ser extraño lloró, suplicó, amenazó, pero nadie le hizo caso. “Si quieres comer, trabaja”, le decían cuando pedía dos docenas de bollos. “Si quieres beber, cava pozos”, le conminaban cada vez que exigía agua. Pero él no estaba dispuesto a mover un dedo, así que fue encogiendo más y más hasta acabar en un pequeño ser arrugado y gritón al que nadie hacía caso.
Una mañana desapareció. Nadie lo echó en falta.

25/5/11

PROPUESTA


Se me ha ocurrido que podríamos hacer microrrelatos relacionados con el Movimiento 15-M., que recojan de alguna manera el espíritu de rebeldía que lo alimenta. Sería la aportación de los blogueros relatistas.
Mi propuesta es colgar cada uno en su blog su microrrelato firmado con su nombre real o el que utilice en el blog y dejar el link aquí para que pueda imprimirlo. Me comprometo a llevarlos a la Plataforma de Sol el viernes. Así que tendríamos que poner las neuronas a funcionar ya y colgarlo no más tarde de mañana a última hora de la noche.
Si estáis de acuerdo contestad con un sí, aquí mismo.

22/5/11

EL ENCUENTRO



Nada más cruzar la puerta, lo noté cerca. Miré a mi alrededor pero todos tenían la sonrisa pintada y las orejas puestas en lo que decía el microrrelatista del momento. Apagué el móvil y se oyó. Nadie pareció darse cuenta de ese detalle. Me concentré en las lecturas que iban cayendo como uvas vendimiadas, o sea como un vino de reserva. Y entonces volvió a atacarme, muy cerca del oído derecho, como si se riera de algo. Levanté la mano y me di un tortazo que, claro, dado el estado de ensimismamiento del personal reunido, ni cuenta se dio nadie. Me tragué una lagrimilla tonta que quería desbordarse por el lagrimal. Después lo noté arriba, entre los pelos, como escarbando el muy cabrito. Hice como si me rascara la cabeza y cesó el cosquilleo impertinente. Me centré en el espectáculo. Micros y más micros con diferentes texturas, colores y sabores. Entonces se puso a jugar con el vello de mi antebrazo. ¿Qué voy a hacer contigo, maldito?, le dije en un susurro masticado. Y entonces escuché mi nombre y supe que mi hora había llegado. Leí y le dejé hacer, que ya estaba harta de esquivar lo inevitable. ¡Sáciate!, le lancé, despectiva. Y ya lo creo que se sació. Me dejó el brazo a caldo. Leí y me quedé en otro sitio para tener una panorámica de todos los microrrelatistas y, sobre todo, de él que zumbaba a su libre albedrío sin que nadie, tan embobados estaban, tan embobados estabais, se diera cuenta. Se puso morado y ni un quítate de aquí, bicho. Lo vi salir surcando el aire con el abdomen hinchado. ¡A ver si revientas en pleno vuelo!, le espeté con el pensamiento más criminal que nunca tuve. Pero, a pesar de la carga, siguió su camino y desapareció de mi vista.
Cuando acabó la lectura y nos fuimos de cañas, pude comprobar las marcas que había dejado en manos, narices, brazos y piernas. Pero allí nadie se enteraba de nada. Todos tan felices. Pues que sepáis blogueros microrrelatistas, que anda suelto un mosquito con la barriga llena de gotitas de vuestra, nuestra sangre, en una suerte de mestizaje que vete tú a saber qué alteraciones genéticas en esto de escribir puede acabar trayéndonos. ¡Avisados quedáis!

19/5/11

FIRMA DE AUTORIZACIÓN



Pinchad y firmad.
¡Por una democracia real, ya!

15/5/11

¡DEMOCRACIA REAL, YA!

fotografía cogida de la red
"Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos".

Martin Luther King



TERROR NOCTURNO ( Ganador del I Premio de microrrelatos "Pepe Ortuño")

Imagen tomada de la red
Cambió la cerradura de la puerta. Consiguió una orden judicial de alejamiento. Pero todas las noches, entra en sus sueños.

10/5/11

FINALISTA "CUENTA 140"


Comenzó matando ratas en el vertedero. Una cosa llevó a la otra y acabó disparando el revólver a quemarropa entre los banqueros.

