5/3/11

INFANCIA ROBADA






















Mamá dijo que con diez años ya era una mujer y dejó a mi cargo las tareas de la casa. Todos los días recorría kilómetros para recoger agua y leña. Ordeñaba la cabra, amasaba el teff para las injeras. Traía el estiércol. Cuidaba de mis hermanos pequeños y recorría las vías del tren en busca de escoria. A veces, poco antes de que ella volviera del campo, me sentaba a la puerta de la choza y, si el cansancio no me vencía, yo era una niña que jugaba con una muñequilla hecha con harapos y cuerdas. Me pinchaba el dedo y con mi sangre le dibujaba una gran sonrisa. Después la mandaba para la escuela.

34 comentarios:

Torcuato dijo...

yo era una niña que jugaba con una muñequilla hecha con harapos y cuerdas.

Jugaba a ser niña. En ese trocito se encierra la gran fuerza de este micro.
Un beso, Lola

Patricia dijo...

La niña sabe con certeza qué es lo que le conviene. Quizá aún pueda. O mañana. Es un quizá remoto para un más remoto mañana, pero es.

Puck dijo...

Es preciosamente triste. Esa imagen final duele en el alma
Saludillos

AGUS dijo...

Un texto duro, pero que refleja muy bien la situación de muchas niñas y niños huérfanos de su propia infancia. Impecablemente escrito, la dramática imagen final redondea una historia que conmueve y nos hace reflexionar sobre las injusticias y el verdadero valor de las cosas. Bravo, Lola.

Abrazos, besos y disfrute del finde.

Lola Sanabria dijo...

Un comentario muy agudo. Visión de águila, Tor.

Besos agradecidos.

Lola Sanabria dijo...

Es reconfortante que veas esa posibilidad, esa salida en esta vida, Patricia. Gracias.

Me alegro de que haya personas como tú, Puck, a las que les duelan aún en el alma situaciones como ésta. Gracias.

Dice mi compañero que tú, Agus, y yo somos almas gemelas. Tal vez tenga razón. Tal vez por eso sepas qué he querido decir. Gracias.

Besos de finde a repartir entre todos.

R.A. dijo...

Y la frase final :
"Después la mandaba para la escuela." que es casi un micro en si misma, un hiperbreve. Y tb quiero comentar el microrrelato de A plazos de esa colección de tus chi@s de los C.O., me ha noqueado como aquel de los Absurdos.
El anterior me produjo trsiteza por lalucidez con la que el chico ve que su madre es lá única que le va a querer, como se tiene que querer claro.

Felicítales de mi parte

Lola Sanabria dijo...

Es cierto, Rosana. El final puede ser un micro en sí mismo. Vista de lince que tiene la niña.

Por otra parte, me alegro de que comentes y te gusten los micros de estas personas. Para mí son un puntazo.

Besos agradecidos.

Nenúfar dijo...

Durísimo relato. Deplorable y desgarrador que sea real.
Me gusta mucho como lo has contando y la última frase me parece demoledora.

Un abrazo.

P.D: El relatito AMOR A PLAZOS, otra delicia.

Elisa dijo...

Triste, pero también hermoso, quizás porque ese final, como dice Patricia, encierra esperanza y lucidez, y ambas son necesarias para cambiar las cosas.

Besos de sábado noche ;).

Anita Dinamita dijo...

Me impresiona. Toda la tristeza de ver como observadora a esa niña que con diez años es una mujer, trabaja sin descanso, y a la vez quiere seguir siendo la niña que es. Y sobre todo quiere que su muñeca haga lo que ella querría, quien ella debería ser.
Has clavado cada palabra de este relato.
Un abrazo

Luisa Hurtado González dijo...

Una niña que hace lo que tiene que hacer pero que, quizás a fuerza de crecer deprisa, sabe y consciente de que las cosas no son así, no deberían ser así, que las niñas han de jugar, han de tener una muñeca de trapo y tiempo para mandarla al colegio.
Me alegro que, al menos, tu niña sea así de cabla o consciente; que sepa encontrar un momento para ponerse a jugar.
Un beso.

José Agustín dijo...

Ideal para ponernos en nuestro sitio en el ¿Primer Mundo?. El problema es que esa infancia ya no se recupera. Fiel reflejo de una realidad que algunos no quieren ver. Me gustó mucho.
Un abrazo

Lola Sanabria dijo...

Como la vida misma, Nenúfar.
Gracias por comentar el de los chicos.

Así es la vida, Elisa, aunque la de algunas personas esté más cargada de penas que de alegrías.

Tú también has clavado todo el significado del texto, Anita.

