Fotografía tomada de la red. |
Se van retirando por los pasillos, entre dentritas y chisporroteos, el ruido del último golpe en el suelo, los gritos y los llantos. Y entran a borbotones las palabras atropelladas que quieren encontrar una explicación. Aún huele caliente. Adrenalina que suda y mezcla con sangre. Daño mínimo para un daño íntimo, profundo, enquistado, con escasa posibilidad de drenaje.
Y él, el héroe, superviviente de abandonos y soledades, él que ha ayudado a contener al saurio que enseñaba los dientes desde el pozo oscuro, recibe contento el agradecimiento de educadores, de técnicos, de guardias de seguridad. Sonríe satisfecho. Tiene futuro. Se va a donde él quiere hoy mismo. Eso piensa. En eso confía. Es lo que le abrirá la puerta, lo que deshará el nudo que lo asfixia. Pantalón negro brillante. Camiseta guapa. Chaqueta. De Máximo Dutti, dice. Contento. Y se cambia de cinturón porque el blanco no le va bien al conjunto. Todos callamos. Sabemos a donde va. Sabemos de su decepción. Sabemos que no lo merece. Que no hay otra cosa para él, dicen. Y los pasillos se inundan de lágrimas secretas, calladas, ahogadas y ocultas en cualquier vestuario, en cualquier rincón.
Justo cuando alguien va levantando cabeza llega algún listo y lo jode. ¿Cuánta gente vuelve a las andadas por falta de oportunidades? Entre los jóvenes supongo que muchos, y ahora más a medida que les quitan ayudas.
ResponderEliminarDuro relato como duro debió ser presenciarlo.
Besos.
Has dado totalmente en la diana, Juan.
ResponderEliminarAbrazos hasta el infinito.
Lola, muestra tu relato ese destino marcado que algunos, por su origen o vete tú a saber por qué, no pueden deshacerse de él y que siempre les recuerda los desgraciados que son.
ResponderEliminarLa vida para algunos no da respiros.
Abrazos solidarios.
Así es, Nicolás. Nosotros deberíamos, y a veces se consigue, darles una salida. Otras, miramos hacia otro lado, no queremos saber nada de ese mundo, nos encontramos cómodos en el nuestro.
ResponderEliminarAbrazos, muchos, muchos.
Si no hay una mano que les ayude a salir, que les dé un empujón, muchos lo tienen muy difícil para evolucionar.
ResponderEliminarTienes razón en que estamos cómodos en nuestro mundo de Yupi y nos da miedo mezclarnos, mancharnos.
Un saludo indio
Mitakuye oyasin
Afortunadamente, David, hay personas que se implican, aunque de vez en cuando no se entiendan ciertas decisiones.
ResponderEliminarAbrazos agradecidos.
A veces uno podría llegar a pensar que sí, que es cierto, que existe otra realidad distinta, hasta que sucede lo que cuentas. Lo peor, lo mejor, son las expectativas. Duro, Lola, desalentador.
ResponderEliminarAbrazos, besos.
Y sin embargo, aún creo que hay esperanza, Agus.
ResponderEliminarAbrazos soleados.
Se te dan muy bien los relatos duros.
ResponderEliminarNo pares.
Un abrazo.
Gracias, Carlos. Seguimos en el camino.
ResponderEliminarTres abrazos y un beso.
Este micro es lacerante, Lola; de los que hacen daño porque se hunden en nuestra costumbre de mirar hacia otro lado y nos deja la conciencia malherida.
ResponderEliminarTremendo. ¡Mira que eres buena!
Un abrazo.
Jo, Lola. Parece un relato aséptico y esta lleno de emotividad. Un abrazo
ResponderEliminarEn las costillas se hunde, Pedro, como un puñal.
ResponderEliminarAsí es Ana, hay mucha emotividad en este relato.
Par de abrazos.