7/5/11

"PRIORIDADES", EN EL LIBRO. (Relato leído en La Ventana de Verano)

PRIORIDADES.
Quedamos en La Corredera al anochecer. Necesitaba hablar con Gonzalo. Él dijo que también, por teléfono. Llegué cuando el cielo cambiaba al azulón y, junto a la media luna, brotaban los primeros puntos luminosos. Nada más sentarnos a la mesa, me contó que Elena lo había echado de casa, así, por las buenas, sin más aviso que el silencio profundo de los últimos tiempos. Ignoró a la camarera. Tuve que pedir yo: salmorejo y cazón adobado. Y él siguió lamentándose de su soledad, en el cuarto de una pensión de mala muerte. No me dejaba meter baza. Me removí en la silla. Distraje mi atención en la paloma que picoteaba una patata. Entonces una serpiente de dolor barrió el suelo, subió y me golpeó de lleno en el pecho. Miré a Gonzalo. Sollozaba. Se me antojó un Boabdil con barba de días y la camisa arrugada. Puse mi mano derecha sobre su antebrazo y fui desgranando palabras de consuelo, de esperanza. A mí acababan de despedirme del trabajo, pero tenía a María Luisa.

6/5/11

AMADÍSIMO ESPOSO (Finalista del concurso de abogados del mes de marzo)



Querido Curro:

No creas que se apagó la hoguera de mi amor por ti. Pero comprenderás que no vaya a verte. Faltó poco para que me estrangularas en la última visita. ¿Y qué hice yo para merecer esto? Nunca me metí en tus cosas, aunque tú te desgañitaras gritando en el juicio que era la instigadora de tus manejos, la responsable del pleito que te ha llevado ahí. No, Curro, no, yo me conformaba con el menú diario de acelgas y pescadilla. Otra cosa es que me quejara de tu exiguo sueldo de concejal y te hiciera notar que en el Ayuntamiento todos intercambiaban comisiones y favores. Y ahora me has dejado con una mano delante y otra detrás. Tú envíame la clave para entrar en tus cuentas y tener dinero para gastos, y prometo sacarte de la cárcel. Hazlo a través del abogado que es de confianza.

Tu Piluca.

2/5/11

LA ESPIRAL

Entraba en el instituto con su falda gris tableada, las medias y la camisa blancas, los mocasines negros, el pelo recogido en una coleta y la piel de nácar. Cuando sonaba el timbre, se encerraba en los servicios y cambiaba el uniforme por vaqueros rotos de cinturilla en la cadera, camiseta que dejaba al aire el ombligo perforado por la espiral de plata y botas de tacón alto. Salía con la cara morena de maquillaje, dos rosas en las mejillas y un corazón de sangre en los labios. Alcanzaba la puerta con la cabeza gacha, ocultando la identidad a la mirada de algunos profesores rezagados, llegaba a las afueras y allí se quedaba con la espalda pegada a una farola. Paraba un coche. Ella se acercaba a la ventanilla, el conductor bajaba el cristal, hablaban. A veces subía y otras dejaba sobre el metal la humedad de una mano pequeña que iba desapareciendo conforme se alejaba.

29/4/11

MORDIDA

Cuando las escaleras mecánicas se detuvieron, sintió la presión en la puntera de la bota. Miró hacia abajo y vio el mordisco de los dientes de acero. Su hija le preguntó qué pasaba. “No te muevas”. Intentó darle a la voz un tono de tranquilidad que no sentía. Necesitaba desabrochar la hebilla y bajar la cremallera cuanto antes, pero no soltaba la mano de la niña. Encogió los dedos del pie. En cualquier momento, la electricidad pondría en marcha la escalera y la ranura se tragaría el peldaño. A no ser que el bocado fuera tan grande que no pudiera con él. Entonces se quedaría parada con el botín entre sus fauces. No sabía cómo hacerlo. Sudaba. Se agachó, obligando a la hija a bajarse, y con los dedos de la mano derecha tiró de la correa y la sacó de la hebilla. La niña empezó a llorar y a quejarse de que le hacía daño. Abrió su mano izquierda y liberó la de su hija. Le ordenó que se cogiera al pasamanos. Sentía su presencia al lado, pero no dejaba de repetirle que no se moviera. Sujetó el cuero con la mano izquierda y con la derecha comenzó a bajar la cremallera. La luz volvió de repente y se oyó el ruido de los motores al ponerse en marcha.

