30/10/10

INSOMNIO







Quizá fue el café de las siete de la tarde. Tal vez la discusión acalorada con mi marido. Es posible que la visión de la fotografía de la niña con una mosca bebiendo el jugo del lagrimal. El reloj de la vecina acaba de dar la una. Me giro hacia la izquierda. Duerme. Pasan secuencias de mi vida y la fotografía que vi esta noche en la televisión. Todo se mezcla dentro de mi cabeza como si fuera una batidora. Mi padre en calzoncillos con un zapato en la mano. La niña respirando miseria. Una mancha de patas y sangre en la pared encalada de la habitación. Papá matando mosquitos a las dos de la madrugada. Moscas amontonadas en la miel del tirabuzón que cuelga del techo. El olor penetrante del matamoscas con que mi madre fumiga la cocina. El zumbido aleteando en mis oídos y el pinchazo. Mi hermana llorando y llamando a gritos a mi madre desde la mecedora. “Como tu padre no saque el estiércol, nos van a llevar en procesión”, escupe la abuela las palabras con rabia, desde su cuarto, al pasillo de la casa. Paños de vinagre para espantar a las pulgas. Mi hermana huele a vinagre. La niña tiene metido en la boca el pezón de una teta larga y seca. Abre los ojos y llora sin lágrimas: la mosca se bebió el jugo del lagrimal. La televisión sigue encendida en mi cabeza. Las tres de la madrugada en el reloj de la vecina.

Me levanto y voy al salón. Desde la ventana veo los edificios del barrio y las farolas abriendo puntos de luz en el hollín de la noche. Hace meses que no llueve. La lluvia limpiaría el ambiente. La lluvia aleja a las moscas del pan y la sopa. Sopa de ajo sobre las trébedes y cucharas rebañando el fondo de la sartén. La lluvia haría crecer la hierba para las cabras. Las cabras darían leche y cubrirían de carne las piernas de la niña. Me siento en el sofá y enciendo la televisión. Gregory Peck se viste con el traje de Atticus. La hija es especial. Todo es cierto en la memoria de la hija. Un padre estupendo. Imperfecto. Diferente. Lloro un poco al final de la película. El rectángulo de la ventana se aclara. Amanece.

Apago el televisor y voy a la cocina. Abro el frigorífico y saco el helado de chocolate. Hay una nota pegada a la puerta con un imán. El jueves tengo cita con la ginecóloga. Chocolate, negro como la niña. Cierro los ojos y dejo que se derrita en mi boca. Vuelve la niña de la fotografía. Imagino que asoma una manga blanca con una mano que espanta la mosca. Dos golpes de párpado y la mano sale del rectángulo y vuelve a entrar con una cuchara. Tres golpes de párpado y la niña come. ¡Qué bueno está el chocolate! Abro los ojos. Mañana, ginecóloga, me avisa la nevera que evita que las moscas estén sobre la carne. Acabo con el helado.

Los animales fuera de las casas. Las casas no tienen pulgas. El lagrimal drena líquido transparente. La niña come. Tengo sueño. Vuelvo a la cama y lo abrazo por detrás. Enredo mis dedos en el vello suave de su pecho. Huele a tabaco, limón y mandarina. Acerco mis labios a su oreja izquierda. “Quiero que hagas esa cuna”, le digo. El reloj de la vecina acaba de dar las cinco. Duermo.

28/10/10

PONERSE EN SU LUGAR


"Johnny Turtle me pisaba los talones. Primero cayó One-Eyed Tony al beber de la botella envenenada. Después Litle Big Stupid con el agua infectada de sanguijuelas. Quedábamos tres: Johnny, Lilí Snake y yo. Tenía la lengua rasposa como la de un gato. La pasé por mis labios resecos y lamí unas gotas de sangre. Necesitaba llegar a las rocas cuanto antes. "¡Hija de puta!", gritó el Turtle agarrándose las tripas con las manos. Entendí para qué machacaba Lilí cristales en el mortero. Alcancé el botín sin aliento: veinte garrafas de la reserva del Water Bank. Me bebí media sin respirar. Después fui a buscar a Lilí Snake. Seguro que tenía preparado algo para mí".

Cerré el archivo, corrí a la cocina y metí la boca debajo del grifo. Ella esperó a que me saciara. Luego, enseñó sus dientes de piraña con una fea sonrisa y dijo: - Y bueno, baby, ¿para cuándo una historia en la que muera el protagonista?

24/10/10

EL OJO



Hacía tiempo que lloraba el ojo triangulado. Una rija que lo desbordaba en diluvios y nublaba su visión. Así era imposible distinguir un abrazo de un cuerpo a cuerpo en combate, mucho menos al inocente del culpable. Era alarmante ver cómo se llenaba el Infierno de inocentes y cómo campaban a sus anchas por el Cielo, en una suerte de sociedad del bienestar, los malotes. El Todopoderoso necesitaba una cita urgente con el oftalmólogo.