Luisa, sí que es duro que una niña tenga tanta responsabilidad sobre sus hombros, aunque, como dices, saque un poquito de tiempo para jugar.


Besos y abrazos de domingo a repartir.

Lola Sanabria dijo...

En general ninguno de los que estamos bien alimentados y con todas las comodidades del mundo, queremos verlo, Agustín. Preferimos mirar para otro lado. Una vergüenza que, en mayor o menor proporción, nos alcanza a todos.
Gracias por recordárnoslo con tu comentario.

Abrazos domingueros.

Pedro Alonso dijo...

Brillante descripción de una infancia que nunca es tal cuando transcurre en medio de la miseria y del olvido del resto de la humanidad. Emocionados abrazos, Lola.

Lola Sanabria dijo...

Hola Pedro. Gracias por dejar tu aportación a este texto.

Besos de domingo.

Rocío Romero dijo...

Tremendo Lola. Me encantó especialmente la frase final, pero ¿y lo de que mamá dijera que con diez años ya era una mujer...? como si alguien pudiera decidir la duración de la infancia, ni siquiera una madre.
Precioso. Muchos besos

Lola Sanabria dijo...

Así es, Rocío. Igual que casarlas siendo niñas con vejestorios. Pena, penita, pena.

Besos agradecidos.

Maite dijo...

Tocas la fibra sensible con este micro, un relato en el que los niños son obligados a ser mayores y juegan a ser niños, pero sin olvidar su rol impuesto de madres tempranas, solo que con mejor criterio envían a sus muñecos a aprender a la escuela, no a trabajar, una gran enseñanza en boca de alguien tan pequeño, tanta riqueza de mente en alguien tan pobre. Un abrazo desmedido, Lola.

Gemma dijo...

Esa sonrisa trazada con sangre produce verdadero dolor. Muy bien escrito y bordado.
Un abrazo

David Figueroa dijo...

Claro, con diez años es una mujer que, si tiene cinco minutos libres, juega a ser niña. Duro y bueno, Lola.
Besos.

Lola Sanabria dijo...

Maite, desmedido tu comentario en cuanto a sensibilidad con el tema, y desmedida la satisfacción que me provoca.

De acuerdo contigo, Gemma, dibujar con sangre es el colmo del dolor.

David, hay niños que nacen carne de cañón y nunca tendrán infancia. Sí, así es.

Besos agradecidos al cubo.

Daniel Sánchez dijo...

Muy bella la narración y muy buen acabado.

manuespada dijo...

Una niña que juega a ser niña y adulta a la vez cuando manda a su muñeca a la escuela. Robar la infancia a los niños es uno de los peores crímenes. Emocionante, Lola.

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Daniel.

Gracias, Manu. Yo también creo que dejar sin infancia a los niños es uno de los peores crímenes que se pueden cometer.

Besos dobles.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Llevo un tiempo apartado de hacer visitas a los amigos. Poco a poco me volveré a poner al día. Ten un buen inicio de semana.

Saludos y un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Hola, Antonio. Te entiendo, el tiempo no estira como quisiéramos.

Besos dobles.

Mónica Ortelli dijo...

Lola, me gusta el micro. De ficción sólo tiene tu bella elaboración literaria, pues el tema, a pesar de la declaración mundial de los derechos del niño, es común en muchos pueblos. Sin dudas que la infancia, su duración, es un hecho determinado culturalmente.
Tu final remite con sutileza al deber ser, a lo que para nosotros es lo correcto.
En un punto el micro me remitió al relato 'La rueda de agua' del Nobel Le Clezio, impresionante poético texto, donde un chico pasa todo el día atendiendo el accionar de los bueyes de la noria que abastece al poblado. Es lo que le toca, aunque tenga una imaginación frondosa con la que puede evadirse de la monótona tarea.
Un abrazo, Lola.

Lola Sanabria dijo...

Muchísimas gracias, Mónica. Me alegro de que te haya llegado el texto y te agradezco tu valoración.

Besos esperanzados.

woody dijo...

Y desgraciadamente real como la vida misma para muuuchaaas niñas y muchas mujeres adultas. Buen homenaje un día como hoy.
Abrazos

Lola Sanabria dijo...

Gracias, woody. También en un día como hoy.

Besos a puñados.

Alberto Flecha dijo...

La felicidad de la muñeca hecha con la sangre de la niña. Todo el texto es duro, pero el final aprieta más fuerte todavía. Emocionante, Lola. Me gustó mucho.
Un abrazo.

Lola Sanabria dijo...

Muchas gracias, Alberto. De vez en cuando es un buen revulsivo mirar hacia la pobreza extrema.

Besos redoblados.