25/4/11

ME ACUERDO DE (leído por Juan José Millás)


Me acuerdo de mi abuela corrigiéndome, desde la cama, cuando yo cantaba la versión que hizo Nuestro pequeño mundo, de la canción "Me casó mi madre".

15/4/11

EDITADOS EN "MIRADAS Y LETRAS II EN EL CAMINO DE LA LENGUA CASTELLANA "


ERRANTES

¿Y si la botica guardara un remedio para mi dolor? Entraría de puntillas, para no despertar a los que aún duermen, y bebería el elixir que aliviara mi tristeza. Apenas despunta el alba por el cono del ciprés. Y es aquí, en este lugar de piedras antiguas, de amores antiguos, donde espero encontrarla. Ella, tan ligera que, apenas la toco con la punta de mis dedos, se desvanece. Alma que pena por los rincones del monasterio, buscándome, buscándonos. Y es ahora que el canto gregoriano se guarece entre las grietas de los muros, cuando el monje sale al claustro con el libro abierto en una mano. Me levanto y sonrío. Me acerco. Lo tengo enfrente. Sigue andando. Levanto la palma de mi mano a la altura de su pecho. Continúa, absorto, sin mirarme. Apenas se estremece, apenas me estremezco cuando me traspasa, cuando lo traspaso.


PASIÓN POR DULCINEA

Soy perro. Perro y doble galgo. Así me decía mi madre. Me levanto del jergón cuando me echan a escobazos. Arrimo la nariz al comedero y olisqueo huesos rancios. Ni probarlos. Doy un trago de agua fresca y salgo a la calle dividida por el sol y la sombra. Dos pasos y me tumbo. El rugido de la moto me saca de un sueño muy dulce. Pasa rozándome “El manchego loco”. Me levanto y voy hasta la fábrica. Alzado sobre las patas traseras, meto el hocico en el contenedor de basura y encuentro flores de azúcar, galletas y chocolates rotos. Como hasta hartarme. Doy unos pasos hacia el toldo con el rótulo: “Dulces Dulcinea” y me echo debajo, en la acera por si vuelve “El manchego loco”. Soy perro y doble galgo. ¡Cuánta razón tenía mi madre!

RESERVA

Poco antes de morir, mi padre me dio la llave que abría la arqueta que heredó del abuelo. Me dijo: “Cuídalas”. Luego concentró sus fuerzas en un abrazo que tuvo que deshacer mi madre.
Después del entierro, me despedí de mi madre y regresé a Valladolid. Cuando deshice el equipaje, apareció la caja de madera. Me senté sobre la cama y la abrí. Saqué palabras a puñados: trébede, zarcillo, zascandil, dornillo, jofaina, alacena, alforjas, zoquete, almirez... Palabras antiguas, olvidadas. Y entonces surgieron a borbotones los recuerdos. Mi abuela abrochándose un aro de oro en la oreja, mi abuelo sacando queso de las bolsas de tela, mi padre lavándose en una palangana de porcelana, mi madre haciendo gachas en una sartén sobre un soporte de hierro. Volví a guardar las palabras dentro de la arqueta y eché la llave. Al día siguiente sacaría copias y las distribuiría por toda la ciudad.

Volveré a pasarme por aquí, por allá y por acullá después de unos días de descanso. Disfrutad de la Semana Santa o de la impía, según creencias.
Besos, abrazos, achuchones y demás cariñitos.

12/4/11

FINALISTA "CUENTA 140"


Solía quejarse de su mala sombra ante la burla de sus vecinos. Lo encontraron muerto a pleno sol. La sombra había huido.

8/4/11

ABSOLUCIÓN Y CONDENA

Cuando encontraron el cuerpo de la niña Blanca Romero flotando en el río, su padre, el juez Ricardo Romero, y su madre, la abogada Paloma Reyes, se encerraron en su casa y clavaron tablones en puertas y ventanas.
A veces, a través de las tapias del patio, se oye el cacareo agónico de una gallina, su aleteo sofocado y el gorgoteo sobre el plato de aluminio.

6/4/11

MIRADAS EN LA INTERNACIONAL MICROCUENTISTA






La Inter me ha mirado y yo le he devuelto la mirada.

Mi agradecimiento se transformó en otra mirada.

Y nos quedamos los dos mirándonos.

Y hubo un cambio de temperatura.

Y pasamos del frío invierno al calor primaveral.

Gracias, Inter.

Gracias, Víctor.

Abanico de besos.