19/10/10

EL ALMA (Finalista de microrrelatos sobre abogados diciembre 2009



Mientras espero en la estación, observo la cabeza del carril, brillante por el paso de muchos trenes. Mi carrera judicial también fue brillante. En nómina en un bufete de prestigio, conseguí llegar a juez gracias a mi tesón. Estoy capacitado para resolver querellas de toda índole, pero nunca imaginé que fuera tan difícil el arbitraje entre Charito y Mario. Tengo los nervios deshechos. El tren asoma el morro y se detiene con un bufido. Se abren las puertas y ella aparece como una diosa con tacones y traje de chaqueta. Renace mi admiración de cuando la conocí, aumentada en su ausencia porque he descubierto que ella es el alma del carril por donde se desliza suavemente la familia. - No fui capaz de hacerme con los niños, Esperanza. Tuve que llamar a tu madre- le digo con un temblor de emoción en la voz mientras la abrazo.

15/10/10

ADAPTACIÓN




“Bicho malo, nunca muere”, decía mi vieja. Y mira que lo intentó. Saltos, carreras, fajas... Pero yo me agarré como una garrapata a su cuerpo. El resto lo pasó llorando. Me dejó una sequía de la que nunca me recuperé. “Bicho malo, nunca muere”, repetía entre rechinar de dientes. Silencio y agua, sólo pido eso. La callé con un tajo limpio de mi navaja. Igual que al vendedor de melones, voceando la mercancía en el sopor de la siesta. Y al colega de la moto sin silenciador, que reventaba mi sueño de madrugada. Una noche, me pilló el picoleto echando la bolsa al río. Dijo: “Se te cayó el pelo, mamón”, y no dejó de darme hostias hasta el cuartelillo.
Por los cadáveres me cayó una condena en el trullo que nunca cumplí. Era peor lo de la contaminación de aguas. Me desterraron al desierto con una cantimplora. Y aquí sigo, cada día más parecido a los cactus de los que bebo. “Bicho malo, nunca muere”. ¡Cuánta razón tenía mi vieja!

13/10/10

PREVARICACIÓN (Finalista del concurso de microrrelatos de abogados - mayo 2009)

 

 - Luego usted, a pesar de la veda, cazaba patos contraviniendo la ley- afirmó el juez. - No, señoría. Yo estaba agachado cerca del riachuelo, buscando espárragos- aseguró el demandante con la mayor diligencia. - ¿Entonces cómo pudo alcanzarle la bala en el hombro? - Porque al oír el alto me incorporé. - Sin embargo, la declaración del testigo afirma que usted corrió cuando le dieron el alto. - ¡Pero es su compañero! - Su testimonio es tan bueno como cualquier otro. ¡Caso sobreseido!- resolvió el juez golpeando la mesa con el mazo. Y dirigiéndose al guardia civil, le ordenó quedarse. Una vez solos, le hizo acercarse y lo cogió del cogote:- Dile a tu padre que te lleve este fin de semana a la cacería que da el señor marqués, a ver si pegando unos cuantos tiros te tranquilizas, o no habrá boda con mi Enriqueta.

9/10/10

8/10/10

DULCE TRAICIÓN (finalista del concurso de microrrelatos sobre abogados -febrero 2009


El letrado hizo todo lo posible para que el osito de menta encontrado entre los matorrales, al otro lado de la valla donde trabajaban en el diseño de un nuevo cohete, no se presentara como prueba. Sin embargo, allí estaba, dentro de su bolsa de plástico. Veinte años ejerciendo de espía y ni un solo fallo. El acusado intentó despegar con la punta de la lengua la fresa adherida al paladar, mientras el portavoz del jurado leía el veredicto. El juez lo miró por encima de sus gafas correctoras de presbicia, sin un atisbo de clemencia. Sería duro con la sentencia. José Rodríguez, apodado “El gominola”, recordó la advertencia de su madre. Se había quedado corta: su adicción a las chuches no solo le destrozó la dentadura, también, y lo que era peor, estaba a punto de arruinarle la vida.

6/10/10

TRÁFICO AÉREO (finalista del concurso de microrrelatos sobre abogados -diciembre 2009

El magistrado dejó a su paso un rastro de nieve cuando entró en la sala. - Señoría, circulaba por mi derecha- dijo el de la capa de armiño. - ¡Yo también!- replicó el del traje rojo. El caso se presentaba difícil. No había nada legislado al respecto, nada en la Constitución. Mientras reflexionaba, los demandantes llegaron a las manos obligando a intervenir a los funcionarios. El juez ordenó un receso. Se puso el abrigo como prevención contra un catarro y salió fuera. Necesitaba consultar con su colaborador. -¿Qué hago?- le preguntó nada más verlo. - Un veredicto salomónico es lo mejor- dijo sin un titubeo. Papá Noel compraría un camello al rey Melchor, y éste pagaría el reno y una mano de pintura al trineo. El magistrado dejó lo acordado en el platillo y volvió a la sala. Mientras, el abogado en paro guardó los cien euros y echó a andar en dirección al metro.

5/10/10

Todo por el niño (Finalista del concurso de micros sobre baloncesto)

¡Claro que te apoyo, mi niño! Y por supuesto que estoy muy orgullosa de ti. De que llegarás lejos en el baloncesto, no me cabe la menor duda. La NBA está a la vuelta de la esquina. Tienes cuerpo, ¡ya lo creo que lo tienes!, paso mis apuros para encontrarte tallas; y pies tan grandes, que deben hacerte los zapatos a medida. Tu padre, en el paro, pero no escatimamos gastos si de tu futuro se trata. Todo es empezar, ya lo sé. Que tienes que practicar, también lo sé. Pero no encestando los huevos en el carro de la compra. Porque, ya me dirás, hijo, con qué vamos a hacer esta noche la tortilla de patatas.

2/10/10

ALMUDENA


Ayer me enteré cuando volvía de dejar a unas usuarias en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para hacer un curso de calcografía. Debería estar vacunada contra estas cosas, porque es frecuente que estos chicos se vayan así, de sopetón, pero no lo estoy. Y me impresionó la noticia. Almudena había muerto. Justo cuando iban a darle el alta en el hospital. De puro agotamiento. Era una luchadora, el tipo de personas que no se quejan, que aguantan hasta el final, como el día en que reclinó su cabeza sobre mi hombro, bajando en el ascensor, y se echó a llorar de dolor. Pero ya no pudo más y su corazón se paró sin más, porque estaba muy cansada. Recuerdo que cuando la vi la primera vez, pensé en una pitufa, azulados los labios, la piel, los dedos, por su cardiopatía, tan chiquita, con los ojos expresivos y las cejas que levantaba cuando quería hacerte un guiño, una señal simpática.
La última vez que la vi fue en la entrega de premios de la Fundación Anade, en el mes de enero. Fue a recoger el suyo, ya con una botella de oxígeno. Y estaba tan feliz, tan orgullosa, como lo estaban sus hermanas. Me quedo con ese día, con ese momento, con esa pasión suya por los ordenadores que tan bien reflejó en su relato. Aquí lo dejo. Por ella. Para ella.




El ORDENADOR FANTÁSTICO



Luisa siempre soñó con ser informática. Cuando tenía dieciocho años, empezó a trabajar en un despacho de un Centro de Datos de Escritura. Al terminar el trabajo se iba a su casa a descansar, y después de descansar, encendía su ordenador y navegaba por Internet buscando juegos.
Un día encontró un juego muy divertido. Hacían una película y ella era la protagonista de una historia de amor. Luisa se enamoró del chico y quiso hablar con él y acariciarse. Entonces cerró los ojos con fuerza y cuando los abrió se encontró dentro del ordenador como si fuera un personaje. Se quedó a vivir allí para siempre con su novio.

Almudena Ruiz Heredia.





1/10/10

EL SOL DEL MEMBRILLO




Dicen que aún es verano. Abro la tabla y enchufo la plancha. Los colores se amontonan encima de la silla. Enciendo el televisor y veo en la pantalla un lugar de hielo con arroyos de sangre que se escapan por las grietas del suelo. Los esquimales desuellan focas. Estiro un pantalón sobre la tabla, paso la plancha y el vapor suelta su carga de flores envasadas. Hace calor. Voy a la cocina, abro el frigorífico, cojo una cerveza, tiro de la anilla y doy un trago. Vuelvo a la plancha y cambio de canal. Woody Allen mira aterrado una placa con zonas ciegas y círculos de luz. Cojo una camiseta. Blanca como las nubes que corrían por el cielo en las mañanas de playa. Dejo la plancha y bebo otro sorbo de cerveza. Cambio de canal. Premios de fotografía: 1957, Douglas Martin capta la entrada de una de las primeras estudiantes negras en la Universidad Harry Harding. 1968, ejecución de un miembro sospechoso del Viet Cong por Eddie Adams.1972, Ut Cong Huynh: Niños huyendo asustados de un bombardeo con NAPALM.1981, Manuel Pérez Barriopedro muestra una instantánea del secuestro del Parlamento por Antonio Tejero.1994, Kevin Carter gana el Pulitzer con la fotografía de un niño acosado por un buitre y después se suicida. 2003, Jean-Marc Bouju, capta la imagen de un hombre iraquí acunando a su hijo en un centro de retención para prisioneros de guerra ...Sudo, mi mano tiembla y deja la plancha insegura al borde de la tabla. Cierro la caja de Pandora con el mando a distancia. Oigo la llave girar en la cerradura. Entra, me da un beso, se quita la blusa y la tira sobre el sillón. Bebe de mi cerveza. Tiene la piel dorada y brillante de sudor. Dejo sobre la mesa la última camiseta con el Partenón estampado. Desenchufo la plancha, saco el cinturón de la hebilla, me desabrocho el botón del pantalón y bajo la cremallera mientras la sigo hacia la habitación. El sol se retira a trozos de los edificios. ¡Qué guapa está mi mujer!